España, país europeo con más cultivos transgénicos

por José Antonio Campoy

Monsanto, la multinacional fabricante de transgénicos más importante del mundo –factura más de 12.000 millones de dólares al año y monopoliza ya el 80% del mercado repartiéndose el resto Aventis, Syngenta, BASF y DuPont-, sigue expandiéndose por todo el planeta a pesar de que la práctica totalidad de las organizaciones de defensa del medio ambiente –con Greenpeace y Amigos de la Tierra a la cabeza-, las más importantes asociaciones de consumidores y las principales organizaciones de campesinos de medio mundo –integradas en Vía Campesina– intentan parar sus planes de expansionismo (en la Unión Europea sólo se ha aprobado el maíz MON810 de Monsanto y la papa Amflora de BASF). Expansión inexplicable que solo se entiende porque vivimos en una sociedad global donde la corrupción impera en todas las instituciones y hasta la Organización Mundial de la Salud (OMS) está en manos de los grupos de poder que controlan el planeta. Es verdad que en Europa se ha intentado pararles –el 53% de los cultivos transgénicos están en Estados Unidos, otro 39% en Iberoamérica -el 18% en Argentina y un 11% en Brasil- y un 6% en Canadá siendo en Europa pequeño el número de hectáreas pero precisamente por eso no deja de ser lamentable que el país con mayor número de cultivos transgénicos sea ¡España! Es más, es en nuestro país donde se están haciendo muchos de los experimentos -el 42% de los ensayos según Amigos de la Tierra– sin que la población esté siendo informada de ello. De hecho nuestro país dedica 60 veces más a financiar trangénicos que a investigar en agricultura ecológica. Además la posibilidad de “contagio” de los campos de los alrededores es tan alta que el simple hecho de que eso se pueda llegar a producir debería ser motivo suficiente para prohibirlos. Solo que para ello haría falta que quienes tienen el poder de decisión lo usen ¡y no están dispuestos! ¿Por qué? ¿Porque piensan realmente que los transgénicos no son peligrosos para la salud o porque se les ha corrompido? En realidad da igual: en ambos casos su postura es deleznable. Si lo hacen por dinero deberían ir a la cárcel. Y si lo hacen porque creen o piensan que son inocuos igualmente porque desde puestos de responsabilidad social y polìtica no constatar científicamente “creencias” o “pensamientos” es inadmisible. A fin de cuentas debe ser quien pretende sacar un producto a la venta quien demuestre a ciencia cierta y más allá de cualquier duda razonable su inocuidad no permitiéndosele alegar demagógicamente que lo que deben hacer los consumidores es ¡demostrar su peligrosidad! para no comercializarlos. Una postura aberrante que ciertas “autoridades” y algunos jueces y magistrados avalan demostrando con ello que o son unos incompetentes o unos sinvergüenzas igualmente corrompidos. Especialmente porque hoy está constatado que los productos manipulados genéticamente –y los pesticidas que se venden con ellos- pueden provocar intolerancia, alergia y toxicidad que den lugar a muy diferentes patologías, incluyendo mutaciones en el ADN. Es más, los transgénicos están poniendo en peligro la biodiversidad y la capacidad natural del ecosistema para reequilibrarse así como la mera supervivencia de la agricultura tradicional. Y todo ello de manera abierta: según la ONG estadounidense Food & Water Watch las empresas de biotecnología se gastaron entre 1999 y 2009 en hacer “lobbyng” –forma fina de hablar de presiones “lícitas” en lugar de sobornos- ¡547 millones de dólares! Sin olvidar que esas empresas de biotecnología –con Monsanto al frente- tienen ya peones en todos los gobiernos y entidades internacionales importantes. Y ahora, por si todo esto fuera poco,  nos enteramos de que Monsanto está preparándose para desembarcar en el negocio del agua potable como antes lo hizo en el de las patentes de las semillas. Y es que si la sociedad no lo impide pronto tendremos que pagar todos cánones hasta por beber simple agua potable y comer; solo que, encima, alimentos genéticamente manipulados. Así que o reaccionamos inteligentemente pronto o alguien va a terminar hartándose y propondrá resolver el problema de manera drástica contra quienes están llevando a la sociedad y al planeta al borde del caos y la desesperación: la violencia. Y el tiempo corre…