El Instituto Catalán de Farmacología cuestiona cinco grupos de medicamentos 

Los fármacos en los que el Ministerio de Sanidad y Consumo se gasta más dinero no son más eficaces que otros, se desconocen a veces sus efectos secundarios y encima son más caros. Tal es la valiente denuncia que puede leerse en el Butlletí Groc (Boletín amarillo), órgano de la Fundación Instituto Catalán de Farmacología del Hospital Vall d'Hebrón que dirige Joan-Ramón Laporte.
"La mayoría de los (medicamentos) que generan más gasto son los nuevos, protegidos por patente, los cuales, mal o poco evaluados y a un precio de venta desorbitado, aportan un progreso terapéutico mínimo, nulo o incierto, y en ocasiones perjudicial para la salud de los pacientes", se dice textualmente. El informe centra su acusación en cinco tipos de fármacos: las estatinas (recetadas para bajar el anticolesterol), los antipsicóticos “atípicos”, los antidepresivos, los medicamentos para la osteoporosis y los antihipertensivos.
La atorvastatina, por ejemplo, fue el medicamento que más gasto generó al Sistema Nacional de Salud en el 2003. Un año después otra estatina, la simvastatina, disminuyó su precio cuatro veces hasta alcanzar los ocho euros al haber caducado la patente. Bueno, pues el sistema sanitario continúa gastándose más dinero en el primer compuesto a pesar de que cuesta unos 20 euros más y no es mejor. Luego, ¿por qué se receta más? A ver, que los médicos se expliquen…
"La preferencia de algunos prescriptores por la atorvastatina –se dice en el informe que comentamos- no parece justificada: es la estatina para la que se tardó más en disponer de pruebas de eficacia clínica sobre variables de morbimortalidad y las pruebas de su eficacia en la prevención de la cardiopatía isquémica están rodeadas de incertidumbres”.
Otros fármacos que dispararon sus ventas son los antipsicóticos “atípicos” que surgieron como alternativa a los clásicos porque parecía que causaban menos efectos extrapiramidales (movimientos involuntarios como el Parkinson). Sin embargo, tras estar en el mercado se comprobaría que ni son más efectivos ni tienen menos efectos secundarios. Además se están empleando en pacientes con demencia cuando no sirven para ello. Laporte añade que su uso "está desaconsejado en personas mayores de 65 años ya que aumentan el riesgo de sufrir un infarto cerebral o incluso de morir".
El informe también denuncia, en lo que a los antidepresivos se refiere, que lo que se llamaba ansiedad en los años 70 y 80, y se trataba con benzodiacepinas se llama depresión desde que se lanzaron los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (IRSS) en los años 90. Así que los antidepresivos ISRS desplazaron a las benzodiacepinas. ¿Porque eran más efectivos? No. Porque las benzodiacepinas ya no estaban protegidas por la patente y los RSS sí. El negocio es el negocio.
Laporte también denuncia el injustificado y exagerado gasto en fármacos para tratar la osteoporosis –los bifosfonatos- porque los casos minoritarios en que se podría justificar su prescripción no explican unas cifras de venta tan abultadas.
Por último denuncia que a pesar de que está demostrado que dos fármacos para disminuir la tensión arterial -la doxazosina y la amlodipina– pueden ser potencialmente dañinos para el sistema cardiovascular… son los antihipertensivos por los que el estado paga más. ¿Lo entiende usted, amigo lector?¿Duda aún de la corrupción de nuestro sistema sanitario?