REPARANDO UNA ARTERIA ROTA

 

Un equipo de médicos del Guy’s Hospital de Londres ha perfeccionado una técnica mínimamente invasiva que permite reparar las roturas más graves de una arteria. La aorta -principal arteria que sale del corazón- se rompe muchas veces bien por traumatismos, bien por aneurismas a causa de problemas degenerativos, sobre todo en las personas mayores. Grave problema por el que mueren entre el 80% y 90% de quienes lo sufren en el mismo lugar del accidente o posteriormente, durante su traslado al hospital o a la sala de operaciones.
Como el lector sabrá, nada más salir del corazón la aorta forma una curva muy pronunciada -llamada cayado- cuando dirige la sangre a toda presión al cerebro, al tórax, al abdomen y a las extremidades inferiores. Alta presión sanguínea que puede hacer que el cayado de la aorta se fije a uno u otro lado produciendo un desgaste de la pared que puede llegar hasta la rotura. Y cuando ésta se produce el tiempo de reacción para poder hacer algo es muy pequeño.
Pues bien, el equipo del Guy’s Hospital ha perfeccionado la técnica de intervención endovascular que combina la radiología con la cirugía a fin de evitar las operaciones cardiovasculares. De hecho, aunque se encuentra todavía en sus primeras fases ya ha sido aplicada con éxito a un buen número de personas en el Reino Unido.
Consiste en «sujetar» la parte más débil de la arteria con un tubo interior llamado esteno que se utilizaba hasta hace poco sólo en Odontología y que se usa ahora en las arterias que se bloquean. Básicamente es un tubo de alambre de nitinol (níquel y titanio), una aleación que tiene “memoria”. Antes de insertarlo en el interior de la arteria, el tubo se contrae hasta que su grosor se reduce a unos pocos milímetros de diámetro. Luego se hace una incisión en el abdomen del paciente y se introduce dentro de un catéter hasta que llega al lugar donde se ha producido la rotura de la arteria. El recorrido del catéter se vigila a través de rayos X. Cuando llega al lugar previsto, el calor del cuerpo hace que el tubo de alambre o esteno recupere su forma original y recubra todo el interior de la aorta pudiendo permanecer así durante toda la vida del paciente.
Actualmente ya se utiliza esta técnica con estenos mucho más pequeños para curar aneurismas de la parte abdominal de la aorta. La diferencia es que aquí se usan estenos de mayor diámetro (de hasta 46 mm.), más adecuados para la zona más ancha de la aorta.
Antes de la aparición de esta técnica los aneurismas sólo se curaban mediante cirugía y había una alta tasa de mortalidad pues en muchos casos el paciente ha perdido para entonces mucha sangre.