Quieren desacreditar a todo medio que no haga el juego a la gran industria farmacéutica

por José Antonio Campoy

A la gran industria farmacéutica no le gusta nada que haya medios en Internet que pongan en entredicho las opiniones de los prebostes médicos porque a fin de cuentas lo que éstos creen es lo que ella les ha hecho creer. Y, por supuesto, a ellos tampoco porque los argumentos que poseen para defender lo que hacen son escasos por no decir nulos. No pueden extrañar pues los resultados de la encuesta que sobre la credibilidad y fiabilidad de las webs de Internet ha coordinado José Joaquín Mira Solves -profesor de la Universidad Miguel Hernández de Elche- en colaboración con la Universidad de Zaragoza y el madrileño Hospital de Alcorcón y que ha financiado el Fondo de Investigaciones Sanitarias. El trabajo recoge las opiniones de 663 médicos que trabajan en centros de atención primaria y hospitales de las comunidades madrileña, aragonesa y valenciana… y la mitad considera que Internet ofrece a los pacientes «información poco fiable» que dificulta luego su labor. El informe destaca lo preocupante que ello es porque «la cantidad de pacientes que acuden a las consultas con información obtenida en Internet ha dejado de ser una anécdota para convertirse en algo habitual» y ello «podría distorsionar la relación entre médico y paciente reduciendo la capacidad de acción del profesional». Así que propone para evitar ese «problema», ante la imposibilidad de limitar los contenidos en la red, la necesidad de «ofrecer contenidos actualizados y fiables» además de apoyar la idea de que los ministerios de Sanidad creen portales para que los pacientes puedan realizar consultas a través de él. Es más, el informe anima a los médicos a crear su propias web y a incluir en ellas «contenidos de referencia» para los pacientes. Y por último -y aquí está el quid de la cuestión- se propone también incluir «certificados de calidad» de las páginas web. En pocas palabras, el informe desvela en realidad la preocupación de la industria farmacéutica porque con el auge de Internet ya no tienen la exclusiva de la «formación» de los médicos. Hoy éstos -y los pacientes- cuentan con información que antes no les llegaba porque las multinacionales se han ocupado siempre de que determinados conocimientos no se difundan, especialmente en las revistas científicas que en buena medida controlan ya que viven de la publicidad que insertan en ellas. Aunque su mayor preocupación no son los pacientes sino los médicos a los que hasta ahora «formaban» en exclusiva. Es decir, a los que programaban para «creer» sólo en aquello que les interesa. A muchos médicos, hasta hoy, esta situación no les parecía tan mal en el fondo porque es mucho más cómodo y fácil etiquetar a sus pacientes con una «enfermedad» y luego seguir el «protocolo» establecido por la industria que normalmente consiste en recetar fármacos paliativos y sintomáticos que no curan nada pero generan pingües beneficios (porque, increíblemente, la inmensa mayoría de las enfermedades son aún «de causa o etiología desconocida»). Porque luego, cuando queda claro que el tratamiento no funciona y los pacientes les transmiten su enfado siempre pueden decir que el «protocolo» aplicado es «el internacionalmente aceptado como más útil y eficaz» en su caso como «reconoce la comunidad médica y científica» (que no existe como entidad ya que jamás se han reunido todos los médicos y científicos del mundo para decidir nada sobre tales protocolos). Y se quitan la responsabilidad de encima. En suma, se trata de impedir que los médicos -además de los pacientes- empiecen a pensar por sí mismos en lugar de actuar como dóciles corderitos que hacen sólo lo que se les manda. Y pretenden desacreditar toda información que choque con su estrategia y sus intereses. Por eso la idea de otorgar «certificados de calidad» a las webs; que, por supuesto, se encargará de otorgar la gran industria farmacéutica a través de alguna entidad presuntamente independiente pero en realidad sometida a sus directrices. Ya lo saben pues los lectores: si tal hecho se llega a producir sabrán qué webs NO son realmente de fiar porque estará claro que la gran industria farmacéutica está detrás: todas las que tengan el «certificado de calidad». Serán, sin duda, las menos fiables.