La incómoda verdad sobre la gripe A, las vacunas y los antivirales

por José Antonio Campoy

Si la credibilidad de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA) estadounidense, la Agencia Europea de Medicamentos (EMEA), los ministerios de Sanidad y las grandes multinacionales farmacéuticas sigue intacta tras el esperpento de la gripe A es que el grado de alienación de la sociedad ha alcanzado límites inauditos. Porque lo que está sucediendo con la presunta pandemia que se achaca al A-N1H1 es sencillamente nauseabundo. De hecho es el cuarto editorial consecutivo que debemos dedicar al tema y eso que ya fuimos contundentes en los que aparecieron en los números 117(El esperpento de la gripe A), 118 (Gripe A: la OMS sigue haciendo el ridículo) y 119 (El poder del miedo). Igual de contundentes que en su día fuimos al hablar de la gripe aviar denunciando las mentiras oficiales; ahí está el editorial de marzo del 2006 titulado El Tamiflu, Donald Rumsfeld y el negocio del miedo que traducido a distintos idiomas dio la vuelta al mundo por Internet mientras los demás medios de comunicación les daban crédito día tras día. Entonces se nos tachó de alarmistas y de falsear la verdad pero el tiempo terminaría dándonos la razón. Como en otros muchos casos que denunciamos inicialmente en solitario. Esta vez sin embargo la conspiración -porque de eso se trata- ha rebasado ya todos los límites de la decencia y la ética. Porque se ha involucrado en ella a las principales organizaciones internacionales y a buena parte de las clases política y sanitaria de todo el mundo. Siendo ya indecente la postura de buena parte de los medios de comunicación –afortunadamente no de todos- que han vuelto a hacer el juego a los que han montado este lamentable negocio manteniendo la misma acrítica posición que tuvieron en el caso del Bio-Bac cuando se calumnió e injurió a las 23 personas detenidas en la llamada Operación Brujo tratándoles como a criminales cuando hoy se sabe que eran inocentes (a día de hoy los responsables ni han informado de su inocencia ni han pedido perdón por el trato vejatorio que les dieron). Claro que tampoco pidieron perdón cuando hace ahora más de 25 años hicieron al poder el mismo favor en el llamado caso Inaodyt donde pasó exactamente lo mismo y el asunto se terminó sobreseyendo para vergüenza de quienes se prestaron al juego. Y otro tanto pasó con la Enfermedad de las vacas locas o Enfermedad de Creutzfeldt-Jakob que llevó a la estúpida e innecesaria matanza de millones de vacas. Y en el del Síndrome Agudo Respiratorio Severo (SARS) -achacado primero a un paramixovirus y luego a un coronavirus- que llevó igualmente a la OMS en marzo de 2003 a comunicar una “alerta mundial”. Y con la gripe aviar sobre la que la OMS advirtió del riesgo de pandemia en el 2005 llegando uno de sus portavoces a decir que podría llegar a haber ¡150 millones de muertos! Y con el peligrosísimo Virus del Papiloma Humano que ha llevado a una vacunación tan masiva como inútil y a centenares de niñas –lo que se sigue ocultando- a enfermar gravemente. Y con la “gripe porcina” que provocó medidas en todo el mundo para luego recular y decir que los cerdos no tenían nada que ver y rebautizarla como gripe A. ¿Y qué decir de esta “nueva” gripe A? Nos hemos pronunciado tantas veces sobre las mentiras contadas sobre ella que a nuestros lectores debe producirles ya cierto hartazgo. Así que vuelvo a resumir muy brevemente lo que en conclusión puede decirse tanto de ella como de los antivirales y que no es sino que el virus de la gripe A es mucho menos peligroso que los de la gripe estacional, que es absolutamente falso que por sí sólo el A-N1H1 pueda provocar la muerte de una persona sana, que la vacuna no ha demostrado nunca ni su eficacia ni su seguridad, que se está poniendo en peligro la salud y la vida de cientos de niños sólo para que unas cuantas multinacionales se enriquezcan con una vacuna absolutamente innecesaria, que los antivirales –Tamiflu incluido- no previenen la infección -ni de la gripe A ni de la común- y no curan cuando uno se ha contagiado. De ahí que nos reiteremos por enésima vez: todo es puro negocio. Si la gripe A fuera realmente una pandemia tan terrible como algunos dicen la OMS la hubiera debido declarar un problema de salud pública mundial y autorizar la fabricación de genéricos para combatirla. Pero ni lo ha hecho ni lo va a hacer porque de lo que se trata es de que determinadas multinacionales hagan negocio con este montaje. Como manifesté en una declaración a Mednews a mediados de septiembre ha llegado la hora de que en los medios de comunicación se deje de hacer el juego a empresas que algunos ven como entidades altruistas preocupadas por nuestra salud cuando sólo son multinacionales que cotizan en bolsa y cuyo principal objetivo es ganar la mayor cantidad de dinero posible recurriendo cuando hace falta a métodos mafiosos. Porque parece olvidarse que varias han sido ya llevadas a los tribunales acusadas de numerosos delitos y que para librarse de posibles condenas en las últimas décadas han tenido que comprar una y otra vez el silencio de las víctimas (o el de sus descendientes cuando éstos han muerto). A día de hoy miles de millones de euros en indemnizaciones han salvaguardo a algunas de tales farmacéuticas de ir a la quiebra y a sus ejecutivos de terminar en la cárcel. Es hora pues de que se abandone esa visión infantil que hace creer que en ellas lo que hay son sólo científicos abnegados preocupados por los demás ya que no se corresponde en absoluto con la realidad. Pero, sobre todo, ha llegado la hora de que los periodistas se nieguen a hacer el papel de tontos útiles y dejen de ser manejados como marionetas. Que en eso lamentablemente se han convertido buena parte de los profesionales de todo el mundo. Y si alguien lo duda aún lea el documentado informe que publicamos en este número. Es realmente esclarecedor.