Las personas iracundas tienen más riesgo de padecer problemas cardiovasculares

 

Que los pensamientos y las emociones inciden en la salud lo saben todos los que comprenden que el ser humano está integrado por un espíritu, una mente -que se manifiesta a través del cerebro- y un cuerpo físico. Como lo saben los médicos menos materialistas; por ejemplo, cualquier experto en Psiconeuroinmunología. Pues bien, un nuevo descubrimiento viene a avalar “científicamente“ –como si hiciera falta- ese hecho. Y es que un grupo de investigadores estadounidenses de la Duke University Medical Center acaba de constatar que las personas iracundas, las que reaccionan fácilmente con hostilidad, producen un nivel elevado de una sustancia ampliamente relacionada con las dolencias cardiovasculares y el infarto cerebral: la proteína C-reactiva (CRP). Se trata de una proteína producida por el hígado que se encuentra de forma habitual en las placas ateroscleróticas. Según los expertos esto explica muchos de los episodios cardiovasculares en personas que no reúnen los clásicos factores de riesgo: obesidad, sedentarismo, consumo de tabaco, exceso de alcohol…
Los mismos investigadores ya habían constatado en estudios anteriores que las personas iracundas también producen un exceso de norepinefrina, la llamada “hormona del estrés”. Y se sabe que una presencia excesiva de la misma provoca inflamaciones crónicas que se caracterizan también por registrar elevados niveles de la proteína C-reactiva.