La fiebre, mecanismo curativo natural

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Multitud de personas acuden de inmediato al médico en cuanto tienen fiebre, especialmente los padres con bebés y niños pequeños; de hecho el 70% de las consultas pediátricas se deben a ella. Y cuando no lo hacen se toman un antipirético para bajarla aunque la misma no pase de 38ºC. ¿Por qué? Pues porque más que un síntoma muchos lo consideran una patología en sí misma y eso explica el uso y abuso de productos como el ácido acetilsalicílico, el paracetamol, el ibuprofeno y el metamizol. Hablamos de un fenómeno que se conoce ya como “fobia a la fiebre” y que no se justifica porque ésta es ante todo la advertencia de que algo no va bien pero el organismo se ha puesto en marcha para resolverlo por sí mismo activando las defensas y elevando la temperatura interna. Luego tomar antipiréticos es contraproducente en las personas sanas salvo que la fiebre exceda de 40ºC.

Son numerosísimas las personas que en cuanto constatan que tienen fiebre toman antipiréticos y muchos más aún los padres que se los dan a sus hijos pequeños -los tristemente famosos Apiretal (paracetamol) y Dalsy (ibuprofeno)– convencidos de que si no lo hacen así la temperatura puede subir sin control y llegar a sufrirse convulsiones, deshidratación, problemas cerebrales e, incluso, la muerte. Es más, el miedo les provoca tal ansiedad que una gran mayoría opta por utilizar de inmediato esos medicamentos cuando no son precisamente inocuos -todo lo contrario- sin entender que haciendo eso están impidiendo en buena medida al organismo afrontar el problema. En la literatura médica a este miedo -injustificado en la inmensa mayoría de los casos e inducido a menudo por médicos manifiestamente incompetentes- se le conoce como “fobia a la fiebre”, expresión que acuñó en 1980 el doctor Barton Schmitt tras realizar una encuesta entre padres y comprobar su desconocimiento sobre el proceso febril y su papel en el organismo.

Un problema que subsiste hoy como demuestran dos estudios publicados en 2014 que se realizaron en países y culturas diferentes. Uno de ellos fue elaborado por el doctor N. Bertille –de la Unidad de investigación sobre salud perinatal y salud de mujeres y niños

 en París y apareció en PLOS ONE con el título Managing Fever in Children: A National Survey of Parents’ Knowledge and Practices in France (Manejo de la fiebre en niños: estudio nacional sobre el conocimiento y práctica de los padres en Francia). Y en él se concluye que “el conocimiento y las prácticas de los padres relacionadas con el manejo de los síntomas de la fiebre en niños difiere con frecuencia de las recomendaciones pediátricas”. El estudio destaca que los padres del 66% de los niños con fiebre estudiados reconocieron haber dado antipiréticos a sus hijos cuando ésta estaba aún por debajo de los 38,5° que recomienda la Agencia Francesa del Medicamento. En España la Asociación Española de Pediatría considera que no se justifica un tratamiento farmacológico hasta que la temperatura –tomada en el recto– no supere los 38º; límite con el que cada vez más pediatras manifiestan su desacuerdo entendiendo que es aún demasiado pronto para medicarlos. Añadiremos que según el estudio el 91% de los padres medicaron a sus hijos sin contactar previamente con un profesional de la salud. “Las posibles intervenciones en educación sanitaria destinadas a conseguir un manejo más eficaz de la fiebre en niños –concluye diciendo el estudio- deberían orientarse al uso de tratamientos no farmacológicos dando indicaciones precisas sobre cuándo el mismo es adecuado y la frecuencia de administración del fármaco una vez se inicia la medicación”.

El segundo estudio lo dirigió el doctor M. Rkain -miembro del servicio de Urgencias del Hospital Infantil de Rabat (Marruecos)-, se publicó en la revista de la OMS Mediterráneo Oriental y Salud con el título Knowledge and management of fever among Moroccan parents (Conocimiento y gestión de la fiebre entre los padres marroquíes) y según el mismo existen en ese país del norte de África ideas erróneas similares sobre la fiebre. El estudio se realizó entre padres de un nivel educativo y socioeconómico medio del entorno urbano y concluyó que sólo un 3,5% de los padres sabía la temperatura a partir de la cual se debe actuar. Resultando especialmente significativo el dato de que el 60% creía que la fiebre puede provocar efectos muy negativos, incluida la muerte; un 28,9% daño cerebral, un 18,8% convulsiones, un 19,5% parálisis y un 14,8% que incluso puede llevar al coma. Suposiciones, obviamente, muy alejadas de la realidad. Lo explican los doctores Janice E. Sullivan y Henry C. Farrar en el trabajo publicado en 2011 en Pediatrics -diario oficial de la Academia Americana de Pediatría- con el título Fever and Antipyretic Use in Children, (Fiebre y uso de antipiréticos en los niños) en el que puede leerse: “Los padres se ocupan con frecuencia de mantener en el hijo enfermo una temperatura ‘normal’ y para ello muchos le administran antitérmicos aunque la temperatura sea mínima; considerando aproximadamente la mitad de los padres como fiebre una temperatura inferior a 38°. Es más, el 25% de los profesionales de la salud dan antipiréticos con temperaturas inferiores a 37,8°. Y aun más lamentable: la mitad de los padres administra dosis incorrectas de antipiréticos; dando un 15% dosis supraterapéuticas de paracetamol o ibuprofeno”.

Es más, en su propio decálogo sobre la fiebre la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) recomienda tratar con fármacos a un niño sólo cuando la fiebre se acompañe de malestar general o de dolor contribuyendo en sus tres primeros puntos a derribar algunos mitos muy asentados entre la población. Esto es de hecho lo que dice

1. La fiebre no es una enfermedad; es un mecanismo de defensa del organismo contra las infecciones, tanto las causadas por virus como por bacterias.

2. La fiebre por sí misma no causa daño cerebral, ni ceguera, ni sordera, ni muerte.

3. Algunos niños predispuestos (4%) pueden tener convulsiones por fiebre pero el tratamiento de la misma no evita esas convulsiones. Nunca se deberían pues dar medicamentos para bajar la fiebre con ese propósito”.

Y la Guía de Práctica Clínica elaborada por el National Institute for Health and Clinical Excellence (NICE) de Gran Bretaña recomienda por su parte “no utilizar estos fármacos de forma rutinaria con el único objetivo de reducir la temperatura corporal de un niño febril que se encuentra bien o para prevenir las convulsiones febriles”.

LA FIEBRE, UN ALIADO

¿Y entonces cuándo hay que actuar en caso de fiebre? Pues la verdad es que no hay consenso y la cifra varía según los expertos y países pero la media está en 38ºC (eso sí, conviene saber que 38ºC poniendo el termómetro en la axila dará 38,5ºC si se pone en el recto); una cifra demasiado baja para muchos expertos. Así lo piensan por ejemplo las pediatras Sarah J. Radis y Linda S. Nield que precisamente el año pasado publicaron en Consultant For Pediatricians un artículo titulado Fighting Parents’s Fever Phobia, (Luchando contra la fobia a la fiebre de los padres) en el que discrepan abiertamente de esa cifra. “Una temperatura corporal elevada en un niño sano -incluso de 41°- no representa por lo general peligro alguno si persiste brevemente; es más, puede beneficiar al niño. Es importante decir pues a los padres que la fiebre es un síntoma y no una enfermedad primaria. No hay evidencias que sugieran que el aumento de temperatura empeore el curso de una enfermedad o suponga un riesgo de complicación neurológica. Es la enfermedad subyacente -generalmente una infección viral- la responsable de cualquier morbilidad, no la fiebre. Sólo cuando la temperatura alcanza 41ºC o 42°C provoca cambios fisiológicos adversos. Sin embargo los padres tratan a menudo a sus hijos con acetaminofeno (paracetamol) o ibuprofeno incluso ante un aumento mínimo de temperatura. Y es que el 50% considera que su hijo está febril incluso con una temperatura inferior a 38°C”.

Ahora bien, la visita al médico sí se justifica en los casos en que la fiebre llegue a 38ºC si el niño sano tiene menos de 3 meses y a 39°C en el caso de que sean mayores. Lo mismo que si tienen antecedentes de enfermedades graves aunque la fiebre sea más baja.

En cuanto al método de medición el más preciso hoy es el termómetro de infrarrojos que se aplica en la oreja y mide la temperatura de la membrana del tímpano.

En fin, los padres -y muchos médicos mal formados- deberían entender que la temperatura de nuestro cuerpo es curativa y está perfectamente regulada desde el hipotálamo, glándula hormonal situada en el cerebro que en cuanto detecta sustancias pirógenas (capaces de elevar la temperatura) exógenas como microbios patógenos -virus, bacterias, hongos o parásitos- y/o endógenas -como citoquinas o polipéptidos producidos por las células neoplásicas- da la orden de aumentar la temperatura porque la gran mayoría no sobrevive con dos o tres grados más. Dependiendo de la importancia de la infección que el proceso tarde más o menos y, por tanto, que la fiebre se mantenga solo unas horas o varios días.

Por otra parte, como antes adelantamos, en cuanto el cuerpo detecta peligro además de aumentar la temperatura se pone a producir células de defensa: linfocitos, macrófagos, neutrófilos, anticuerpos, células B, células T, interferones e incluso citoquinas inflamatorias para que las células de defensa puedan llegar más rápida y fácilmente a las zonas afectadas. Pues bien, los antipiréticos bloquean algunos de tales mecanismos naturales curativos luego su uso es absurdo cuando no hay necesidad; en niños habitualmente sanos solo se justifica a partir de los 40ºC.

Uno de los miedos más comunes de los padres es el temor a que la temperatura siga subiendo sin control y sin embargo en situaciones normales la subida está siempre bajo control del sistema nervioso central mediante criógenos endógenos como la vasopresina, la hormona alfa melanoestimulante y la somatostatina, péptidos que contrarrestan los pirógenos externos y modulan la regulación ascendente del termostato hipotalámico evitando que la temperatura se eleve a niveles peligrosos.

En suma, debe entenderse que en casos de infección la temperatura se eleva y se activan en cascada diversos procesos inmunológicos que impiden a virus, bacterias, hongos y parásitos replicarse y extenderse y, con el tiempo, acabar con ellos. Y lo hace de forma proporcional porque cuanto mayor es la temperatura con más rapidez y eficacia actúan las células del sistema inmune. Forzar la bajada de la fiebre con antipiréticos sin auténtica necesidad es pues un tremendo error; la creencia de que si se baja la fiebre al paciente éste mejora es irreal.

El doctor A. Sahib Mehdi -del Departamento Infantil del Hospital Chesfield de Gran Bretaña- publicó de hecho en 2012 en World Journal of Clinic Pediatrics un artículo titulado Fever management: Evidence vs current practice (Gestión de la fiebre: evidencia frente a práctica) en el que da cuenta de una amplía relación de estudios en humanos que constatan el carácter beneficioso de la fiebre. Contando por ejemplo -entre otros muchos casos- que según un estudio japonés la administración frecuente de antipiréticos a niños con enfermedades bacterianas empeora su estado de salud. Da asimismo cuenta de otro estudio efectuado en Finlandia con 102 niños que sufrían gastroenteritis por Salmonella que constató que cuanto más alta era la fiebre menos duraba la enfermedad. Y otro más sobre niños con infecciones graves -como neumonía o septicemia- según el cual fue mayor la mortalidad entre quienes tuvieron menos fiebre.

En otro de los trabajos evaluados se explica que el uso de antipiréticos en un grupo de voluntarios humanos infectados con rinovirus hizo que fueran mayores los síntomas y el tiempo de recuperación. Se da cuenta asimismo de un estudio con niños infectados con varicela a la mitad de los cuales se dio paracetamol -cuatro veces al día- y a la otra mitad un placebo y éstos últimos se recuperaron algo antes. Agregaremos finalmente que el consumo de paracetamol o ibuprofeno -con o sin diazepam- no previene las convulsiones durante los episodios febriles; antes bien, se comprobó que entre quienes sufrieron al principio una fiebre más alta hubo menos convulsiones.

Llegados a este punto no está de más recordar que según una amplia revisión efectuada por Colaboración Cochrane la evidencia de que el paracetamol tiene un efecto superior al simple placebo es insuficiente. En suma, lo dicho permite inferir que el uso de fármacos para frenar la fiebre en cuanto ésta aparece o sube ligeramente es un error porque no permite al sistema inmune defenderse adecuadamente.

LOS ANTIPIRÉTICOS NO SON INOCUOS

Los antipiréticos, además, no son fármacos inocuos; pueden dar lugar a numerosas reacciones adversas y llevar incluso -aunque sea en casos raros- a la muerte. Incluso los más usados: el ácido acetilsalicílico (aspirina), el ibuprofeno, el paracetamol o acetaminofeno y el metamizol o dipirona. De hecho si la gente los toma es porque cree que les ayuda pero eso se debe a que además de bajar la fiebre son analgésicos y antiinflamatorios. Y tales acciones carecen de sentido. Si el organismo inflama una zona durante un proceso curativo desinflamarla con fármacos -el paracetamol no lo hace- es absurdo porque se está dificultando la sanación. Y la analgesia -disminución del dolor- la logran “narcotizando” el sistema nervioso central. En fin, lea en el recuadro adjunto la relación de los potenciales efectos negativos de esos productos.

Y probablemente haya más pues se siguen estudiando; de hecho en 2014 se publicó en Annals of the Rheumatic Diseases un estudio titulado Paracetamol: not as safe as we thought? A systematic literature review of observational studies (¿Es el paracetamol tan seguro como pensábamos? Revisión sistemática de la literatura de los estudios observacionales) y según el mismo entre quienes toman paracetamol de forma habitual aumenta un 63% las posibilidades de fallecer de forma inesperada, un 68% las de sufrir un infarto o un ictus y un 50% las de tener una úlcera o una hemorragia estomacal.

El ya citado Dr. Sahib cuenta por su parte que en Reino Unido, el paracetamol causa de 100 a 150 muertes al año. Y calcula que en Estados Unidos las sobredosis son ya causa de unas 56.000 visitas a los servicios de Urgencias, de unas 26 000 hospitalizaciones y de unas 450 muertes al año.

Y este mismo año -2015- se ha publicado en Clinical Medicine Insights Pediatrics un estudio del doctor Kishour Kumar titulado Pattern of Adverse Drug Reactions in Children Attending the Department of Pediatrics in a Tertiary Care Center: A Prospective Observational Study (Modelo de las reacciones adversas a los medicamentos en los niños que asisten al Departamento de Pediatría de un centro de atención terciaria: estudio observacional prospectivo) realizado sobre 104 niños que acudieron al Hospital SMGS de la India por reacciones adversas a fármacos constatándose que en el 25.96% de los casos se debió a anticonvulsivos, en el 22,11% a antibióticos y en el 11,53% a antipiréticos.

En cuanto a la práctica generalizada de alternar o combinar paracetamol e ibuprofeno para tratar la fiebre sepa que no tiene fundamento científico. El National Institute for Health and Clinical Excellence (NICE) de Gran Bretaña recomienda de hecho no hacerlo; especialmente por la posibilidad de cometer errores en su administración (dosis insuficientes o sobredosis). Advirtiendo asimismo de que no existen estudios que avalen la conveniencia de combinarlos o alternarlos. Una postura que comparte la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria.

SOLUCIONES NATURALES

En suma, si usted o su hijo tiene fiebre, ¡deje actuar al organismo! Descanse en un sofá o métase en la cama -sin taparse para sudar como se recomendaba antiguamente- y de tiempo para su organismo a que actúe. Eso sí, beba abundante agua de buena calidad para ayudar a su cuerpo a desintoxicarse y combatir la infección e ingiera básicamente mientras dure la fiebre una buena cantidad de alimentos vegetales crudos -preferiblemente ecológicos y de temporada- aunque sin abusar de los zumos (tanto de frutas por su riqueza en fructosa como vegetales por su riqueza en oxalatos). De esa forma proporcionará al organismo los principales nutrientes que necesita. Y, por supuesto, vigile la fiebre actuando si sube de 40ºC -y solo en ese caso- para lo cual puede poner paños mojados con agua fría en la frente y si no fuera suficiente sumergiéndose en una bañera de agua templada y, una vez dentro, abrir el grifo del agua fría para bajar la temperatura poco a poco. Pasados unos minutos salga, séquese, vístase y repita la operación si es necesario más adelante.

La otra opción es recurrir a productos homeopáticos que además de ayudar a bajar la fiebre estimulan el sistema inmune en lugar de bloquearlo. Eso sí, deberá ser un médico homeópata quien le indique qué producto, disolución y dosis tomar tras valorar el tipo de fiebre que se padece y optar por alguno de los que se utilizan para ello: Belladona. Aconitum, Apis, Árnica, Arsenicum album, Bryonia, Chamomilla, Pulsatilla, China, Nux vómica, Rhus toxicodendron, Ferrum phosphoricum, Gelsenium, Pyrogenium o Eupatorium perfoliatum.

Elena Santos

Recuadro:


Efectos negativos de los antipiréticos

En Discovery DSALUD hemos advertido con claridad de los peligros de los antipiréticos, analgésicos y antiinflamatorios más usados: el ácido acetilsalicílico (aspirina), el ibuprofeno, el metamizol o dipirona y el paracetamol o acetaminofeno; y de otros menos usados como el naproxeno y el ketoprofeno. Todos los reportajes sobre ellos están agrupados en este enlace: www.dsalud.com/index.php?pagina=farmacos. Potenciales efectos negativos que muchos médicos desprecian de forma vergonzosa y que si bien son similares no son iguales así que vamos a reflejarlos de nuevo aquí -aunque sea de forma resumida- dada su importancia. Estos son los posibles efectos secundarios negativos del…

…ácido acetilsalicílico (aspirina): vómitos, mareos, náuseas, vértigos, rinitis, cefaleas, sudoración excesiva, erupciones cutáneas, urticaria, alteraciones en el sistema nervioso central (tinnitus, pérdida de oído y vértigos), dificultades respiratorias, disnea grave, angioedemas, espasmo bronquial paroxístico, dolor abdominal, hiperacidez gástrica, úlceras gástricas o duodenales, hemorragias gastrointestinales, trastornos hepáticos, hepatitis, hipoglucemia, nefritis intersticial, hipoprotrombinemia, síndrome de reye, necrosis tubular aguda con fallo renal y trombocitopenia secundaria.

…ibuprofeno: problemas gastrointestinales, cardiovasculares, renales, hepáticos, hematológicos y cutáneos además de muy variadas disfunciones en el sistema nervioso central. Entre otras dispepsia, diarrea, náuseas, vómitos, dolor abdominal, hemorragias, úlceras gastrointestinales, estomatitis ulcerosa, perforación gastrointestinal, flatulencia, estreñimiento, esofagitis, estenosis esofágica, exacerbación de la enfermedad diverticular, colitis hemorrágica inespecífica, colitis ulcerosa, enfermedad de Cröhn, anemia, hematemesis, fatiga, somnolencia, cefalea, mareo, vértigo, insomnio, ansiedad, intranquilidad, alteraciones visuales, tinnitus, reacción psicótica, nerviosismo, irritabilidad, depresión, confusión, desorientación, ambliopía tóxica reversible, trastornos auditivos, meningitis aséptica, erupciones cutáneas, urticaria, prurito, púrpura, angioedema, rinitis, broncoespasmo, hinchazón de labios, cara o lengua, secreción nasal aumentada, dificultad respiratoria, eritema multiforme, necrólisis epidérmica, lupus eritematoso sistémico, alopecia, reacciones de fotosensibilidad, el síndrome de Stevens-Johnson, necrólisis epidérmica tóxica aguda, vasculitis alérgica e, incluso, reacciones anafilácticas.

…metamizol o dipirona: reacciones alérgicas leves como picor, quemazón, enrojecimiento, urticaria, hinchazón, dolor de garganta, dificultad para respirar y molestias gastrointestinales que en casos muy raros pueden ser graves y poner en riesgo la vida cursando entonces con urticaria generalizada, hinchazón de pies, manos, labios, garganta y vías respiratorias (angioedema), broncoespasmos, alteraciones del ritmo cardiaco, hipotensión, Síndrome de Stevens-Johnson y Síndrome de Lyell, leucopenia, trombocitopenia, agranulocitosis, problemas renales como nefritis intersticial y hasta un shock anafiláctico.

…paracetamol o acetaminofeno. Hasta ahora es al que menos efectos secundarios negativos se le han achacado pero aun así se sabe que puede provocar malestar general, urticaria, dermatitis, reacciones de hipersensibilidad (desde simples rashs cutáneos o urticaria hasta shock anafiláctico que requiere una interrupción del tratamiento), hipoglucemia, alteraciones hematológicas como neutropenia o leucopenia, trombocitopenia, agranulocitosis, anemia hemolítica, hipotensión, piuria estéril, problemas renales, ictericia, hepatotoxicidad, trastornos biliares y agranulocitosis. A lo que cabe añadir lo descubierto recientemente y de lo que se da cuenta en el cuerpo central de este reportaje.

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Diciembre 2015
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