Antiinflamatorios: uno de los negocios más rentables… y vergonzosos

 

El reciente escándalo de los antiinflamatorios COX2 -conocidos como “superaspirinas”- ha dejado de nuevo al descubierto la falta de ética de buena parte de las multinacionales farmacéuticas. El escándalo del fármaco Vioxx comercializado por Merck Sharp & Dohme y retirado del mercado por haber causado miles de muertes tiene seriamente preocupada a la gran industria que parece dispuesta a abandonar sus agresivas promociones mientras ve cómo las agencias reguladoras se vuelven más estrictas. ¿Se justifican los medicamentos que se indican para combatir las inflamaciones? Lo analizamos en profundidad pero todo apunta que no es así en absoluto.

Las patologías asociadas con la inflamación crónica son -según una investigación realizada por el Hospital General de Guadalajara- la primera causa de invalidez permanente en nuestro país y la tercera de bajas temporales. Casi la mitad de los españoles padecen una enfermedad reumática aguda o crónica. Pocas personas hay que en su entorno no tengan a alguien afectado por alguna de las manifestaciones de esta amplia familia: artritis, artrosis, cervicalgia, fibromialgia, osteoporosis, lumbalgia, espondilitis, lupus y muchas otras.

En los últimos años los grandes laboratorios utilizaron todo su arsenal comercial para convencer a los pacientes y, sobre todo, a los médicos de que depositaran sus esperanzas en los denominados AINES (antiinflamatorios no esteroides), inhibidores selectivos de la COX2. Bautizados coloquialmente como coxibs y superaspirinas sus enormes posibilidades antiinflamatorias y analgésicas fueron extendidas a los cuatro vientos y sus ventas se multiplicaron en los últimos años. Tan sólo en el 2003 el mercado de ventas de antirreumáticos no esteroideos alcanzó los ¡doce mil cuatrocientos millones de dólares!

Sin embargo, ya desde comienzos del 2000 las sospechas de que sus efectos secundarios a nivel cardiovascular podían ser gravísimos comenzaron a ser un secreto a voces. Durante bastante tiempo los fabricantes consiguieron tapar la realidad -incluso con la ocultación de datos- llegando a convertirse en auténticos medicamentos estrellas, siempre en las listas de los más vendidos. Pero el escándalo acabó saltando a la luz en el 2004 cuando la multinacional Merck Sharp & Dohme decidió retirar del mercado –dicen que por decisión propia- el rofecoxib (Vioxx) ante la posibilidad de que fuera el responsable de miles de muertes, más de 30.000 según las primeras estimaciones aunque podrían llegar a ser más de 100.000 según la prestigiosa revista The Lancet. Una decisión que dejó al descubierto la negligencia de la FDA -la agencia del medicamento norteamericana- ya que había sido avisada mucho antes de los peligros del Vioxx por David Graham, uno de sus investigadores, sin que hiciera nada.

2005, UN MAL AÑO PARA LOS AINES 

Durante el 2005 la negra nube de la sospecha se fue extendiendo al resto de los antiinflamatorios hasta el punto de que el doctor Jesús Tornero -presidente de la Sociedad Española de Reumatología (SER)- presentó durante el XXXI Congreso de Reumatología celebrado en Las Palmas de Gran Canaria un documento en el que llegó a afirmar: “Existe la necesidad imperiosa de aclarar definitivamente el riesgo de los coxibs y de los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) ya que hay un grupo importante de pacientes que responde bien a estos fármacos y no debemos privarles de un tratamiento que controla los síntomas de su enfermedad”. Y es que la gravedad de lo que se va conociendo sobre los efectos secundarios ya no sólo afecta a los coxibs sino a la totalidad de los antiinflamatorios.

Los coxibs osuperaspirinas surgieron como alternativas a los AINES tradicionales porque presuntamente carecían de sus efectos negativos y no provocaban complicaciones hemorrágicas gastrointestinales pero la verdad es que no sólo tienen gravísimos efectos secundarios sino que además tampoco parecen ser mejores.

En el mes de junio del pasado año, tratando de salir al paso de la tormenta desatada tras el escándalo Vioxx, la Agencia Europea del Medicamento concluía que los inhibidores de la COX2 aumentan efectivamente el riesgo de problemas cardiovasculares, especialmente los infartos cerebrales y de miocardio. Y hacía, entre otras, las siguientes salvedades a la hora de recomendar los coxibs: contraindicarlos en pacientes con patología coronaria isquémica o cerebrovascular, no recomendarlos a personas con problemas circulatorios en las piernas (arteriopatía periférica) y recomendarlos con mucha precaución a personas con factores de riesgo de enfermedad coronaria como hipertensión, diabetes, hipercolesterolemia o tabaquismo. Pero teniendo en cuenta la edad y tipología de la mayoría de los pacientes que padecen inflamaciones crónicas o enfermedades reumáticas, ¿de verdad queda alguien a quien según esos criterios se les podría seguir recomendando tales medicamentos sin peligro? Pues parece que sí. La propia Agencia Europea del Medicamento -cuyas indicaciones ha seguido después la Agencia Española- decía que teniendo propiedades analgésicas semejantes a las de los antiinflamatorios clásicos como los coxibs no provocan problemas digestivos -úlceras y hemorragias gastrointestinales- podían recomendarse a los pacientes con riesgo de sufrir ese tipo de complicaciones. Sólo que apenas un mes después la FDA solicitó a todos los fabricantes de AINES que requieren receta -incluyendo el más vendido, el celecoxib (Celebrex)– que modificaran el etiquetado de sus productos para incluir una alerta con un recuadro en negro resaltando el aumento de riesgo de problemas cardiovasculares y también ¡el de sangrado gastrointestinal!

Nacidos para solucionar los problemas de hemorragias gastrointestinales de los anteriores antiinflamatorios resulta pues que los coxibs, las superaspirinas, también pueden acabar provocando hemorragias gástricas. Algo que quedó confirmado cuando el dos de diciembre el HealthDay News, haciéndose eco de una investigación publicada en el British Medical Journal, señalaba que realmente no existen evidencias suficientes para corroborar las afirmaciones sostenidas durante los últimos años de que los medicamentos analgésicos conocidos como inhibidores de la COX2 son menos perjudiciales para el recubrimiento del estómago que muchos medicamentos antiinflamatorios tradicionales como la aspirina.

Según la citada publicación “si bien los medicamentos inhibidores de la COX2 fueron diseñados específicamente para brindar alivio del dolor sin los graves efectos secundarios gastrointestinales relacionados con los AINES tradicionales ‘no hallamos evidencia constante de mayor seguridad para eventos gastrointestinales con ninguno de los nuevos inhibidores de la ciclo-oxigenasa-2 (COX-2) en comparación con medicamentos antiinflamatorios no esteroides no selectivos’, concluyeron los autores”.

Algunas de las citas sobre esta investigación son esclarecedoras. El doctor A. Mark Fendrick -profesor de Medicina Interna y Gestión y Políticas de la Salud de la Universidad de Michigan- afirma: “El hecho de que los usuarios de inhibidores de la COX2 tuvieran índices más altos de eventos gastrointestinales adversos que los que no eran usuarios no me sorprende”. Añadiendo: “Que un medicamento pueda ser un poco más seguro que otras alternativas no significa que sea completamente seguro”. El doctor Eric Matteson -profesor del Colegio de Medicina de la Clínica Mayo en Rochester (Minnesota, EEUU)- es tajante en su apreciación: “Estos medicamentos se promocionaron alegando que no producían complicaciones gastrointestinales y es absolutamente falso. En la práctica médica real la utilidad de estos medicamentos es muy baja cuando se trata de reducir el riesgo de efectos secundarios gastrointestinales de consideración”. Y concluye : “Todos los AINES aumentan el riesgo de problemas estomacales, incluidas las úlceras y las hemorragias que pueden ser graves e incluso mortales. Y esto también se aplica para los inhibidores de la COX2”.

¿Cual es el futuro de los coxibs entonces? ¿Hemos asistido una vez más a la vieja táctica de las multinacionales de sustituir fármacos viejos con otros nuevos, más caros y acompañados de todo tipo de promesas, pero al final no más efectivos?

Incluso hay quien se plantea sobre las verdaderas razones por las que el Celecoxib -de venta en España- sigue comercializándose a pesar de las dudas que su uso plantea. En un artículo publicado en Revue Prescrire el pasado julio-agosto titulado El celecoxib todavía está en el mercado, ¿pero para beneficio de quién? se recuerda entre otras cosas que “el rofecoxib (Vioxx) se retiró del mercado en el 2004 cuando un ensayo clínico parecido al estudio APC demostró un aumento de 7,5 eventos cardiovasculares por 1000-pacientes/año en terapia con rofecoxib versus placebo, el mismo nivel de riesgo que se había observado con el celecoxib”. Y recuerda entre otros estudios que en un ensayo clínico controlado de celecoxib con placebo en donde 425 pacientes de Alzheimer recibieron tratamiento durante un año la tasa de mortalidad general fue más alta en el grupo tratado con celecoxib. La revista concluye: “La historia del celecoxib es un ejemplo de la ineficacia de las agencias del medicamento europea y americana: el celecoxib sigue en el mercado y los pacientes siguen todavía expuestos a los peligros de un medicamento que no aporta ningún progreso terapéutico”.

Algunos podrán pensar en que siempre quedarán los antiinflamatorios de siempre, ¿no? Pues ni eso. Los efectos cardiovasculares de los coxibs han hecho que todos los AINES comiencen a ser mirados con lupa. Y las cosas tampoco parecen pintar demasiado bien para ellos. Las doctoras Julia Hippisley-Cox y Carol Coupland -de la Universidad de Nottingham– realizaron un estudio entre la población del Reino Unido cuyos resultados publicaron en el British Medical Journal el pasado mes de junio. Según el estudio los AINES están asociados con un aumento en el riesgo de infarto de miocardio. El Diclofenac y el ibuprofeno parecen suponer tanto riesgo incluso como el rofecoxib según las autoras del estudio. “Pensamos que existen suficientes motivos de preocupación –afirman-como para reconsiderar la seguridad cardiovascular de todos los AINES”.
Llegados a este punto habrá que replantearse pues si los AINES son la única alternativa que les queda a los enfermos reumáticos crónicos. Y la respuesta es NO.

LOS PROCESOS INFLAMATORIOS 

La visión reduccionista de la medicina farmacológica considera la inflamación un proceso que hay que combatir y por tanto ha centrado sus esfuerzos en buscar medicamentos capaces de eliminarlo al igual que se hace con el dolor. Y lo consiguen… pero inhibiendo algunos de los procesos de respuesta naturales en nuestro organismo. El resultado es que el paciente, tras la aplicación de antiinflamatorios durante unas cuantas horas y debido a esa inhibición, se ve libre de los síntomas pero esa aparente calma, presentada como un éxito, a la larga no lo es. La inhibición de determinadas sustancias naturales puede causar graves perjuicios al organismo en forma de gastritis, anorexia, dispepsia o úlcera gástrica y potenciar el efecto gastroerosivo de otros medicamentos. Sin contar, claro está, con los temidos efectos cardiovasculares producidos por la última generación de antiinflamatorios. Es evidente pues que la respuesta a largo plazo no puede estar en el consumo de los medicamentos de síntesis.

Si a un paciente que tiene artrosis en una rodilla –apunta en ese sentido el doctor Santiago de la Rosa, presidente del la Comisión de Médicos Naturistas del Colegio de Médicos de Madrid- se le aplica un antiinflamatorio el dolor agudo y la inflamación posiblemente remitan pero si no se hace nada más la dolencia se convertirá en un padecimiento crónico. Es en ese momento cuando los pacientes acuden a las terapias naturistas para ser tratados de manera biológica: desintoxicando los tejidos, oxigenándolos y nutriéndolos mediante el uso de terapias como la Ozonoterapia, la Mesoterapia homotoxicológica-antihomotóxica, la Homeopatía, los remedios a base de plantas y minerales o mediante biorresonancia. En caso contrario el resultado final puede ser acabar con una prótesis de rodilla. Y ello por no ayudar fisiológicamente al organismo en vez de inhibir sus procesos naturales con antiinflamatorios impidiendo su autorreparación. La rodilla es parte de un todo. Y si esa sintomatología se da de manera continua es por la acidez de sus tejidos y los circundantes, por la falta de una buena vascularización, oxigenación y nutrición de los mismos, porque no hay una adecuada eliminación de tóxicos desde la célula al espacio extracelular,  de éste al vascular o linfático y después al intestino o al urinario. Tratando de revertir esa situación de manera adecuada y fisiológica esa artrosis de rodilla no irá a más, es decir, no continuará degenerándose. Debemos ayudar al organismo, no coartar sus métodos de curación naturales. Y en ello, por cierto, juega un papel fundamental la alimentación”.

LA ALIMENTACIÓN COMO PREVENCIÓN

Son muchas las razones que explican la necesidad de una dieta adecuada como base principal para la atención de situaciones de inflamación crónica. Como señalábamos en los números anteriores de nuestra revista el doctor Jean Seignalet -en su obra La Alimentación, la 3ª Medicina- afirma precisamente que los modernos hábitos alimenticios son la principal causa de la mayor parte de las patologías crónicas que en la actualidad padecemos. “Creo que la alimentación moderna –señala Seignalet- es un factor fundamental en el origen de los reumatismos inflamatorios pero también interviene en un buen número de afecciones reumatológicas consideradas degenerativas, metabólicas e incluso de carácter desconocido”. Seignalet augura un alto porcentaje de mejorías -a medio y largo plazo- a todo paciente con algún proceso inflamatorio crónico que modifique simplemente sus hábitos alimenticios ajustándose a su dieta que, básicamente, consiste en la total exclusión de los cereales en la alimentación –a excepción del arroz y el trigo sarraceno-, la completa exclusión de la leche animal y sus derivados, consumir la carne, el pescado y el marisco crudos o, al menos, nunca fritos o preparados a menos de 80ª C, el consumo de muchos productos crudos, la utilización de aceites vírgenes obtenidos por primera presión en frío y la preferencia por productos biológicos (los detalles de la dieta recomendada por Seignalet puede consultarlos en los números 78 y 79 entrando en nuestra web: www.dsalud.com). Es igual de útil, por cierto, seguir La Dieta Definitiva.

Y no sólo es que una dieta adecuada proteja nuestra mucosa intestinal e impida que desde allí se filtren a la circulación general moléculas que pueden acabar afectando las distintas partes del organismo como indica Seignalet, en este caso deteriorando a los cartílagos. “Cuando hay una lesión -señala el doctor De la Rosa- nuestro organismo produce ácido araquidónico al romperse las membranas celulares. Y éste, al ser liberado,  daña los tejidos vecinos provocando una inflamación fisiológica que favorece el intercambio de sustancias entre la lesión y el organismo para facilitar su curación. Por otra parte ese mismo ácido araquidónico se encuentra también en la membrana celular de los animales y, por tanto, en los productos cárnicos, los embutidos, los lácteos y la yema de huevo. De ahí que si se comen demasiados de esos alimentos se acumula gran cantidad de ácido araquidónico y como consecuencia una mayor cantidad de prostaglandinas de tipo 2, sustancias que favorecen a la larga todos los procesos inflamatorios”.

Además, por otro mecanismo bioquímico, el ácido araquidónico también puede llegar a afectar al tracto respiratorio produciendo bronquitis crónica, asma, eczemas, neurodermatitis, dolores en general, etc. La alimentación se convierte por eso en una de las principales herramientas para corregir los problemas de inflamación crónica.

Resumiendo, los alimentos pro-inflamatorios son aquellos que por su acidez provocan que los tejidos del organismo se vean obligados a defenderse. Podemos considerar como tales algunos de gran consumo como el azúcar refinada, los cereales y harinas refinadas, las grasas saturadas, los lácteos biológicamente inactivos, las carnes y productos cárnicos derivados, la sal, el alcohol, el café, el tabaco, los aditivos alimentarios, los restos de pesticidas y los alimentos desvitalizados. Frente a ello la realidad es que los más saludables son los que menos consumimos: cereales integrales, aceites vírgenes de primera presión en frío, semillas oleaginosas, pescados, frutas y verduras frescas de la estación… y abundante agua.

Frente a las grasas animales y su producción de prostaglandinas inflamatorias de serie E2 (PGE2) –explica el doctor De la Rosa- los aceites vegetales producen ácidos ricos en prostaglandinas serie 1 (PGE1) y el pescado ácidos de los que se derivan las prostaglandinas de la serie 3 (PGE3). Ambas, las PGE1 y 3, son las más necesarias para nuestro cuerpo. Entre otras cosas porque previenen las inflamaciones y regulan la respuesta al dolor, a la inflamación e hinchazón. Vemos así que la alimentación define mucho la posibilidad de generar procesos inflamatorios en nuestro organismo”.
Cabe añadir a lo dicho respecto a los aceites vegetales que investigadores estadounidenses de la Universidad de Ciencias en Filadelfia (EEUU) dieron a conocer en septiembre del año pasado -en una investigación publicada en la revista Nature- la existencia en el aceite de oliva virgen extra de un compuesto químico denominado oleocanthal que posee propiedades analgésicas similares al ibuprofeno, fármaco antiinflamatorio no esteroideo.

TRATAMIENTO NATURAL DE LAS INFLAMACIONES

Además de crear con la dieta un entorno orgánico donde sea más difícil que se desarrollen procesos inflamatorios crónicos existen otras vías más naturales de combatir los procesos inflamatorios crónicos:

-Fórmulas homeopáticas. Desde hace muchas décadas se utilizan con muy buenos resultados sobre todo cuando se combinan con hábitos alimenticios adecuados y dietas estrictas. Con estos remedios suelen mejorar los cuadros dolorosos articulares o musculares. Dentro de estas fórmulas suele haber árnica, caléndula, millefolium, belladona, aconitun, mercurius solubilis, hepar sulfuris, symphytum, hypericum, etc.

-Tratamientos con hierbas. Entre las que destacan:

El sauce blanco. Potente antiinflamatorio cuyo componente activo es la salicina, el mismo que tratado químicamente da lugar a la aspirina pero sin sus efectos secundarios. Sobre sus propiedades podemos leer en la página web de Botanical:Su contenido en salicina se transforma en ácido salicílico en el organismo inhibiendo las prostaglandinas y reduciendo la sensación de dolor teniendo en cuenta que además de sus propiedades analgésicas también presenta propiedades antiinflamatorias”. Al parecer ya Hipócrates en la antigua Grecia recetaba remedios con hojas de sauce para aliviar problemas relacionados con el dolor. Y muchos otros pueblos de la antigüedad utilizaron las hojas de plantas que contienen salicina para esta finalidad.

El harpagofito o garra del diablo. Los Institutos Nacionales de la Salud en Estados Unidos consideran que existe una “buena evidencia científica” que respalda su uso como antiinflamatorio. En su web Medline se afirma: "Existe cada vez más evidencia científica que indica que el  uso de la garra del diablo es benéfico para el tratamiento a corto plazo (8-12 semanas) del dolor relacionado con la enfermedad degenerativa de las articulaciones u osteoartritis. También puede ser igual de efectiva que la terapia con medicamentos antiinflamatorios no esteroideos como el ibuprofeno (Advil, Motrin) lo que permite la reducción o suspensión de la toma de éstos en algunos pacientes”. La información señala, eso sí, que son deseables más pruebas clínicas al respecto lo que, como bien sabemos, tratándose de una planta es improbable que se lleven a cabo porque no es patentable.

Los fitosteroles -esteroles vegetales: lípidos que se encuentran en los vegetales- del harpagofito inhiben la formación de una enzima que sintetiza prostaglandinas. Esa enzima convierte el ácido araquidónico en prostaglandina G2 (PG2), un importante mediador -como ya dijimos- en la respuesta inflamatoria.

La Artritina.Se trata de un combinado de plantas elaborado en Venezuela por los creadores de la Medicina Sistémica.. “En nuestros centros médicos –afirman- hemos evidenciado la mejoría de un gran número de pacientes con enfermedades inflamatorias articulares tratados con Artritina. También hemos visto a pacientes en estadios muy avanzados de su enfermedad en los que los tratamientos convencionales resultan ineficaces donde Artritina ha mejorado significativamente su calidad de vida y la evolución de la enfermedad”. Cada cápsula de Artritina contiene sulfato de glucosamina, sulfato de condroitin, glycyrrhiza glabra, uncaria tomentosa, cúrcuma longa, harpagopytum procumbens y morinda citrifolia.

-Suplementos nutricionales, regenerantes y antioxidantes. Entre los que podemos destacar:

El sulfato de condroitin. Se trata deun componente del cartílago humano, de los huesos y tendones. El sulfato de condroitin forma parte de una molécula proteica grande (proteoglicano) que proporciona elasticidad al cartílago. Suele extraerse de la tráquea bovina o del cartílago del tiburón y se presenta en cápsulas, tabletas y polvo. En la página web de la Artritis Foundation respecto a este producto puede leerse: “Dos grandes estudios que evaluaron datos de cerca de otros doce estudios sobre el uso del condroitin mostraron una mejoría significativa en el tratamiento del dolor y la inflamación, y mejoraron la función articular”.

El sulfato de glucosamina.La glucosamina es un aminosacárido que desempeña un papel importante en la formación y reparación de cartílagos. Como suplemento se extrae de los cangrejos, las langostas o las conchas de camarones. Durante el último Congreso Mundial de la OARSI (Osteoarthritis Research Society Internacional) celebrado en Boston del 8 al 11 de diciembre se presentaron los resultados del estudio GUIDE (Glucosamine Unum in Die Efficacy trial) realizado en 10 hospitales españoles y 3 portugueses con una muestra de 325 pacientes. Según afirmó entonces el doctor Gabriel Herrero Beaumont -director del Laboratorio de Patología Osteoarticular de la Fundación Jiménez Díaz-UTE y el especialista que ha presentado el estudio a nivel internacional- “esta investigación revela que el sulfato de glucosamina consigue un mayor control del dolor en los pacientes con artrosis de rodilla que el tratamiento estándar con paracetamol”. En opinión de este reumatólogo -recogida en la página del Colegio de Médicos de Madrid– “el estudio GUIDE y otros previos ponen de manifiesto que el sulfato de glucosamina es un tratamiento eficaz y bien tolerado. Tiene una serie de características que le sitúan como una de las terapias más importantes para esta enfermedad por lo que son datos para considerarlo como un tratamiento de primera elección”.

Según los resultados de un ensayo clínico anterior realizado por el doctor Karel Pavelka -director del Instituto de Reumatología de la Universidad de Praga– la progresión de la artrosis puede prevenirse con el sulfato de glucosamina ya que frena el proceso degenerativo de la artrosis. “La mayoría de los tratamientos que utilizamos –explica este reumatólogo- son de carácter sintomático, orientados a controlar los síntomas, principalmente el dolor, pero el objetivo es lograr fármacos que además retarden la progresión de la enfermedad. Dos estudios realizados con sulfato de glucosamina muestran que este medicamento es capaz de enlentecer el desarrollo de la artrosis de rodilla. En definitiva, además de controlar el dolor estaríamos retrasando el avance de la enfermedad”.

Otros suplementos a tener en cuenta en el control de la inflamación son la lisina, la vitamina C, la S-adenosilmetionina, la Niacinamida, la vitamina E, el mejillón verde de Nueva Zelanda, DMSO yel Miristoleato de cetilo.

-Biorregulación biológica. La medicina de biorregulación no trata los síntomas sino que busca regular el sistema nervioso corrigiendo o eliminando las posibles interferencias que le afecten. Esto permite que la información y la energía vuelvan a circular normalmente. Los síntomas desaparecen porque se resuelve la causa. Entre las posibles terapias de biorregulación destaca sobre todo la Acupuntura -regula el simpático y para-simpático o el yin-yang- que cuenta ya con suficiente respaldo científico en el tratamiento de algunas patologías reumáticas crónicas. Jorge Vas -jefe de la Unidad del Tratamiento del Dolor del Centro de Salud del distrito sanitario Sevilla-Sur de Dos Hermanas- demostró en un estudio publicado en el British Medical Journal que puede ser más eficaz para el tratamiento de la osteoartritis de la rodilla que la administración de fármacos antiinflamatorios en solitario. También el pasado mes de julio The Lancet certificaba los beneficios de la acupuntura en la artrosis de rodilla. Y son sólo dos ejemplos.

Otras terapias biorreguladoras a las que puede recurrirse son la Terapia Neural con procaína o lidocaína como agentes reguladores que se inyectan localmente para eliminar interferencias restableciendo así el estado eléctrico del tejido enfermo y facilitar el flujo de información y energía necesario para que el organismo funcione armónicamente (vea en nuestra web -www.dsalud.com- el artículo publicado sobre esta terapia en el número 45) y la Ozonoterapiaya que el ozono de uso médico mejora entre otras cosas la oxigenación de los tejidos y, por tanto, incrementa la disponibilidad energética, posee efecto antioxidante y elimina radicales libres (tiene más información sobre ella en el nº 27 de la revista).
Existen además numerosos dispositivos electrónicos como el Mora, el Quantum o el Quantec que pueden ayudar al control de los procesos inflamatorios crónicos (vea los artículos publicados en los números 68, 78 y 79 respectivamente en www.dsalud.com).

Como vemos existen múltiples alternativas al uso continuado de medicamentos. Obviamente ante una fase de dolor intenso -una ciática, un lumbago o cualquier otra patología realmente dolorosa-, en las crisis agudas o en los peores momentos de una patología crónica pueden usarse antiinflamatorios con el fin de aliviar los síntomas. Pero no olvide que nada curan y que a largo plazo pueden causar daños importantes por lo que una vez superada la fase crítica es mejor que piense en buscar nuevas respuestas a su dolor e inflamación.

Como la toma de antiinflamatorios es cada 8 o 12 horas –incide al respecto el doctor De la Rosa– el organismo en todo ese tiempo no puede desintoxicarse. El paciente no tendrá dolor y se reducirá la inflamación pero eso, que es tan importante para el enfermo, no es igual de bueno para el organismo. Lo que éste quiere y necesita es desintoxicarse para equilibrarse y no degradarse hacia nuevos estados cada vez más degenerativos”.

 

Antonio F. Muro
 

Este reportaje aparece en
80
Febrero 2006
Ver número