La verdad sobre las dietas

por José Antonio Campoy

Es realmente inaudito que para los ministerios de Sanidad, los médicos, las organizaciones de consumidores y las asociaciones de nutricionistas de casi todo el mundo ninguna de las dietas publicadas que siguen cientos de millones de personas funcione y, más aún, que las consideren peligrosas y las tachen despectivamente de «dietas milagro» no recomendables; porque tales afirmaciones pueden tener sentido cuando se habla de esas que se inventan algunos medios de comunicación casi cada semana para vender revistas poniéndolas títulos llamativos y anunciar en ellas productos que prometen falsamente servir para adelgazar e, incluso, sobre algunas que realmente se basan en especulaciones carentes no ya de fundamentos científicos sino de sentido común ¡pero no de todas! Porque a excepción de La Dieta Definitiva escrita por quien esto firma que se publicó hace más de 12 años y sobre la que nadie ha osado hacer aún una crítica negativa muchas son vilipendiadas de forma áspera y, si se me permite decirlo, a menudo injusta. Es verdad que a mi parecer adolecen de algunos errores pero calificar todas despectivamente de milagrosas y/o peligrosas y aseverar que no funciona ninguna es un sinsentido. Claro que hay varias razones para que se esté haciendo así, independientemente de las críticas que sí se justifican. Una de ellas es la política de hacer creer que solo puede adelgazarse acudiendo a un profesional que oriente al paciente de forma «personalizada» cuya verdadera intención es dar salidas profesionales a nutricionistas y dietistas. Otra es la presión de la industria alimentaria que no está dispuesta a admitir sin más que la gente deje de comprar determinados alimentos; es el caso de las industrias química, azucarera, panadera y láctea así como las de aditivos, procesamiento industrial, caramelos, golosinas, chuches, bebidas refrescantes, alcohol y muchas otras. E igualmente presionan las empresas que venden productos farmacológicos, ortomoleculares, dietéticos, fitoterápicos y homeopáticos «adelgazantes». Y los colegios médicos que reclaman atender a todo el que pretenda adelgazar a pesar de que los conocimientos sobre Alimentación y Nutrición que se imparten en las facultades de Medicina son inexistentes; los únicos médicos que saben algo de ello son los que se han formado por su cuenta tras la carrera y desgraciadamente son una minoría. De hecho eso explica la paradoja de que los expertos que han elaborado las recomendaciones que recoge la web de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) -entidad del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad que se ocupa de este tema- critiquen la mayoría de las dietas que se supone han analizado y afirmen que son peligrosas porque la mayoría son hipocalóricas y nutritivamente desequilibradas aseverando luego que para adelgazar hay que restringir el número de calorías que se consumen; es decir, ¡propugnando ¡lo mismo que critican! Claro que los «expertos» del ministerio se basan en un paradigma absolutamente obsoleto y jamás fundamentado científicamente que ya ha tenido que ser modificado varias veces: la llamada «pirámide alimentaria». Es más, puede afirmarse que las pautas dietéticas oficialmente postuladas como idóneas en las últimas décadas son erróneas. Lo demuestra que cada vez hay más personas con sobrepeso y obesidad en el mundo occidental. Y entre esas pautas está la absurda recomendación a quien quiere adelgazar de ingerir a diario lácteos, pan, cereales, frutas, patatas y legumbres; es más, hasta hace muy poco ni siquiera se tenía en cuenta el índice glucémico de los carbohidratos. Y aun se sigue sin tener en cuenta ni la cantidad de azúcares y aditivos peligrosos que se echan a multitud de alimentos procesados industrialmente, ni a la preparación de las comidas para evitar que se frían, asen o cuezan a más de 80º, ni a la presencia en los alimentos de grasas saturadas, trans o hidrogenadas, ni al bisfenol que recubre las latas y está presente en las botellas de plástico, ni a tantas y tantas cosas que deben tenerse en cuenta para alimentarse correctamente y no engordar… y enfermar; porque de adelgazar ni hablemos. Pretender que para lograrlo hay que seguir una dieta hipocalórica y hacer ejercicio durante meses o años es un sinsentido; casi nadie lo consigue y hacer eso sí que lleva a volver a engordar en cuanto ese tipo de alimentación se deja (el llamado efecto yo-yo) que es, paradójicamente también, lo que aseguran pasa con las dietas que los expertos critican. En fin, una dieta adelgazante no es una forma de alimentarse correcta sino una manera puntual y temporal de recuperar la armonía, la salud y la forma física adecuadas. Y para eso es preciso desintoxicarse a fondo, oxigenarse, equilibrar el pH y nutrirse adecuadamente. Una vez eso se ha logrado se puede volver a comer de todo… salvo aquello que nos siente mal porque seamos intolerantes o alérgicos. Solo que para ello hay que tener unos mínimos fundamentos de Nutrición que es lo que quien suscribe ha intentado plasmar en La Dieta Definitiva, única que no figura en ninguna de las numerosas listas de «dietas milagro» o «peligrosas» publicadas. Es hora de que se entienda.