El miedo hace esclavos

por José Antonio Campoy

Las personas que viven con miedo no son dueñas de sí mismas (y las empresas tampoco). Están sometidas a aquello o a aquellos a los que temen. Y, en consecuencia, no son libres. Es obvio que hay miedos sin aparente explicación o sentido -los que llamamos irracionales aunque tal definición no se corresponda en puridad con la verdad- y miedos racionales -aquellos que sabemos qué lo provocan, de los que somos conscientes-. En todo caso, lo cierto es que sean irracionales e inconscientes o racionales y conscientes nos limitan enormemente. Y no sólo eso: nos hacen esclavos de ellos. Y de quienes los provocan o generan. De hecho, ese es uno de los grandes retos que nos plantea la vida y sólo superándolos podemos evolucionar como seres humanos. Obviamente, la manera de superar un miedo es conocer su origen, ser plenamente consciente de lo que lo provoca, asumirlo y afrontarlo. Con valentía y con todas sus consecuencias. La otra posibilidad es vivir con él. Y permitir que coarte nuestra libertad. Permitir que nos esclavice. Lo saben muy bien quienes controlan el poder. El económico, el político, el religioso, el militar, el informativo, el educativo, el cultural… Y usan ese conocimiento. Lo han hecho siempre. Promueven miedos para controlar a las personas y a las colectividades y agrupaciones de todo tipo. Y van creando esclavos de esos miedos para dominarlos. Expandiendo la creencia además de que no se puede hacer nada para evitarlo. Incorporando en más y más personas el convencimiento de que las cosas son sencillamente así y nadie puede ya cambiarlas. Convirtiendo a las personas y a las colectividades en esclavos de sus múltiples miedos. En personas dóciles que ante la frustración que les produce esa situación -porque a nivel inconsciente saben lo que pasa aunque prefieran no hablar de ello a nivel consciente- descargan la ira que termina acumulándose en su interior en los demás. En el hogar, en el trabajo, en la calle… Cuando lo que debieran hacer es, simplemente, afrontar sus miedos… y así superarlos. Y eso no se producirá nunca a nivel social si antes no lo conseguimos a nivel personal. No se puede cambiar la sociedad sin que cambien las personas. Por tanto, empecemos por nosotros mismos. Superemos nuestros miedos. No es fácil pero es imprescindible para ser realmente libres. No permitamos que nos sigan esclavizando. En ningún ámbito de la vida. Afrontémoslos de una vez por todas con valentía. Y digamos bien alto a quienes están detrás de ellos, a quienes nos manipulan: «Nunca más». Defendamos luego nuestras convicciones guiados por la voz de la conciencia. Con claridad, mesura, respeto y ecuanimidad. Con la fuerza de la razón (jamás con la razón de la fuerza). Incluso con contundencia si es preciso. Porque llamar sinvergüenza al sinvergüenza no implica perder la razón aunque muchos sinvergüenzas intenten hacer creer lo contrario. Las injusticias deben ser siempre denunciadas contundentemente. En voz alta y con la mano en el corazón pero sin tapujos. Sólo así dejaremos de ser esclavos de nuestros miedos… y de todos quienes los generan y explotan.