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     MEDICINA AMBIENTAL
NÚMERO 138 / MAYO / 2011

SUEROTERAPIA, QUELACIÓN Y SAUNA PARA TRATAR LAS PATOLOGÍAS DE ORIGEN MEDIOAMBIENTAL


A lo largo de los últimos meses hemos explicado que existen catalogadas ya miles de enfermedades cuya etiología se desconoce y por eso los médicos alegan que no pueden prevenirse ni curarse -sólo dar fármacos paliativos a quienes la padecen- cuando la realidad es que la mayor parte las provocan -o agravan- los tóxicos que inundan nuestros cuerpos. Al punto de que numerosas personas han llegado a tal grado de saturación que sus organismos reaccionan virulentamente ante cualquier producto -aéreo, alimenticio, textil, higiénico, etc.- que contenga uno o varios de ellos. Pues bien, explicada la eficacia para afrontar esas patologías de la inmunoterapia a bajas dosis, la dieta rotatoria y la oxigenoterapia cerramos el círculo explicando la utilidad de la sueroterapia, la quelación y la sauna de la mano de la doctora Pilar Muñoz Calero, presidenta de la Fundación Alborada.
-Díganos, ¿realmente la sueroterapia es importante en el tratamiento de las enfermedades de origen medioambiental?
-Junto a la Inmunoterapia de baja dosis es la herramienta fundamental para el tratamiento de estos pacientes. Mire, hoy día consumimos alimentos de muy baja calidad debido tanto a que las tierras no se dejan en barbecho como al uso y abuso de nitratos, fertilizantes y pesticidas. Y a ello se une la gran cantidad de procesos químicos –muchos desnaturalizantes- que sufren los alimentos por los actuales procesos industriales de manipulación, elaboración y conservación. Hoy los alimentos se conservan mediante procedimientos como el frío -refrigeración (entre 0º y 4º), congelación (entre 0º y -20º) y ultracongelación (entre -20º y -50º)-, el calor -bien mediante pasteurización, bien mediante esterilización-, la deshidratación -para eliminar al máximo el agua de los alimentos-, el ahumado -para desecar fácil y rápidamente los alimentos-, la salazón –impregnándolos de sal-, la fermentación controlada -consiste en descomponer sustancias orgánicas complejas en otras simples gracias a la acción de una enzimas específicas, los fermentos, que son producidas por microorganismos como el moho, las bacterias y la levadura-, la liofilización -que consiste en la sublimación de un producto helado y su transformación directamente en gas mediante evaporación en vacío-, la preservación por gas -lo que se hace es inyectar en el interior un gas inerte, normalmente nitrógeno, para evitar los efectos del oxígeno y, por tanto, el enranciamiento así como para mantener a raya las bacterias-, el envasado al vacío –con la idea de eliminar el oxígeno del interior del envase para evitar que el alimento se oxide y pueda conservarse largo tiempo- o la radiación ionizante con rayos gamma a dosis débiles, método de conservación que se utiliza para matar cualquier insecto o parásito que pudiera haber en ellos así como todo microorganismo patógeno que contenga (incluida la salmonella). Por otro lado, buena parte de la comida enlatada y envasada suele contener demasiados azúcares además de conservantes, colorantes, aromatizantes, espesantes, acidulantes, edulcorantes y potenciadores del sabor. Pues bien, todos estos procesos hacen desaparecer buena parte de las vitaminas, minerales, aminoácidos, enzimas y otros oligoelementos esenciales para una buena nutrición además de desnaturalizar los alimentos.
A ello debe añadirse que la forma de preparar los alimentos tiene su importancia. Por lo que se refiere a las frutas, verduras y hortalizas deberían comerse crudas o, como mucho, al vapor, a la plancha o asadas a fuego lento. Es importante cocinar siempre a menos de 100 grados centígrados ya que por encima de esta temperatura se pueden generar aminas muy tóxicas y cancerígenas. En cuanto a la carne, el pescado y el marisco deberían prepararse preferentemente –según los casos– al vapor, al horno, a la plancha, cocidos, estofados o asado- antes que fritos o a la barbacoa. Y, por supuesto, no usar nunca el microondas. Dicho esto la gente debería entender que toda dieta debe ser variada; no hacerlo impide nutrir bien al organismo.
-¿Es habitual el déficit de nutrientes en las personas químicamente sensibles?
-Sí. Y es que mucha gente olvida que una nutrición correcta debe aportar al organismo los minerales y vitaminas necesarios para el funcionamiento óptimo del cuerpo lo que requiere alimentos frescos, ecológicos y ricos en nutrientes. Además de un sistema gastrointestinal sano con una adecuada flora bacteriana y un buen funcionamiento hepático y renal, algo imprescindible para la absorción, metabolismo y eliminación de los mismos así como para desintoxicarnos. Los alimentos nutricionalmente deficientes y químicamente contaminados suelen causar desequilibrio en el tracto gastrointestinal y en la flora bacteriana exacerbando la sensibilidad a los químicos. Incluso la comida de alta calidad puede ser destruida por los actuales aditivos industriales. Un ejemplo es el EDTA, sustancia que cuando se añade a algunos vegetales -como los guisantes- los vacía de minerales. Y un pesticida organoclorado como el clordano puede dañar la membrana de la célula y la bomba de calcio y terminar generando exceso de este mineral en la célula. Y otros productos, como el benceno, el monóxido de carbono y los pesticidas, aumentar las necesidades de vitaminas A, C, E y del grupo B, fundamentales para que el organismo se pueda desintoxicar. En suma, los tóxicos hacen menos nutritivos los alimentos porque una vez ingeridos vacían los depósitos de vitaminas y minerales imprescindibles para los procesos de desintoxicación. El resultado es un organismo que se debilita y se va haciendo cada vez más vulnerable. En ocasiones la absorción es además competitiva; esto quiere decir que un tóxico puede ser absorbido de forma preferente a un nutriente necesario.
También el sistema renal puede estar dañado por los tóxicos impidiendo la reabsorción de vitaminas, minerales y aminoácidos. No se olvide que los procesos enzimáticos usan cofactores provenientes de vitaminas y minerales por lo que si hay carencia de los mismos no funcionarán de manera adecuada repercutiendo eso de forma directa en la desintoxicación y detoxificación del organismo lo que sin duda va a sobrecargar el hígado y su labor de depuración.
En fin, todas estas deficiencias, depleciones y desequilibrios van originando una progresión lenta y mantenida del deterioro de las funciones vitales del cuerpo.
-¿Los tóxicos afectan de la misma forma a todos los órganos?
-Cada órgano tiene unas necesidades diferentes de minerales y vitaminas y, por tanto, una capacidad distinta de reacción frente a los tóxicos. Un tóxico puede llegar en la misma cantidad a dos órganos y uno de ellos acumularlo diez veces más que el otro si dispone de menos cantidad de nutrientes y enzimas para su eliminación.
-¿Los análisis de sangre que realizan ustedes permiten detectar posibles déficits de vitaminas y minerales?
-Todos los órganos contribuyen a que en sangre haya un nivel suficiente de vitaminas y minerales para afrontar las necesidades inmediatas. De ahí que su carencia en los depósitos orgánicos no se detecte en sangre hasta que no se han vaciado parcialmente; en ocasiones, más de un 80%. Es decir, el nivel en sangre no suele reflejar el estado de los depósitos y si éstos serán suficientes para afrontar una toxicidad inesperada o extrema. Lo que es evidente es que si no son suficientes podría llevar a un fallo en cadena de muchos sistemas.
-¿Qué déficits son más frecuentes en un paciente intoxicado?
-Es habitual el déficit de vitamina B6, indispensable para un millar de reacciones implicadas en el mantenimiento de la homeostasis y en la desintoxicación del organismo pero se ha comprobado también que cantidades inapropiadas de vitaminas B3, B5, C, biotina, magnesio y ácidos grasos omega 3 perturban el metabolismo de los ácidos grasos produciendo exceso de colesterol y triglicéridos.
-¿Y la sueroterapia tiene entonces como objetivo resolver estas carencias?
-Efectivamente. Lo explicado confirma la necesidad de reponer las vitaminas y minerales que puedan necesitar las personas que sufren una enfermedad de origen medioambiental siendo la vía ideal la intravenosa ya que la mayoría de los pacientes con daño tóxico por químicos tienen alteraciones en el sistema gastrointestinal con dificultad de absorción, alteración en la permeabilidad, disbiosis…
-¿Hay ya suficiente experiencia en la utilización de este tratamiento?
-Los protocolos para la reposición de estos nutrientes por vía intravenosa llevan utilizándose desde hace muchos años por expertos de medicina ambiental con muy buenos resultados ya que al reponer esas deficiencias el metabolismo deja de estresarse, hay una mejor detoxificación y desintoxicación, el sistema inmune puede defenderse mejor y, en pocas palabras, ayudamos a la homeostasis del organismo para un mejor funcionamiento.
-¿Y podría concretarnos cuáles son los suplementos que utilizan con más frecuencia?
-Los principales suplementos que incorporamos en los sueros son algunas vitaminas del complejo B –concretamente B1, B5, B6 y B12-, ácido fólico, ácido ascórbico, selenio, magnesio y zinc.
-¿Por qué precisamente esas vitaminas?
-Las vitaminas del complejo B, hidrosolubles, son absolutamente necesarias para que los sistemas de oxidación, reducción, degradación y conjugación funcionen de manera adecuada.
El ácido fólico -en su forma activa de tetrahidrofolato, que es como la damos- es esencial para la biosíntesis del ADN; además ayuda a eliminar el formaldehido -sustancia muy tóxica que se acumula en muchos enfermos- y participa también en la re-síntesis de la metionina.
El ácido ascórbico o vitamina C es indispensable para la desintoxicación del organismo y es pues importante para toda persona con una patología causada por toxicidad ambiental al funcionar como agente quelante capaz de expulsar determinados químicos y toxinas del cuerpo. La evidencia muestra que la hipófisis y el hipotálamo son órganos muy sensibles a la agresión de los tóxicos y requieren por tanto mayor aporte de vitamina C que otros. Las terminaciones nerviosas olfatorias de la mucosa nasal, al ser muy superficiales, son asimismo extremadamente vulnerables ya que al inhalar el tóxico se altera la propia terminación. Por otro lado, el tubérculo olfatorio es también fácilmente dañado por los tóxicos al estar continuamente hiperexcitado como consecuencia de la hipersensibilidad a los olores lo que condiciona un requerimiento de vitamina C cada vez mayor.
Dado que la depleción de los depósitos de vitamina C es una constante en la mayoría de estos pacientes -como consecuencia de la alteración del metabolismo del ácido ascórbico asociada al resto de problemas característicos de estas enfermedades- es habitual que en los más sensibles el daño se manifieste con mayor frecuencia en el sistema nervioso central y autónomo.
Y no se olvide que unos depósitos adecuados de vitamina C no sólo son imprescindibles para el cerebro sino también para el riñón, el hígado, el bazo, el páncreas y otros órganos.
-¿Y por qué introducen en el suero zinc, selenio y magnesio concretamente?
-Los depósitos de zinc en el cuerpo no son ni muy grandes ni fácilmente movilizables y por eso deberíamos obtener a diario la cantidad que necesitamos de él. Piénsese que hablamos de un mineral incluido en más de 100 metaloenzimas. Y que es especialmente importante para los pacientes alérgicos, característica común en las enfermedades que tratamos. Además actúa junto a otras enzimas en la función inmunitaria.
Es más, el zinc es importante para el equilibrio del pH en la sangre, necesario para la síntesis de ADN, esencial para la síntesis de proteínas y ayuda a la formación de insulina, está presente en la contractibilidad de los músculos, normaliza la función de la glándula prostática, participa en el desarrollo de los órganos reproductivos, contribuye a la integridad defensiva del plasma, ayuda a disminuir los depósitos de colesterol, favorece la cicatrización de las heridas, ayuda a la digestión de los hidratos de carbono, participa en el metabolismo del fósforo y favorece la liberación de vitamina A de su almacén hepático.
Mire, las personas con intolerancias alimentarías suelen tener déficit de zinc en sangre. Y otras veces depósitos muy pequeños aunque el nivel de zinc en sangre sea normal; por eso lo incorporamos.
En cuanto al magnesio se trata de un mineral imprescindible que se acumula en un 70% en los huesos -en combinación con fosfato y bicarbonato- y un 20% en los tejidos blandos -unido a proteínas- que participa en numerosos procesos enzimáticos, en la producción de energía y en la duplicación del ADN ayudando a mantener normalizadas las tasas de colesterol. Regulador del ritmo cardíaco es además esencial para el buen funcionamiento del sistema nervioso y los músculos puesto que participa en la transmisión de los impulsos nerviosos y es activador de las contracciones musculares. Regula también los niveles de azúcar en sangre, favorece la absorción y metabolismo de otros minerales -como el calcio, el fósforo, el sodio y el potasio-, ayuda a regular la temperatura corporal y coadyuva en el metabolismo de las proteínas por lo que participa en la reparación y mantenimiento de las células y tejidos. Pues bien, un nivel sérico bajo de magnesio puede ser significativo pero un nivel aparentemente normal no es un indicador fiable de la cantidad que haya en el organismo pues esa cantidad en sangre permanece estable hasta que al menos más del 20% de lo almacenado en el organismo se pierda. En pacientes con fatiga crónica y fibromialgia se han encontrado niveles en sangre dentro de la normalidad y significativamente más bajos sin embargo cuando se mide la cantidad en el interior de los eritrocitos como hacemos nosotros.
Por lo que se refiere al selenio forma parte de una enzima -la glutatión peroxidasa- vital en las reacciones oxidativas, protege el material genético de los radicales libres, fortalece el sistema inmune, previene el cáncer, protege de los efectos tóxicos del cadmio y el plomo y es antagonista del arsénico, la plata, el mercurio y el cobre reduciendo así su toxicidad, participa en la síntesis de testosterona y en la formación y desarrollo de los espermatozoides, parece prevenir las cataratas, combate la oxidación de los lípidos en las arterias y reduce la agregación plaquetaria. Y su carencia repercute de forma directa en la inhibición de la enzima prostaciclina sintetasa, fundamental para la producción de un vasodilatador elaborado por el endotelio vascular. Siendo también imprescindible para la conversión de T4 en T3. En teoría su déficit no debería darse porque se encuentra en alimentos tan usuales como los cereales integrales, la carne o el marisco pero hoy no es así por la actual sobreexplotación de los campos. Ahora, bien el exceso de selenio es tóxico y su dosificación debe estar pues muy controlada.
-Teníamos entendido que también introducen glutatión y ácido alfa lipoico…
-Cierto. Porque además de las vitaminas y minerales mencionados en estos casos es fundamental el glutatión, formado por cisteína, glutamina y glicina. Se trata de un antioxidante muy potente que actúa en su forma reducida oxidándose y posteriormente volviéndose a reducir. Es un proceso indispensable para reparar el daño tisular provocado por el estrés oxidativo que provocan los contaminantes. Hoy es frecuente encontrar déficits de glutatión -tanto en su forma reducida como en su forma total- bien por un defecto en la enzima glutatión reductasa necesaria para reducirlo, bien por déficit de uno de los aminoácidos precursores que lo forman: la cisteína. Si no hay suficiente glutatión la reparación tisular será insuficiente. Además una de las vías principales de conjugación en la segunda fase de desintoxicación hepática es la glutationización para lo cual se requieren cantidades adecuadas de glutatión. Si hay algún trastorno a este nivel habrá dificultad para eliminar algunos tóxicos por esta vía lo cual supondrá una retención de los mismos con la consiguiente sobrecarga tóxica.
También dentro del protocolo de los sueros habrá que introducir el ácido alfa lipoico que es quizá el antioxidante más importante ya que actúa sobre los tóxicos hidrofílicos y también sobre los lipofílicos, es decir sobre los tóxicos disueltos en agua y sobre los disueltos en grasa. El ácido alfa lipoico es capaz de regenerar otros antioxidantes, entre ellos el glutatión, haciéndolo pasar de su forma oxidada a su forma reducida (que es la forma activa). Por tanto es un regenerador del glutatión e indispensable para una buena función del organismo.
En cuanto al ácido alfa lipoico es capaz de cruzar la barrera hematoencefálica y ayudar en el tratamiento de algunas enfermedades neurodegenerativas. Se trata además de un importante agente terapéutico en el tratamiento de la diabetes y sus complicaciones, caracterizadas por la disfunción mitocondrial, la disfunción inmunológica, el excesivo ejercicio, la enfermedad cardiovascular y las enfermedades neurodegenerativas.
-Bien, hablemos ahora si le parecede la quelación, método del que ya hemos hablado hace años en la revista pero muy pocos médicos en España utilizan a pesar de que se trata de una técnica terapéutica habitual y común en muchos países occidentales.
-Como ustedes bien saben se trata de un método que permite eliminar del organismo los metales –especialmente los pesados- que se hayan depositado en él desde diversas fuentes. Hoy están presentes en el aire, el agua y la tierra, en los fármacos, en muchos animales marinos –especialmente el mercurio y el arsénico-, en las latas de conserva –el plomo y el estaño-, en los utensilios de cocina –el aluminio, el cobre y el níquel sobre todo-, en las pinturas –especialmente el plomo-, en las amalgamas –el mercurio-, en los cosméticos –especialmente el aluminio y el plomo-, en la pasta de dientes –el fósforo-, en las vacunas –el aluminio-, en los antiácidos –el aluminio-, en los, insecticidas –el fósforo, el cloro, el bromo, el azufre, el cobre, el mercurio, el estaño y el zinc-, en los retardadores del fuego –el fósforo-… y así un largo etcétera. Actualmente hay miles de productos con metales que terminan depositándose en nuestros tejidos, acumulación que puede ser muy peligrosa y desencadenar patologías respiratorias, cardiovasculares, dermatológicas, problemas endocrinos, desordenes neurológicos, patología psiquiátrica y, obviamente, sensibilidad química múltiple.
Hoy se sabe que muchos de los afectados de fatiga crónica, fibromialgia y sensibilidad química múltiple tienen niveles de metales que superan los índices de normalidad establecidos lo que pone de relieve la incapacidad de los sistemas de detoxificación naturales para deshacerse de ellos. Metales que pueden alterar la respiración de las células y la permeabilidad de sus membranas, los procesos enzimáticos y el desplazamiento de los minerales de su lugar activo en la célula con la consiguiente alteración funcional orgánica y el agotamiento de los recursos. Además gran parte de ellos impide la reposición del glutatión agravando aún más el problema ya que puede alterarse también la capacidad de desintoxicación de otros químicos tóxicos. Algunos exacerban asimismo la sensibilidad, otros inhiben las reacciones de transaminación y algunos más actúan como inhibidores enzimáticos. En suma, cuando hay presencia de metales –sobre todo pesados- la quelación es ya imprescindible.
-Expliquemos si le parece bien qué es exactamente la quelación…
La quelaciónes un fenómeno bioquímico que se produce continuamente en el interior de las células constituyendo uno de los mecanismos más importantes que todo organismo vivo -animal o vegetal- tiene para apropiarse y utilizar los metales orgánicos. Ahora bien, en este caso hablamos de metales inorgánicos y la idea es utilizar sustancias quelantespara eliminarlos del organismo ya que no son metabolizablesy se trata de tóxicos que interfieren negativamente en el correcto funcionamiento del cuerpocuando se combinan con uno o más grupos reactivos (ligandos). Una sustancia quelante es pues una antagonista de metales pesados diseñada para competir con ellos por los grupos reactivos fisiológicos evitando o revertiendo así sus efectos tóxicos e incrementando su excreción. Digamos pues que “atrapan” los metales pesados formando con ellos una estructura soluble en agua que puede eliminarse a través de la orina.
Una quelación consiste pues en introducir en la sangre del paciente mediante goteo endovenoso una serie de productos químicos –por ejemplo el Ácido Etilendiamino Tetracético, más conocido como EDTA por sus siglas en inglés- para eliminar los metales acumulados en el organismo. Y debe hacerse bajo estricta vigilancia médica y con protocolos contrastados que aseguren la reposición adecuada de los minerales que pueden eliminarse conjuntamente con los metales para minimizar o evitar posibles efectos secundarios.
Siendo importante retirar previamente las posibles amalgamas que tengan en sus bocas los enfermos para retirar el mercurio; de lo contrario se corre el riesgo de movilizarlo con el consiguiente riesgo para el paciente.
-Bien, ¿qué puede decirnos para finalizar de la eficacia de la popular sauna en estos casos?
-La sauna es muy beneficiosa para toda persona con una alta carga de químicos en su organismo. Piénsese que muchos tóxicos químicos son lipofílicos y se acumulan en el tejido graso del cuerpo. Y con el calor de la sauna, al disolverse los adipocitos, los metales depositados en ellos se liberan pasando del tejido graso a la corriente circulatoria para permitir su excreción. Siendo lo que puede hacer que los pacientes experimenten un empeoramiento transitorio de los síntomas debido a la presencia de tales tóxicos en sangre. Pero es una situación pasajera que habitualmente da lugar a un largo periodo de mejoría.
Eso sí, mientras el paciente sigue el tratamiento se monitorizan regularmente sus niveles de electrolitos y se controla la función hepática, renal y cardiaca mediante analíticas y algunos test diagnósticos. Y los minerales son reemplazados con medicación oral. Igualmente se protege la célula mediante suplementos antioxidantes.
-Una última pregunta: ¿cuánto dura de media un tratamiento completo como el que nos ha descrito con inmunoterapia a bajas dosis, dieta rotatoria, oxigenoterapia, sueroterapia, quelación y sauna?
-Nuestro programa -seis días a la semana- está planificado para seguirse entre 6 y 8 semanas pero la duración del tratamiento la determina la respuesta individual y el estado del paciente. La terapia con la sauna, por ejemplo, si se tolera bien puede seguirse largos periodos de tiempo. De hecho el profesor Martin Pall -a quien ustedes entrevistaron en la revista de forma amplia- recomienda reiteradamente la sauna porque uno de sus efectos beneficiosos es actuar sobre la Tetrahidrobiopterina(BH4) reponiendo en parte sus niveles cuando ha sido oxidada por elperoxinitrito (ONOO) en el ciclo NOONOO.

 

José Antonio Campoy



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