Sanidad: ¿funcionarios o comisarios políticos?

por José Antonio Campoy

¿Quién está detrás de la gigantesca campaña mediática que ha logrado que la práctica totalidad de las cadenas de televisión -algunas con varios programas-, emisoras de radio, diarios y revistas hayan dedicado grandes espacios al «peligro» de las clínicas no controladas por las diversas administraciones y, por tanto, en buena medida por el Gobierno a través del Ministerio de Sanidad. Porque produce sonrojo ver la manipulación orquestada con motivo del desgraciado incidente de la muerte de una joven que al parecer se iba a someter a una liposucción en una clínica madrileña ilegal. Como el lector sabe, murió cuando iba a serle practicada la intervención en una clínica presuntamente no autorizada al no estar preparada para ello. Lamentable suceso cuyas responsabilidades la justicia deberá dilucidar pero que en modo alguno justifica que haya sido utilizado hasta el hastío para hablar de los «peligros» de la cirugía estética y de las «numerosas» clínicas ilegales que se ha sugerido que existen. ¿Dónde están esas clínicas? ¿Cuántas son? ¿Qué han hecho las autoridades sanitarias hasta ahora para cerrarlas si es así? Porque éstas sólo toman medidas cuando hay escándalo público. Y encima tienen la desfachatez de ser las propias autoridades las que abanderan la necesidad de tomar tales medidas… cuando podían haberlas tomado ya si las hubiera dado la gana. No. Con tanta demagogia lo único que se ha conseguido es meter el miedo a la gente en el cuerpo de manera injustificada y que se retraigan de acudir a ellas. Y que las clínicas de estética legales se vean acosadas por la Administración con controles exagerados. Es más, el número de muertes injustificadas en hospitales y clínicas públicas es mucho mayor. El número de negligencias, mucho más alto. Pero de eso nadie dice nada. ¿Por qué? Nos tememos que todo esto tiene detrás un objetivo inconfesado: que a la gente, atemorizada, le parezca bien el control de las administraciones autonómicas y del Ministerio de Sanidad sobre la clase médica. Y que las autoridades políticas puedan controlar a su antojo la Sanidad, gigantesco negocio con muchísimos intereses. Imponiendo no sólo normas de funcionamiento sino controlando las terapias. Exigiendo a los médicos que se atengan a los tratamientos oficialmente establecidos y tenidos por «científicos». Sometiéndolos a los tratamientos oficiales cuyo negocio controlan algunas multinacionales. Impidiendo a los médicos que traten a los enfermos según su leal saber y entender. Es más, ya veremos si no intentan impedir la apertura de cualquier consulta, centro médico o clínica que no se someta a sus directrices. Lo tememos sinceramente: la libertad para ejercer el arte de curar puede estar en peligro. Porque podemos encontrarnos pronto con auténticos comisarios políticos. Comisarios que decidirían en nombre de la Ciencia y de la seguridad de los ciudadanos lo que «debe» hacer un médico para curar cada «enfermedad». Una aberración. Estaremos atentos.