Campaña de CESIDA para impulsar las fraudulentas pruebas de VIH

La Coordinadora Estatal de VIH/SIDA con la complicidad del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, la Plataforma del VIH en España y el dinero de la multinacional farmacéutica Gilead han lanzado una campaña para “impulsar la realización de la prueba del VIH” cuyo desafortunado lema es “Piensa en positivo”. Porque teniendo en cuenta que hablamos de una prueba en la que dar positivo significa oficialmente estar infectado por un virus mortal es evidente que la palabra “positivo” es precisamente la que todo aquel que decida hacerse la prueba querrá apartar de su mente.

En todo caso lo inconcebible de esta lamentable campaña es que las pruebas cuya realización se alienta públicamente no tienen validez diagnóstica alguna, ningún refrendo científico. Hasta el punto de que sus propios fabricantes advierten de su falta de fiabilidad. Tanto los llamados test “rápidos” como los que se hacen en laboratorio -incluidos los llamados “de detección” y “confirmación”- y los test genéticos sólo tienen en común una cosa: la abrumadora documentación científica que los descalifica.
Para empezar, no se puede saber si las proteínas con las que se preparan los test son realmente del supuesto VIH puesto que como llevamos años denunciando éste no se ha aislado ni secuenciado. Por si ello fuera poco resulta que las pruebas no son reproducibles; es decir, varios análisis de la misma muestra pueden dar resultados distintos. A ello hay que agregar que los criterios para establecer el resultado varían de un país a otro, de una marca a otra, de una institución a otra y de un laboratorio a otro porque no son específicos, es decir, no detectan un determinado tipo de anticuerpo sino la mayor o menor concentración de anticuerpos que puede tener cualquier persona. Y, como remate, se han documentado decenas de condiciones y patologías que pueden hacer que los test den “positivo” sin que el VIH y el SIDA tengan nada que ver en ello; entre ellas, sufrir hepatitis, padecer problemas renales, pasar una gripe, haber dado recientemente a luz, haberse puesto una vacuna, haber recibido una transfusión de sangre, haber sido trasplantado, tener altos niveles de grasa….
En fin, desconocemos el grado de información que la actriz Ana Fernández tiene de las pruebas que va a promocionar con su participación en el spot publicitario -fundamentalmente dirigido a la población joven- pero debería ser consciente de que esto no es como anunciar pastas o ensalada y ha asumido parte de responsabilidad en el drama de las aproximadamente 3.500 personas que cada año ven sus vidas destrozadas por un falso diagnóstico que les mete en una dinámica realmente destructiva y, a menudo, mortal. Los que desde luego no tienen excusa son sus compañeros de presentación porque llevan muchos años apoyando las consignas que reciben de las agencias sanitarias norteamericanas dominadas por las multinacionales farmacéuticas. De ahí que nos preguntemos cuándo responderán ante un juez los responsables de este tipo de tropelías…