Un ex funcionario de la FDA la acusa de ser “sierva de la industria”

Confirmando lo que denunciamos desde hace tiempo

Paul Stolley, ex miembro de una de las comisiones encargadas de velar por la seguridad de los productos farmacéuticos en la Federal and Drug Administration (FDA) -el organismo encargado de la evaluación y autorización de los medicamentos en Estados Unidos- ha acusado abiertamente a esa institución de haberse convertido en un “sirviente de la industria donde el debate científico es reprimido y donde quienes disienten son condenados al ostracismo”. Así lo publica The British Medical Journal, donde Stolley critica abiertamente la confluencia de intereses entre la institución y las empresas privadas ya que éstas financian parte del trabajo de la FDA.“La decisión no tiene sentido en términos de salud pública –afirma-y sólo se explica por la financiación que la FDA recibe de las compañías”.
Su denuncia coincide precisamente con el relanzamiento de un fármaco comercializado por GlaxoSmithKline’s para el tratamiento del síndrome del colon irritable bajo el nombre de Lotronex (alosetrón) que tuvo que ser retirado del mercado por los numerosos y graves efectos secundarios que ocasionó (se le atribuyen siete muertes y centenares de casos con efectos secundarios adversos) y cuya venta  fue de nuevo aprobada el pasado siete de junio para sorpresa de muchos. La revista atribuye esa decisión a la presión de un grupo de pacientes (¿”apoyados” por alguien?) que pedía de nuevo su comercialización, a la de la propia empresa -para la que el fármaco “es una mina de oro” por el potencial número de consumidores- y a la propia FDA, alejada según afirma la revista en su editorial del tradicional papel de salvaguarda de la salud y a la que acusa de haberse convertido en una institución que “se limita a proveer a los pacientes de la mejor información posible para que sean ellos quienes tomen la decisión final sobre si tomar un fármaco o no”.
Otros de los miembros que trabajaron junto a Stolley expresaron también su preocupación y malestar por la decisión a la directora del centro Janet Woodcock, advirtiéndola del riesgo real de que se registren nuevas muertes por el consumo de Lotronex.
La “credibilidad” de la FDA –a la que venimos criticando ampliamente desde que esta revista nació- vuelve a ser puesta en entredicho. No será la última.