¿Hay aún vida inteligente en el planeta?

A 21 de mayo de 2021 el número de personas que dieron «positivo» en el mundo a las PCR que se utilizan para considerar a alguien «enfermo de Covid-19» era de 165 millones y el número de muertos de 3.430.000. Y teniendo en cuenta que a principios de año la población mundial era de 7.800 millones el porcentaje de supuestos «contagiados» era pues del 2,11% y el de muertos de 0,04%. La cantidad de fallecidos achacados al SARS-CoV-2 es pues muy pequeña teniendo en cuenta que en el mundo mueren anualmente por enfermedad 55,4 millones de personas. Y estamos hablando de datos oficiales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Es pues inaudito -y somos conscientes de que nos repetimos una y otra vez- que un porcentaje de fallecidos de solo el 0,04% tras 15 meses y medio de supuesta pandemia haya provocado las medidas preventivas adoptadas y se haya decidido vacunar a cientos de millones de personas. Recordemos que la OMS declaró la existencia de un brote de Covid-19 el 30 de enero de 2020 -afirmando ya entonces que constituía una «emergencia de salud pública de preocupación internacional»- y la pandemia el 11 de marzo de 2020. Lo grotesco es que desde entonces NADIE ha publicado el trabajo de purificación, aislamiento y secuenciación del SARS-CoV-2 (se han publicado solo secuencias obtenidas mediante constructos informáticos), se ha denunciado por miles de científicos y médicos que las PCR que se utilizan para detectarlo en realidad no son específicas y pueden dar positivo a muchas otras cosas, se ha obviado que el propio inventor de la PCR -el premio Nobel Kary Mullis– manifestó muchas veces que esa técnica no sirve para diagnosticar y que, por tanto, todas las cifras de presuntos «contagiados» y «muertos por» son falsas. De hecho hoy se sabe que la inmensa mayoría de los supuestos muertos achacados a la Covid-19 fallecieron en realidad por otras causas y que las cifras de presuntos «contagiados» son una estafa incluso para quienes admiten la utilidad de las PCR porque casi todas se han realizado con más de 35 ciclos de amplificación y eso da infinidad de «falsos positivos». Las cifras que justificarían la pandemia que dicen nos asola son pues fruto de una completa y absoluta manipulación. Es más, el número de muertes en el mundo durante 2020 no aumentó alarmantemente -y eso que hubo muchas causadas por los erróneos tratamientos médicos iniciales- aunque seguramente no vamos a poder decir lo mismo de 2021. Y no porque el fantasmal SARS-CoV-2 vaya a cobrarse más víctimas sino porque van a morir y resultar lesionadas por las vacunas millones de personas. Llevamos varios meses advirtiéndolo y explicando las razones y volvemos a hacerlo en este número. EudraVigilance –la red europea dependiente de la Agencia Europea del Medicamento (EMA) que recoge las reacciones adversas a los fármacos- reconoce que a 8 de mayo de 2021 las cuatro vacunas para la Covid-19 autorizadas temporalmente en nuestro continente habían provocado ya 10.570 muertes y 405.259 lesionados. Y el Sistema de notificación de eventos adversos de las vacunas (VAERS) del Centro de control y prevención de las enfermedades (CDC) de Estados Unidos que las allí autorizadas –Pfizer/BioNTech, Moderna y Janssen/Johnson & Johnson- habían causado entre principios de diciembre de 2020 y el 3 de mayo de 2021 4.178 muertes, cantidad que superaba ya todos los fallecimientos atribuidos a las vacunas en los últimos 20 años. Cifras a las que hay que sumar las muertes y lesionados del resto de América, África, Asia y Oceanía. Y es que las vacunas no son inocuas: pueden provocar trastornos del sistema inmune, trastornos de la sangre y del sistema linfático, trastornos vasculares, trastornos del sistema respiratorio, torácico y medianístico, trastornos psiquiátricos, trastornos del sistema nervioso, trastornos gastrointestinales y trastornos musculoesqueléticos y del tejido conjuntivo. ¡Lo reconocen las propias fichas técnicas! La sociedad no parece entender -lea el reportaje sobre reacciones adversas que aparece en este mismo número- que se trata de «VACUNAS» NO APROBADAS que cuentan solo con una autorización temporal por lo que se trata de FÁRMACOS EXPERIMENTALES siendo quienes se las inoculan COBAYAS HUMANAS VOLUNTARIAS QUE RECONOCEN SABER SUS EFECTOS ADVERSOS y los aceptan sabiendo que si enferman o mueren ni ellos ni sus familiares tendrán derecho a ser indemnizados y que ni los fabricantes, ni las autoridades sanitarias y políticas, ni los médicos, enfermeros y farmacéuticos podrán ser juzgados si resultan lesionados de por vida, quedan en silla de ruedas para siempre o mueren.

Jose Antonio Campoy

Director