UNA COMPAÑÍA AÉREA BELGA OFRECE CURSOS PARA PERDER EL MIEDO AL AVIÓN

En tan sólo dos días se asegura un éxito del 90%

Para muchas personas viajar en avión supone un problema. En la víspera hay quienes padecen insomnio o sufren angustia y crisis de pánico durante el trayecto. Otros ni siquiera se atreven a subir y buscan medios alternativos. Por esa razón la compañía aérea belga Sabena decidió organizar regularmente cursos para ayudar a los pasajeros a perder el miedo al avión.
Dos comandantes y un psicólogo son los encargados de impartir los seminarios, que duran dos días y que -aseguran- logran un índice de éxito del 90%. El curso comienza con el relato de la experiencia personal y las fobias de cada participante. A partir de ahí, los pilotos y el psicólogo intervienen -cada uno dentro de su campo- para ofrecer su experiencia y calmar los temores.
Qué pasa si durante el despegue uno de los reactores del avión se estropea, por qué se producen las turbulencias y qué sucede si durante el viaje el avión se queda sin combustible son las preguntas más comunes planteadas por los miedosos en estos seminarios a las que los pilotos responden poniendo ejemplos de casos extremos, como que un avión puede volar con un reactor menos en condiciones meteorológicas adversas o que puede llegar a recorrer unos 200 kilómetros empujado tan sólo por el viento.
También funcionan las técnicas de relajación, como intentar reemplazar las imágenes negativas por otras positivas.
Generalmente el perfil de las personas que tienen miedo a volar coincide con individuos que piensan demasiado, perfeccionistas, a menudo creativos, pero sobre todo personas a las que les gusta llevar el control de todas las cosas. Por esa razón uno de los principales objetivos del curso es devolverles la confianza frente a los aviones y los pilotos.
El seminario acaba con simulaciones de vuelo donde los participantes pueden incluso tomar los mandos del aparato. Asimismo, los participantes realizan un vuelo real – generalmente a Munich- y algunos afirman que hasta pueden “admirar” el paisaje desde la ventanilla.