Veinte científicos alertan en un comunicado del peligro de los teléfonos móviles 

Veinte científicos europeos de prestigio emitieron a principios de julio pasado un comunicado conjunto que publicó el Journal du Dimanche en el que avisan de los peligros del teléfono móvil, particularmente entre los menores de 12 años por lo que recomiendan que tengan prohibido su uso. De ahí que hagan una serie de recomendaciones para quienes no puedan profesionalmente prescindir de él como procurar tenerlo cuando está encendido a más de un metro del cuerpo, usar el altavoz o un manos libres en lugar de acercarlo a la oreja, tener la antena orientada hacia el exterior, limitar al máximo la duración de la llamada, evitar usarlo cuando la señal es débil (en túneles o ascensores) y otras ya conocidas por nuestros lectores.
El documento está firmado por David Servan-Schreiber –neurólogo y profesor de Psiquiatría en la Escuela de Medicina de la Universidad de Pittsburgh (Pennsylvania, EEUU) internacionalmente conocido por sus libros Anticáncer y Sanar-, Jean-Marc Cosset -Jefe Honorífico del Departamento de Oncología y Radioterapia del Instituto Curie (Francia)-, Bernard Asselain -jefe del Departamento de Bioestadísticas del Cáncer del Instituto Curie (Francia)-, Franco Berrino -director del Departamento de Medicina Preventiva y Predictiva del Instituto Nacional del Cáncer de Milán (Italia)-, Thierry Bouillet -oncólogo y director del Instituto de Radioterapia del Hospital Bobigny (Francia)-, Jacques Marilleau -físico que trabajó en el Comisariado de la Energía Atómica y en el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) (ambos organismos franceses)-, Joel de Rosnay -doctor en Ciencias-, Christian Chenal -profesor emérito de Oncología-, Jan Willem Coebergh –oncólogo y miembro del Departamento de Sanidad Pública de la Universidad de Rótterdam (Holanda)-, Yvan Coscas –oncólogo y Jefe del Servicio de Radioterapia del Hospital de Poissy-Saint-Germain de Poissy (Francia)-, Devra Lee Davis -Jefe del Departamento Ecologista de Oncología de la Universidad de Pittsburgh (Pennsylvania, EEUU), Michel Hery –oncólogo y Jefe del Departamento de Radioterapia del Hospital Princesa Grace de Mónaco-, Lucien Israël -profesor emérito de Oncología de la Universidad Paris-XIII (Francia) y miembro delInstituto Jacques Marilleau-, Jean-Loup Mouysset –oncólogo y presidente de la Asociación Recurso (Francia)-, Philippe Presles -presidente del Instituto Moncey de Prevención Sanitaria de París (Francia)-, Henri Pujol –oncólogo y ex presidente de la Liga Nacional contra el Cáncer de Francia-, Annie Sasco -directora del Equipo de Epidemiología para la Prevención del Cáncer de la Universidad de Burdeos II (Francia)-, Simone Sáez -ex Jefe de Servicio del Centro para la Lucha contra el Cáncer Léon-Bérard (Francia)-, Pierre Souvet -cardiólogo y presidente de la Asociación Salud y Medio Ambiente de Provence (Francia)- y Jacques Vilcoq, -oncólogo de la Clínica Hartmann en Neuilly-sur-Seine (Francia).
Thierry Bouillet resumiría la indignación de estos científicos con las autoridades políticas y sanitarias con un comentario lapidario: "Estamos en la misma situación de hace 50 años con el asbesto y el tabaco. Y debemos escoger entre no hacer nada aceptando el riesgo que ello implica o asumimos que hay un abanico de argumentos científicos preocupantes".
En suma, cada vez más científicos deciden salir a la luz pública para advertir de un peligro que en esta revista venimos amplia y repetidamente denunciando desde hace años. Y nuestras autoridades mirando hacia otro lado. Hasta que unas algunas empiecen a tener tumores cerebrales. Entonces sí se moverán.