Las graves consecuencias de ingerir fármacos cuando se conduce

¿Sabe el lector que si tiene un accidente habiendo tomado un fármaco que afecte a la conducción -aunque se lo haya recetado el médico- su seguro no va a cubrirle ni los daños propios, ni los gastos médicos ajenos, ni los posibles desperfectos de la vía o el entorno? Deberá abonarlos de su bolsillo y si no está en condiciones de hacerlo pueden embargarle tanto la cuenta corriente como sus bienes. ¿Y sabe que si el daño que provoca es grave puede terminar en la cárcel y pasar en ella varios años? Casi todo el mundo sabe que eso puede ocurrir si se consumen alcohol o drogas de síntesis -cocaína heroína, éxtasis, hachís, etc.- pero puede pasar igualmente por ingerir fármacos que afecten negativamente a la conducción y son miles, muchos de ellos de consumo habitual; de hecho hablamos de analgésicos, antihistamínicos, antihipertensivos, descongestionantes nasales, antitusivos, antimigrañosos, ansiolíticos, antidepresivos, antiepilépticos, antiparkinsonianos, antipsicóticos, anestésicos, antivertiginosos, antidiabéticos, estimuladores del apetito, antieméticos, betabloqueantes, antianginosos, antiarrítmicos, vasodilatadores, antiagregantes, relajantes musculares, procinéticos, colirios, pomadas oftálmicas… Unos 5.700 fármacos según el presidente de Automovilistas Europeos Asociados (AEA) Mario Arnaldo a quien entrevistamos en este número y entiende que ha llegado la hora de implementar un sistema integral que impida ponerse al volante a quienes los toman, problema complejo ya que la mayoría de las personas consume hoy habitualmente medicinas, especialmente las que tienen más 50 años muchas de las cuales están polimedicadas. No será fácil pero es necesario y urgente porque en España hay hoy cumpliendo condena en la cárcel por delitos de tráfico unas 1.500 personas y aunque la mayoría lo están por consumir alcohol todo indica que en breve van a ir a ella las que consumen drogas… y drogas son los fármacos. Es de hecho inexplicable que las autoridades no hagan campañas para informar a la población de que si tiene un accidente su seguro no le cubrirá los daños por mucho que así lo crea porque contrató uno «a todo riesgo». Las compañías lo advierten en los contratos pero no lo resaltan al ofrecer sus seguros ni lo citan en sus campañas de publicidad porque así se ahorran miles de indemnizaciones ya que les basta para no pagar demostrar con análisis que el conductor responsable del accidente había tomado uno solo de esos miles de medicamentos. Es más: ¿cuánta gente sabe que si deja su coche a un familiar, amigo o conocido, éste tiene un accidente tras haber tomado alcohol, drogas o un simple fármaco -siendo pues responsable del mismo- y no tiene bienes con los que responder quien va a tener que a afrontar las indemnizaciones es el propietario del vehículo? Porque hay quien se ha quedado sin su piso o casa solo por haber dejado el coche a un hijo adolescente que consumió lo que no debía según nos cuenta Mario Arnaldo en este número de la revista. Y dicho esto invito al lector a leer la experiencia de Jesús Redondo a quien tras diagnosticársele a los 57 años un «trastorno depresivo mayor» y ser tratado con 25 sesiones de electrochoques y fármacos no solo no mejoró sino que el tratamiento le provocó ideas suicidas y vivió un infierno durante 8 años del que si pudo salir es porque encontró alternativas a los ineficaces protocolos psiquiátricos. Como invito a leer la entrevista a la Dra. Theresa Deisher quien asevera que  las vacunas infantiles con trazas de ADN fetal humano son muy peligrosas y entre ellas están la MMR, la de la varicela, la de la hepatitis A y otras. Termino indicando que igualmente importantes son los documentados reportajes que dedicamos a la innegable peligrosidad de la tecnología 5G, al trabajo efectuado por Vinay Prasad -investigador del Instituto Knight del Cáncer de Portland (EEUU)- según el cual hay 396 prácticas médicas usuales que son ineficaces -algunas además peligrosas- y deberían dejar de utilizarse, a la importancia de los postbióticos y a la tesis doctoral que sobre la eficacia del Par Biomagnético presentó el Dr. Enrique de Juan en la madrileña Universidad de Alcalá de Henares.

 

Jose Antonio Campoy
Director