Crisis total de la industria farmacéutica 

Que la gente ha empezado a hartarse de tanto fármaco inútil y peligroso lo venimos avisando desde hace tiempo. Y que por eso la industria farmacéutica ha decidido quedarse con el negocio de los suplementos dietéticos y fitoterapéuticos con la complicidad interesada de algunos políticos y funcionarios -tanto en instituciones gubernamentales como internacionales- mediante la restricción de su comercialización ya que no son patentables, también (lea el editorial de nuestro anterior número). Solo que mucha gente se resiste a creerlo.
Pues bien, hasta José Luis de la Serna, subdirector del diario “El Mundo”, lo reconoce ya abiertamente. Lea el lector lo que publicó en su columna hace unos días: “La industria farmacéutica está pasando una de las peores crisis de su historia. La base de un negocio considerado por muchos analistas tan rentable o más que la banca o las petroleras ya está dando muestras de agotamiento. Las compañías que venden medicinas dependen de su capacidad para desarrollar y sacar al mercado -y con frecuencia- fármacos novedosos que remedien o palien los problemas que tienen los pacientes. Durante décadas, la metodología con la que se conseguían estos productos ha dado, en general, muy buenos resultados. Sin embargo, ahora hay evidencia clara de que el camino por el que ha transitado la investigación con la que se obtenían productos farmacéuticos ha llegado a su fin. La industria del medicamento no tiene hoy en día una cartera de nuevos productos con la que encarar con optimismo los próximos años. La crisis es muy seria”.
De la Serna cuenta luego que ello ha llevado a Novartis -la multinacional con sede en Suiza- “a dar posiblemente uno de los pasos más espectaculares que se han visto en los últimos años en el intento de paliar el riesgo de quedarse, con el tiempo, con poco que vender. Su presidente ejecutivo, Dan Vasella, ha trasladado toda la investigación innovadora de Novartis a Boston (EEUU) y la ha colocado en medio del campus del Instituto de Tecnología de Massachusetts (el mítico MIT). Allí se están preparando 150.000 metros cuadrados de laboratorios capaces de acoger en los próximos años a varios centenares de los mejores científicos del mundo.”
De la Serna añade que al frente estará el doctor Mark Fishman, quien le manifestaría lo siguiente: “Nuestra misión es intentar que a finales de esta década hayamos conseguido una forma de obtener medicinas completamente diferente a la que existe ahora”. Agregando que “ahora el desafío se centra en entender en profundidad el mecanismo de las enfermedades” ya que“así la aproximación terapéutica se hará desde el conocimiento de la biología molecular de cada problema”.
Comenta entonces De la Serna que “incluso esa expresión, relativamente moderna, lleva camino de quedarse obsoleta ya que Fishman, como otros científicos, cree que ‘hay que integrar la biología, los genomas, las técnicas de imagen y los modelos animales de las enfermedades’. Así, en Biomedicina se está acuñando un nuevo término con el que denominar esta nueva metodología. ‘De lo que tenemos que hablar es de la biología o patología de los sistemas, más que de las moléculas, las células o los tejidos’, dice el experto.
Casi toda la innovación que en el futuro se vea en terapéutica dependerá, por supuesto, del genoma. Pero Fishman es tajante al recordar la complejidad de comprender cómo actúan los 30.000 genes que existen en el hombre y las 250.000 proteínas que éstos codifican. Según el cardiólogo, ‘el desafío consiste en entender el funcionamiento de los genes en red, sin olvidar la influencia que el medio ambiente también tiene sobre ese funcionamiento’”.
Y termina diciendo de la Serna: “El cambio de paradigma tan marcado que vaticina Fishman no sólo alcanzará a la investigación y desarrollo de los fármacos. Para este científico, y para muchos otros, habrá que rediseñar completamente los ensayos clínicos. Éstos deberán responder con mucha definición a preguntas médicas muy específicas, al contrario de lo que sucede ahora. ‘Primero tendremos que tener claro el mecanismo de una patología, luego encontrar a la población en la que intentar modificar este engranaje y después tener el paraguas biotecnológico con el que probar este concepto en el humano’”.
Hasta aquí lo dicho básicamente en el artículo de José Luis de la Serna. Texto que, una vez leído, obliga a unas simples preguntas: después de los comentarios de Fishman, ¿a alguien le queda aún alguna duda sobre la validez real de las terapias farmacéuticas actuales? ¿No les hace sonrojarse de vergüenza a nuestros médicos y autoridades sanitarias tal confesión?