Injustificada alarma mundial

Llevamos más de 20 años diciéndolo sin que el mensaje termine calando en las mentes y conciencias de quienes nos leen: en el interior de todos los seres vivos -humanos incluidos- hay millones de microorganismos con los que convivimos en armoniosa simbiosis; de hecho tenemos diez veces más bacterias que células. Ahora bien, si la homeostasis se altera o rompe pueden volverse “virulentos” y así pasa por ejemplo tanto si el pH interno se modifica como si existe déficit de algún nutriente que necesiten, si algunas colonias crecen en demasía en perjuicio de otras o si entran en nuestro interior microorganismos que no debieran estar en él. Alteración que puede ser leve o grave según el estado del sistema inmune y eso es algo que en gran medida depende de nuestro microbioma. Lo lamentable es que la inmensa mayoría de los médicos reconoce que hay enfermos y no enfermedades pero siguen tratando enfermedades en lugar de enfermos. Es la paradoja de los actuales galenos, incapaces de enfrentarse a quienes han hecho de la salud un negocio. Durante milenios los seres humanos hemos enfermado porque perdíamos el equilibrio interno al beber agua no potable o alimentos mal conservados o en descomposición, teníamos déficits nutricionales o entraban en nosotros microbios ajenos que alteraban el microbioma propio y, por ende, nuestro sistema inmune. Es de hecho algo que se previene con simples medidas higiénicas, métodos de conservación de los alimentos, una alimentación variada de productos frescos de temporada adecuadamente preparados o cocinados y una flora intestinal sana ya que en tales casos las infecciones microbianas no progresan. Sin embargo los médicos de hace siglo y medio, inmersos en una sociedad en la que imperaba el belicismo, optaron por «combatir» a los microbios -a los que se responsabilizó de las infecciones-, en prevenirlas con vacunas -propuesta de Luis Pasteur que se impuso a pesar de que no era médico y contó inicialmente con la frontal oposición de la profesión- y, posteriormente, en «matar» virus, bacterias, hongos y células «anómalas» o «malignas». Estrategia a la que añadirían con el tiempo la de interferir o alterar con fármacos los ciclos y procesos biológicos naturales del organismo. Y todo ello permitió ciertamente victorias parciales que se exageraron e hizo creer a la gente que no necesitaba modificar sus hábitos insanos porque la «ciencia» podía acudir en su ayuda si enfermaba. De hecho tal creencia -por supuesto falsa- hizo que las personas dejaran de cuidarse y empezaran a surgir dolencias que antes apenas existían. Aparecieron así unas decenas de nuevas “enfermedades” y luego centenares pero es que ahora hay catalogadas ¡cerca de 10.000!, más de 7.000 de ellas catalogadas como «raras». Un auténtico sinsentido ya que salvo las causas de enfermedad antes descritas la gran mayoría de las demás las ha provocado el propio paradigma belicista de la Medicina. Hace siglo y medio morían por infecciones en los países más desarrollados una o dos de cada cien personas y un siglo después, al aparecer los antibióticos, una o dos de cada mil pero el número de quienes entonces padecían patologías cognitivas, autoinmunes, cardiovasculares, hepáticas, renales, pancreáticas, bucales, auditivas, cáncer y otras enfermedades hoy habituales era mínimo y actualmente las padecen cientos de millones de personas. Los tóxicos químicos -especialmente los fármacos, fertilizantes y aditivos alimentarios- han provocado tales modificaciones genéticas en plantas, animales y humanos -sin contar las efectuadas en laboratorio de forma expresa- que nuestro ADN está modificándose a velocidad inaudita transmitiéndose aberraciones que están llevado a la aparición de auténticos monstruos -y no solo entre los humanos- y a tal cantidad de patologías que ya no hay médico en el mundo que las conozca todas. Y con eso está todo dicho. Hay pues que volver al sentido común y entender de una vez que la solución a nuestros problemas de salud no está en la Medicina, que ni las vacunas ni los fármacos son la solución, que ante cualquier situación de malestar lo que hay que hacer es recuperar la homeostasis y eso pasa por desintoxicar, nutrir y equilibrar el organismo para que funcione correctamente y el microbioma esté en perfecto estado a fin de que no puedan proliferar microbios patógenos ni células malignas. Porque en estado de homeostasis un organismo bien nutrido es capaz de superar por sí mismo cualquier patología degenerativa o crónica, cáncer incluido. ¿O por qué cree que incluso en las epidemias y pandemias más virulentas siempre hay personas que no enferman? La respuesta está en la homeostasis y la potenciación natural del sistema inmune. Llevamos años explicándolo y seguiremos haciéndolo mientras podamos pero somos conscientes de que el terror y el pánico que se ha generado hará que nuestra argumentación sirva de poco. Así que o mucho nos equivocamos o pronto se someterá obligatoriamente a toda la población a alguna vacuna no ya inútil o ineficaz sino peligrosa.

 

Jose Antonio Campoy
Director