¿Medicina… “científica”?

por José Antonio Campoy

La Medicina convencional, alopática ofarmacológica empezó hace unos años a desprestigiarse de tal modo que los defensores de la ortodoxia intentaron en un patético esfuerzo por prestigiarla de nuevo rebautizarla como Medicina Científica a fin de hacer creer a la población que se basa en el denominado “método científico” y que tanto sus diagnósticos como sus tratamientos están fundamentados siendo además lo que las diferencia de las otras maneras de entender la salud y la enfermedad. Y durante décadas se han mofado de la Medicina Tradicional China, de la Homeopatía, del Naturismo, de la Medicina Bioenergética, de los conocimientos chamánicosy de tantas y tantas terapias no farmacológicas cuya mera relación ocuparía decenas de líneas. Hoy sin embargo la mayor parte de esas formas de entender la salud y de tratar las miles de inexistentes “enfermedades” que tienen absurdamente catalogadas –de las que obviamente desconocen tanto su causa como de qué manera curarlas- son practicadas cada vez en mayor número ¡por médicos! Por profesionales sanitarios que, hartos de no saber cómo ayudar a sus enfermos, optaron por aprender en foros donde existe un amplísimo conocimiento que no se enseña en las facultades de Medicina. Y el resultado es que empiezan a ser ya mayoría los licenciados en Medicina entre quienes practican esas otras formas de entender la salud y la enfermedad, de lo que ha dado en clasificarse globalmente como medicinas alternativas o complementarias. Al punto de que los mismos colegios médicos que hasta unos años se burlaban públicamente de la Homeopatía o de la Acupuntura hoy exigen que sean médicos los que las ejerzan en exclusiva a pesar de que a éstos no se les ha enseñado en las facultades absolutamente nada de ello. Tragicómico. Bueno, sería esperanzador si además de exigir ejercer ellos tales terapias ¡al menos se formaran en las mismas! Y, sobre todo, asumieran los fundamentos y conocimientos en las que se basan. Porque es grotesco pedir que sean médicos los que ejerzan la Acupuntura -por poner un ejemplo- y negarse paralelamente a admitir que si tal terapia funciona es porque existen en el organismo los canales bioenergéticosde los que hablaron hace ya milenios las culturas orientales (los llamados chakras, nadisy meridianos). Lo hemos denunciado muchas veces. Pero lo que ahora ya clama al cielo es que cuando empieza a demostrarse que la base de la Medicina ortodoxa, convencional, alopática ofarmacológica está en realidad en entredicho… se intente silenciar como sea. Máximo Sandín recordó en la revista el pasado número que hoy difícilmente se sostiene la convicción de que la mayoría de las enfermedades se deban a microbios patógenos –virus, bacterias, hongos y parásitos- y que por tanto toda la estructura edificada sobre los postulados de Luis Pasteur se derrumba. Por si fuera poco hay cada vez más metaanálisisque demuestran que los tratamientos convencionales no funcionan. En prácticamente ninguna patología. Que los tratamientos oncológicos de referencia –cirugía, quimioterapia y radioterapia- son un rotundo fracaso a pesar de las mentiras que una y otra vez se difunden sobre sus en realidad inexistentes éxitos-, que los antidepresivos y los antiinflamatorios son no sólo ineficaces sino enormemente peligrosos al igual que los fármacos para bajar el colesterol –sin olvidar que es una absoluta falsedad que tener altos niveles de él sea peligroso-…  y así un largo etcétera ya que en realidad ¡no hay un solo fármaco que cure nada! como hemos repetido hasta la saciedad. Pero lo que empieza a ser grotesco es que hasta muchos métodos de diagnóstico son un cuento chino y a pesar de que se demuestra se siguen utilizando. En su día denunciamos por ejemplo que el premio Nobel Kary Mullis, inventor de la PCR, afirmó públicamente que es imposible que su técnica sirva para poder decirle a alguien que es portador del VIH llegando a afirmar que habría renunciado al premio de haber sabido el uso que se iba a dar a su invención. Por eso en el prólogo de un libro de Peter Duesberg llega a afirmar: “Ni Duesberg ni yo podemos entender cómo ha surgido esta locura (…) Sabemos que errar es humano pero la hipótesis VIH/SIDA es un error diabólico”. Y lo mismo cabe decir de los test ELISA y Western Blot para el Sida: su fiabilidad es igualmente nula. Bueno, pues ¡las tres pruebas se siguen utilizando! ¿Y qué decir del test más usado en el mundo para detectar el cáncer de próstata? Porque ahora resulta que Richard Ablin, que fue quien desarrolló el análisis de antígeno prostático específico (PSA), acaba de reconocer públicamente que ¡no sirve para detectar si una persona tiene cáncer de próstata! Que sólo revela la cantidad de antígeno que un hombre tiene en sangre pero varones con  lecturas de bajo nivel podrían albergar cánceres peligrosos y otros con lecturas altas estar sanos. Y asegura, al igual que Mullis, que lleva años denunciándolo sin que los médicos le hagan caso. ¿Se han vuelto éstos rematadamente locos? ¿Y qué decir de nuestras autoridades sanitarias? Porque en este caso concreto sabemos con certeza que en nuestro Ministerio de Sanidad hubo hace un par de años una reunión donde se explicó que la prueba del PSA no era fiable ¡y prefirieron guardar silencio! en un acto tan rastrero como vil porque desde entonces se ha diagnosticado cáncer de próstata a muchos españoles a los que, estando probablemente sanos, a unos se les habrá intervenido quirúrgicamente y a otros se les habrá dado quimio o radio. ¿Es o no nauseabundo? Va siendo hora de que nuestros médicos, políticos y periodistas reaccionen porque algún día se van a encontrar si no con reacciones muy viscerales. ¿O creen los médicos que las agresiones que cada vez sufren en mayor número van a cesar sin más? La gente se está empezando a cansar de que nadie ofrezca respuestas a sus problemas de salud. Y por tanto su reacción es comprensible aunque la violencia jamás se justifique