Una matanza intolerable

Que en China se pueda estar asesinando impunemente a 250 personas diarias -más de 90.000 al año- para extraerles órganos con los que comerciar -estando aún vivas- como si fueran animales y no seres humanos es una monstruosidad para la que es ya difícil encontrar adjetivos de la suficiente dureza. Supera las aberraciones más salvajes perpetradas por la raza humana, algo que era ya difícil. Es tan atroz de aceptar que de hecho la mayoría de las personas a las que se cuenta lo que está pasando se niegan a creerlo. Demasiado horrendo e inhumano para ser cierto, piensan, máxime si además se les explica que se trata de personas inocentes que son usadas como mera “materia prima” a las que se les extraen entre 60.000 y 100.000 órganos para vender al mejor postor. Y lo que ya les parece inverosímil es que eso pueda estar pasando año tras año sin que ninguna autoridad en el mundo se dé por enterada ni haga nada. Sin embargo la denuncia no es anónima ni la realizan personas de dudosa credibilidad o ética sino profesionales de prestigio que no ganan nada con ello y arriesgan sus vidas. Porque hablamos del exSecretario de Estado de Canadá para la zona Asia-Pacífico David Kilgour, del abogado canadiense especializado en derechos humanos David Matas y del investigador y exmiembro de la Fundación para la Defensa de las Democracias Ethan Gutmann a quienes acompañó en el acto de denuncia el abogado español especializado en la defensa de derechos humanos y representante en España de Doctores contra la Extracción Forzada de Órganos (DAFOH) Carlos Iglesias. Denuncia plasmada en un documentado informe que ocupa 680 páginas, contiene 2.400 referencias y se presentó el pasado 2 de febrero de 2017 con el título Cosecha sangrienta / La masacre en el Congreso de los Diputados acompañado de las firmas de 251.035 personas que solicitan la intervención inmediata de las autoridades españolas. Hablamos de un asunto extremadamente grave que se denunció por primera vez hace ya MÁS DE DIEZ AÑOS del que Discovery DSALUD informó ampliamente en el reportaje que con el título Extraen órganos a decenas de miles de personas para trasplantárselos a quienes pagan por ellos publicamos en el nº 91 correspondiente a febrero de 2007 mientras la inmensa mayoría de los medios de comunicación españoles lo ocultó siendo los movimientos de protesta que originó en otros países lo que terminó obligando al Gobierno chino a anunciar a finales de 2014 que a partir del 1 de enero de 2015 dejarían de extraer órganos a los “presos condenados a muerte”. Mentira con la que intentaron tapar el escándalo ya que según estos investigadores ni se cambió la legislación ni se detuvo esta vergonzosa industria de la muerte solo explicable en las mentes materialistas enfermas de quienes por negar la existencia de una esencia espiritual en el ser humano creen que puede tratarse a las personas con la misma indiferencia con la que se trata hoy al ganado. Lo insólito es que se afirma que en tal matanza intervienen miembros del ejército y la policía, jueces, médicos, enfermeros y, por supuesto, altos cargos del Gobierno Comunista Chino además de los numerosos funcionarios del departamento que se ocupa de la logística bautizado como Oficina 610. Personas que tras tantos miles de monstruosos asesinatos han perdido toda capacidad de remordimiento y carecen de la más mínima ética. Como nula capacidad ética y falta de conciencia tienen los representantes políticos de la ciudadanía en todo el mundo que se han limitado a aprobar resoluciones y declaraciones formales de carácter genérico en lugar de exigir a China que se permita a la comunidad internacional investigar in situ lo denunciado para corroborarlo o demostrar que las acusaciones son falsas como alegan las autoridades chinas. Sin duda porque saben que éstas no van jamás a autorizarlo y ellos no están dispuestos a enfrentarse con los dirigentes del gigante asiático, muy especialmente en época de crisis económica. Porque gran parte del silencio vomitivamente cobarde de los organismos internacionales y nacionales así como de los grandes medios de comunicación social se debe a eso. Y es que en la “sofisticada”, “moderna“ y “avanzada” sociedad de la que algunos presumen sigue presidiendo el altar del culto mundial el poder y el dinero y no los principios, la libertad, la justicia y la ética. Invito al lector a leer detenidamente el reportaje que publicamos en este número sobre tan grave asunto y a difundirlo masivamente. No podemos consentir que esto continúe pero para ello hay que informar de lo que está pasando a toda la sociedad. Pido pues encarecidamente a nuestros lectores que nos ayuden a dar a conocer lo que está pasando

 

José Antonio Campoy