Recomiendan aprobar la “viagra” femenina

El citrato de sildenafilo -que se vende como Viagra, Revatio y otra marcas- hizo furor en todo el mundo cuando al usarse para tratar la hipertensión arterial y la angina de pecho se descubrió que inducía notables erecciones del pene y Pfizer decidió comercializarlo para la disfunción eréctil obteniendo gigantescos beneficios. No pareciendo importarle a nadie que pueda provocar náuseas, mareos, vértigo, jaquecas, migrañas, congestión y secreción nasal, bronquitis, rinitis, sinusitis, sequedad de boca, tos, dispepsia, gastritis, reflujo gastroesofágico, malestar estomacal, gastroenteritis, distensión abdominal, retención de líquidos,  trastornos oculares, hemorragia retiniana, irritación ocular, hiperemia ocular, visión borrosa, neuropatía óptica isquémica anterior, fotofobia, cromatopsia, cianopsia, anemia, celulitis, gripe, ansiedad, insomnio, temblores, parestesia, sensación de ardor, hipoestesia, rubefacción, epistaxis, hemorroides, alopecia, eritemas, sudores nocturnos, dolor en extremidades, mialgias, dolor de espalda, pirexia… Es más, se han documentado otros efectos secundarios severos como arritmia ventricular, infarto de miocardio, infarto cerebral, priapismo, hipotensión severa, incremento de la presión interna del ojo y pérdida repentina de la capacidad auditiva. Y eso que hay productos naturales que consiguen lo mismo sin tales efectos secundarios como vamos a dar a explicar en el próximo número de la revista.

Pues bien, un comité asesor de la FDA acaba de proponer que se apruebe un nuevo negocio que ya se postula como la “viagra femenina”; se llama Flibanserin, lo produce la empresa Sprout Pharmaceuticals y se supone que incrementa el deseo sexual actuando químicamente sobre el cerebro. Proponiéndose como indicación terapéutica “atender la disminución crónica del deseo sexual femenino que cause aflicción”. Vamos, que pretende venderse a todas las mujeres a las que su pareja no les excita ya -situación absolutamente normal catalogada como “enfermedad” por los psiquiatras que la han bautizado como  “Desorden del deseo sexual hipoactivo” y que se supone afectaría “al 7% de las mujeres en situación de pre-menopausia”. Porque resulta que a la industria el hecho de que a muchas mujeres nos les exciten sexualmente sus parejas -ocasionales o habituales- les parece una “enfermedad” que hay que tratar farmacológicamente; lo que exigiría tomar Flibanserin ¡a diario! Y eso que ya se sabe que ese fármaco puede provocar falta de aliento, náuseas, vértigo, desmayos, bajadas de presión arterial, latidos irregulares del corazón e incluso tumores de mama… antes de empezar a comercializarse. Lo grotesco es que los 18 expertos del comité que votaron a favor -6 se opusieron- reconocen que sus supuestos beneficios son “marginales” o “moderados”.

No nos vamos a andar con rodeos: la aprobación de este fármaco demostraría una vez más la podredumbre del sistema de legalización de fármacos