De la falta de información al exceso y la desinformación

Los ciudadanos nunca hemos tenido tantas posibilidades para acceder a datos e informaciones de todo tipo así como de transmitirlas a terceros como en nuestra época, gracias a Internet y a los distintos dispositivos informáticos que la tecnología ha puesto a nuestra disposición. Y nunca ha habido tantas oportunidades como ahora para cotejar lo que se afirma o se postula; en todos los ámbitos, incluido el de la salud. Hoy cualquiera puede acceder por ejemplo a gran parte de las decenas de millones de trabajos científicos publicados. Y no exageramos: como dimos a conocer en su momento en el reportaje Las publicaciones científicas están controladas por un reducido grupo de editoriales aparecido en el nº 188 un equipo de investigadores de la Universidad de Montreal revisó someramente los artículos publicados en revistas científicas entre 1973 y 2013 y eran ¡más de 45 millones! De ahí que ya entonces advirtiéramos que vivimos en una sociedad en la que la nueva Religión es la Ciencia, la Autoridad Suprema –la nueva Iglesia la Comunidad Científica, los textos sagrados que establecen los dogmas –las nuevas encíclicas- las revistas científicas, los nuevos herejes los científicos e investigadores que discuten las verdades establecidas y los nuevos inquisidores los fundamentalistas científicos. Estando la mayoría de las publicaciones del ámbito sanitario -unas 7.300- controladas por solo cinco grupos editoriales: Elsevier más de 2.000, Springer Science + Business Media otras 2.000, Wiley-Blackwell unas 1.500, Taylord & Francis unas 1.000 y Sage unas 800. Es más, editan y controlan el contenido de la inmensa mayoría de los libros divulgativos y de texto lo que implica que la producción y difusión del conocimiento científico -especialmente en el ámbito sanitario- se encuentra en manos de unas pocas personas que deciden qué publicar y qué no y, por ende, lo que se termina considerando científicamente válido o no. Revistas que tienden a bloquear la publicación de todo estudio que aporte evidencias contrarias a las políticas de salud basadas en el consumo de productos farmacéuticos. Y ello a pesar de que las llamadas “revistas científicas” tuvieron que retractarse hasta mayo de 2012 de lo dicho en ¡2.047 artículos! En el 67% de los casos porque se detectó “mala conducta”, en el 21% porque se detectaron “errores” y en un 10% porque se trataba de simples plagios; retractaciones que se habían multiplicado por diez desde 1975. Es más, se detectaron errores en otros trabajos que no fueron retirados por lo que muchos investigadores los siguen dando por buenos y los valoran -o citan- para sus investigaciones. Por si ello fuera poco es bien sabido que la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Food and Drugs Administration (FDA), la Agencia Europea del Medicamento (AEM) y casi todas las agencias nacionales del mundo están al servicio de los grandes laboratorios farmacéuticos y no de los ciudadanos. Como lo están la mayoría de los ministerios de Sanidad, las sociedades científicas, las entidades académicas, las asociaciones profesionales y hasta las agrupaciones de enfermos, muchas de de las cuales las han creado ex profeso. Como controlados o condicionados están la mayoría de los medios de comunicación importantes del planeta. Lo hemos denunciado de forma amplia, extensa y documentada en numerosos artículos que tiene el lector agrupados bajo el epígrafe Fraudes y falsedades en el ámbito médico del apartado de Reportajes de nuestra web: www.dsalud.com. ¿Y por qué lo reiteramos? Pues porque en pocas décadas hemos pasado de una absoluta falta de información -se ocultaba- a tal exceso que no hay manera de saber si es o no fiable. Una simple pregunta: ¿alguien cree en serio que los más de 50 millones de artículos publicados en revistas «científicas» se han leído y valorado con rigor? Es sencillamente imposible; luego su utilidad es más que discutible. Y por si fuera poco a la desinformación programada por quienes controlan el poder se une ahora la desinformación que personas ignorantes e indocumentadas difunden creando webs y pontificando sobre cualquier tema permitiéndose incluso descalificar e insultar a quienes no piensen como ellos. No es de extrañar pues que actualmente mucha gente, especialmente tras el fenómeno de las fake news (noticias falsas), desconfíe de todo y se agarre como lapas a las «verdades oficiales». Con lo que mayoría de la población vive en la era de súper-información pero está cada vez más desinformada.

 

Jose Antonio Campoy
Director