La gran importancia del cobre

por José Antonio Campoy

He decidido dedicar el editorial de este número a la importancia que juega el cobre en la salud aunque nuestra portada esté dedicada a la negativa de numerosos médicos a vacunarse contra la gripe al no estar demostrada ni su eficacia, ni su inocuidad, ni su necesidad –algo que en parte reconoció en noviembre pasado el propio presidente de la Organización Médica Colegial, Juan José Rodríguez Sendín– ya que el hecho constituye por sí mismo un argumento de peso contra quienes postulan absurdamente su inoculación masiva, de que en este mismo número nos hacemos eco de un esclarecedor artículo de Roman Bystrianyk recientemente publicado en la web del International Medical Council on Vaccination en el que se ofrecen nuevos y contundentes argumentos contra la vacuna de la gripe y de que –aún más importante– documentos secretos obtenidos merced a la Ley de Libertad de Información revelan que los miembros del Comité sobre Vacunación e Inmunización que asesora al Gobierno británico conoce los graves peligros y la falta de eficacia de varias vacunas a pesar de lo cual las aprobaron e incluyeron en el llamado «calendario vacunal» ocultando información importante y trascendente al público. Se trata pues de dos textos de suma importancia pero no hacen más que refrendar las denuncias que venimos haciendo desde hace años sobre un tema al que ya he dedicado varios editoriales. Soy consciente asimismo de la importancia del artículo que aparece en este mismo número sobre el hecho de que la iluminación LED puede dañar la retina –especialmente en el caso de los niños– cuando es el tipo de iluminación mayoritariamente presente en las pantallas de televisión, ordenadores, móviles, smartphones, tabletas, lámparas, luces navideñas y otros muchos dispositivos, peligro que ha reconocido ya la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria de los Alimentos, el Medio Ambiente y el Trabajo de Francia pero lo que hay que decir ya se cuenta en ese texto. E igualmente soy consciente de la trascendencia que tiene el hecho de que la Agencia Europea del Medicamento acabe de autorizar el uso en niños de plantas –publicando la relación autorizada de las mismas y las dosis sugeridas– y de que se haya constatado que la prescripción preventiva de suplementos dietéticos –vitaminas, minerales, enzimas, oligoelementos, fibra, proteínas, ácidos grasos, etc.– tendría repercusiones positivas en la salud de la población y además supondría un enorme ahorro económico para el sistema sanitario público. Y es que siendo todo ello importante no me gustaría que el lector no fuera consciente de la trascendente importancia del cobre en la salud, máxime cuando hablamos de un mineral del que la gran mayoría de la población empieza a tener deficiencias. A fin de cuentas está presente en la mayoría de las 75.000 enzimas que regulan el metabolismo y sin él merma hasta nuestra capacidad para sintetizar los aminoácidos, los carbohidratos y las grasas afectando ello negativamente a numerosos procesos bioquimicos y metabólicos que pueden impedir el correcto funcionamiento de los sistemas neurológico, cardiovascular, muscular, conjuntivo y óseo, entre otros. Es más, no es descartable que buena parte de las patologías actuales puedan deberse al actual déficit de cobre en los terrenos, las plantas y los animales y, por ende, en nosotros. Y es que entre otras cosas es fundamental en la síntesis de glóbulos rojos y en la fijación del hierro en la hemoglobina, se trata de un cofactor clave para el funcionamiento del citocromo-C-oxidasa en la mitocondria así como en la activación de la síntesis de la Superóxido Dismutasa (SOD) –enzima vital para la eliminación de radicales libres en el citosol celular–, su déficit puede dar lugar a Mieloneuropatía –patología cuyos síntomas se confunden con los de la esclerosis múltiple y otras neuropatías-, la Enfermedad de Wilson y la Enfermedad de Menkes, cumple una función fundamental en el mantenimiento del sistema óseo –tanto a nivel general como especialmente en la prevención de la osteoporosis–, podría impedir la formación de placas de beta-amiloide y, por tanto, la esclerosis múltiple y el alzheimer, es básico para la utilización de la vitamina C, interviene en la formación del ARN, evita la excesiva coagulación sanguínea, colabora en el buen funcionamiento de la glándula tiroides, participa en el mantenimiento óptimo de los niveles de colesterol y tiene actividad anticancerígena, antidegenerativa y antirreumática. Aún más, se sabe que una dieta pobre en cobre impide la síntesis de diaminooxidasa– antihistamínico natural que reduce la inflamación– y que en cambio altas dosis inhiben la presencia de catalasa permitiendo que haya en el organismo más peróxido de hidrógeno, sustancia que además de destruir parásitos y microbios patógenos es antitumoral. Incluso se sabe que su déficit puede ser causa de las llamadas “enfermedades inflamatorias”, la migraña, el hipertiroidismo y el albinismo entre muchas otras. Asegúrese pues el lector enfermo –independientemente de la patologìa que padezca– de que su dolencia no se debe a un simple déficit de cobre pero tenga asimismo en cuenta que su exceso –la dosis idónea diaria es de 2 mg– puede provocar náuseas, vómitos, dolores musculares y en algunas ocasiones alteraciones que pueden conducir a estados de coma y muerte debidos a acidosis metabólica y pancreatitis. El cobre –potente antimicrobiano por cierto– es vital pero el organismo lo necesita solo en su justa medida.