La CECU hace el juego a la industria farmacéutica

 

La Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU) aseguró a finales del pasado mes de diciembre por medio de su presidente –Fernando Móner- y de la responsable de Nutrición e Higiene Alimentaria –Gretel Cabrera- que la mayor parte de los productos naturales para adelgazar que se comercializan no han demostrado “científicamente” sus efectos y algunos, aun siendo naturales, pueden tener efectos secundarios negativos sobre la salud. "Hay que exigir normas mucho más duras en cuanto al control de publicidad y comercialización de unos productos cuyo efecto placebo parece el único en la mayoría de los casos", diría Móner, quien luego denunciaría que el consumo de los mismos “conlleva además en muchos casos la retirada de tratamientos mandados por el médico” sugiriendo que ello puede suponer “un peligro para la salud de los consumidores”.
Los representantes de CECU pondrían como ejemplos de productos que según ellos no sirven para adelgazar –estudiaron 19- el té verde, el chitosán, el guaraná, las algas o la faseolamina, entre otros. Agregando que además sale mucho más caros comprarlos así que si se ingiere directamente el producto que éstos contienen en pequeñas cantidades para lo que pondrían de ejemplo los productos con té verde cuando es obvio que una simple infusión es más eficaz y barata. Asimismo criticarían el hecho de que algunos de ellos no contengan sino “mezclas de minerales y aminoácidos que ya están presentes en una dieta variada". Igualmente denunciarían la utilización de testimonios de famosos o supuestos médicos alabando sus bondades, algo que según Gretel Cabrera está “prohibido”. Finalmente denunciarían el constante uso de publirreportajes que aparentan rigor y carácter científico –sin tenerlo- que "confunden al consumidor".
Hasta aquí la noticia. Por nuestra parte entendemos que las conclusiones de esta “investigación” financiada por el Instituto Nacional de Consumo (INC) -con dinero público pues- las podían haber escrito sin hacerla y, por tanto, sin gastarse un solo euro. Pero, claro, hay que justificar las subvenciones. Aunque lo más lamentable es la injustificable alegación de que ingerir esos productos puede llevar al abandono de los tratamientos médicos -léase farmacológicos- y eso suponer un “riesgo para la salud”. No vamos a consentir sin reaccionar que se alegue tamaña falacia. ¡Retamos públicamente a la CECU a que presenten las pruebas que demuestran “científicamente” que los productos y tratamientos que en estos casos proponen los médicos son eficaces y seguros! A ver si pueden.