¡No tome nada para «bajar el colesterol»!

por José Antonio Campoy

La industria alimentaria ha aprendido de la farmacéutica que una buena manera de ganar dinero es convencer al público de que sus productos tienen unas propiedades extraordinarias para tratar algún problema de salud, sea éste real o inventado. Siendo el más utilizado el convencimiento general de que el exceso de colesterol es malo para la salud -a eso se llama sufrir hipercolesterolemia- y por tanto conviene ingerir productos que hagan descender su nivel. Una estrategia que ha permitido a la industria farmacéutica vender masivamente fármacos potencialmente iatrogénicos -como las peligrosas estatinas, los fibratos, la niacina o las resinas- y a la alimentaria productos lácteos que pueden dar lugar a multitud de problemas de salud distintos o bien margarinas que el organismo metaboliza deficientemente por la presencia en ella de grasas hidrogenadas. Son los casos de productos como Danacol (Danone), Benecol (Kaiku) o Flora Folic B (Pascual) y, entre las margarinas, Flora Pro-activ (también de Pascual). Todo lo cual se basa en un postulado que hasta los médicos han aceptado sin reflexionar: que «tener en sangre un nivel de colesterol alto es peligroso» porque constituye un «factor de riesgo cardiovascular». Especialmente si además de un «exceso» de colesterol total hay también un «exceso» de colesterol «malo», el llamado LDL; con mucho mayor motivo si el nivel de colesterol «bueno» -o LDH- es muy bajo. Y sin embargo la existencia de un colesterol «bueno» y un colesterol «malo» es irreal: ¡solo existe un tipo de colesterol! Las siglas HDL, LDL, VLDL o IDL hacen referencia a las lipoproteínas que lo transportan hacia uno u otro lugar del cuerpo. Siendo las lipoproteínas macromoléculas con un núcleo de lípidos apolares (colesterol esterificado y triglicéridos) cubiertos con una capa externa polar de 2 nm formada por apoproteínas, fosfolípidos y colesterol libre. Y es simple: todas las células del organismo necesitan esas grasas -en especial el colesterol- para mantener saludables sus membranas; tanto la pared celular externa como las membranas que cubren el núcleo, las mitocondrias y los lisosomas. Se trata de una sustancia imprescindible para la vida ya que es componente importante de las membranas plasmáticas, precursor de la vitamina D -esencial en el metabolismo del calcio-, de las hormonas sexuales (progesterona, estrógenos y testosterona), de las hormonas corticoesteroidales (cortisol y aldosterona) y de las sales biliares. Es más, es vital para el cerebro pues éste consume la cuarta parte de todo el colesterol del organismo, especialmente para el recubrimiento de las vainas de mielina y el correcto funcionamiento de las neuronas y axones que permiten la trasmisión de señales. Luego, ¿qué sentido tiene impedir su fabricación por el organismo o reducir su nivel? De hecho la mayor parte del colesterol no lo ingerimos con los alimentos sino que lo fabrica nuestro propio cuerpo en el Retículo Endoplasmático, orgánulo que también se ocupa de la síntesis de la mayor parte de los lípidos celulares: triglicéridos, fosfoglicéridos, ceramidas, esteroides (testosteronas, estronas, estradiol, etc.), lípidos derivados del colesterol (ácidos biliares, progesterona, estrógenos, vitamina D), etc. En suma, es imprescindible para múltiples funciones metabólicas como ya explicamos en los artículos que con los títulos La injustificable demonización del colesterol, ¿Causan las estatinas recetadas para bajar el colesterol las enfermedades neurodegenerativas? y Las estatinas, además de peligrosas, no sirven para prevenir patologías aparecieron en los números 90, 91 y 131 respectivamente. Bueno, pues cada vez más científicos postulan ahora que el hecho de que en sangre haya numerosas lipoproteínas (LDL, HDL, VLDL e IDL) -muchas enzimas son también lipoproteínas- lo que indica es que el organismo está llevando el colesterol hacia muy distintos lugares que lo precisan urgentemente. En otras palabras: demasiadas lipoproteínas en sangre -lo que los médicos llaman incorrectamente «colesterol»- lo que indicaría es que en el organismo hay déficit del mismo y por eso hay tantas transportándolo hacia uno y otro lado. Luego ingerir fármacos o alimentos que reduzcan el nivel de las lipoproteínas que lo transportan sería contraproducente; especialmente para el cerebro. Tal es al menos la conclusión a la que están llegando numerosos investigadores como se explica en el artículo de Antonio Muro que publicamos en este mismo número. En suma, los productos que se supone bajan en sangre el nivel de «colesterol» lo que en realidad disminuirían es el nivel de lipoproteínas luego serían muy negativos ya que podrían ser causa de muy diversas patologías, especialmente trastornos cognitivos de diversa índole y gravedad: alzheimer, parkinson, esclerosis múltiple, ELA, insuficiencia cardiaca, cáncer…