Fernando Sánchez Dragó: “Realmente he vuelto a nacer”

Hace un año el popular periodista y escritor Fernando Sánchez Dragó sufría una dramática intervención quirúrgica a vida o muerte para practicarle de urgencia un tripe by-pass en sus maltrechas arterias. Una encrucijada insospechada para quien siempre ha hecho gala de cuidar su alimentación con mimo, ha sido ferviente defensor de la Medicina Natural y no ha visto nunca con buenos ojos la práctica farmacológica. Superado el trance decidió contar su vivencia en un nuevo libro que acaba de ver la luz con el nombre de Kokoro, a vida o muerte. Un buen motivo para charlar a fondo con él.

Mi amistad con Fernando Sánchez Dragó comenzó cuando la vida entrecruzó nuestros caminos hace algo más de quince años. Desde entonces hemos coincidido en muchas ocasiones –programas de radio y televisión, congresos, seminarios, presentaciones…– y siempre ha habido una sintonía personal que subyace más allá de nuestras convicciones, de nuestras coincidencias y discrepancias.Siempre me ha parecido un hombre entrañable que sonríe también con la mirada y a quien le gusta hablar desde el corazón. Un hombre que ama la libertad y se compromete con lo que cree pero que precisamente por eso ha visto salir de su vida a muchas mujeres… que le han marcado a fuego.Aunque ahora, a sus 69 años, asegure que la mujer con la que comparte su vida desde hace una década,Naoko –a la que lleva nada menos que 38 años– es definitivamente su última pareja.

Recuerdo como si fuera ayer que hace ahora poco más de un año, escasos días antes de Navidad, sonó el teléfono de casa mientras cenaba con la familia. Descolgué, respondí con el clásico¿Dígame? y de inmediato una voz tronó a través del auricular:¿Jose? Soy Fernando Sánchez Dragó (siempre me ha hecho gracia que se identifique con su apellido ¡como si su mera voz no fuera una carta de presentación para cualquiera!).¿Qué tal todo?¿Bien? Mira,te llamo porque necesito hacerte una consulta urgente: los médicos acaban de decirme hace un rato que deben operarme a corazón abierto para hacerme un triple by-pass.¿Conoces alguna solución alternativa?» La verdad, me quedé sin habla. Durante un buen rato permanecí en silencio.Pensé unos instantes y respondí: Pero, cuál es la situación exactamente? ¿Y cuándo tienes que dar la respuesta? «Debo contestar en dos horas –respondió–.Dicen que tengo las arterias muy obstruidas, una de ellas en un 75% y la otra casi en el 90%». Pues en ese caso, Fernando, me temo que no tienes otra salida. Ponte en sus manos. Horas después Fernando hablaba con su familia y los médicos y dos días después era operado. Afortunadamente todo salió bien y hoy sigue con nosotros. Lo que yo no esperaba es que incluso un acontecimiento tan trágico como éste –y que me tuvo con el corazón en un puño varios días– le llevara a la decisión de escribir de inmediato un nuevo libro para relatar su experiencia. Un libro que además lleva el título de Kokoro, a vida o muerte, doblemente significativo porque en japonés –la nacionalidad de su compañera Naoko– kokoro significa corazón.

Nada más tener un ejemplar Fernando me lo hizo llegar. Y esa misma noche, después de cenar, empecé a leerlo… y no lo dejé hasta que lo terminé hacia las tres de la madrugada. Claro que no es a mi juicio un libro más de su vasta producción. En él se refleja más que nunca lo que en realidad ha aprendido Fernando en la vida. Las pocas verdades que se llevará tras su largo y rico peregrinaje por el mundo. Expresadas en frases cortas y contundentes merced al juego de autoentrevistarse en un ejercicio de esquizofrenia voluntaria bien logrado. Quise comentárselo en persona y durante una hora mantuve con él la entrevista que aquí transcribo.

–En la primera parte del libro pareces necesitar excusarte por el hecho de que hayan tenido que hacerte un triple by-pass a causa del bloqueo de tus arterias. Parece como si después de haber presumido toda la vida de tus conocimientos sobre salud, de que te cuidabas casi como un monje y de que durante años has tomado tu famoso «elixir de la juventud» lo necesitaras imperiosamente. ¿A alguien de una experiencia vital tan envidiable como la tuya realmente le preocupa lo que piensen los demás sobre tu coherencia?

–No es que me preocupe eso… es que para mí mismo fue un palo porque yo estaba convencido, la verdad, de que físicamente estaba muy bien. Todo el mundo me decía:¡Qué joven pareces! !Y qué vida tan juvenil llevas! Y es verdad que me cuidaba, tomaba mi elixir de la eterna juventud y viajaba a menudo. Sabes que he estado constantemente chapoteando en los territorios de la Medicina. Me ha interesado mucho. Incluso me he dedicado a introducir en España algunos productos poco conocidos aquí.Y un día, de improviso, todo eso se derrumba y me encuentro con que en lugar de estar sano lo que estaba es a punto de morir y yo sin darme cuenta. Puedes imaginar que fue un auténtico redoble de conciencia. No se trata pues tanto de lo que algunos piensen de mí sino de lo que yo mismo pensaba de mí. No podía ni sospechar que pudiera sucederme algo así. Hoy sé que realmente he vuelto a nacer.

–Me llama la atención que en el libro digas que la causa que te llevó a la estenosis, a la obstrucción de tus arterias coronarias, fue el exceso de colesterol.

–No lo digo yo sino los médicos. Yo siempre he cuidado mucho mi alimentación pero no sabía que tanto la leche y sus derivados como las vísceras animales –por ejemplo, los sesos, que siempre me han gustado– lo elevan.

–Pues el colesterol no es la causa principal de los problemas coronarios. Es otro de tantos mitos. La relación entre un nivel alto en sangre de colesterol «malo» y los problemas cardiovasculares no se ha demostrado científicamente jamás a pesar de lo que muchos creen.

–Sin embargo dicen que yo tenía calcificaciones en las arterias debidas al colesterol.

–Eso es lo que dicen muchos médicos porque es lo que les han enseñado pero no es verdad. La mayor parte de las personas que sufren infartos tienen un nivel bajo de colesterol «malo».¿Leíste el libro de Matías Rath Por qué los hombres sufren infartos y los animales no que te mandé en su momento?

–Sí, lo he leído. Me he leído eso y mucho más… ahora. Lo que pasa es que nunca me preocupó ese tema porque en los análisis rutinarios mis cifras de colesterol eran normales. Nunca he tenido el colesterol alto. Bueno, una vez un poquito.Así que aun admitiendo que el colesterol fuera causa de la aterosclerosis me decía“Pues perfecto porque como tengo siempre el colesterol bajo…”. Ahora, en cambio, miro siempre las etiquetas de todos los productos que compro. Y es estremecedor. Por ejemplo, ¿cómo es posible que prohíban el cannabis y permitan las grasas vegetales hidrogenadas? Porque son veneno puro. ¡Y eso es lo que comen nuestros niños!

–Cierto pero su peligro, y perdona que insista, no es el colesterol; en todo caso está en la grasa saturada animal.

–Bueno, claro, la grasa, el nivel de triglicéridos…

–Eso sí, pero no el colesterol. Lo realmente peligroso es un nivel alto de triglicéridos…

–Pues yo siempre he tenido también el nivel de triglicéridos bajísimo y, sin embargo, ya ves cómo tenía las coronarias. Luego hay más factores además de los triglicéridos, ¿no?

–Ciertamente. Además de evitar las grasas saturadas, el alcohol, el tabaco y los hidratos de carbono refinados las enfermedades cardiovasculares se evitan simplemente teniendo en el organismo un nivel adecuado de vitaminas del grupo B y de vitaminas E y C –sobre todo de esta última– además de asegurarse de que no nos faltan cuatro aminoácidos –lisina, prolina, carnitina y taurina– así como coenzima Q-10. De hecho para bajar el exceso de colesterol bastan grandes cantidades de vitamina C en forma de ascorbato ya que esta vitamina lo transforma en bilis que luego se excreta a través del intestino. Eso a nivel físico. Porque tú sabes perfectamente que el estado psicoemocional se somatiza…

–Cierto, cierto. Y de hecho yo me inclino internamente más a pensar que mi obstrucción arterial se debe a mis conflictos con las mujeres…

–También lo he leído en el libro. En él cuentas que llegaste a la conclusión –casi como si hubieras tenido una «iluminación»– de que tu estenosis se debe a las mujeres que han marcado tu vida. No que sean ellas las «culpables» sino que son “la causa”. Porque llegó un momento en que la relación cambió y empezaste a sentirte angustiado. Y, sencillamente, te entró cargo de conciencia y lo somatizaste.

–Sí. Experimentación pura.Yo he tenido una prolija vida sentimental y, en efecto, me he dado cuenta ahora de que han sido las emociones, las tensiones y las contradicciones lo que me han ido poco a poco minando. Cuando estás angustiado lo notas en el corazón y en el abdomen que es donde está la energía. Lo somatizas inmediatamente. Así que hoy sé perfectamente cuándo rompí todo mi proyecto de vida. Y fue cuando hace 20 años me separé de mi mujer.Sé que fue entonces cuando empezó mi problema de salud.Porque yo no he padecido ningún otro factor de riesgo cardiovascular. No fumo.Bueno, me fumaba un par de porros diarios pero no tabaco. No soy una persona bebedora. Tomo vino, por supuesto, pero como todo en mi vida, con moderación. Y ni el colesterol ni los triglicéridos daban altos en los análisis. No tenía ningún factor de riesgo de los tradicionales aparte de ser varón y tener más de 45 años.

De hecho yo seguía teniendo –aparentemente, como ha resultado obvio– muy buena salud cuando llegué a la mesa de operaciones.Acababa de estar en Vietnam donde me di una verdadera paliza caminando. Sí, han sido las tensiones emocionales. La confusión con la pasión. Pasión que es padecimiento. La pasión es la enfermedad clave del mundo occidental. La locura del mundo occidental es la pasión. En lo que era el Oriente de verdad las pasiones había que pagarlas. ¿Qué es Buda? Buda es lo contrario de la pasión, de los apegos, de los deseos. Occidente es todo lo contrario: deseo, consumo, quemarse… Quemarse y quemarse en una llama incesante.Compras un coche y al poco quieres uno más grande o más lujoso.Y cuando lo consigues deseas otro aún mejor. El occidental vive de forma insaciable. Sin duda porque quiere llenar el vacío de su vida con cosas y éstas no llenan, no sacian.

–Luego la mayor parte de las personas que enferman deberían acudir antes al psicólogo que al médico.

–O ir hacia ellos mismos. Psicoanalizarse, curarse, darse cuenta de quiénes son. Para empezar a cuidar del espíritu y del cuerpo tienes que averiguar quién eres. Eso en Ciencia es elemental. Estudiar el objeto. El sujeto es el objeto en este caso. Se confunden el uno con el otro. El observador y el observado, por supuesto.

–Curiosamente a raíz de tu intervención quirúrgica muestras un enorme agradecimiento a la Medicina convencional porque te ha salvado la vida. Y esa es una verdad… a medias. Sin la intervención quizás hubieras podido morir, es cierto, pero no lo es menos que has estado en riesgo de muerte debido a las carencias de esa misma medicina. Porque con toda su aparatología no fue capaz de descubrir antes lo que tenías. Te habían hecho análisis de sangre, radiografías, electrocardiogramas, pruebas de esfuerzo, ecografías… y nada de todo ello descubrió el grave deterioro de tus arterias.

–Evidentemente cuando yo digo que la medicina convencional me ha salvado la vida me refiero a partir del momento en que se supo que tenía una estenosis en las coronarias. Y eso fue cuando finalmente me hicieron un escáner con un moderno TAC multidetector de 16 cortes, un sofisticado aparato de última generación. Porque tú sabes que a mí me diagnostican un cáncer y no tengo problema de ir al curandero de la esquina, a rezar a la virgen de Lourdes –en la que no creo– o a Houston a tratarme con un oncólogo. En fin, tocaría sin problema todas las teclas.

Debo reconocer en cambio que mi estupor fue grande cuando me enteré de que la organometría tampoco detecta una estenosis. Ya sabes, ese aparato que mide el nivel bioenergético de los chacras, nadis y meridianos del cuerpo para ver si hay bloqueos y que dicen que permite incluso pronosticar una enfermedad 5 años antes de que se manifiesten los primeros síntomas clínicos. Resulta que yo iba periódicamente a chequearme con él y cuando tras lo que sucedió le pregunté por teléfono al médico cómo el aparato no había detectado mi problema me respondió que eso no lo capta la organometría. Y ya me lo podían haber advertido antes para saber que debería hacer otro tipo de control si quería prevenir esa posibilidad…

–¿Y cómo explican los médicos que no detectaran ningún problema con la prueba de esfuerzo?

–Bueno, no lo detectaron la primera vez pero sí la segunda. En ella sí vieron que tenía una isquemia (falta de riego sanguíneo). Eso es lo que les llevó a hacerme el TAC. Por tanto, si no hacen la segunda prueba de esfuerzo no sé si yo estaría aquí.

–¿Y cuánto tiempo transcurrió entre la primera y la segunda?

–Cinco meses. La verdad es que cuando me hicieron la primera prueba de esfuerzo el mismo cardiólogo que la había encargado se sorprendió de que en lugar de estar el tiempo habitual me tuvieran sólo 4 o 5 minutos. Él mismo me preguntaba:“¿Por qué pararon tan pronto?” Obviamente yo lo ignoraba. Quizás fue negligencia por parte de quien me hizo la prueba. Por otra parte sé que no son procedimientos que funcionen al 100% pero sí pueden ser indicativos. Lo malo es si no te los hacen bien. Lo que asusta de estas cosas es que acudes a dos médicos a pedirles opinión sobre algo y a veces te dicen cosas completamente distintas. Y entonces no sabes a qué carta quedarte. Y luego está esa cosa de la especialización extrema. Actualmente los médicos saben de lo que es su especialidad –suponiendo que sepan–. Pero les sacas de ahí y no saben de nada más. Es decir, que vas a un neurólogo y no sabe de Cardiología; y vas a un cardiólogo y no sabe nada de Neurología. Y no digamos ya si nos adentramos en otros campos, por ejemplo en el de la Genética. Es estremecedor, por ejemplo, que un médico te recete Cialis y no te advierta de que no puedes tomar entonces cafinitrina porque si lo haces se te ponen las venas como las cataratas del Niágara.Yo estuve a punto de morir por eso cuando tuve el primer «aviso» haciendo el amor, como cuento en el libro. Me había tomado una pastilla de Cialis y tenía ya la cafinitrina en los labios cuando algo en mi interior me dijo“No lo hagas”. Y la dejé. Luego supe que si me la llego a tomar en ese momento probablemente hubiera muerto. ¿Cómo no te avisan de algo así?

–Bueno, tú mismo denuncias en el libro que los suplementos de salud de los periódicos empiezan a ser prácticamente folletos publicitarios de lo que dicen los laboratorios y que no hay espíritu crítico por parte de quienes los hacen.

–Sí. Y los errores son tremendos. No se puede jugar con eso. Que se equivoque un periódico en otros temas… pues bueno, pero con la salud no se puede jugar. Los suplementos de salud de los periódicos deberían prohibirse mientras carezcan de rigor.Y hoy carecen de él por completo. Además, oye, vivimos en una sociedad donde todo es ocio, todo es entretenimiento, todo es diversión. La actual cultura es la cultura del ocio. Todo el mundo ji, ji, ja, ja. A mí también me gusta hacer ji, ji, ja, ja de vez en cuando pero no pasarme 80 años de vida, 24 horas al día, haciendo ji, ji, ja, ja. La vida es otra cosa. La vida es entender lo que es el universo, entender quién eres tú, saber organizar emocional e intelectivamente tu vida, tu entorno, tu familia, tus amistades, tu trabajo… Niños pequeños.

–En suma, que la especie humana parece estar infantilizándose…

–Ciertamente. Está embobada.Todo el día mirando la televisión, haciendo turismo, yendo a parques temáticos, llenando los cines, devorando novelas sin contenido… En suma, sustituyendo la realidad por una ficción más agradable. Es realmente penoso. Mucha gente ha caído en el infantilismo. Se vive en un peldaño sentimentaloide, sensiblero, romanticón… Y el hombre es algo más que lagrimitas, lloriqueos o romanticismo. La verdad es que hoy no se puede hablar con casi nadie. Es más, la gente se está olvidando de hablar. Los jóvenes de hoy día no saben ni hablar. Y esto no me lo invento yo. Actualmente llegan los alumnos a los exámenes y a menudo no entienden ni lo que le están preguntando.Y los que sí lo hacen e incluso conocen la respuesta no saben expresarlo, carecen de vocabulario suficiente. Hoy hablan el lenguaje de las televisiones.

–Y no se lee.

–Claro, no se lee.

–Con lo que el nivel cultural es cada vez más bajo.

–Si no lees… no aprendes a leer. Porque leer no es saber que la «m» con la «a» es “ma”. Leer es saber remontarte al valor semántico de las palabras y la juventud no sabe leer. Ni muchos adultos. El libro se está convirtiendo en una mercancía en extinción. Estamos volviendo al mono. Los SMS de los móviles son los gruñidos del chimpancé.

–Te veo hipercrítico.Y en buena medida descorazonado. Al punto de que en el libro afirmas que el «fin del mundo» ya ha empezado…

–Por supuesto que ha empezado. Ahora bien, el fin del mundo es un proceso. La gente identifica el fin del mundo, por influjo del judeocristianismo, con la batalla de Armagedón en la que luchan los «buenos» contra los «malos» donde el bien ganará, la gente aplaudirá y caerá el telón. No señor. Es un proceso que se plasma en el brutal deterioro del ambiente en el que vivimos, del deterioro ecológico.Y por supuesto que eso ha empezado.

–¿Sólo deterioro ecológico o también deterioro ético, político, económico, social…?

–Es un regreso al chimpancé, es el infantilismo creciente, es el deterioro social… Basta encender la tele o salir a la calle para darse cuenta de que el mundo ha terminado. Pero como la gente está tan distraída nadie presta atención. Y en eso consiste el infantilismo: no se dan cuenta de que están metidos hasta el cuello en el fin del mundo y de que en cualquier momento se va a desatar una crisis ecológica brutal o una pandemia tremenda. Estamos danzando al borde del abismo y nadie se da cuenta. En cualquier momento se puede producir una guerra brutal o una rebelión de los virus. El fin puede venir desde la Biología, puede venir por el camino de la enfermedad, puede venir por el camino de la política, puede venir por el camino del medio ambiente… Estamos acosados. La situación es tan mala que el fin del mundo se cierne sobre nosotros como un buitre.

–Dices en el libro que “los hombres de conciencia no pueden tener rutinas”. ¿De verdad lo piensas?

–Sí.Lo pienso yo y lo explicaba Carlos Castaneda en sus dos primeros libros.

–¿Cuándo hablas de rutinas te refieres a hábitos?

–A hábitos, a costumbres. El sabio no tiene costumbres. Vive del presente. Las rutinas son algo que vienen del pasado. Son un condicionamiento que te quita libertad. La sabiduría consiste en vivir en el mundo, en el aquí y ahora. ¿Has visto lo que pone en la solapa de mi libro? Yo soy Nemo, soy Nadie, soy Ulises ante el Cíclope. El Cíclope es el tercer ojo de la sabiduría.Ante el tercer ojo Ulises se desnuda, carece de etiquetas y está empezando a vivir a cada momento, es un niño que renace en cada momento. Eso es la sabiduría. Claro que no hay que tener rutinas. Lo que, por otra parte, no quiere decir que yo no las tenga. Claro que las tengo pero procuro tener la menor cantidad posible de rutinas. Caer en la rutina es inmovilizarse, José Antonio.

–Hay algo en el libro que me ha hecho gracia y es el hecho de que a ti te encanta estar con gente, te encanta el diálogo y, sin embargo dices que no te gusta formar parte de ningún grupo.

–No, no me gusta estar con gente.Yo me he ido a vivir a un pueblo de 8 habitantes donde puedo estar seis meses seguidos sin ver a nadie.A mí me gusta más estar solo.Todos los momentos de soledad en mi vida han sido bonitos y felices. Algunos momentos de compañía también pero no todos. Así que yo tengo más vocación de soledad que de compañía. Lo que pasa es que creo que soy una persona simpática, una persona agradable y, bueno, cuando estoy con amigos lo disfruto. Pero me gusta la cordialidad, no la sociabilidad.

–Maticemos entonces esta afirmación que haces en el libro: “Voy a solas por la vida”. Nadie va solo por la vida.

–Sí.

–No.Todos vamos acompañados.

–El guerrero va solo. En todo caso va acompañado por su pareja, por su yin o por su yang, que le complementa. En este país, por ejemplo, existe la manía de encasillarme. Les molesta una barbaridad que me salga de la casilla. O eres escritor o eres médico o eres periodista o eres de derechas o eres de izquierdas. Y cuando no eres ni de derechas ni de izquierdas y haces un poco de todo la gente te pone a parir porque no lo entiende. Eso es ir solo por la vida.

–Eso es luchar solo pero no eres El Llanero Solitario. No vas solo.Yo creo que tú eres una de las personas en España que va menos solo porque hay mucha gente que va contigo aunque tú no seas consciente de ello.

–Bueno, puede resultar petulante que lo diga yo pero es cierto que tengo seguidores. Pero yo no los busco.

–Y no solamente tienes seguidores: tienes compañeros de camino.

–Sí.También los tengo.

–Y si tienes compañeros de camino ya no vas solo.

–La vida es un arte de encuentros. Sí, estoy un ratito con ellos y luego me voy. Y en cuanto me quieren hacer líder de algo –y esto me pasaba ya en el colegio y en la universidad– me escapo porque no quiero liderar nada. Sí, la vida es un arte de encuentros… pero de encuentros sucesivos. Y de encuentro en encuentro camino en solitario.

–“Para vivir basta la vida”,dices también en tu libro. Ciertamente, teniendo en cuenta que uno no se lleva nada después de la muerte, que sólo se lleva lo que es y no lo que tiene… la sensación es que hay mucho psicópata en nuestra sociedad. Porque mucha gente actúa como si fuera a vivir siempre y se pasa acumulando cosas hasta la vejez. Es un sinsentido.

–Porque la muerte se enmascara, se esconde. Hoy es de mala educación hablar de la muerte. Por eso a muchas personas mi libro les va a dar repelús.La muerte ha desaparecido de la sociedad y, efectivamente, estamos rodeados de psicópatas como bien dices.Aunque lo peor es que los psicópatas encuentran actualmente complicidad o comprensión en todas partes. Sí, se protege a los psicópatas.

–Afirmas también en tu libro que ser honesto en la vida y actuar con ética implica inevitablemente hacerse enemigos o, al menos, adversarios. ¿Realmente lo crees inevitable?

–Por supuesto. ¡Si lo han dicho siempre los sabios! Si no eres como un político de esos que va estrechando lazos a diestro y siniestro porque quiere ganarse el voto de la gente, si tienes unas convicciones y las defiendes… te creas enemigos. Como se los creó Jesús de Galilea, por ponerte un ejemplo megalómano.El enemigo es el que demuestra lo que tú eres, el que demuestra que estás en el sendero y además es el que te estimula, el que te obliga a reaccionar, como la adversidad. Un ejemplo: no tener teléfono móvil. Lo de no tener teléfono móvil es una cosa para mí importantísima. No teniéndolo, si me quedo rodeado de nieve en lo alto de una montaña tengo que salir de apuros yo sólo. Y es así como se crece. Enfrentándose uno a la adversidad. Porque si tengo teléfono móvil y me limito a llamar a la Guardia Civil para que vengan… pues vaya rollo vivir. Si vives en un estado asistencial eres un niño pequeño toda la vida.Todo lo que sea el peligro,la dificultad,los enemigos,los adversarios… te hacen crecer y te forman. En suma, si eres un «guerrero» y no tienes adversarios, ¿qué clase de guerrero eres? ¿Con quien guerreas? ¿Solo?

Mira, lo que más rabia le da a la gente es que seas invulnerable. Por ejemplo, que te echen de televisión, que te cierren Negro sobre Blanco y no te afecte. Porque un guerrero lo acepta y se limita a pensar:“Muy bien, pues volvamos a empezar”.Eso sí que es un auténtico elixir de la juventud. Decir: «Ahora tengo que buscar otro programa, tengo que reinventar». Y ya ves, ahora hago Las noches blancas que a mi juicio es mucho mejor que Negro sobre Blanco. En cambio si lo hubiera seguido haciendo me hubiera instalado en la rutina. Hubiera seguido haciendo siempre lo mismo. De esta forma he reaccionado y todo es magnífico.

–Hablando de tu programa… Dices en tu libro: «Quienes hablan no saben. Quienes saben no hablan». Y la mayor parte de la gente que acude a tu programa habla mucho…

–Es que si se quedaran callados… Se trata de un programa de entrevistas, José Antonio. No seas sofista. No me seas malicioso.

–Me has entendido perfectamente. No estoy refiriéndome a que no abran la boca en el programa. Me refiero a que la mayoría habla mucho cuando no tiene realmente nada que aportar.

–Yo siempre digo que el mundo se divide en dos clases de personas: los que dicen y los que hacen. Casi todo el mundo se pasa la vida diciendo. A mí me interesa la gente que hace.Frente al tener y al estar hay que ser y hacer.Hay cuatro verbos fundamentales en la actividad humana: tener, estar, ser y hacer. Los buenos son ser y hacer.Tener y estar son los malos.Y es lo que hace casi todo el mundo: tener y estar.

“Yo no creo en nada. Soy racional”, dices en otro capítulo del libro. ¿Cómo se compadece eso con creer en el poder de la plegaria?

–Yo no «creo» en la plegaria, sé que funciona porque lo he experimentado. Yo todo lo experimento.Yo soy un místico pero todo místico tiene un laboratorio que es su conciencia. Y en él se pueden llegar a conclusiones que son válidas tanto en China como en España, en el siglo I y en el XXI. Bien, pues yo sé que la plegaria funciona, que tiene un poder de sanación extraordinario. Claro que, al fin y al cabo, ¿qué es la plegaria? Intentar entrar en sintonía con la energía del universo, volver los ojos hacia dentro y conectarse con el alma del mundo. Eso es la plegaria. Por otra parte yo siempre digo que la felicidad y la buena salud dependen de tener la conciencia tranquila.

–En cualquier caso la conciencia no es racional. La conciencia es holística. No es solamente racional.

–Sí, ¿pero cómo sabe uno que la conciencia es holística?

–Experimentándolo.

–Efectivamente. La experimentación es la manera de…

–…pero la experimentación no tiene por qué ser racional. Uno puede experimentar un sentimiento, una emoción…

–Ahí me he expresado mal. Lo que yo quiero decir es que hay que verificarlo todo.Yo sólo admito aquello que verifico. Lo otro me lo cuentan, suspendo el juicio y de aquello que no pueda verificar no opino.

–Eso sí. Es que me sorprendió tu taxativa afirmación de “soy racional”. No, no es verdad. No eres una persona racional. Eres una persona con conciencia amplia. Las personas «racionales» suelen ser fundamentalistas.

–Bien, es posible que no sea la expresión más adecuada. Lo que quería decir con ella es que yo soy científico, que acepto sólo lo que compruebo y no me nutro de meras cuestiones de fe. Mira, he tenido una discusión con un médico sobre la pulserita que llevo puesta, esta tan conocida de las dos bolitas en los extremos que está ionizada. Yo tengo desde hace 20 años un pinzamiento. Se produjo cuando subiendo un día en brazos a mi hija por las escaleras –tenía 3 o 4 años– sentí un desgarro tremendo, un dolor brutal, lacerante. Fui al traumatólogo del Ruber Internacional, me dijo que tenía que hacerme unas radiografías y, entre tanto, me recetó un analgésico para que pudiera dormir esa noche. Bueno, pues un día entré en una farmacia, vi la pulserita –era cuando empezaba a comercializarse– y sin ninguna fe –o sea que no hubo efecto placebo– la compré y me la puse. Recuerdo que costaba 1.700 pesetas. Pero como ya sabes yo lo pruebo todo. Bien pues yo llevaba con ese dolor –aunque no tan acentuado– años. Asíque me la puse y creéme que no había llegado aún a la puerta de salida y ya me había desaparecido el dolor. ¿Que no tiene explicación científica según algunos? Oye, lo que funciona, funciona. El porqué funciona me importa mucho menos.

–Otra frase tuya: “Quien se enamora no ama y quien ama no se enamora”. ¿No es demasiado drástico?

–No.No, porque el amor es lo contrario de la posesión y del enamoramiento, de la tentativa de apoderarte de una persona. Eso es cosificar a la persona y nadie se deja cosificar.A no ser que lleve una vida de sufrimiento indecible todo el mundo reacciona contra la cosificación. El enamoramiento lleva frecuentemente a los celos, luego a la incomprensión y finalmente a los malos tratos. Obviamente si tú no has querido poseer al otro no te vas a sentir frustrado cuando te des cuenta de que no es posible.

–Luego partes de la base de que el enamoramiento implica posesión siempre.

–El enamoramiento sí, el amor no.El amor da, no recibe.Te da igual no recibir. Está bien poder recibir pero no es imprescindible. El amor es dar sin esperar nada a cambio mientras lo que define al enamoramiento es dar y recibir.

–Vayamos con otra afirmación tuya: “Dios no absuelve a los cobardes”.

–Por supuesto.Vivir es correr riesgos. Nacer implica morir. Hay pues que aceptar la inseguridad de la vida y enfrentarse a todo con la sonrisa en los labios y sin tener miedo de nada. Decía Carlos Castaneda: “¿Cuál es el primer enemigo del hombre, del conocimiento? El miedo”. El miedo le derrotó también a él y tardó 11 años en vencerlo y recuperar el camino. Quien tiene miedo no hace nada. Si tienes miedo te quedas paralizado, no sales de casa, no piensas. Hay gente a la que le da miedo leer mi libro porque no quiere pensar en la muerte. Cuando es idiota no pensar en la muerte.Todos nos vamos a morir.

–Sí, pero el problema está en que aquí el miedo está absoluta y totalmente instalado en la sociedad. La gente tiene miedo a todo.

–A todo. Hasta extremos inconcebibles. Cuando en la vida hay que aprovecharlo todo. Mira el caso del libro del que hablamos. Mi drama y mi operación de corazón me han terminado llevando a escribir un nuevo libro y a obtener incluso dinero con ello. Eso es ser guerrero. Mira, tras la operación estuve haciendo rehabilitación cardiaca con personas a las que les hicieron lo mismo que a mí. Bueno, pues la mayoría están abrumados y muchos no se atreven ni a salir de casa.Yo, a los 2 meses de la operación, ya había alquilado un coche y estaba recorriendo Turquía subiendo y bajando escaleras, visitando cuevas, palacios y castillos, conduciendo por aquí y por allá… Eso es tener coraje. Eso es plantar cara al enemigo que en este caso era la enfermedad. Hay que afrontar la posibilidad de morirse. Pero casi nadie lo hace. Es realmente penoso. Es la pusilanimidad más absoluta.

–Bueno, eso mismo pasa hoy con los representantes políticos de todo el mundo. Están todos muertos de miedo.

–Cierto.Todos,todos,todos.Se alimentan de la «corrección política» que no es más que la tapadera del miedo. La corrección política no es más que cobardía.

–Reconozco que no soporto lo políticamente correcto.Y sabes que predico con el ejemplo.

–Ya lo sé, José Antonio. Y yo. En el libro que comentamos hay otra frase, esta vez de Krishnamurti, que decía: “Haz lo que temes y el temor desaparecerá”. Y es verdad. En cuanto haces lo que temes… desaparece el miedo. Te das cuenta de que no hay nada que temer, de que no pasa nada, de que lo peor –entre comillas– que te puede pasar es que te mueras. Bueno, ¿y qué? La muerte es algo natural.

–Una última pregunta. De tu estancia en la UVI tras la operación lo que más me ha sorprendido de lo que cuentas es tu experiencia con el monitor que reflejaba tus constantes vitales. ¿Realmente podías controlarlo mentalmente? ¿Lograbas influir mentalmente sobre él?

–Te doy mi palabra. Me concentraba en él y hacía que las variables cambiaran constantemente. Me pareció tan interesante que al salir he estado investigando todo lo que hay sobre neurobio- feedback. Es más, he encargado un aparato igual para trabajar con él. Estoy dando los primeros pasos en ese camino pero de todo lo que me ha sucedido lo más iluminador, lo más positivo, lo más alegre es que he encontrado esa poderosísima vía de crecimiento. Tengo la certeza interna de que podemos aprender a controlar con la mente la fisiología de nuestro organismo. E incluso de que podemos tener acceso a las bolsas de conocimiento del inconsciente colectivo y del propio inconsciente. Me parece pasmoso.Y voy a profundizar en ello.

–Pues que tengas suerte en tu investigación. Tennos informados y cuídate.

–Lo haré. Un abrazo y hasta pronto.

José Antonio Campoy

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80
Febrero 2006
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