Complementos alimenticios: ¡la estupidez llevada al rango de norma legal!

por José Antonio Campoy

El Gobierno español aprobó el pasado 10 de octubre un Real Decreto a través del Ministerio de la Presidencia por el que se adoptan algunas normas para la comercialización de los «complementos alimenticios». Una medida que se adopta porque -según dice textualmente su primer párrafo- «Existe en la Unión Europea un creciente número de productos comercializados en calidad de alimentos que contienen fuentes concentradas de nutrientes que se presentan con la finalidad de complementar la ingesta de tales nutrientes en la dieta normal». Añadiendo que aunque «en circunstancias normales una dieta adecuada y equilibrada proporciona todos los nutrientes necesarios para el normal desarrollo y mantenimiento de un organismo sano, las investigaciones realizadas demuestran que la situación ideal no se da en la práctica para todos los nutrientes ni para todos los grupos de población.» En otras palabras, se reconoce oficialmente por primera vez la necesidad de que amplios grupos de población puedan necesitar tomar complementos para asegurarse la presencia de todos los micronutrientes que el organismo requiere para estar sano y que, como hemos explicado varias veces en la revista, no es así debido al uso y abuso por la industria alimentaria de pesticidas, conservantes, colorantes, aromatizantes, espesantes, acidulantes, edulcorantes, potenciadores del sabor y otros elementos químicos en los alimentos, la manipulación y manufacturación industrial de éstos con innumerables productos químicos insuficientemente testados , la deficiente alimentación animal -a veces intoxicados con medicamentos-, la contaminación del aire, frutos y plantas por derivados del petróleo, la mala práctica agrícola, los numerosos elementos sintéticos con los que entramos en contacto… El Real Decreto explica que los productos a los que se refiere son «las vitaminas, minerales, aminoácidos, ácidos grasos esenciales, fibra, diversas plantas y extractos de hierbas»…»entre otros» que ya no especifica. Empero, en el artículo segundo se dice que, a efectos de la nueva norma, se entienden por «complementos alimenticios» «los productos alimenticios cuyo fin sea complementar la dieta normal y consistentes en fuentes concentradas de nutrientes o de otras sustancias que tengan un efecto nutricional o fisiológico, en forma simple o combinada». Y luego dice que entiende por «nutrientes» sólo «las vitaminas y minerales». Es decir, que para el Ministerio las «sustancias con efecto nutricional» no son nutrientes. La verdad es que produce sonrojo la inexactitud y falta de definición de nuestros legisladores. Especialmente porque cualquier jurista sabe la importancia de lo que exactamente se dice en una ley. Aunque lo más lamentable es que el Real Decreto prohíbe taxativamente que en las etiquetas de los complementos alimenticios se afirme o incluso, simplemente, se sugiera que pueden «prevenir, tratar o curar una enfermedad humana». Así que ya lo sabe usted: queda prohibido decir que la vitamina C previene el escorbuto o el resfriado. O que el ajo tiene propiedades antibióticas y cardiovasculares. O que la vitamina A mejora los problemas de visión. ¡La estupidez llevada al rango de norma legal! Que ya se sabe que las alegaciones de que un producto cura algo están legalmente reservadas a los productos que positivamente se sabe que no curan nada: los fármacos. Sólo queda preguntarse si a alguien le queda alguna duda de que quien maneja el poder en el mundo son las multinacionales farmacéuticas.