La tercera parte de la población del mundo es tuberculosa

España, segundo país europeo con mayor incidencia de casos

La tuberculosis, enfermedad que comúnmente se creía erradicada, afecta ya ¡a un tercio de la población mundial! según la Organización Mundial de la Salud (OMS) si bien el 80% de los casos se concentra en una veintena de países de escasos o mínimos recursos económicos. De ellos no todos llegarán a desarrollar la enfermedad: se calcula que sólo el 5% de esas personas acabarán enfermando constituyéndose en nuevas fuentes de contagio.
En cuanto a España, hay que decir que es el segundo país de la Unión Europea con mayor incidencia de tuberculosis –sólo la supera Portugal- según la Sociedad Catalana de Pneumología (SOCAP). En 1999 se registraron en territorio español una media de 26,7 casos por cada mil habitantes frente a los cinco de Holanda. Galicia y Cataluña son las comunidades con mayor incidencia de esta enfermedad. En el polo opuesto se sitúa Navarra con un 16,7.
Ahora bien, según la doctora María Lluïsa de Souza – coordinadora de la SOCAP-, los datos de España son engañosos porque no existe el mismo nivel de declaración de la enfermedad en todas las comunidades autónomas ni los mismos sistemas de control por lo que autonomías con un índice de declaración bajo podrían tener en realidad más casos.
María Lluïsa De Souza considera que la situación de la tuberculosis en España no es propia de un país con su nivel de desarrollo, hecho que atribuye fundamentalmente “al retraso con el que el paciente acude al médico y la tardanza de éste a la hora de sospechar que puede tratarse de una tuberculosis, aparte de los casos de incumplimiento del tratamiento” y a que a principios de la pasada década “se bajó la guardia ante el éxito de los nuevos tratamientos lo que, junto con el aumento de contagios por el sida, hizo que el número de casos se disparara llegando a su máximo en el año 92”. No obstante, las medidas de control aplicadas desde entonces han hecho que entre 1995 y la actualidad Cataluña haya pasado de 50 a 30 casos por cada 100.000 habitantes y que los existentes en Galicia, pese a que su tasa es aún muy alta, hayan disminuido considerablemente en el último lustro.
Según datos del departamento de Sanidad de la Generalitat de Cataluña, el sector de población en el que la tuberculosis tiene mayor incidencia es el de los hombres jóvenes de edades comprendidas entre los 25 y 34 años (en 1999 representaron el 21,1% de los nuevos casos). De hecho, los hombres de hasta 45 años representan el 56%. En cuanto a sexos, decir que por cada dos varones que se infectan sólo lo hace una mujer lo que se debe a que ellos acumulan más factores de riesgo que ellas.
La coordinadora de la SOCAP advierte, eso sí, que en los próximos años podría incrementarse el número de casos a causa de la masiva llegada de inmigrantes procedentes de países en vías de desarrollo.
Actualmente el tratamiento base contra la tuberculosis está compuesto por una combinación de cuatro fármacos: la Rifanticina, la Isoniacida, la Tiracinamida y el Etambutol. Si el paciente abandona o incumple el tratamiento, el bacilo de Koch -causante de la enfermedad- genera resistencia a los medicamentos -principalmente a los dos primeros- y debe iniciarse una nueva terapia con fármacos menos potentes y más tóxicos que no vencen la enfermedad hasta dos años después.
La investigación sobre el tratamiento de la tuberculosis ha evolucionado poco en los últimos años. Actualmente, la mayor esperanza es la Rifapentina, nuevo compuesto que se está probando en Estados Unidos y que permitiría administrar el cóctel de fármacos una sola vez por semana en vez de hacerlo cada día como en la actualidad.
La tuberculosis es una enfermedad infecciosa causada por el bacilo de Koch y que se transmite por vía aérea (la respiración) pero que requiere un contacto íntimo y prolongado para que haya contagio. Su diagnóstico es tan sencillo como hacer un análisis del esputo y una radiografía del aparato respiratorio. Pero es también el paciente el que tiene que ver los primeros síntomas: pérdida de peso, cansancio, falta de apetito, tos y expectoración (que puede tener manchas de sangre).