Durísima denuncia de la OCU por la medicalización de la sociedad

por José Antonio Campoy

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) acaba de poner en marcha una campaña titulada “Llamada a la acción contra el comercio de enfermedades. Que no medicalicen tu vida” que nos ha dejado gratamente perplejos porque hasta hoy ninguna de las organizaciones españolas de ese ámbito se ha caracterizado precisamente por defender de verdad la salud de los ciudadanos. Empero, las reivindicaciones que ésta plantea ahora en su manifiesto son exactamente las que venimos defendiendo desde hace quince años y las asumimos pues, obviamente, en su totalidad. Y es que se reclama nada menos que “el fin de la promoción o comercio de enfermedades promovida por la industria que manipula los problemas de salud y genera importantes daños mediante prácticas que llevan a medicalizar la vida cotidiana y a engañar a los profesionales y al público” añadiendo que “las prácticas clínicas aventuradas y la distorsión de la ciencia son un riesgo para los pacientes porque despilfarran los recursos públicos generando enfermedades y exceso de preocupación por la salud, engañan al público, corrompen el conocimiento, degradan la actividad de los profesionales y exponen a todos a pruebas y tratamientos innecesarios, costosos y peligrosos”. El manifiesto añade textualmente: “Por imperativos comerciales se llega a corromper la práctica clínica, la investigación y el marketing llegándose asimismo a la ocultación de datos, la invención de categorías diagnósticas, el fomento de cribados y tratamientos innecesarios, la publicidad engañosa, los sesgos y errores en las publicaciones e investigaciones, la supervisión inadecuada, la falta de consideración hacia los factores sociales y las injusticias, y la presentación de informes acríticos y parciales”. La OCU muestra asimismo su preocupación por la lamentable formación médica actual: “Nos alarma hasta qué punto la formación universitaria y de postgrado pueda basarse en una ‘ciencia’ poco fiable diseñada para ampliar los mercados en lugar de impartir conocimiento válido o mejorar la salud individual o pública”; y de ahí que haya decidido adherirse al movimiento internacional Selling Sickness que exige lo mismo. Es más, la OCU hace propuestas concretas y pide “la creación de un cortafuego que separe (…) la influencia comercial o de la industria (…) de los organismos reguladores de medicamentos y productos sanitarios”, que “se regule más estrictamente la publicidad directa al consumidor de medicamentos sujetos a prescripción médica y los productos sanitarios o, si es posible, se prohíba y se creen programas de vigilancia eficaces”, que “los medicamentos, las pruebas diagnósticas y los productos sanitarios se prueben, analicen, evalúen y comercialicen exclusivamente con el objetivo de garantizar la seguridad del paciente, la integridad de la ciencia y la salud individual y pública”, que “los medicamentos y productos sanitarios se comparen habitualmente, mediante los controles adecuados, con el mejor tratamiento disponible en las poblaciones apropiadas” y que “los productos comercializados inseguros o ineficaces sean rápidamente identificados (…) para ser retirados”. Asimismo pide que todos los ensayos clínicos estén registrados y pueda accederse libremente a todos sus datos “en bruto”, que se reforme el sistema de patentes de medicamentos para que el beneficio comercial no eclipse los beneficios clínicos, se proteja a los participantes en los ensayos clínicos con comités éticos independientes y que el consentimiento informado sea preciso y completo previéndose las correspondientes indemnizaciones en caso de daños. Finalmente exige que “los tratamientos y las terapias no farmacológicas, por lo general menos rentables, así como la prevención de enfermedades y las intervenciones centradas en las necesidades de la población sean tan prioritarias en la investigación y en las publicaciones como las terapias a base de medicamentos y productos sanitarios”. Y ya en un alarde de valentía pide a los periodistas que “sean conscientes del daño que se hace con la difusión de enfermedades inventadas o exageradas (disease mongering) o de mensajes promocionales sin comprobar ni verificar”. La OCU termina su manifiesto de esta forma tan rotunda: “Creemos que la amenaza inminente para la salud del comercio de enfermedades requiere de la acción conjunta y creativa de los ciudadanos y los profesionales”. Increíble. Estamos anonadados. Nunca pensamos que una de las organizaciones de consumidores más veteranas y de mayor prestigio entre la sociedad fuera a expresarse de forma tan clara y contundente sobre el actual problema de la salud avalando las numerosas denuncias y peticiones que en el mismo sentido hemos hecho. La felicitamos y nos congratulamos de la iniciativa que apoyamos plenamente. Lo que dudamos es que la mayoría de los medios de comunicación se hagan eco de esta iniciativa pero ojalá nos equivoquemos.