Un paso al frente, por favor

por José Antonio Campoy

La máxima de que «no existen enfermedades, sólo personas que están enfermas» la asumió en teoría la Medicina convencional pero luego no sólo tiene catalogadas todas esas inexistentes enfermedades -cuyo número aumenta además cada vez más- sino que se empeña desde hace décadas en constituir «protocolos de actuación» para tratarlas. Es decir, tratamientos estandarizados convencionalmente, algo que -ante todo- permita formar a los médicos en la práctica casi exclusiva de recetar fármacos a todo enfermo que pase por su consulta. Es decir, en la única medicina «válida» y «científica», según quienes manejan «el negocio de la enfermedad» con la complicidad vergonzante del poder político y de una gran parte de los medios de comunicación social. Fármacos de todo tipo que en muchos casos -la mayoría- no sólo no curan nada -sólo alivian síntomas- sino que encima provocan efectos secundarios indeseables. Y lo malo es que no es sólo a los médicos a los que se ha lavado el cerebro para creerse esa patraña de la verdad única en materia de salud sino a la gente de a pie que sigue a pies juntillas lo que le dice el médico. Bueno, seguía… porque hoy empiezan a despertar y pronto no va a ser tan sencillo manipularla. Afortunadamente, quienes también entre la clase médica están hartos de ser manipulados empiezan a salir a la palestra y a dar la cara. En la revista han empezado a hablar con claridad algunos. Otros se han comprometido ya con nosotros a hacerlo. Han decidido jugársela, dar un paso al frente. Porque son conscientes como nosotros, como la inmensa mayoría de los lectores que nos siguen, de que en nuestro país -al igual que en el resto del mundo- hay millones de personas enfermas a las que no se da respuesta adecuada a sus problemas porque, entre otras cosas, ni se les trata de manera integral, como seres humanos, ni se las da la información existente sobre los tratamientos alternativos a sus dolencias para que puedan optar por la solución que prefieran. Especialmente en los casos graves. Lo hemos denunciado -y vamos a seguir haciéndolo- en el caso del cáncer. Y en el del Sida. Y desvelado tratamientos novedosos y eficaces en numerosas patologías que apenas se dan a conocer y que, por supuesto, no se ofrecen en los hospitales públicos. En éstos sólo se les permite hacer a los médicos lo que deciden los prebostes de cada «especialidad», bien controlados a su vez por algunos laboratorios. Con ellos y con la legislación adecuada a sus intereses el control está asegurado. Basta con alegar que se hace para velar proteger y la salud de los ciudadanos. Hablaremos extensamente de ello. Pero no puedo -no debo- dejar de pedir ahora a los lectores que también ellos den un paso al frente. Porque necesitamos de su apoyo. Y lo necesitamos ya. Hay muchísimas personas que si conocieran la revista podrían mejorar de sus dolencias y, a veces, incluso salvar la vida. Nadie puede permanecer indiferente ante eso. Tenemos que llegar con nuestra voz a más personas, tenemos que crecer. Sólo así ayudaremos de verdad. Y esa es la petición que queremos haceros: necesitamos que deis a conocer la revista entre vuestros familiares, amigos y conocidos. Que nos ayudéis de verdad. Por ejemplo, consiguiendo cada uno dos nuevos suscriptores. ¿Podemos esperar que también vosotros deis un paso al frente? Hagamos el camino juntos. Recordad que la unión hace la fuerza.