Un descubrimiento de trascendental importancia

por José Antonio Campoy

El extraordinario trabajo de la investigadora española Almudena Ramón Cueto debería llevarla a obtener en breve el Premio Nobel, bien en Medicina, bien en Fisiología. Y eso sólo por los descubrimientos ya realizados y publicados en los últimos diez años en revistas internacionales de prestigio. A fin de cuentas su impecable trabajo -siguiendo escrupulosamente todos los protocolos internacionalmente exigidos- ha hecho caer otro de los mitos de la Neurología: que una médula espinal gravemente dañada no puede repararse o regenerarse y, por tanto, que los parapléjicos -personas con la parte inferior del cuerpo paralizada y carente de funcionalidad- y tetrapléjicos –con parálisis total o parcial en brazos y piernas- no podrán jamás recuperarse. Porque sí es posible. Lo ha demostrado regenerando la médula dañada de dos mamíferos distintos: ratas y primates. ¿Y qué somos nosotros sino primates humanos con médulas espinales casi idénticas? Su trabajo devuelve pues la esperanza a parapléjicos y tetrapléjicos. De hecho está completamente convencida de que su terapia funcionará en humanos ya que no hay razón científica para que no sea así. Quizás no en todos los casos pero sí en muchos. Bastando unos meses de tratamiento. ¿Cómo? Pues simplemente inyectando en la médula espinal dañada células adultas obtenidas de la glía envolvente de su propio bulbo olfatorio tras reproducirlas in vitro. Repetimos: células gliales adultas y no células madre por lo que el riesgo de provocar tumores que tiene el uso de éstas últimas no existe en este caso. Y autólogas, es decir, extraídas del propio receptor con lo que no hay riesgo alguno de rechazo. Se trata de una terapia inocua que bien aplicada carece de peligro alguno. Y todo indica, según los datos obtenidos hasta ahora, que podría aplicarse en cualquier persona con lesión medular… independientemente del tiempo que haya transcurrido desde que se produjo la lesión; aunque obviamente sea en principio más fácil tratar a quienes tienen un daño más reciente. El descubrimiento es pues excepcionalmente importante para los cientos de miles de personas que sufren hoy lesiones medulares -no todas de la misma gravedad-, 48.000 de ellos españolas. Lo que sin embargo no se entiende es que a esta doctora española la haya tenido que financiar sus últimos trabajos una pequeña fundación privada integrada mayoritariamente por lesionados medulares –Investigación en la Regeneración del Sistema Nervioso (Fundación IRSN) es su nombre- porque en los últimos cinco años quienes manejan nuestros organismos públicos no dieron ni un euro para ayudarla. A pesar de trabajar en un organismo público dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de conocerse la importancia de lo que hacía, de que sus hallazgos se han publicado en revistas de referencia en el ámbito de la Neurología y de las enormes repercusiones médicas y sociales que tiene su trabajo. Es más, como ella misma nos explicaría la pusieron todo tipo de trabas. Tantas y tan injustas que tenemos intención de darlas a conocer en el futuro próximo para escarnio y vergüenza de quienes utilizan sus cargos y las instituciones del estado para hacer negocios particulares. Porque la sociedad lo ignora pero con los logros científicos que se obtienen con nuestro dinero se están enriqueciendo unos cuantos aprovechados que utilizan los resortes del poder a su antojo. Así que ya es hora de que se investigue de una vez por todas la corrupción sanitaria. Caiga quien caiga. Por muy de altos vuelos que sean –que lo son- los personajes implicados. Es hora de que rindan cuentas instituciones –entre muchas otras- como la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el Instituto de Salud Carlos III y sus organismos asociados, el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas /CNIO) y muchos de nuestros hospitales públicos. Como va siendo hora de que alguien explique por qué en cambio se apoya experimentar con seres humanos el uso de células madre para intentar regenerar la médula espinal cuando ni siquiera se ha probado eso con éxito en animales y además se sabe que puede provocar cáncer en los voluntarios. ¿Será porque eso sí es patentable y lo descubierto por la doctora española no? ¿Fue por eso por lo que tras dejarla sin financiación para continuar sus trabajos una farmacéutica española privada intentó patentar la terapia intentando hacer creer que funcionaba gracias a una ligera modificación genética en las células desarrollada por ella… cuando la verdad es que eso no es necesario en absoluto? ¿Y no cree el lector que quienes desde nuestros organismos públicos se pusieron en contacto con los dirigentes de la misma deberían explicarnos qué parte del negocio tienen en esto… a nivel personal? Evidentemente es hora de sacar a la luz de una vez el entramado mafioso del sistema sanitario. Termino explicando algo muy importante: lo descubierto por Almudena Ramón Cueto va mucho más allá pues permite plantearse regeneraciones cerebrales importantes. De hecho podemos estar en la línea de salida de la resolución de enfermedades como el alzheimer, el parkinson, la esclerosis múltiple y demás patologías degenerativas del cerebro.