¿La medicina se basa en la ciencia… O en el engaño?

por José Antonio Campoy

Estamos seguros de que la pregunta que encabeza este editorial, la portada de la revista y el reportaje que publicamos en páginas interiores va a indignar a muchos médicos pero debemos ser ya claros y contundentes: ¡ha llegado la hora de replantearse por completo la actual praxis médica porque ha pasado de ser una labor humanitaria reconocida y respetada a un simple negocio donde la salud, la dignidad y la vida de las personas importa cada vez menos! El actual paradigma médico-sanitario está podrido. Ha abandonado definitivamente sus principios más sagrados. Y lo singular es que los médicos son corresponsables de esta situación cuando son, junto con los pacientes, las principales víctimas. Lo denunciamos en el editorial del pasado mes y volvemos a hacerlo ahora porque estamos decididos a reiterarnos hasta que la mayoría de la gente despierte de su letargo. La actual Medicina convencional, ortodoxa o farmacológica que algunos llaman “científica” no se basa en el conocimiento científico sino en meras estadísticas y estudios hábilmente manipulados y en “asociaciones” especulativas jamás demostradas. Los médicos hablan ya de miles de “enfermedades” cuyas causas desconocen y por tanto son incapaces de prevenir y, por ende, de curar. Y se limitan a recetar fármacos no solo inútiles sino que provocan además numerosas patologías. Está demostrado más allá de cualquier duda. Cada vez más metaanálisisdemuestran que los tratamientos convencionales no funcionan en prácticamente ninguna patología, que los tratamientos oncológicos de referencia –cirugía, quimioterapia y radioterapia- son un rotundo fracaso, que los antidepresivos y los antiinflamatorios son no sólo ineficaces sino enormemente peligrosos al igual que los fármacos para bajar el colesterol –sin olvidar que es una absoluta falsedad que tener altos niveles de él sea peligroso-… y así un largo etcétera. En realidad ¡no hay un solo fármaco que cure nada! como hemos repetido hasta la saciedad, excepción hecha quizás de los antibióticos. Ni siquiera los métodos de diagnóstico son a menudo de fiar. Un TAC, una resonancia magnética, una radiografía o una ecografía ayudan a veces a saber algunas cosas pero ¡nada más! Entréguese una radiografía o una ecografía a tres expertos y es probable que se obtengan cinco diagnósticos posibles. ¡Y qué decir de la técnica PCR para medir la carga viral en Sida o los testELISA y Western Blot! Su fiabilidad es nula.Lo mismo que el test más usado en el mundo para detectar el cáncer de próstata, es decir, el análisis de antígeno prostático específico (PSA). ¡Es mentira que sirva para eso! Y es que vivimos en una sociedad completamente medicalizada. Hay fármacos ¡para todo! Bueno, más bien para tratar “síntomas” y para “prevenir” enfermedades (incluidas las tan numerosas como ineficaces vacunas que en realidad ni previenen ni curan aunque sí provocan todo tipo de problemas de salud). Hasta a los niños más pequeños se les destroza ya con fármacos. Inventándose la industria farmacéutica cada día más y más enfermedades inexistentes. Hay que vender, vender, vender… Lo que sea. Fármacos para cuando uno está triste y para cuando se halla preocupado, para cuando está inquieto o para cuando duerme mal, para cuando está gordo y para cuando está delgado… Toda situación de tensión física, mala alimentación, sentimiento o emoción natural se han catalogado como enfermedades que hay que tratar ¡con fármacos! Con medicamentos sintéticos patentados que hay que comprar luego a los inventores de todas esas “enfermedades”.  La verdad sin embargo es que la inmensa mayoría de las patologías reales tienen las mismas causas. Y que para superarlas ¡no hay que tomar en absoluto fármacos! Estos, por el contrario, perjudican casi siempre mucho más de lo que ayudan (cuando lo hacen que es casi nunca). Es más, ¿no se ha dado el lector cuenta de lo que hacen los médicos cuando alguien está realmente grave? Le internan en un hospital para procurar que esté relajado –obviamente eso en los hospitales públicos suele ser ya una quimera-, le dejan en ayuno o semiayuno, le “alimentan” con suero introduciéndoselo mediante goteo intravenoso ¡y dejan al organismo que se recupere por sí mismo! Aunque para disimular se les ofrezca de vez en cuando algún fármaco suave para aliviar síntomas. Entiéndase: los ensayos que se han hecho de la inmensa mayoría de los fármacos están manipulados Y aún así ninguno ha demostrado jamás que con su uso se supere una sola “enfermedad”. Luego, por ende, es imposible que los tratamientos médicos funcionen ya que casi todos se basan en fármacos. Vamos a repetirlo una y otra vez hasta que se comprenda: la inmensa mayoría de las llamadas enfermedades tienen las mismas causas y se solucionan de la misma manera. Y aunque lo hemos ido explicando a lo largo de estos años en breve lo haremos en detalle para ver si de una vez se entiende.