La verdad sobre el cáncer

por José Antonio Campoy

Si la Ciencia ha avanzado tantísimo a lo largo de las últimas décadas en el conocimiento del cáncer como pregonan los expertos en la materia, ¿cómo se explica que sigan muriendo millones de personas cada año? ¿Y cómo cuadrar matemáticamente que el «éxito» de los tratamientos en la mayor parte de los casos de cáncer sea presuntamente superior -según quienes viven de esto- al 70 u 80% y que, sin embargo, en España mueran 90.000 de las 129.000 diagnosticadas cada año? Alguien está faltando a la verdad. No, la realidad es por desgracia mucho más cruda de lo que se nos cuenta. Aunque lo más grave es que las líneas de investigación que actualmente se siguen están equivocadas desde su génesis, al menos a juicio de muchos de los expertos que hemos consultado. Porque se parte del punto de partida de que los conflictos psicológicos y emocionales pueden incidir negativamente en el proceso cancerígeno pero en modo alguno ser la causa primigenia -al menos, en la mayor parte de los casos- de un cáncer. Craso error. La mayor parte de los biólogos sigue sin entender que los pensamientos y las emociones producen reacciones energéticas de todo tipo, incluidas las bioquímicas. Y que pueden incidir directamente en los genes. Incluso modificando el ADN celular. ¿Tanto les cuesta entenderlo? ¿Tanto les cuesta comprender que el ser humano es un ser holístico al que no se puede parcelar? En este número damos comienzo a una serie de artículos que aspiran a aclararle al lector esta cuestión. Y vamos a ir poco a poco para que su contenido lo entienda todo el mundo. Aun corriendo el riesgo de pecar de simplistas al hacerlo. Y ya le adelantamos al lector algo que va a sorprender: existen explicaciones al cáncer y métodos terapéuticos distintos a los oficialmente establecidos por la Oncología cuyo éxito terapéutico está fuera de toda duda. Desde hace muchos años. Los vamos a explicar. Despacio. Paso a paso. Dando nombres y apellidos cuando proceda y no pongamos en peligro las carreras de quienes utilizan esas terapias. Contando las persecuciones que han sufrido -y sufren aún- médicos y científicos de todo el mundo por difundirlos y practicarlos. Incluida la cárcel. A pesar de sus éxitos. Ha llegado la hora de hablar claro.