“Aura-Soma”, una singular terapia de luz

 

La curación mediante luz cobra cada día más relevancia y no es de extrañar porque se corresponde con el actual cambio de paradigma en virtud del cual la ciencia comienza a ver al hombre no como un simple cuerpo de materia orgánica sino también como un ser de luz –y no en sentido metafórico- que posee un sutil campo de energía. De ahí que en estos momentos haya numerosos científicos en el mundo profundizando en la comprensión de cómo actúa la luz en el ser humano; por ejemplo, viendo su repercusión en los procesos celulares.

Como bien dice el doctor Jorge Carvajal, “la materia inerte es luz dormida mientras que la luz es materia viva, despierta.” De la interacción entre la luz y la materia fue testigo el biofísico ruso Alexander Gurwitch cuando en los años 20 del pasado siglo XX descubrió que las plantas se comunicaban por medio de radiaciones ultravioletas. Luego, en la década de los 70, el biofísico alemán Fritz Popp, midiendo en las células vivas radiaciones ultradébiles -a las que denominó biofotones-, demostró experimentalmente que todos los procesos biológicos están regidos y regulados por procesos energéticos. Desde entonces, miles de experimentos han corroborado la evidencia científica de este hecho.

Pues bien, el concepto de biofotón es fundamental ya que estas minúsculas cantidades de luz son portadoras de la información que se intercambian las células, transmitiéndose unas a otras por este medio estados de salud o de enfermedad. Los biofotones son, por tanto, una forma de lenguaje celular que hoy día se está descifrando. Se almacenan en el ADN y en otras moléculas y, a través de pulsos coherentes y armónicos, informan a cada instante al organismo sobre su estado y sobre los mecanismos de equilibrio que necesita poner en marcha para mantenerse saludable.

Y es que cuando el campo energético del ser humano se desestructura–y ello puede deberse tanto a contaminación electromagnética o química como a estados emocionales o psíquicos alterados- los biofotones no logran transmitir correctamente la información entre las distintas partes del cuerpo y aparece entonces un bloqueo de energía que se manifiesta en algún trastorno funcional. Bloqueo que cuando se mantiene mucho tiempo afecta a la estructura física desencadenando –somatizando- las llamadas enfermedades.

Con ello entramos en un concepto fundamental de la medicina de la energía: aquello que aporta información correcta a un sistema eleva su nivel de energía y lo equilibra; lo que aporta información errónea reduce su energía y lo desequilibra. Expresado en el terreno de la salud humana, las informaciones coherentes sostienen la salud y las informaciones desordenadas provocan enfermedades. De hecho, el estrés -que se encuentra en la raíz de la mayoría de las enfermedades de este tiempo- se debe al desorden que produce en nuestras conciencias la pretensión de atender muchos asuntos en poco tiempo. Y el desorden en nuestra atención deteriora nuestro sistema de información, dispersando nuestro campo de energía y desvitalizándolo.

El papel de los biofotones es, pues, el de interconectar y comunicar lo que les confiere tres características fundamentales: -La primera -y principal- es que los biofotones regulan el organismo aportando las informaciones necesarias entre sus partes para que éstas funcionen perfectamente coordinadas, lo que se traduce en el estado de salud. Comparándolo con una orquesta, cada músico sería una célula que, escuchando a la vez tanto su instrumento como los de los demás, comprueba si está coordinado, si está en armonía musical. Pues bien, los biofotones cumplen la función de enviar las notas de los instrumentos simultáneamente a todos los miembros de la orquesta –las células- para que se “escuchen” entre sí y puedan permanecer armonizadas.

-Su segunda característica es que tienen la función de informar del estado de equilibrio o desequilibrio de un organismo. Gracias a lo cual, midiendo las alteraciones existentes en el campo de energía del cuerpo es posible realizar un análisis de las enfermedades potenciales de una persona e intentar evitar que surjan, que somaticen. En el caso de una orquesta, hablamos del papel del director, que escucha todos los instrumentos y va corrigiendo los pequeños desajustes que afectarían a la armonía del conjunto.

-La tercera característica, derivada de la capacidad de información de los biofotones, es que las sustancias naturales los almacenan adquiriendo así el potencial de ordenar y, por tanto, de energetizar a las células. Volviendo al ejemplo de la orquesta, esta función la cumplirían las partituras, que informan a los músicos del desarrollo de la obra.

Probablemente ésta sea una de las causas de las incuestionables propiedades sanadoras de las sustancias de origen natural. Tengamos en cuenta que el reino vegetal está especializado en capturar fotones a través de la fotosíntesis y almacenarlos en la materia orgánica convirtiéndolos así en fotones con información biológica. Y hay que decir que una sustancia de origen vegetal alcanza mayor capacidad curativa que otra con la misma fórmula química pero de origen sintético porque la fórmula natural dispone de una capacidad de ordenar la materia orgánica de la que carece la fórmula química debido a los biofotones que contiene la primera (de los que carece la sintética). En el caso de los alimentos, cuanto más naturales más bioinformación aportan. Al ser procesados, refinados o tratados con aditivos químicos la bioinformación se va perdiendo y con ella la capacidad de revitalizar.

Esta propiedad de ordenamiento e información de los biofotones explica también por qué funcionan terapéuticamente ciertas formulaciones homeopáticas y las esencias florales de Bach (estas últimas no contienen principios activos sino que están compuestas por soluciones de agua y brandy como conservante en las que se han almacenado los biofotones de las flores).

Como también explica por qué sustancias de origen natural que no se ingieren sino que se aplican externamente ejercen un efecto terapéutico. Es el caso de los preparados de Aura-Soma. Les hablo de ello.

“AURA-SOMA”

La historia de Aura-Soma comienza con los descubrimientos de una farmacéutica llamada Vicky Wall, una inglesa nacida en 1918 en el seno de una familia judía, séptima hija de un maestro de Cábala y botánico que fue también el séptimo entre sus hermanos. Pues bien, cuando era niña y acompañaba a su padre a pasear por un parque londinense éste solía preguntarle: “¿Qué enfermedades puede curar esta planta?” Y de manera tan sencilla, como si se tratara de un juego, Vicky se haría depositaria de los conocimientos de su padre.

¿Fue aquel conocimiento grabado en su mente desde la infancia lo que explica lo sucedido un día de 1984? Vicky contaba ya con 66 años de edad, había perdido la vista a causa de una diabetes, y cuenta que aquella noche buscó en su laboratorio distintos ingredientes naturales que comenzó a combinar dejándose guiar por su desarrollada intuición y sus conocimientos farmacéuticos. Pues bien, esa noche hizo una serie de preparados que luego depositó en pequeñas botellas de vidrio transparentes… con la peculiaridad de que la mitad  superior de cada uno de ellos estaba compuesto por un líquido aceitoso de color que flotaba sobre una base acuosa de otro color. Todos ellos hechos con sustancias minerales y plantas -sin ningún tipo de estabilizador sintético- elaborados atendiendo las indicaciones que llegaban a su mente. Y es que a pesar de su ceguera -o quizás debido a ella- había desarrollado una aguda percepción extrasensorial del color. Con el tiempo esta singular mujer llegaría a elaborar hasta 90 fórmulas distintas.

En un principio los presentó simplemente como preparados cosméticos de aceites esenciales para el tratamiento de la piel pero conforme los fue mostrando en exposiciones y el público los utilizaba constataría que muchas personas referían encontrarse mejor de sus dolencias tras aplicárselos. Vicky descubriría entonces que la esencia del hombre, su ser interior, está relacionado con el color. De hecho, el gran poeta Goethe había ya desarrollado esa idea en su Teoría de los colores afirmando que llegaría el día en que sería más recordado por ese tratado que por su poesía. Vicky comprobaría después otra cosa que la asombró: cuando pedía a la gente que eligiera a nivel intuitivo un preparado entre todos los que les mostraba resultaba que -en el caso de la mayoría- el color de la mitad superior del contenido de la botella correspondía al nivel consciente de la persona y el color de la mitad inferior al nivel inconsciente de la misma.

A medida que iba elaborando nuevos preparados y continuaban las sanaciones Vicky comprendió que lo que se estaba manifestando ante su conciencia era un lenguaje en el que los distintos colores son las letras y las combinaciones de los mismos contienen información. Información que se convertiría en una terapia que actúa en el campo de la energía vital del ser humano. Y que además no es intrusiva ya que no se impone al ser la propia persona quien elige el remedio intuitivamente guiada por la “llamada” de los colores de la botella. Dentro de una gama, las distintas tonalidades correspondían a diferentes estados anímicos que fueron siendo clasificados, interpretándose que el color superior  reflejaba las necesidades conscientes de la persona y el inferior las resistencias inconscientes de la misma. De esta manera, una lectura de Aura-Soma pasó a aplicarse como test psicoemocional. Desde entonces la elección de las botellas por parte del consultante adquiere una doble función. En primer lugar, el color de las mismas permite al terapeuta -denominado consultor- ofrecer datos al consultante acerca de la relación entre su consciente y su inconsciente mediante la interpretación de los colores. En segundo lugar, las mismas botellas se aplican como tratamiento apoyando al consultante con la información biofotónica que requiere para avanzar en su camino. Cabe añadir que como todos sus componentes son de origen natural se encuentran en armonía con la naturaleza del hombre y, además, al no ingerirse no producen efectos fisiológicos.

Lo que estos preparados –que hoy se conocen como Aura-Soma- hacen es estimular la propia esencia del ser humano, probablemente por un fenómeno de biorresonancia con las frecuencias de los colores y por la trasmisión de información de los biofotones que las sustancias almacenan. Es más, precisamente gracias a esa interacción con el campo de energía de la persona los preparados favorecen el autoconocimiento y conducen a menudo a una aceptación profunda de las situaciones de la vida. De ese modo ayudan a que el sufrimiento y el dolor dejen de provocar amargura, resignación o desesperación para transformarse en madurez y crecimiento. Y al parecer eso sucede porque facilitan la superación de las resistencias que impiden a la persona comprender y aceptar su camino.

El nombre Aura-Soma procede de la combinación de aura -que procede del latín y significa hálito, emanación o resplandor y hace referencia al campo electromagnético humano- y soma -palabra griega que significa cuerpo- haciendo alusión la combinación de ambas a la relación entre el campo de energía humano o aura y el cuerpo. Tras su creación en 1984 Aura-Soma se ha extendido ampliamente. A la muerte de VickyWall -en 1991- existían más de un millón de usuarios de sus preparados y varios millares de terapeutas formados. En la actualidad la terapia está presente en la mayoría de los países europeos y americanos así como en Australia, Nueva Zelanda, Japón y la India.

Para Victoria Mata, terapeuta de amplia experiencia y consultora de Aura-Soma en España, los preparados son especialmente efectivos en los siguientes casos:

-Cuando existe un shock y el campo de energía se desplaza: en esas situaciones el preparado devuelve el equilibrio. -En cicatrices, actuando tanto a nivel físico como energético al restablecer el estado original. -En la recuperación de pacientes “tratados” con quimio y radioterapia al restituir su energía vital. -Favoreciendo el embarazo de las mujeres que desean ser madres y no lo consiguen sin que exista causa física. -Ayudando a descubrir y liberar el origen de las depresiones. -Aclarando los pensamientos cuando estos son caóticos pues potencia la comunicación entre el inconsciente y el consciente. -Ayudando a tener coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos nutriendo el cuerpo en todos sus niveles, desde el más sutil al más físico.

He de agregar que en 1999 tuve la oportunidad de efectuar unas mediciones del efecto de preparados de Aura-Soma en el campo de energía humano durante un curso impartido por Sheila Bearne, profesora de esta terapia y representante de la misma en España. Los asistentes realizaron una práctica que consistía en dividirse en parejas; uno de sus componentes elegía intuitivamente su preparado y el otro lo “extendía” con las manos en el campo de energía de su compañero, sin llegar a tocar el cuerpo. Pues bien, pude medir antes y después de la práctica a algunos participantes y cotejar los resultados con un equipo GDV cuya función es valorar el campo de energía humano. El método, basado en el efecto Kirlian, consiste en someter el campo de energía de la persona a un campo electromagnético de alta frecuencia (el campo de energía humano reacciona emitiendo biofotones y electrones que son fotografiados y analizados).

Medidas siete personas, el resultado fue revelador: la intensidad del campo de energía de los receptores del preparado aumentó entre un 35% y un 62% en el caso más favorable, siendo la media un 46%. Se trata de un incremento muy elevado y entre las técnicas terapéuticas que hemos medido sólo la acupuntura puede compararse en resultados. Hoy sabemos que la elevación generalizada de la energía vital redunda en un mejor estado de ánimo y en una menor propensión a enfermar pero al ser un tratamiento cuyo preparado sólo se aplica al campo de energía la duración del efecto puede ser menor que con otras técnicas por lo que es necesario aplicarlo con más frecuencia.

En todo caso, el resultado más significativo no fue el incremento de energía medido sino el aumento en la coherencia de los campos de energía de los participantes, como se puede apreciar en las fotos tomadas antes y después del tratamiento, que expresan más que mil palabras. Prácticamente todos los huecos existentes en el campo de energía humana se rellenaron, los excesos disminuyeron y la energía se tornó uniforme aproximándose al estado ideal, que redunda en una buena salud. La mejora generalizada e inmediata en los campos de energía nos lleva a comprender que Aura-Soma actúa en el campo de energía, que a su vez da vida y ordena al cuerpo.

Bien, pues teniendo en cuenta que las emisiones lumínicas del campo de energía son las responsables del equilibrio del cuerpo físico como sistema celular y de la comunicación entre sus partes, podemos concluir que las terapias que utilizan la luz y el color son cada vez más eficaces como técnicas para devolver al ser humano su estado natural de armonía energética y ayudarlo a cobrar conciencia de que es un ser de luz. Como alguien dijo, “Eres luz y a la Luz regresarás”.

Fernando Sánchez Quintana

Más información en: www.aurasoma.net

Este reportaje aparece en
49
Abril 2003
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