Las bacterias intestinales influyen en el cerebro y, por tanto, en nuestro comportamiento

Un equipo de investigación dirigido por Stephen Collins –profesor de la Michael G. DeGroote School of Medicine en la Universidad McMaster de Canadá- afirma haber constatado mediante un trabajo realizado en el Farncombe Family Digestive Health Research Institute que acaba de publicarse en Gastroenterology que las bacterias intestinales influyen en la química del cerebro y, por tanto, en nuestro comportamiento. Al menos así ha ocurrido con ratones al desequilibrarles la flora intestinal. Lo que sugiere que un contenido bacteriano anómalo en los intestinos puede ser causa de algunos trastornos del comportamiento e indica la importancia que puede tener tratarlos reequilibrando la flora intestinal; por ejemplo, con prebióticos y probióticos. De hecho ya se habían asociado las gastritis, las úlceras, la pesadez de estómago tras comer, la hinchazón, el dolor en la boca del estómago, el reflujo gastroesofágico o el síndrome de intestino irritable con la ansiedad y la depresión.
Y todo indica que el problema es mayor cuando ese desequilibrio lo causa la ingesta de antibióticos porque de hecho para desestabilizar la flora intestinal de los ratones se les dio oralmente durante siete días una combinación de tres microbicidas: neomicina, bacitracina y pimaricina. ¿El resultado? Entre otros problemas se constató un incremento del Factor neurotrópico derivado del cerebro (BDNF), proteína presente en el hipocampo, la corteza cerebral y el cerebelo cuyo exceso afecta negativamente a la memoria y la motivación además de provocar ansiedad y depresión. Cabe añadir que en cuanto dejó de darse antibióticos a los ratones la flora intestinal se recompuso y su comportamiento volvió a ser normal.