Asocian los inhibidores de la bomba de protones con una mayor probabilidad de infarto cerebral

Los inhibidores de la bomba de protones -como el omeprazol, el lansoprazol, el esomeprazol, el pantoprazol o el rabeprazol, de consumo habitual para tratar la acidez y el reflujo gastroesófagico- aumenta un 21% el riesgo de sufrir un infarto cerebral. Así se afirma en un estudio dirigido por Thomas Sehested -de la Fundación Danesa del Corazón- presentado en la reunión anual de la Asociación Americana del Corazón celebrada en 2016 tras analizar 244.679 historias clínicas y ver que seis años después 9.489 habían sufrido un ictus. La incidencia es pequeña a bajas dosis pero si se aumenta el riesgo sube entre un 24% -caso del pantoprazol– y un 30% -en el del lansoprazol-.”Creíamos que eran medicamentos seguros sin apenas efectos secundarios pero este trabajo cuestuona su seguridad cardiovascular además de la renal“, dirìa Sehested.

Hasta aquí la noticia. Nosotros debemos recordar que al parecer también aumentan un 44% el riesgo de demencia, al menos entre las personas mayores. Así lo indica un estudio coordinado por Britta Haenisch  llevado a cabo en el Centro Alemán para las Enfermedades Neurodegenerativas de Bonn (Alemania) que se publicó en 2016 en JAMA Neurology.

Y su uso frecuente daña los riñones. Se dio a conocer en dos trabajos presentados durante la Semana del riñón celebrada en noviembre de 2015 en San Diego (California, EEUU) bajo el auspicio de la Sociedad Americana de Nefrología.

La ingesta prolongada de omeprazol y/o esomeprazol puede asimismo provocar déficit de vitamina B12 y ello dar lugar a numerosas patologías; de hecho acaece en el 95% de quienes toman pastilla y media diaria. Lo constató un equipo de investigadores de la organización Kaiser Permanente -proveedora de servicios de salud en Estados Unidos- tras evaluar a 25.956 pacientes con déficit de esa vitamina entre 1997 y 2011 que tomaron alguno de ellos a diario durante dos o más años y comparar sus casos con 184.199 personas sin ese problema. El trabajo se publicó en Journal of the American Medical Association (JAMA).

Es más, todos los inhibidores de la secreción ácida gástrica aumentan el riesgo de padecer neumonía; lo descubrió un grupo de investigadores holandeses tras constatar que limitar la acción de los jugos gástricos impide la destrucción de las bacterias patógenas que ingerimos con la comida y éstas pueden entonces colonizar el estómago y alcanzar el aparato respiratorio produciendo infecciones.

Y asimismo pueden provocar osteoporosis como constató una investigación llevada a cabo por Michael Amling -del Centro Médico Universitario de Hamburgo-Eppendorf (Alemania)- tras un experimento con ratones que se publicó en Nature; según explicarían provoca mutaciones en el gen TCIRG1 encargado de codificar una subunidad de la bomba de protones imprescindible para que se produzca una correcta resorción del calcio en las células óseas.

Y además provocan acidez, reflujo ácido e indigestión; lo dio a conocer en un trabajo de investigación la Dra. Cristina Reimer -de la Universidad de Copenhague (Dinamarca)- en un trabajo que se publicó en julio de 2009 en Gastroenterology.

Es más, la propia FDA ya advirtió en 2010 que los inhibidores de la bomba de protones aumentan el riesgo de fracturas en la columna vertebral, la cadera y las muñecas.

Resumiendo, los inhibidores de la bomba de protones pueden aumentan el riesgo de sufrir un infarto cerebral, neumonía, demencia -al menos en las personas mayores-, déficit de vitamina B12 -y ello dar lugar a numerosas patologías-, osteoporosis y fracturas en la columna vertebral, la cadera y las muñecas.

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