La quercitina, eficaz en la esteatohepatitis no alcohólica

La quercitina o quercetina -flavonoide presente en alimentos como las manzanas, la cebolla roja, las uvas, el brócoli, la coliflor o el té- es realmente eficaz para tratar la inflamación y fibrosis de la esteatohepatitis no alcohólica; al menos así lo ha constatado en ratones un estudio español hecho en colaboración con investigadores brasileños que ha estado coordinado por María Jesús Tuñón y Javier González Gallego en el Instituto de Biomedicina (Ibiomed) de la Universidad de León (España) que se ha publicado en Journal of Nutrition, órgano de la Asociación Americana para la Nutrición.
La esteatohepatitis no alcohólica se caracteriza por una inflamación grasa del hígado no debida al consumo de alcohol y es una de las patologías que los médicos han agrupado en lo que denominan Enfermedad grasa hepática no alcohólica que además incluye la esteatosis, la esteatohepatitis y la cirrosis esteatohepatítica. Sugiriéndose que las causas de todas ellas son la obesidad, la diabetes mellitus y la hiperlipemia.
Es más, según esos investigadores la quercitina -a partir de la cual se obtienen otros flavonoides como la naringenina o la rutina- podría ser igualmente útil en todas las patologías que cursan con procesos inflamatorios crónicos como las cardiovasculares, la obesidad e, incluso, el cáncer.
Para el estudio se formaron cuatro grupos de ratones a la mitad de los cuales se les indujo un hígado graso alimentándolos con una dieta deficiente en metionina y colina ya que se sabe que ello provoca que se acumule grasa en el hígado. Luego, a la mitad de los ratones sanos se les dio una dieta normal y a la otra mitad la misma dieta pero añadiéndoles quercitina. Y lo mismo se hizo con los ratones a los que se indujo un hígado graso. Pues bien, varias semanas después se constató que los ratones con hígado graso que no consumieron quercitina mostraban esteatosis, estrés oxidativo, inflamación y fibrosis pero no así los que sí la ingirieron. Obviamente la cantidad de quercitina suministrada no es la que se obtiene normalmente con una dieta normal sino superior. Y, por cierto, un estudio realizado in vitro hace ya tiempo demostró que la combinación de quercitina y resveratrol inhibe la producción de células adiposas.
Cabe añadir que hace ahora algo más de un año esos mismos investigadores constataron que la quercitina protege el hígado y previene el cáncer. "La quercitina inhibe mediadores implicados en la progresión a cáncer del hígado cirrótico" afirmarían entonces tras comprobar en ratas a las que se indujo cirrosis que aumenta la expresión del receptor del factor de crecimiento epidérmico y de uno de sus ligandos, la anfirregulina (factor capaz de prevenir la muerte de diferentes tipos de células que se expresa en diversos tejidos), incrementa mediadores de la inflamación y la proliferación celular -como la interleucina 6, el factor de necrosis tumoral y el factor de crecimiento transformante beta-, la inhibición de vías de supervivencia -como la Akt y la MAP cinasa- y la expresión de genes asociados con la progresión del cáncer como la ciclooxigenasa 2 o los asociados a glioma GL1 y GL2. En otras palabras, que su consumo podría prevenir daños en el hígado, que aparezca cáncer en él o que se frene la progresión tumoral si éste ya se ha manifestado. Para lo que bastarían 50 mg diarios por kilo de peso.
Claro que la capacidad de la quercitina -y de otros flavonoides- para inhibir la proliferación de las células tumorales e inducir su apoptosis se conoce desde hace años. Aunque los oncólogos no se hayan enterado.