Daniel Kieffer, “Es incompatible ser médico y naturópata”

Director del Colegio Europeo de Naturopatía Tradicional Holística (CENATHO y presidente de la Federación Nacional de Asociaciones de Higiene y Medicinas Alternativas Naturales (FENAHMAN) –entidad que aglutina a los naturópatas franceses-, Daniel Kieffer es además -desde hace unas semanas- presidente de la Unión Europea de la Naturopatía. Es decir, se trata del máximo representante de los naturópatas europeos y la persona idónea para darnos a conocer la posición de los mismos ahora que las llamadas medicinas alternativas o complementarias van a empezar a regularse atendiendo las recomendaciones en tal sentido de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del Parlamento Europeo. Y la verdad es que tenía muchas cosas que contar…

Conocimos personalmente a Daniel Kieffercon motivo de la entrega de los premios Esfera Natural otorgados por la Federación Española de Asociaciones Profesionales de Naturópatas (FENACO) -entidad que aglutina a gran parte de los naturópatas españoles- durante la Gala de la Naturopatía celebrada el pasado 29 de mayo en Barcelona para conmemorar el XX aniversario de su fundación (uno de los cuales, por cierto, le sería concedido a Discovery DSALUD). Sería entonces cuando tuvimos oportunidad de plantearle algunos de los numerosos interrogantes que nuestros lectores nos han hecho llegar en los últimos meses.

Nos gustaría saber, antes de nada, cuál es actualmente la situación legal de las personas que ejercen las llamadas medicinas no convencionales en Europa. ¿Qué hay legislado en los distintos países de la Unión Europea tanto en lo que se refiere a su formación académica como a su ejercicio?

-Bueno, para ser honesto debo decirle que a día de hoy conozco bastante bien la situación de la Naturopatía y de las medicinas no convencionales en Francia pero la información que poseo del resto de los países europeos es aún limitada. De hecho, uno de los objetivos prioritarios de nuestra joven Unión Europea de la Naturopatía es el de desarrollar cuanto antes un mecanismo de intercambio de información para poder hacernos una idea lo más ajustada posible de la realidad en el continente. Es urgente hacer un cuadro comparativo de las diferentes legislaciones a nivel jurídico, administrativo y político. Asimismo, hay que establecer las equivalencias académicas entre los distintos diplomas sobre Naturopatía que hoy se entregan en toda la Unión. Y, por supuesto, hay que buscar una fórmula para unificar en el futuro los programas de estudios y los títulos. Todo ello con el fin de dotar a los naturópatas y a los practicantes de las llamadas medicinas alternativas de un marco jurídico tanto a nivel académico como profesional que permita cuanto antes resolver la situación de alegalidad en la que actualmente se encuentran muchos de sus practicantes, especialmente por desidia política.

En todo caso, podríamos de forma muy concisa resumir la cuestión diciendo que la situación de la mayor parte de los practicantes es de alegalidad. Es decir, hay numerosas escuelas que dan formación académica pero sus títulos carecen de validez oficial, no facultan profesionalmente. En otras palabras, se nos permite ejercer siempre que no invadamos las competencias que la ley otorga en exclusiva a los médicos convencionales o alópatas. Es decir, que nuestro quehacer tenga un carácter complementario, no diagnostiquemos y no propongamos tratamientos.

Luego, la situación varía en función de cada país. En Alemania, por ejemplo, a quienes estudian Naturopatía y obtienen su correspondiente título se les hace una especie de examen de reválida o capacitación y si lo aprueban reciben una certificación oficial que les permite ejercer como heilpraktikers. En cambio, la Osteopatía –que en otros países no está regulada académicamente- sí lo está ya en Francia. Se otorgan títulos académicos oficiales. Y otro tanto ocurre en Gran Bretaña donde además de la Osteopatía están reconocidas a nivel universitario tanto la Medicina Tradicional China –y, por ende, la práctica de la Acupuntura- como la Homeopatía. Es más, en ese país cualquier naturópata puede prodigar cuidados manuales, reflexológicos, psicológicos, energéticos, aromáticos, etc., con plena libertad ¡hasta en los hospitales! Y algo similar ocurre en la República de Irlanda.

En otros países europeos las medicinas alternativas pueden ejercerse con “libertad” -siquiera sea de forma alegal-, en unos casos sin apenas cortapisas como en Noruega, los Países Bajos, Dinamarca o Suecia (en un 80% de los cantones) y en otros de forma más restrictiva como en Hungría, Italia, Grecia o España. En su país, por cierto, existen tres categorías reconocidas por el Ministerio de Trabajo -las de «técnicos» en Naturopatía, Acupuntura y Homeopatía- aunque se produce la paradoja de que esas titulaciones no están reguladas a nivel académico.

El país más avanzado legalmente quizás sea Portugal donde se aprobó el año pasado una ley regulando la Acupuntura, la Homeopatía, la Osteopatía, la Naturopatía, la Fitoterapia y la Quiropráctica si bien no se reconoció en cambio la Medicina Tradicional China.

En Bélgica también se inició hace algún tiempo el proceso de reconocimiento legal. De hecho, sería un diputado belga del Parlamento Europeo, Lannoye, quien consiguió que se aprobase la famosa Directiva europea de mayo 1997 en favor de la normalización de las medicinas no convencionales en el interior de la Unión Europea.

En lo que se refiere a mi país, Francia, tampoco la práctica de las medicinas alternativas está reglamentada. Trabajamos en un verdadero «vacío jurídico». La práctica de la Naturopatía, por ejemplo, se permite, como en España, siempre que el naturópata no ejerza los actos reservados por ley a los médicos, es decir, no se puede hacer un diagnóstico de lo que el enfermo tiene y no se puede proponer un tratamiento.

En cuanto a la situación legal de los diez nuevos miembros de la Unión carezco de datos.

 -¿Y cuántas personas calculan que practican las llamadas medicinas alternativas o no convencionales en Europa? ¿Tienen las cifras segmentadas por terapias? ¿Cómo están agrupados?

-En estos momentos es imposible saber cuántas personas ejercen en las distintas terapias englobadas en el ámbito de la “salud natural”. Ni la OMS posee esas cifras. Se habla de varias decenas de miles pero no se sabe la cifra exacta. Así que tenemos un enorme trabajo por delante…

-¿Hay algún dato fiable de cuánto dinero mueve el sector de las medicinas alternativas en Europa?

-No. No hay cifras fiables pero está claro que se trata de un sector en auge. Cada vez es mayor el numero de personas que acuden a terapeutas alternativos y consumen productos naturales en lugar de fármacos sintéticos. Eso sí es un hecho constatado.

-¿Saben al menos cuántas personas atienden ustedes al año en Europa? Y de ser así, ¿qué organismo las ofrece?

-Las únicas bases de datos existentes son las que ofrecen en Internet la OMS y el CREDES. Pero para saber datos concretos fiables habrá que esperar a recopilar los datos que nos tienen que empezar a enviar en breve las diferentes estructuras profesionales -sindicatos, asociaciones, federaciones- que engloban nuestra recién creada Unión de la Naturopatía.

-Son cada vez más los médicos convencionales que optan por las medicinas alternativas. ¿Tienen ustedes idea de cuántos las ejercen ya hoy?

-En Francia no creo que lleguen al centenar los médicos que practican la Naturopatía y serán unos 300 los que ejercen la Homeopatía, otros 300 los que practican la Acupuntura y unos 200 la Fitoterapia. No son aún muchos porque los colegios médicos las consideran “prácticas no suficientemente probadas”.

-¿Y cuántos naturópatas no médicos hay en su país? 

-No llegamos al millar.

-El ámbito de la salud está hoy delimitado de forma que, en lo que al ser humano se refiere, hay dos grandes “bloques” aceptados a la hora de plantear “tratamientos”. La llamada Medicina Alopática, Convencional, Ortodoxa o Farmacológica -que algunos pretenden absurdamente denominar Medicina Científica y que como mucho cabría denominar Medicina Estadística o Medicina Epidemiológica- y la Psicología. ¿Van ustedes a proponer la creación de un nuevo espacio distinto y propio integrado en la Universidad y que esté al mismo nivel o aceptarán ser incluidos en un escalón menor y dependiente con menores facultades profesionales y posibilidades terapéuticas? En otras palabras, ¿aceptarán inicialmente –aunque sea como estrategia- que los médicos sigan teniendo la exclusiva de diagnosticar y proponer tratamientos? ¿O, por el contrario, exigirán que se les permita hacerlo en el ámbito que dominan una vez reguladas académicamente sus actividades?

-Bueno, en Occidente pueden distinguirse tres corrientes importantes en el ámbito de la salud: la alopática -apoyada por la industria farmacéuticay cuya referencia histórica y científica es Louis Pasteur-; las llamadas medicinas alternativas que también se hallan inmersas en el paradigma alopático –se basan en el diagnóstico y en su correspondiente tratamiento- y que sólo se diferencian de la alopática en que no usan fármacos sino otros remedios, como es el caso de la Fitoterapia, la Homeopatía o la Acupuntura; y una tercera corriente que sería la Naturopatía y que se basa principalmente en la prevención, en la educación y en la búsqueda del equilibrio integral a nivel mental, emocional y físico. Su raíz es el hipocratismo auténtico. Consecuentemente, para nosotros no es aceptable que se nos encuadre como “paramédicos”, es decir, auxiliares dependientes de una prescripción médica. No queremos que se nos medicalice. Queremos mantener nuestra seña de identidad alejados de la práctica médica y que se regule universitariamente la enseñanza de nuestra manera de entender la salud y la enfermedad.

-Pero actualmente se practican en Europa más de un centenar de terapias alternativas o no convencionales. ¿Cómo van a poder regularse tantas actividades? ¿Cómo tienen previsto regular esos estudios académicos? ¿Hay alguna propuesta concreta? ¿Van a aceptar que se regulen ahora unas terapias dejando de nuevo “aparcadas” otras?

-Para nosotros el mayor peligro está en que se intente medicalizar la Naturopatía. Es mejor la actual práctica alegal que una oficial… pero limitada. En otras palabras, nos parece esencial no mezclar la Naturopatía auténtica con las llamadas medicinas no convencionales. Nosotros queremos que se reconozca oficialmente el derecho de los ciudadanos a tratarse naturaly no médicamente. Nosotros propugnamos una forma de mantener y recuperar la salud muy alejada dela concepción de la Medicina alopática. Nos basamos en la higiene vital natural, en la educación, en la prevención, en la importancia de la calidad de vida. En otras palabras, queremos seguir siendo “educadores de salud” y no terapeutas que puedan complementar los tratamientos de los médicos alópatas o convencionales. ¿Por qué?

-Porque ese es nuestro patrimonio auténtico, tal como lo definió Hipócrates.

-Porque queremos que los naturópatas sean “generalistas de la salud” en contraposición con los médicos alópatas que son “generalistas de la enfermedad”. Aunque algunos pretendan presentarnos como terapeutas que practican métodos “complementarios” de la medicina alópata ya que no es verdad. Nosotros no complementamos la Medicina alópata por la sencilla razón de que la rechazamos. La propia OMS nos engloba dentro de las “medicinas tradicionales” junto a la Medicina Tradicional China y la Medicina Ayurvédica. No tenenos nada que ver con la Medicina alopática o convencional.

La propia Unión Europea reconoce la Naturopatía como “medicina no convencional”. Estamos en una lista que tiene ese importante matiz junto a la Homeopatía, la Acupuntura, la Fitoterapia, la Osteopatía, la Qiropráctica y la Medicina Antroposófica (Resolución europea del 27 de Mayo de 1997).
En suma, nuestra filosofía es el “vitalismo”. Es decir, un naturópata enseña a la gente a estar sana mediante informaciones y consejos útiles. Y si a pesar de todo la enfermedad aparece se limita a acompañar al enfermo en su proceso y a ayudarle a que su organismose regenere, a esperar la autocuración. No hay ningún fármaco que cure nada. Es el propio organismo el que se autocura. Siempre.

¿Entiende por qué rechazamos que se nos proponga como profesionales “complementarios”? Por eso la Naturopatía no puede enseñarse en las facultades de Medicina. Es un absoluto sinsentido.No se puede ser médico y naturópata. Es incompatible.

Evidentemente, tenemos que garantizar a las administraciones competentes un nivel de formación académico y profesional correcto. Y nos parece indispensable que todo naturópata se forme en disciplinas como Anatomía, Fisiología, Patología o Biología, entre otras. En ese sentido el modelo alemán parece interesante pero insistimos en que esos estudios no deben tener como objetivo tratar de “curar” enfermedades sino servir sólo de orientación al naturópata y éste pueda aconsejar a enfermo.
No entramos en competencia con los médicos.

-Tenemos entendido que van a proponer la creación de una carrera universitaria propia donde los dos primeros años constituyan un tronco común y que a partir de entonces el alumno pueda elegir entre tres ramas: Naturopatía -incorporando en ella como especialidad la Homeopatía-, Medicina Tradicional China -incorporando como especialidad la Acupuntura- y Osteopatía y Técnicas Manuales. ¿Puede ampliarnos esta información?

-A mi juicio es demasiado pronto para pensar en tal proyecto cuando nuestra profesión no está aún suficientemente organizada. En estos momentos estamos inmersos en la elaboración del Libro Blanco de la Naturopatía y se trata de un paso previo indispensable para presentar nuestra realidad profesional, social y política a fin de poder argumentar su importancia en términos de beneficio tanto para la salud publica como para las finanzas de la Seguridad Social.

Y en segundo lugar, como precisé antes, ni la Homeopatía, ni la Medicina Tradicional China, ni la Osteopatía –entre otras disciplinas- forman parte de la Naturopatía.

Otra cosa es que, por razones pragmáticas, pueda tomarse en consideración que a nivel universitario los alumnos de todas esas disciplinas puedan estudiar juntos ese tronco común de conocimiento en un mismo centro y, una vez superado el mismo, puedan decantarse por hacer Naturopatía… o formarse en Medicina tradicional China, Osteopatía, Medicina convencional, etc.

Lo más importante es mantener nuestra filosofía independientemente de la estructura académica que se elija.

-Es curioso que los médicos, después de pasarse décadas afirmando que las medicinas alternativas o no convencionales carecían de validez científica, reclamen ahora la exclusiva del ejercicio de algunas de ellas como es el caso de la Homeopatía, la Naturopatía, la Acupuntura o la Osteopatía. Al margen del cinismo que ello supone, ¿le parece a usted razonable? ¿Es compatible el ejercicio de métodos naturales con los farmacológicos? ¿No tendrán muchos médicos que efectuar un auténtico ejercicio de esquizofrenia?

-El día en que se financien estudios epidemiológicos rigurosos sobre los resultados que se obtienen con nuestros métodos de salud se acabarán las dudas sobre la seriedad de nuestras propuestas. Pero, por desgracia, eso es casi imposible hoy a causa de los intereses en juego. En todo caso hay estudios de calidad como los publicados en la famosa Encyclopedia of Natural Medicine.

Por otra parte, es verdad que en los diferentes países de Europa y del mundo la orientación general es la de limitar el ejercicio de las medicinas no convencionales a los médicos -excepción hecha de la Osteopatía, a la que se quiere dotar de estatus propio- pero, en general, la Naturopatía no pretende ser medicalizada… salvo en el Canadá británico y en algunos estados norteamericanos.

En Francia ya se intentó reconvertir a muchos médicos a la Naturopatía auténtica sin éxito. En la Facultad experimental de Bobigny -cerca de Paris- se inscribieron en 1982 más de 500 médicos en un curso de Naturopatía y al finalizar del primer año apenas quedaban 30. Ello demuestra que un médico convencional no tiene problema alguno en practicar algunas de las llamadas “medicinas dulces” -como se las llama en Francia- y sustituir un remedo alopático –es decir, farmacológico- por un producto fitoterapéutico u homeopático o poner agujas de acupuntura… pero les resulta casi imposible integrar la filosofía vitalista del arte naturópata. Porque esa conversión exige del médico la suficiente humildad como para respetar al “médico interior” que reside en el paciente.

Por tanto, puede que haya médicos que recuperen algunas técnicas naturópatas pero es difícil que acepten e integren los principios fundamentales de la Naturopatía, su estrategia vitalista, su enfoque causal, sus aplicaciones higienistas y, sobre todo, su dimensión holística, es decir la conciencia de la salud de los planos físico, energético, emocional, mental, espiritual y ecológico.

-Puede que tenga razón Muchos médicos, por ejemplo, aceptan que la Acupuntura es eficaz en algunas patologías –no les queda otro remedio ya que así lo afirma la propia OMS- pero se niegan a aceptar los principios que la sustentan, es decir, la existencia de los chacras y de los canales –nadis y meridianos- que energetizan al cuerpo humano. ¿Cómo valora tamaña incongruencia?

-Es que es fácil hacerse “colocador” de agujas pero no tanto hacerse acupuntor. Eso implica mucho más. En Francia les definimos jocosamente como ”médicos agujaterapéuticos”.

-¿Cuál es su opinión sobre las directivas recientemente aprobadas por el Parlamento Europeo restringiendo el uso de plantas, alimentos y complejos ortomoleculares? ¿Van ustedes a recurrirlas judicialmente?

-Ese sí es un auténtico problema. Lo idóneo sería que las distintas asociaciones profesionales se aliaran con los laboratorios afectados y unieran fuerzas frente a esas proposiciones de ley fascistas. Parece imposible que países que gozan de libertades en ese ámbito no reaccionen violentamente. Por ejemplo Alemania, el país donde se venden mas complementos dietéticos y fitoterapéuticos de toda Europa. Ojalá sean capaces de reaccionar e impidan tamaño ataque a la libertad.

-¿Puede decirnos, para finalizar,cuál es su opinión sobre las últimas decisiones del llamado “Codex Alimentarius”? ¿Van a actuar de alguna manera para impedir que se aprueben sus propuestas?

-Por supuesto, vamos a solidarizarnos con las asociaciones que luchan en este conflicto. En todo caso, pensemos que aunque la victoria es complicada debido a los intereses en juego no cabe olvidar que los ciudadanos tenemos en nuestras manos un arma muy potente: el poder del boicoteo colectivo. ¿No hubo en el pasado mujeres que hicieron una huelga de sexo para intentar neutralizar una guerra? Pues imaginemos simplemente una Europa donde los ciudadanos rechazan consumir fármacos o se niegan a comprar los periódicos o ver los programas de las televisiones que apoyan esas medidas…

José Antonio Campoy

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Julio - Agosto 2004
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