Las esencias florales, al alcance de todos

 

Más allá de las posibilidades de las esencias florales y de la filosofía que subyace en el sistema terapéutico que Edward Bach describió hace 75 años existe un gran vacío en lo referente a la práctica de la consulta propiamente dicha. Por eso Luis Jiménez -especialista en terapia floral y ex presidente de COFENAT- ha optado por representar a través de fotografías -en una obra que acaba de ver la luz- las emociones humanas que Bach describió con el fin de facilitar el trabajo a los terapeutas florales.

Naturópata y experto en esencias florales,Luis Jiménez -ex presidente de la Asociación Iberoamericana de Terapeutas Florales, miembro de la junta directiva de la Unión Europea de Naturopatía, presidente de la Sociedad Científica de Terapia Floral (SPATFLOR) y ex presidente de la Federación Española de Asociaciones Profesionales de Naturópatas (FENACO) y de la Confederación Española de Terapias Naturales y No Convencionales (COFENAT) además de miembro del Consejo Asesor de Discovery DSALUD– presentó el pasado día 27 de noviembre en el marco del IV Congreso Nacional de Terapia Floral celebrado en Madrid un nuevo libro, Tipologías y Flores de Bach. Teoría de las estructuras (editorial Índigo), hecho que aprovechamos para conversar con él sobre su nuevo trabajo.

-Un nuevo libro sobre flores de Bach… sólo que observamos que en él no se habla exactamente de esencias florales.

-El mercado editorial está afortunadamente cargado de propuestas basadas en los escritos originales de Bach y en su repertorio floral así como en los sistemas que con posterioridad han ido surgiendo tras la presentación de las treinta y ocho esencias que dieron comienzo a este fascinante viaje explorativo. Sin embargo, más allá de la ampliación de las descripciones limitantes de las tipologías o facetas egocéntricas de las personalidades que Bach describiera hace más de 75 años, del alcance de las esencias, de su técnica y aplicación, y de los aportes reflexivos sobre la filosofía que encierra el sistema que presentó nos encontramos con un gran vacío en lo que a la práctica de la consulta propiamente dicha de un terapeuta floral se refiere. Por eso desde hace años acaricié la idea de presentar gráficamente, a través de fotografías, las tipologías humanas que Bach describió. Algo que creo favorecerá el reconocimiento de los estados emocionales que expresamos a diario dotando así de una nueva herramienta a los profesionales de esta terapia y a las personas que tienen dificultad para ser conscientes de sus emociones. Y destaco sobre todo la utilidad que tienen en la vida las llamadas “emociones negativas”, punto éste que abre una nueva vía de investigación en el seno de la terapéutica floral para facilitar la transformación de los estados de ánimo limitantes.

-¿Qué cree usted que aporta a la terapia floral con esta obra?

-La aportación que pretendo hacer con este trabajo es la de relacionar por primera vez de forma gráfica y diferenciada los rasgos concretos de los estados emocionales con los que nos identificamos diariamente y de esa forma centrar la atención en las personalidades humanas en lugar de en las flores o en las esencias florales. Hasta ahora cuando pensábamos en la terapia floral llegaba a nosotros de forma inconsciente la imagen de los remedios florales, de las “botellitas” que tanto bien han propiciado a la humanidad desde que Bach elaborase sus remedios. La literatura, los cursos y la información existente sobre este método natural de salud se centra por eso en los remedios y en la descripción de los estados emocionales que las esencias florales equilibran. Y de ahí que el interés puesto por los elaboradores y distribuidores de los remedios florales haya hecho que el gran público se fije en ellos sólo como “remedios para síntomas emocionales” o remedios que palian síntomas físicos atendiendo a los estados emocionales del que los toma. Lo que ha desviado la atención alejándola del verdadero descubrimiento de Edward Bach. Con este libro he querido pues volver al punto original y devolver el protagonismo a las personas presentando los rasgos emocionales como herramientas expresivas imprescindibles para la existencia alejando en lo posible la idea de negatividad que se ha acuñado en los últimos años sobre las descripciones emocionales que Bach presentó a través de su sistema floral. Pretendo ampliar ese enfoque y que ello permita contemplar la verdadera dimensión del trabajo que realizó hace más de 70 años.

¿Quiere decir que emociones como la ira, los celos, el miedo o la tristeza pueden ser positivas?

-No exactamente. Verá, los símbolos en forma de nombre que designan cada uno de los remedios florales –Agrimony, Beech, Centaury, Cerato, etc.- se han identificado con las flores con las que se han elaborado las esencias. Y eso, poco a poco, ha intensificado el protagonismo de las flores en detrimento de la raíz que dio origen al descubrimiento: las personalidades humanas. Pero cuando Bach desarrolló su sistema lo hizo con la intención de devolver la salud a las personas que la habían perdido a fin de que éstas siguiesen los dictados de sus almas. Y para ello resaltó los estados de ánimo más sobresalientes correspondientes a los tipos de personalidad que había identificado en sus investigaciones. Pretendía así hacer llegar una guía útil a los terapeutas y facilitarles el restablecimiento de la salud de las personas que llegaban a las consultas. El concepto de salud para Bach nada tiene pues que ver con el de ausencia de enfermedad. Para él la salud es la expresión de una personalidad equilibrada siendo el equilibrio sinónimo de conexión entre alma y personalidad. O lo que es lo mismo, se trata de que las personas expresen lo que en realidad “son”. Es decir, deben ser ante todo naturales. Aunque su expresión sea ruda, básica o limitada a ojos de otros… si expresa su naturaleza gozará de salud.

Es importante entender que Bach no pretendía la mera cura física del paciente sino que éste conectara con su ser interior y desarrollara sus potencialidades espirituales. Para él la erradicación de la enfermedad sólo era un punto intermedio para lograr el objetivo último: que la persona camine por la vida atendiendo los dictados de su alma. Porque cuando uno no respeta eso enferma. Es más, para Bach la enfermedad no es sino la última opción que tiene el alma para poner claramente de manifiesto que alguien se ha desviado de su sendero. Identificando luego –con tiempo y paciencia- los rasgos que más sobresalen en las personas al padecer un tipo u otro de mal-estar. Algo que permite saber al terapeuta qué le pasa básicamente a la persona que atiende y elegir así el remedio floral más adecuado. Por ejemplo Water Violet si busca la soledad cuando está enferma, Mimulus cuando vive la enfermedad con temor y quizás elabora pensamientos que le inquieten sobre la posibilidad de que su “mal” sea degenerativo, Gentian si se deprime y pierde el coraje necesario para restablecerse o Chicory si lo que demanda son cuidados y afecto de sus seres queridos. De esa forma cada persona, en función de sus inclinaciones vitales y el estado de ánimo característico en la enfermedad, reaccionará de una forma determinada ante ella. Pero esto no deja de ser indicativo, un síntoma que el terapeuta debe de tener en cuenta para restablecer la armonía del paciente. Por lo que cualquier emoción “negativa” aparente tiene su razón de ser en una intención positiva: en este caso poner de manifiesto la necesidad de transformar nuestro carácter para poder seguir avanzando en la vida. Emoción que es utilizada por la persona como única posibilidad expresiva en ese momento. Y quizás ya no sea adecuada para ella y por eso aparece la enfermedad pero hasta entonces ha sido una herramienta, una vía para que exprese su modelo del mundo de acuerdo a su grado de desarrollo espiritual.

El reto que aparece pues ante el terapeuta tras la conexión con el paciente es la de descubrir la intención positiva que se esconde tras una emoción “negativa” y ayudarle a elaborar nuevas estrategias que le faciliten la obtención de su objetivo sin necesidad de repetir las acciones que le han llevado a la enfermedad. Sin perder de vista que la supuesta emoción “negativa” forma parte de un núcleo común donde también reside la expresión que denominamos “positiva”. Y es que a veces una expresión que denominamos “negativa” puede ser vista como “positiva” en un contexto diferente. Por ejemplo, una acción iracunda y desmedida contra un niño indefenso es tenida normalmente como “negativa” pero esa actuación como desencadenante de la misma emoción -la ira- expresada para salvar la vida de ese niño ante un ataque despiadado podría verse como una acción heroica. La ira, pues, puede permitir tanto una acción de defensa como de conquista.

Dice usted en su libro que se han remarcado excesivamente las emociones “negativas” de las tipologías de Bach y que esos rasgos sólo son una de las áreas expresivas de las distintas personalidades. Tipologías que están contenidas en lo que usted denomina “estructuras psicoenergéticas-emocionales”. ¿Podría hablarnos de ese concepto?

-Mi planteamiento es que todos los seres vivos están conectados entre sí por una entidad que atesora la información de la especie a la que pertenecen y a la que, de forma genérica, denomino “estructura”. Lo supieron hace milenios en Oriente y ha sido también descrito en Occidente por muy diversos pensadores: Platón, Böhm, Jung, Sheldrake, etc., aunque con diferentes denominaciones y aplicadas a diversas áreas de la ciencia. Según estos investigadores existen ciertos códigos delimitados y cargados de contenido informativo preexistentes a las manifestaciones materiales que condicionan y colorean a éstas. Limitando su expresión en función del contenido que cada uno de esos espacios atesora. Todo lo que existe, en suma, formaría parte de los contenidos de alguna “estructura”. Toda manifestación vital -en las diferentes áreas de expresión de la vida, tanto en el reino mineral y vegetal como en el animal y el humano- comparte una línea maestra que condiciona su expresión manteniendo un vínculo por tener su raíz en la misma estructura. Ese es mi planteamiento.

Por ejemplo, la estructura Oak facilita la comprensión del sentido de la laboriosidad y la productividad de la ejecución de cualquier actividad productiva como expresión para el mantenimiento de la vida en el planeta. La experiencia que se extrae de la construcción de formas a través de la actividad con distintos materiales nos dota de herramientas para transformar la sensación que denominamos esfuerzo en una nueva percepción que no implica sufrimiento. En la naturaleza advertiremos la estructura Oak –una de las 38 que existen- en cualquier manifestación que logre el mantenimiento de la forma que da vida a otras criaturas menores. Desde los microorganismos que trabajan para sistemas complejos hasta el propio proceso de elaboración de un panal, la creación de un hormiguero, el dique de un castor o la construcción de una estalactita. En el ser humano aparece esta inclinación -a veces como limitación- al entender la existencia desde el sentido del deber extremo, de autoexigencia, de obligación y lucha exagerada por la vida. La adicción al trabajo es una línea expresiva de Oak y quien está condicionado por esa estructura cumplirá siempre con ahínco y sin queja. Desde el mandato “la vida es trabajo” aún en la enfermedad se sigue trabajando sin quejas y sin dar muestras de la enfermedad o cansancio. Para ese tipo de persona el ocio no existe y el descanso apenas se valora. Ello suele llevar al agotamiento por sobreesfuerzo y nos indica que la persona está explorando los contenidos de la estructura Oak y su visión de la vida está condicionada por el espectro de la citada estructura. A partir de ahí podemos facilitar un reencuadre de la visión del mundo de la persona que vive esa limitación al presentarle nuevas vías de expresión… desde la misma estructura pero más acordes con el momento evolutivo que vive a fin de que siga desentrañando los misterios de la vida y se sienta en paz como consecuencia de que expresa lo que “es” según su grado evolutivo.

Los perfiles psicoemocionales que Bach presentó a través de su sistema floral no son en cualquier caso exclusivos de la raza humana. Para mí son aspectos de las estructuras psicoenergéticas y emocionales que posibilitan la expresión de la vida en la Tierra en todos los reinos de la naturaleza. Edward Bach, centrado en su trabajo de erradicar la enfermedad del planeta, enfocó su obra en la repercusión de las alteraciones que estos aspectos psicoemocionales provocaban en los humanos por ser éstos los elementos de estudio. El objetivo de su investigación le llevó a formular la descripción de los estados emocionales alterados que provocan la enfermedad en los seres humanos. Esto fue lo único que a Bach le interesó trasladar al público. Pero no dudo de que Bach, en el proceso de su investigación, percibiese igualmente las conexiones existentes entre los estados emocionales humanos, las plantas con las que elaboró sus esencias florales y toda una serie de manifestaciones naturales que tenían su raíz en la misma entidad: una de las 38 estructuras -como las denomino en mi teoría- que él describió en su apartado humano.Por eso debemos perder de vista la presentación despectiva que se ha volcado sobre los códigos que definen cada una de las esencias florales. El argot floral ha cargado las tintas sobre el aspecto negativo de la emoción que la esencia floral equilibra por lo que decir de alguien que “es” un Water Violet es lo mismo que decir que es un orgulloso y creído insoportable. Y si nos presentan a alguien diciendo que “es” un Vine nuestra mente lo representará seguramente como un dictador, cruel y egocéntrico. Asimismo, colocar el cartel de Chicory sobre una persona es lo mismo que decir que es posesiva y egoísta. Y por no extenderme con los ejemplos terminaré mostrando la cruz que pesa sobre la persona que sea presentada entre los conocedores de los códigos florales como un Heather. Sin embargo, esto son sólo aspectos expresivos de un tipo de información que la persona actualiza desde su inconsciencia para seguir adelante en la vida.

Así pues desde la necesidad de “acertar” en el diagnostico floral se han robustecido estas afirmaciones limitantes perdiéndose de vista el conjunto informativo que tiene su asiento en cualquiera de las 38 “estructuras” que dan vida a las tipologías descritas por Bach. Por ejemplo,Water Violet contiene la enseñanza de la individualidad consciente, el proceso de autogestión, autodeterminación y emancipación para una vida autosuficiente. Tanto en lo físico y en lo emocional como en lo intelectual. Mientras la persona alcanza la enseñanza de este aspecto diferenciado de la vida que se ha velado tras los contenidos descriptivos de la manifestación humana se identifica con él y lo percibe como parte de su propia condición elevándolo a la calidad de “instinto”, “temperamento”, “carácter” o “personalidad” para más tarde, desde el alma, reconocer el proceso como fuente de crecimiento y separarse definitivamente de los límites de la estructura al haber extraído ya ese conocimiento. Hasta entonces la memoria le presenta en cada una de las etapas descritas, los procedimientos experimentados que le han posibilitado la existencia y la consecución de logros desde su visión del mundo. La intuición le empuja hacia nuevas maneras de actuar siempre desde los contenidos expresivos que deberá experimentar en el ámbito de la estructura desde la que opera.

¿Según usted qué es exactamente una estructura?

-Las estructuras psicoenergéticas-emocionales son aspectos de la Naturaleza que permiten la expresión de los seres que habitan en este planeta. Estructuras que -como todo lo existente en este plano de manifestación- tienen un espectro evolutivo por el que la vida debe transitar con la intención de extraer todo su contenido. Las estructuras psicoenergéticas-emocionales son áreas expresivas, limitadas en los seres humanos, que permiten su actuación. Pertenecen al orden primario de la creación de las especies y se han robustecido a través de nuestra participación activa en el planeta.

Las estructuras psicoenergéticas–emocionales en el cuarto reino (el humano) son áreas de conocimiento limitado que permiten la expresión y facilitan el aprendizaje sobre los misterios de la existencia. Cada estructura contiene un código concreto de actuación y permite la expresión y la experimentación directa de su contenido a los seres que inician su exploración. El espectro de cada estructura delimita el contenido de la misma. Los primeros grados de desarrollo de la estructura en el reino humano corresponden a las últimas manifestaciones mecánicas que los animales experimentan. La diferencia radica en el hecho de que la vida, a través de una forma humana, puede ejecutar conscientemente, potenciar el desarrollo a través de la estructura y llegar al grado máximo de expresión de la misma (con conciencia de ello, algo que en el reino animal no puede darse) coincidiendo éste con la expresión transpersonal que ha permitido la creación de elementos individuales en el planeta. O robustecer y llenar de contenidos creados por la personalidad a través de la repetición de uno de los grados primarios de expresión de la estructura manteniendo la visión limitada, separada y egocéntrica que le causará serios inconvenientes.

Estas estructuras -las 38 que componen el sistema de Edward Bach- en sus diversas combinaciones diferencian a los individuos dando como resultado seres de distinta configuración que coexisten con la intención de emancipar el alma que les anima. Las diferentes combinaciones de las estructuras, según el desarrollo del alma en cada una de ellas, diferencian a los individuos. Y las distintas combinaciones de las 38 estructuras dan como resultado seres de distinta configuración que coexisten con la intención de emancipar la consciencia que los anima.

Nuestra personalidad, en suma, está configurada por la combinación de las diversas estructuras –treinta y ocho según el modelo que utilizo basándome en el sistema floral de Edward Bach- que se expresan en determinados momentos según el interés personal en cada una de ellas.

Agregaré que las estructuras son necesarias para llevar a los seres humanos hasta un punto de desarrollo pero pasado éste se convierten en impedimentos de su iluminación. Cada una de tales estructuras tiene su propia identidad “personal” y utiliza las calidades energéticas mental, emocional y física–etérica para expresarse. Por lo que podríamos decir que cada estructura piensa, siente y actúa de una manera determinada y no puede hacerlo de otra forma: siempre que se exprese lo hará igual. Las emociones, pensamientos y acciones que expresamos a diario son el producto de la traducción humana de los contenidos de alguna de las 38 estructuras. El ser humano, como expresión evolutiva de la Naturaleza, tiene pues la oportunidad histórica de presentar los códigos psicoenergéticos-emocionales (estructuras) como un nuevo descubrimiento evolutivo al igual que en el pasado cuando se descubrió el genoma humano centrado en la exploración física.

-Según lo expuesto, ¿usted cree que su nuevo libro es asequible al público en general?

Bueno, creo que este libro tiene dos lecturas. Una de ellas se complementa con mi primer trabajo, Humanidad y Flores de Bach, donde abundo con más detalle en el desarrollo de la persona y las diversas etapas que nos encontramos en la vida complementado con una serie de ejercicios reflexivos para favorecer el tránsito con buen humor. Creo que Tipologías y Flores de Baches un libro accesible para todo el mundo, especialmente en su segunda parte donde presento las fotografías de las 38 tipologías de Bach identificadas a través de la expresión facial coincidiendo con la línea de investigación del psicólogo Paul Ekman quien ha demostrado a través de su trabajo que existen una serie de emociones innatas-universales que expresamos todos los seres humanos y que Darwin ya insinuó ligando esas emociones a las de los animales. Esto favorecerá la identificación de estados emocionales concretos y a través de este descubrimiento se brinda la posibilidad de conocer la lección que podemos aprender y la intención positiva de la limitación emocional para poder desarrollar nuevas estrategias. Creo que este apartado puede ser muy útil a todas aquellas personas que quieran conocerse un poco más y estén deseando gestionar su mundo emocional para no sufrir tanto o para ser mejor persona.

La segunda lectura es más profesional y está enfocada hacia los terapeutas de cualquier disciplina. La posibilidad de reconocer el rasgo facial, la actitud y el mandato que limita a la personalidad de acuerdo a los códigos de una de las estructuras puede facilitar el reencuadre de la actuación terapéutica y centrar los objetivos para que la persona desarrolle estrategias creativas que le permitan alcanzar su verdadera expresión.

No obstante, este libro no es más que un resumen sintético, revisado y ampliado, con nuevas observaciones; como el descubrimiento de la intención positiva de la limitación de las emociones. No pretendo que lo que digo se acepte sin más como verdad pero le aseguro que favorece el descubrimiento y la transformación de los inconvenientes que todos encontramos en la vida cotidiana mientras nos acercamos a nuestro ideal de vida. Creo pues que es un libro adecuado para toda persona que quiera conocerse un poco más y esté dispuesta a reflexionar sobre la vida.

 

Jorge Carlos Palafox
 

Este reportaje aparece en
80
Febrero 2006
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