Quien hace tal afirmación es Ghislaine
Lanctôt, la polémica autora del best seller mundial La mafia
médica. En él, esta doctora a la que se ha desposeído de
su título de Medicina denuncia el actual sistema sanitario
y la corrupción que hay tras el mismo, permitida y amparada
por médicos y gobiernos en beneficio de las grandes empresas
farmacéuticas y en detrimento de los ciudadanos. De ahí
que propugne la vuelta a la soberanía individual sobre la
salud como forma de acabar con esa mafia.
Ghislaine Lanctôt ha ejercido la Medicina durante 27
años. Ahora no ejerce... aunque quisiera. ¿El motivo? Hace
ocho años la retiraron la licencia de médico. ¿Por qué?
Por publicar La mafia médica (Ed. Vesica Piscis). ¿Y qué
contiene ese libro -se preguntará el lector- para que haya
provocado tal sanción? Pues -como fácilmente se entiende
a juzgar por el título- una descripción exhaustiva del "sistema
de enfermedad" -y no sanitario- que actualmente existe.
MEDICINA SIGNIFICA
NEGOCIO
La autora de La mafia médica acabó sus
estudios de Medicina en 1967, una época en la que -como
ella misma confiesa- estaba convencida de que la Medicina
era extraordinaria y de que antes del final del siglo XX
se tendría lo necesario para curar cualquier enfermedad.
Sólo que esa primera ilusión fue apagándose hasta extinguirse.
-¿Por qué esa decepción?
-Porque empecé a ver muchas cosas que me hicieron reflexionar.
Por ejemplo, que no todas las personas respondían a los
maravillosos tratamientos de la medicina oficial. Además
en aquella época entré en contacto con varios "terapeutas
suaves" -es decir, practicantes de terapias no agresivas-
que no tuvieron reparo alguno en abrirme sus consultas y
dejarme ver lo que hacían. Y llegué pronto a la conclusión
de que las medicinas no agresivas son más eficaces, más
baratas y, encima, tienen menores efectos secundarios.
-Y supongo que empezó a preguntarse por qué en la Facultad
nadie le había hablado de esas terapias alternativas no
agresivas
-Así es. Luego mi mente fue más allá y empecé a cuestionarme
cómo era posible que se tratara de charlatanes a personas
a las que yo misma había visto curar y por qué se las perseguía
como si fueran brujos o delincuentes. Por otra parte, como
médico había participado en muchos congresos internacionales
-en algunos como ponente- y me di cuenta de que todas las
presentaciones y ponencias que aparecen en tales eventos
están controladas y requieren obligatoriamente ser primero
aceptadas por el "comité científico" organizador del congreso.
¿Y quién designa a ese comité científico? Pues generalmente
quien financia el evento: la industria farmacéutica. ¡Si
hoy son las multinacionales las que deciden hasta qué se
enseña a los futuros médicos en las facultades y qué se
publica y expone en los congresos de medicina! El control
es absoluto.
-Y eso fue clarificador para usted...
-Y tanto. Darme cuenta del control y de la manipulación
a la que están sometidos los médicos -y los futuros médicos,
es decir, los estudiantes- me hizo entender claramente que
la Medicina es, ante todo, un negocio. La Medicina está
hoy controlada por los seguros -públicos o privados, da
igual- porque en cuanto alguien tiene un seguro pierde el
control sobre el tipo de medicina al que accede. Ya no puede
elegir. Es más, los seguros determinan incluso el precio
de cada tratamiento y las terapias que se van a practicar.
Y es que si miramos detrás de las compañías de seguros o
de la seguridad social... encontramos lo mismo.
-El poder económico.
-Exacto, es el dinero quien controla totalmente la Medicina.
Y lo único que de verdad interesa a quienes manejan este
negocio es ganar dinero. ¿Y cómo ganar más? Pues haciendo
que la gente esté enferma... porque las personas sanas no
generan ingresos. La estrategia consiste, en suma, en tener
enfermos crónicos que tengan que consumir todo tipo de productos
paliativos, es decir, para tratar sólo síntomas; medicamentos
para aliviar el dolor, bajar la fiebre, disminuir la inflamación...
pero nunca fármacos que puedan resolver una dolencia. Eso
no es rentable, no interesa. La medicina actual está concebida
para que la gente permanezca enferma el mayor tiempo posible
y compre fármacos; si es posible, toda la vida.
UN
SISTEMA DE ENFERMEDAD
-Infiero que ésa es la razón de que en su libro se refiera
al sistema sanitario como "sistema de enfermedad".
-Efectivamente. El llamado sistema sanitario es en realidad
un sistema de enfermedad. Se practica una medicina de la
enfermedad y no de la salud. Una medicina que sólo reconoce
la existencia del cuerpo físico y no tiene en cuenta ni
el espíritu, ni la mente, ni las emociones. Y que además
trata sólo el síntoma y no la causa del problema. Se trata
de un sistema que mantiene al paciente en la ignorancia
y la dependencia, y al que se estimula para que consuma
fármacos de todo tipo.
-Se supone que el sistema sanitario está al servicio de
las personas...
-Está al servicio de quien le saca provecho: la industria
farmacéutica. De manera oficial -puramente ilusoria- el
sistema está al servicio del paciente pero, oficiosamente,
en la realidad, el sistema está a las órdenes de la industria
que es la que mueve los hilos y mantiene el sistema de enfermedad
en su propio beneficio. Se trata, en suma, de una auténtica
mafia médica, de un sistema que crea enfermedades y mata
por dinero y por poder.
-¿Y qué papel juega el médico en esa mafia?
-El médico es -muchas veces de forma inconsciente, es
verdad- la correa de transmisión de la gran industria. Durante
los 5 a 10 años que pasa en la Facultad de Medicina el sistema
se encarga de inculcarle unos determinados conocimientos
y de cerrarle los ojos a otras posibilidades. Posteriormente,
en los hospitales y congresos médicos, se les refuerza en
la idea de que la función del médico es curar y salvar vidas,
de que la enfermedad y la muerte son fracasos que debe evitar
a toda costa y de que la enseñanza recibida es la única
válida. Además se les enseña que el médico no debe implicarse
emocionalmente y que es un "dios" de la salud. De ahí que
incluso exista caza de brujas entre los propios profesionales
de la medicina. La medicina oficial, la "científica", no
puede permitir que existan otras formas de curar que no
sean serviles al sistema.
-El sistema, en efecto, pretende hacer creer que la única
medicina válida es la llamada "medicina científica", la
que usted aprendió y de la que ha renegado. Precisamente
en el mismo número en que va a aparecer su entrevista publicamos
un artículo al respecto.
-La medicina científica está enormemente limitada porque
se basa en la física materialista de
Newton: tal
efecto obedece a tal causa. Y, por ende, tal síntoma precede
a tal enfermedad y requiere tal tratamiento. Se trata de
una medicina que además sólo reconoce lo que se ve, se toca
o se mide y niega toda conexión entre las emociones, el
pensamiento, la conciencia y el estado de salud del físico.
Y cuando se la importuna con algún problema de ese tipo
le cuelga la etiqueta de "enfermedad psicosomática" al paciente
y le envía a casa tras recetarle pastillas para los nervios.
-Es decir, que a su juicio la medicina convencional sólo
se ocupa de hacer desaparecer los síntomas.
-Salvo en lo que a cirugía se refiere, los antibióticos
y algunas pocas cosas más, como los modernos medios de diagnóstico,
sí. Da la impresión de curar pero no cura. Simplemente elimina
la manifestación del problema en el cuerpo físico pero éste,
tarde o temprano, resurge.
-A su juicio, pues, dan mejor resultado las llamadas
medicinas suaves o no agresivas.
-Son una mejor opción porque tratan al paciente de forma
holística y le ayudan a sanar... pero tampoco curan. Mire,
cualquiera de las llamadas medicinas alternativas constituyen
una buena ayuda pero son sólo eso: complementos. Porque
el verdadero médico es uno mismo. Y cuando uno es consciente
de su soberanía sobre la salud deja de necesitar terapeutas.
El enfermo es el único que puede curarse. Nadie puede hacerlo
en su lugar. La autosanación es la única medicina que cura.
La cuestión es que el sistema trabaja para que olvidemos
nuestra condición de seres soberanos y nos convirtamos en
seres sumisos y dependientes. En nuestras manos está pues
romper esa esclavitud.
-Y, en su opinión, ¿por qué las autoridades políticas,
médicas, mediáticas y económicas lo permiten? ¿Por qué los
gobiernos no acaban con este sistema de enfermedad, costosísimo
por otra parte?
-A ese respecto tengo tres hipótesis. La primera es que
quizás
no saben que todo esto está pasando...
pero es difícil de aceptar porque la información está a
su alcance desde hace muchos años y en los últimos veinte
años son ya varias las publicaciones que han denunciado
la corrupción del sistema y la conspiración existente. La
segunda hipótesis es que
no pueden acabar
con ello... pero también resulta difícil de creer porque
los gobiernos tienen el suficiente poder.
-Y la tercera, supongo, es que no quieren acabar con
el sistema.
-Pues lo cierto es que, eliminadas las otras dos hipótesis,
ésa parece la más plausible. Y si un Gobierno se niega a
acabar con un sistema que arruina y mata a sus ciudadanos
es porque forma parte de él, porque forma parte de la mafia.
LA
MAFIA MÉDICA
-¿Quiénes integran, a su juicio, la "mafia médica"?
-A diferentes escalas y con distintas implicaciones, por
supuesto, la industria farmacéutica, las autoridades políticas,
los grandes laboratorios, los hospitales, las compañías
aseguradoras, las Agencias del Medicamento, los colegios
de médicos, los propios médicos, la Organización Mundial
de la Salud (OMS) -el Ministerio de Sanidad de la ONU- y,
por supuesto, el gobierno mundial en la sombra del dinero.
-Tenemos entendido que para usted la Organización Mundial
de la Salud es "la mafia de las mafias".
-Así es. Esa organización está completamente controlada
por el dinero. La OMS es la organización que establece,
en nombre de la salud, la "política de enfermedad" en todos
los países. Todo el mundo tiene que obedecer ciegamente
las directrices de la OMS. No hay escapatoria. De hecho,
desde 1977, con la Declaración de Alma ATA, nadie puede
escapar de su control.
-¿En qué consiste esa declaración?
-Se trata de una declaración que da a la OMS los medios
para establecer los criterios y normas internacionales de
práctica médica. Se desposeyó así a los países de su soberanía
en materia de salud para transferirla a un gobierno mundial
no elegido cuyo "ministerio de salud" es la OMS. Desde entonces
"derecho a la salud" significa "derecho a la medicación".
Así es como se han impuesto las vacunas y los medicamentos
a toda la población del globo.
-Una labor que no se cuestiona.
-Claro, porque, ¿quién va a osar dudar de las buenas intenciones
de la Organización Mundial de la Salud? Sin embargo, hay
que preguntarse quién controla a su vez esa organización
a través de la ONU: el poder económico.
-¿Cree que ni siquiera las organizaciones humanitarias
escapan a ese control?
-Por supuesto que no. Las organizaciones humanitarias también
dependen de la ONU, es decir, del dinero de las subvenciones.
Y, por tanto, sus actividades están igualmente controladas.
Organizaciones como Médicos sin fronteras creen que sirven
altruistamente a la gente pero en realidad sirven al dinero.
-Una mafia sumamente poderosa...
-Omnipotente, diría yo. Ha eliminado toda competencia. Hoy
día a los investigadores se les "orienta". Los disidentes
son encarcelados, maniatados y reducidos al silencio. A
los terapeutas "alternativos" se les tilda de locos, se
les retira la licencia o se les encarcela también. Los productos
alternativos rentables han caído igualmente en manos de
las multinacionales gracias a las normativas de la OMS y
a las patentes de la Organización Mundial del Comercio.
Las autoridades y sus medios de comunicación social se ocupan
de alimentar entre la población el miedo a la enfermedad,
a la vejez y a la muerte. De hecho, la obsesión por vivir
más o, simplemente, por sobrevivir ha hecho prosperar incluso
el tráfico internacional de órganos, sangre y embriones
humanos. Y en muchas clínicas de fertilización en realidad
se "fabrican" multitud de embriones que luego se almacenan
para ser utilizados en cosmética, en tratamientos rejuvenecedores,
etc. Eso sin contar con que se irradian los alimentos, se
modifican los genes, el agua está contaminada, el aire envenenado...
Es más, los niños reciben absurdamente hasta 35 vacunas
antes de ir a la escuela. Y así, cada miembro de la familia
tiene ya su pastillita: el padre, la Viagra; la madre, el
Prozac; el niño, el Ritalin.
Y todo esto, ¿para qué? Porque el resultado es conocido:
los costes sanitarios suben y suben pero la gente sigue
enfermando y muriendo igual.
LAS AUTORIDADES MIENTEN
-Lo que usted explica del sistema sanitario imperante
es una realidad que cada vez más gente empieza a conocer
pero nos han sorprendido algunas de sus afirmaciones respecto
a lo que define como "las tres grandes mentiras de las autoridades
políticas y sanitarias"...
-Pues lo reitero: las autoridades mienten cuando dicen que
las vacunas nos protegen, mienten cuando dicen que el sida
es contagioso y mienten cuando dicen que el cáncer es un
misterio.
-Bien, hablemos de ello aunque ya le adelanto que en
la revista no compartimos algunos de sus puntos de vista.
Si le parece, podemos empezar hablando de las vacunas. A
nuestro juicio, afirmar que ninguna vacuna es útil no se
sostiene. Otra cosa, que sí compartimos, es que algunas
son ineficaces y otras inútiles; a veces, hasta peligrosas.
-Pues yo mantengo todas mis afirmaciones. La única inmunidad
auténtica es la natural y ésa la desarrolla el 90% de la
población antes de los 15 años. Es más, las vacunas artificiales
cortocircuitan por completo el desarrollo de las primeras
defensas del organismo.
Y que las vacunas tienen riesgos es algo muy evidente; a
pesar de lo cual se oculta. Por ejemplo, una vacuna puede
provocar la misma enfermedad para la que se pone. ¿Por qué
no se advierte? También se oculta que la persona vacunada
puede transmitir la enfermedad aunque no esté enferma. Asimismo,
no se dice que la vacuna puede sensibilizar a la persona
frente a la enfermedad. Aunque lo más grave es que se oculte
la inutilidad constatada de ciertas vacunas.
-¿A cuáles se refiere?
-Pues a las de enfermedades como la tuberculosis y
el tétanos (vacunas que no confieren ninguna inmunidad),
la rubéola (de la que el 90% de las mujeres están protegidas
de modo natural), la difteria (que durante las mayores epidemias
sólo alcanzaba al 7% de los niños a pesar de lo cual hoy
se vacuna a todos), la gripe y la hepatitis B (cuyos virus
se hacen rápidamente resistentes a los anticuerpos de las
vacunas).
-¿Y hasta qué punto pueden ser también peligrosas?
-Las innumerables complicaciones que causan las vacunas
-desde trastornos menores hasta la muerte- están suficientemente
documentadas; por ejemplo, la muerte súbita del lactante.
Por eso hay ya numerosas protestas de especialistas en la
materia y son miles las demandas judiciales que se han interpuesto
contra los fabricantes. Por otra parte, cuando se examinan
las consecuencias de los programas de vacunaciones masivas
se extraen conclusiones esclarecedoras.
-Le agradecería que mencionara algunas.
-Mire, en primer lugar las vacunas son caras y le suponen
a los estados un gasto de miles de millones de dólares al
año. Por tanto, el único beneficio evidente y seguro de
las vacunas... es el que obtiene la industria. Además, la
vacunación estimula el sistema inmune pero, repetida la
vacunación, el sistema se agota. Por tanto, la vacuna repetida
puede hacer, por ejemplo, estallar el "sida silencioso"
y garantizar un "mercado de la enfermedad" perpetuamente
floreciente.
Más datos: la vacunación incita a la dependencia médica
y refuerza la creencia de que nuestro sistema inmune es
ineficaz. Aunque lo más horrible es que la vacunación facilita
los genocidios selectivos pues permite liquidar a personas
de cierta raza, de cierto grupo, de cierta región... Sirve
como experimentación para probar nuevos productos sobre
un amplio muestrario de la población y es un arma biológica
potentísima al servicio de la guerra biológica porque permite
intervenir en el patrimonio genético hereditario de quien
se quiera.
-Bueno, es evidente que hay muchas cosas de las que se
puede hacer un buen o mal uso pero eso depende de la voluntad
e intención de quien las utiliza. Bien, hablemos si le parece
de la segunda "gran mentira" de las autoridades: usted afirma
que el sida no es contagioso. Y perdone, pero así como el
resto de sus afirmaciones en este ámbito nos han parecido
razonadas y razonables no hemos visto que argumente esa
afirmación.
-Yo afirmo que la teoría de que el único causante del Sida
es el VIH o Virus de la Inmunodeficiencia Adquirida es falsa.
Ésa es la gran mentira. La verdad es que tener el VIH no
implica necesariamente desarrollar sida. Porque el sida
no es sino una etiqueta que se "coloca" a un estado de salud
al que dan lugar numerosas patologías cuando el sistema
inmune está bajo. Y niego que tener sida equivalga a muerte
segura. Pero, claro, esa verdad no interesa. Las autoridades
nos imponen a la fuerza la idea de que el sida es una enfermedad
causada por un solo virus a pesar de que el propio
Luc
Montagnier, del Instituto Pasteur, co-descubridor oficial
del VIH en 1983, reconoció ya en 1990 que el VIH no es suficiente
por sí solo para causar el sida. Otra evidencia es el hecho
de que hay numerosos casos de sida sin virus VIH y numerosos
casos de virus VIH sin sida (seropositivos). Por otro lado,
aún no se ha conseguido demostrar que el virus VIH cause
el sida, lo cual es una regla científica elemental para
establecer una relación causa-efecto entre dos factores.
Lo que sí se sabe, sin embargo, es que el VIH es un retrovirus
inofensivo que sólo se activa cuando el sistema inmune está
debilitado.
-Por cierto, usted afirma en su libro que el VIH fue
creado artificialmente en un laboratorio...
-Sí. Investigaciones de eminentes médicos indican que el
VIH fue creado mientras se hacían ensayos de vacunación
contra la hepatitis B en grupos de homosexuales. Y todo
indica que el continente africano fue contaminado del mismo
modo durante campañas de vacunación contra la viruela. Claro
que otros investigadores van más lejos aún y afirman que
el virus del sida fue cultivado como arma biológica y después
deliberadamente propagado mediante la vacunación de grupos
de población que se querían exterminar.
-También observamos que ataca duramente la utilización
del AZT para tratar el sida...
-Ya en el congreso sobre sida celebrado en Copenhague en
mayo de 1992 los "supervivientes del sida" afirmaron que
la solución entonces propuesta por la medicina científica
para combatir el VIH, el AZT, era absolutamente ineficaz.
Hoy eso está fuera de toda duda. Pues bien, yo afirmo que
se puede sobrevivir al sida... pero no al AZT. Este medicamento
es más mortal que el sida. El simple sentido común permite
entender que no es con fármacos inmunodepresores como se
refuerza el sistema inmunitario. Mire, el sida se ha convertido
en otro gran negocio. Por tanto, se promociona ampliamente
combatirlo porque ello da mucho dinero a la industria farmacéutica.
Es así de simple.
-Hablemos de la "tercera gran mentira" de las autoridades:
la de que el cáncer es un misterio.
-El llamado cáncer, es decir, la masiva proliferación
anómala de células, es algo tan habitual que todos lo padecemos
varias veces a lo largo de nuestra vida. Sólo que cuando
eso sucede el sistema inmunitario actúa y destruye las células
cancerígenas. El problema surge cuando nuestro sistema inmunitario
está débil y no puede eliminarlas. Entonces el conjunto
de células cancerosas acaba creciendo y formando un tumor.
-Y es en ese momento cuando se entra en el engranaje
del "sistema de enfermedad"...
-Así es. Porque cuando se descubre un tumor se le ofrece
de inmediato al paciente, con el pretexto de ayudarle, que
elija entre estas tres posibilidades o "formas de tortura":
amputarle (cirugía), quemarle (radioterapia) o envenenarle
(quimioterapia). Ocultándosele que hay remedios alternativos
eficaces, inocuos y baratos.
Y después de cuatro décadas de "lucha intensiva" contra
el cáncer, ¿cuál es la situación en los propios países industrializados?
Que la tasa de mortalidad por cáncer ha aumentado. Ese simple
hecho pone en evidencia el fracaso de su prevención y de
su tratamiento. Se han despilfarrado miles de millones de
euros y tanto el número de enfermos como de muertos sigue
creciendo.
Hoy sabemos a quién beneficia esta situación. Como sabemos
quién la ha creado y quién la sostiene. En el caso de la
guerra todos sabemos que ésta beneficia sobre todo a los
fabricantes y traficantes de armas. Bueno, pues en medicina
quienes se benefician son los fabricantes y traficantes
del "armamento contra el cáncer"; es decir, quienes están
detrás de la quimioterapia, la radioterapia, la cirugía
y toda la industria hospitalaria.
LA
MAFIA, UNA NECESIDAD EVOLUTIVA
-Sin embargo, a pesar de todo, usted mantiene que la
mafia médica es una necesidad evolutiva de la humanidad.
¿Qué quiere decir con esa afirmación?
-Verá, piense en un pez cómodamente instalado en su pecera.
Mientras tiene agua y comida todo está bien pero si le empieza
a faltar el alimento y el nivel del agua desciende peligrosamente
el pez decidirá saltar fuera de la pecera buscando una forma
de salvarse. Bueno, pues yo entiendo que la mafia médica
nos puede empujar a dar ese salto individualmente. Eso sí,
habrá mucha gente que preferirá morir a saltar.
-Pero para dar ese salto es preciso un nivel de conciencia
determinado.
-Sí. Y yo creo que se está elevando mucho y muy rápidamente.
La información que antes se ocultaba ahora es pública: que
la medicina mata personas, que los medicamentos nos envenenan,
etc. Además, el médico alemán
Ryke Geerd Hamer ha
demostrado que todas las enfermedades son psicosomáticas
y las medicinas no agresivas ganan popularidad. La mafia
médica se desplomará como un castillo de naipes cuando un
5% de la población pierda su confianza en ella. Basta que
ese porcentaje de la población mundial sea consciente de
su propia divinidad. Entonces decidirá escapar de la esclavitud
a la que le tiene sometida la mafia y el sistema actual
se derrumbará. Tan sencillo como eso.
-¿Y en qué punto cree que estamos?
-Pues no sabría cuantificarlo pero pienso que probablemente
en menos de 5 años todo el mundo se dará cuenta ya de que
cuando va al médico va a un especialista de la enfermedad
y no a un especialista de la salud. Dejar a un lado la llamada
"medicina científica" y la seguridad que propone para ir
a un terapeuta es ya un paso importante. También lo es perder
el respeto y la obediencia ciega al médico. El gran paso
es decir no a la autoridad exterior y decir sí a nuestra
autoridad interior.
-¿Y qué es lo que nos impide romper con la autoridad
exterior?
-El miedo. Tenemos miedo a no acudir al médico. Pero
es el miedo, por sí mismo, quien nos puede enfermar y matar.
Nos morimos de miedo. Se nos olvida que la naturaleza humana
es divina, es decir, concebida para comportarnos como dioses.
¿Y desde cuándo los dioses tienen miedo? Cada vez que nos
comportamos de manera diferente a la de un dios nos ponemos
enfermos. Esa es la realidad.
-¿Y qué cree que pueden hacer los medios de comunicación
para contribuir a la elevación de la conciencia en esta
materia?
-Informar sin intentar convencer. Decir lo que sabéis
y dejar a la gente hacer lo que quiera con la información.
Porque intentar convencerles sería imponer otra verdad y
de nuevo estaríamos en otra guerra. Se necesita sólo dar
referencias. Basta decir las cosas. Luego, la gente las
escuchará si resuenan en ellos. Y si su miedo es mayor que
su amor por sí mismos dirán: "Eso es imposible". En cambio,
si tienen abierto el corazón escucharán y se cuestionarán
sus convicciones. Es entonces, en ese momento, cuando quieran
más, cuando se les puede dar más información.
L.J.
ACTORES
DE LA MAFÍA MÉDICA
Para
Ghislaine Lanctôt, los actores de La mafia médica
son los siguientes:
-El paciente. Es el explotado por excelencia. Cuanto
más enfermo esté mayores beneficios para la industria farmacéutica.
En consecuencia, hay que mantenerlo enfermo y medicado.
-El médico. Es el vendedor inconsciente de los productos
de la industria así como su instrumento de promoción. Las
autoridades le forman de tal manera que estará al servicio
de sus fines al pie de la letra, sin cuestionar jamás la
sacrosanta verdad que se le inculca como doctrina. Según
los casos, también se le puede sobornar con privilegios
económicos, jerárquicos o ambos. En cuanto al terapeuta,
simplemente es declarado ilegal y se le elimina, o bien
se le integra y se le controla.
-Los hospitales, clínicas, laboratorios y farmacias.
Son los distribuidores del fabricante, sus cómplices. Para
eso se les paga bien. La recompensa por su buena disposición
suele ser de orden crematístico.
-La industria. Es el explotador. El Padrino del sistema
sanitario, el Gran Dictador y beneficiario de la enfermedad.
Su inmenso poder oculto hace que se le sometan todos los
niveles de "autoridades", ya sean del gobierno, médicas
o mediáticas. Después de todo, es la industria la que concede
el acceso al poder y la notoriedad. Lo que se pide, en contrapartida,
es que nadie muerda la mano que le da de comer. Su lema
es "Cuantos más pacientes enfermos, con mayor frecuencia
y durante más tiempo, más rentabilidad". Todo vale para
conseguirlo.
-Las autoridades. Son el usurpador. Han creado las
instituciones y las leyes para apropiarse y desposeer al
paciente de sus legítimos derechos sobre su salud. Para
no despertar sospechas las autoridades se ocultan tras un
biombo: el Gobierno. Las instituciones y los seguros se
sitúan bajo su control directo o indirecto. Lo elegimos
y financiamos nosotros pero nos traiciona vendiéndonos a
la industria. En realidad, el gobierno y sus organismos
("las autoridades") son generalmente asalariados de la industria.
-La mafia de las mafias. El poder establecido no
es sólo nacional. Por encima del sistema sanitario de cada
país hay un sistema sanitario mundial, la Organización Mundial
de la Salud (OMS), que dicta la política sanitaria global
a seguir por todos los gobiernos del planeta.