Comunicado de la Asociación de Afectadas por la Vacuna del Papiloma

El pasado 15 de junio la Asociación de Afectadas por la Vacuna del Papiloma (AAVP) emitió un comunicado -firmado por su presidenta, Alicia Capilla– en el que tras lamentar profundamente lo sucedido al niño de Olot que fue hospitalizado por contraer difteria -enfermedad que según las autoridades sanitarias contrajo porque no había sido vacunado- y mostrar su "solidaridad, apoyo y cariño a la familia del pequeño" manifestó -entre otras cosas- lo siguiente:

"La AAVP no es una asociación 'antivacuna0's dado que si no hubiéramos vacunado a nuestras hijas éstas no hubieran sufrido los efectos adversos de la vacuna del papiloma. Nuestra asociación nació para denunciar la falta de seguridad de una vacuna poco testada y con efectos secundarios graves que consideramos innecesaria no solo por la escasa incidencia del cáncer de útero en nuestro país sino porque la administración de la misma ni tan siquiera evita tener que realizar el control de dicha enfermedad a través de citologías periódicas como se ha hecho hasta ahora".

Añadiendo: "Aprovechar lo ocurrido para generalizar los beneficios de la vacunación sin diferenciar unas vacunas de otras es una actuación  poco rigurosa y  poco ética.  Aprovechar lo ocurrido para querer obligar a los padres a administrar sea cual fuere un medicamento, en una situación sanitaria como la de nuestro país, no puede más que obedecer o a la ignorancia o a intereses más vinculados a lo económico que a lo propiamente sanitario. La AAVP lamenta profundamente que se quiera utilizar un hecho tan lamentable como lo que le ha ocurrido al niño de Olot para querer obligar a los padres a vacunar a sus hijos/as, sobre todo si tenemos en cuenta el desamparo absoluto en el que se encuentran las victimas cuando tienen la desgracia de sufrir reacciones adversas por una vacuna".

El comunicado termina diciendo: "Desde la AAVP esperamos  que impere el sentido común, que se deje ya de criminalizar a los padres del niño de Olot y que cejen ya las amenazas de quienes quieren imponer su criterio, incluso expedientando a los expertos que no lo compartan, en una actitud que podemos calificar suavemente como poco democrática".