Manifiesto médico contra el actual sistema de vacunación

Ciento cincuenta y tres profesionales de la salud italianos encabezados por el doctor Roberto Gava -especialista en Cardiología, Farmacología y Toxicología Clínica y autor de más de un centenar de publicaciones científicas- acaban de firmar un manifiesto dirigido a las autoridades sanitarias en el que se oponen al nuevo Plan de Vacunación Nacional 2016-18 que pretende hacer de Italia uno de los países europeos con mayores tasas de vacunación. Y dan para ello 21 razones además de aportar una propuesta con 14 puntos, “Quienes hemos firmado este manifiesto nos hemos dado cuenta de que la práctica pediátrica de las vacunas, tal y como se ha estado utilizando hasta ahora, ha provocado daños -leves o graves- a muchos niños por lo que hay decenas de miles de padres dispuestos también a firmarlo”, explican los autores del manifiesto.

La propuesta del gobierno italiano de poner en marcha el Plan Nacional de Vacunación 2016-2018 ha levantado una auténtica tormenta en Italia entre los partidarios de su aplicación y aquellos profesionales de la salud que ya sin reparos solicitan un replanteamiento del balance beneficio-riesgo de las vacunas, especialmente de las pediátricas. En Italia se obliga hoy a vacunar a los niños contra la difteria, el tétanos, la polio y la hepatitis B y lo que pretenden ahora las autoridades sanitarias italianas “para situar al país entre los estados europeos con mayor cobertura vacunal” -como si tal cosa fuera positiva- es hacer obligatorias también la vacuna contra la varicela en niños y además obligar a los adolescentes a ponerse una vacuna contra cuatro cepas del meningococo, a los adultos “en situación de riesgo” una contra el herpes zoster y a las personas de más de 65 años dos: una para el neumococo y otra para la hepatitis A .

Y por si fuera poco la vacuna de la gripe para todos los niños y adultos “en situación de riesgo” -decisión claramente política disfrazada de sanitaria- y la del virus del papiloma humano (VPH) que hoy se pone ya a las adolescentes… ¡a los niños de más de 12 años!

Hablamos de un plan calificado en octubre pasado en la Cámara de Diputados como “asunto de seguridad nacional y salud pública” por la ministra de Sanidad Beatrice Lorenzin que fue elaborado por un grupo de personas entre los que estaban el presidente de la Agencia Italiana del Fármaco (AIFA) Sergio Pecorelli -hoy suspendido en sus funciones como explicaremos luego-, el presidente del Instituto de Salud Walter Ricciardi y los miembros del comité permanente que designa el ministerio. Lo que supondrá un coste adicional de 320 millones de euros que sumar a los 300 que el estado ya se gasta en vacunas cada año. Es evidente que para las farmacéuticas la crisis no existe.

Y para asegurarse de que los ciudadanos no se rebelen ante tal imposición se postula la exclusión escolar de los niños en caso de incumplimiento y la de sancionar a los médicos “infieles” que se pronuncien contra las vacunas. “Cada profesional de la salud –se dice en el plan- y más aún aquellos que realizan funciones en cualquier puesto por cuenta del Servicio Nacional de Salud está obligado éticamente a informar, asesorar y promover la vacunación de acuerdo a las últimas pruebas y estrategias científicas compartidas a nivel nacional. La difusión por parte de los trabajadores de salud de información no basada en la evidencia científica es moralmente reprobable y una grave violación de la ética profesional además de ser contractual y legalmente perseguible”. En suma, la propuesta es amenazar también a los médicos que no acepten las decisiones políticas -que no científicas- sobre las vacunas. Nada de convencerles con estudios, ensayos y argumentos: al que no obedezca se le hará la vida imposible y si es necesario se le retira la licencia. Así se impone hoy la “ciencia”.

La propuesta fue aprobada por la Comisión Mixta Regiones-Estado y se encuentra a la espera de recibir el visto bueno definitivo del gobierno siendo las razones reales de la demora desconocidas. Quizás sea por su alto coste o porque las medidas propuestas contra quienes se rebelen pueden tener efecto boomerang. “La solicitud de aplazamiento de la decisión sobre las vacunas –ha declarado el Secretario de Economía y Hacienda Pier Paolo Barettaestá motivada por razones técnicas. El texto es complejo y el tiempo para analizarlo insuficiente”. Otros piensan en cambio que ha sido por la reacción de los médicos que no apoyan tal medida.

 UNA INICIATIVA SIN PRECEDENTES

 Nos referimos a la Carta Abierta que encabezada por el doctor Roberto Gava -especialista en Cardiología, Farmacología Clínica y Toxicología Médica, profundo conocedor de terapias no convencionales como la Acupuntura y la Homeopatía y autor de más de un centenar de publicaciones científicas así como de conocidos libros: L’alimentazione che può Prevenire e Curare le Nostre Malattie, Le Vaccinazioni di Massa o Vaccinare contro il tetano?- ha hecho llegar a las autoridades sanitarias un amplio grupo de profesionales de la salud que rechazan la vacunación obligatoria y denuncian que se están obviando los efectos secundarios de las vacunas. Dirigida al Dr. Ricciardi, presidente del Instituto de la Salud y uno de los autores del plan, la firman 153 profesionales: 83 médicos de medicina interna o general, 20 pediatras y 50 terapeutas de otras especialidades. “Quienes hemos firmado este manifiesto –puede leerse en ella– nos hemos dado cuenta de que la práctica pediátrica de las vacunas, tal y como se ha estado utilizando hasta ahora, ha provocado daños -leves o graves- a muchos niños por lo que hay decenas de miles de padres dispuestos también a firmarlo”.

Y eso que en la carta los firmantes -algo sobre lo que en la revista discrepamos- reconocen el valor de algunas vacunas: “Hoy día un médico con sentido común y un mínimo de conocimientos científicos no puede estar en contra de las vacunas pediátricas”. Solo que luego reconocen lo que otros colegas niegan: “Nuestros 35-40 años como médicos que hemos estado con niños enfermos nos han abierto los ojos a la realidad de las reacciones adversas causadas por las vacunas pediátricas”.

Reacciones que ellos mismos manifiestan pueden llegar a ser debilitantes e incluso mortales y no deberían ser negadas “por ningún médico con sentido común” porque está constatado que provocan a veces “alteraciones inmunitarias” que dan lugar a efectos secundarios importantes en los recién nacidos afectando sobre todo a los órganos inmunológicamente inmaduros. “Hemos observado que después de las vacunaciones –aseveran- muchos niños reaccionan con un aumento de la temperatura (reacción inmune clásica a una noxa externa), se alteran sus funciones digestivas y/o la regularidad de su ciclo de sueño-vigilia (expresión de una respuesta multisistémica), se vuelven más irritables, lloran sin consuelo y sufren regresión de algunas habilidades ya adquiridas (señal de irritación del sistema nervioso central). Tal evidencia, que cualquier médico atento puede constatar en niños recién vacunados -por supuesto no en todos-, nos lleva a cuestionarnos su seguridad -y no la de una vacuna sola-, especialmente por la forma en la que actualmente se inoculan las vacunas pediátricas”.

Y añaden: “Nos hemos dado asimismo cuenta, tras la observación cuidadosa y prolongada de niños vacunados y no vacunados, que los no vacunados parecen más saludables, menos propensos a las enfermedades infecciosas -especialmente de las vías respiratorias superiores-, menos propensos a los trastornos intestinales y a las enfermedades crónicas, menos propensos a los trastornos neurológicos y conductuales y además necesitan luego menos fármacos y precisan de menos intervenciones sanitarias”.

Los firmantes invitan ante ello a rechazar todo tipo de afirmaciones simplistas y concluyen diciendo: “La práctica actual de la vacunación ofrece muchas dudas y es objeto de acalorados debates en el ámbito científico por su impacto en el sistema inmune ya que se basa en un tratamiento que se administran masivamente a todos los niños -a edades muy tempranas- las mismas vacunas sin tener en cuenta la historia familiar, el estado individual de salud de cada niño y el medio ambiente en el que viven”.

Y no crea el lector que tales aseveraciones se hacen sin justificar: las razonan con 21 argumentos expresados de forma sencilla. En todo caso ya que algunos son propios de la realidad italiana vamos a destacar solo los que abordan el problema de forma global y acaecen en cualquier nación. Estas son -tal y como están reflejadas en el documento- las principales razones en las que se apoyan los 153 profesionales firmantes para reclamar un debate médico-científico sobre las actuales campañas de vacunación:

-Los niños son hoy inmunológicamente más débiles que sus coetáneos de hace unas décadas por varias razones: mayor número de factores de enfermedad o de no salud de los padres, alimentación nutricionalmente pobre y desequilibrada, ambiente más contaminado, acceso más fácil a tratamientos farmacológicos -tanto para la madre durante el embarazo, el parto y la lactancia materna como para el recién nacido-, mayor número de partos por cesárea, etc.

-La literatura científica actual confirma la evidencia clínica de que cuanto mayor es el número de vacunas que se administran al mismo tiempo y cuánto más pequeño es el niño y/o nacido antes de tiempo mayor es el riesgo de reacciones adversas.

-El conocimiento actual de la Inmunología no considera racional la administración parenteral simultánea de 7 antígenos vacunales a un bebé de pocos meses de vida.

-Si hay varias vacunas pediátricas múltiples no entendemos por qué no pueden ser comercializadas las mismas vacunas de forma individual. De hecho no se entiende, por ejemplo, por qué una mujer que antes de un posible embarazo desea vacunarse contra la rubeola debe ser obligada a inocularse también vacunas contra el sarampión y las paperas (MMR).

-En la literatura científica existe actualmente una acalorada discusión -sobre todo en Estados Unidos- tanto sobre la relación riesgo/beneficio de la vacuna trivalente sarampión-paperas-rubéola (MMR) como sobre la utilidad y eficacia de la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano. Esta última fue vendida mucho antes de que se dispusiera de datos fiables sobre su capacidad para reducir el riesgo de cáncer de cuello uterino y hasta la fecha sólo se disponen de extrapolaciones estadísticas sobre su capacidad real para prevenir el cáncer. En cualquier caso sabemos que potencialmente solo protegería de 2 genotipos virales de los 13 que tienen alto riesgo oncológico. Por otra parte, faltan datos de farmacovigilancia activa sobre su relación beneficio real/riesgo tras su administración a niñas de 11-12 años y por eso en algunos países se retiró como medida de precaución y en Francia, España e Italia cientos de médicos han firmado ya una petición para suspender su inoculación.

-La vacuna contra la gripe se recomienda en niños menores de un año cuando la evidencia científica sobre su eficacia y la relación riesgo/beneficio es extremadamente pobre, débil y cuestionable; tanto para la vacunación pediátrica como para la vacunación de adultos.

-El riesgo de padecer daños por las vacunas es mayor entre los bebés nacidos prematuramente, los que han sufrido una enfermedad aguda en los primeros meses, los que sufren una enfermedad infecciosa aguda, los que recibieron en los primeros meses de vida medicamentos que interfieren con el sistema inmune (antibióticos, corticosteroides y/u otros agentes inmunosupresores), los que han sido sometidos a cirugía bajo anestesia general, los que tienen trastornos del sistema inmune o son hijos de padres con trastornos del sistema inmune o metabólico, los que viven un intenso estrés psicológico y los que sufren cualquier condición capaz de desequilibrar su ya débil y precario equilibrio inmune. 

-Las reacciones adversas a las vacunas no dependen sólo de su componente antigénico sino también de sus componentes toxicológicos (adyuvantes y conservantes) y sabemos que la seguridad a largo plazo de la administración parenteral en los recién nacidos de estos compuestos, individuales y/o diversamente asociados entre sí, no está suficientemente fundamentada. Además se sabe que cuanto más pequeño es el niño mayor debe ser la proporción de antígeno necesaria para disparar la respuesta inmune.

-Por desgracia en nuestro país -y también en España, añadimos nosotros- la práctica de reportar sospechas de reacciones adversas a los medicamentos y las vacunas se aplica mal y en algunos casos es aún mal entendida, o incluso impedida por lo que estos informes se subestiman en gran medida, tanto cuantitativa como cualitativamente.

-Durante años han llegado a nuestro país muchos inmigrantes procedentes de terceros países y ello planteó alarmas injustificadas: el fenómeno de la migración, consolidado desde hace décadas en Europa, no ha causado nunca la propagación de poliomielitis o difteria. Ni siquiera en países europeos con baja cobertura de vacunación como Austria (del 85% según datos de la OMS y UNICEF). Se sabe en cambio que sus precarias condiciones de vida sí hace que los inmigrantes pueden padecer muchas otras enfermedades: tuberculosis, sarna, salmonelosis, etc.

-Los datos epidemiológicos sobre poliomielitis demuestran que no hay evidencia científica de que disminuir la cobertura de vacunación por debajo del 95% ponga a la población en riesgo de enfermedades infecciosas (véase por ejemplo la experiencia de Austria, Bosnia y Ucrania). En muchos países de América y de la zona del Pacífico no hay casos de polio a pesar de tener tasas de vacunación muy por debajo del 95%. Por otra parte, hablamos de un límite porcentual que es resultado de una estimación estadística y por tanto puramente indicativo.

-Hoy día vivimos en un ambiente gravemente contaminado. Desde el punto de vista toxicológico la literatura científica de los últimos años correlaciona la contaminación con muchas enfermedades neuro-psiquiátricas, metabólicas y degenerativas en niños que afectan a su sistema inmune por lo que alterar éste con tempranas y múltiples vacunas es un factor sinérgico comparable a la “gota que colma el vaso”.

 PROPUESTA: TRASPARENCIA Y RESPONSABILIDAD

 Tras exponer de forma resumida sus argumentos al responsable del Instituto italiano de Salud los 153 firmantes desglosan luego su propuesta de actuación en 14 medidas. Dos de ellas se refieren en concreto a la situación italiana pero las otras 12 son válidas para cualquier otro país de la Unión. Son éstas:

1) Todo tratamiento médico debe ser personalizado a fin de adaptarlo a las características personales, nutricionales, familiares, ambientales y sociales de cada persona.

2) Los principales responsables de la salud de los niños son sus padres y deben ser pues plenamente informados de las necesidades reales y del riesgo/beneficio real de cada vacuna.

3) Es necesario asegurarse de que quienes trabajan en el ámbito de la salud pública no están inmersos en conflictos de intereses.

4) Es necesario superar la obligación de la vacunar.

5) Antes de vacunar a un niño su pediatra debe preparar una historia clínica detallada que incluya a sus padres y parientes cercanos y tener en cuenta todos los factores que influyen en la salud; incluyendo las condiciones sociales y ambientales de la zona en la que vive y trabaja su familia y los componentes económicos, nutricionales, toxicológicos y psicocomportamentales de la misma.

6) Antes de poner a un niño una vacuna el pediatra debe excluir cualquier posible contraindicación; haciendo si lo considera preciso pruebas de laboratorio e instrumentales que evalúen su estado nutricional e inmunológico; buscando en particular la presencia de marcadores de inflamación.

7) En el momento de la vacunación el niño debe estar siempre en perfecto estado de salud, tanto física como psíquica.

8) El médico no debe nunca vacunar a un niño sin excluir antes cualquier enfermedad aguda reciente o en curso y las posibles contraindicaciones.

9) Antes de vacunar a un niño sus padres deben recibir todos los datos existentes sobre la vacuna y conocer sus propiedades, interacciones, contraindicaciones y componentes toxicológicos de la misma así como las posibles reacciones adversas. Y solo luego decidir si quiere vacunarlo.

 10) Los padres tienen el deber y el derecho de estar informados sobre la legislación que afecta a las vacunas, incluido lo previsto sobre indemnizaciones en caso de que provoquen daños a sus hijos.

11) Como quiera que toda vacuna -al igual que todo medicamento- puede dañar al vacunado los padres ser debidamente instruidos para que informen de inmediato de cualquier anomalía o alteración física o psicológica del niño alertando de ello rápidamente a su pediatra.

12) Ante cualquier sospecha de reacción adversa a una vacuna el pediatra tiene el deber de notificarlo inmediatamente a las autoridades.

A nuestro juicio –concluye diciendo el manifiesto- este enfoque vacunal -garantizaría una mejor defensa de la salud pediátrica ante las enfermedades infecciosas, dedicaríamos más atención a nuestros hijos y reduciríamos el riesgo de daños vacunales. Hay que personalizar cada intervención preventiva adaptando los últimos conocimientos científicos a las necesidades pediátricas reales e individuales y tener en cuenta las condiciones sociales y ambientales del país”.

 SOSPECHOSAS VINCULACIONES…

 Cabe agregar que además de esta carta abierta muchos otros profesionales de la salud, ante las intenciones del Gobierno, han solicitado la apertura de un debate público. Es entre otros el caso del epidemiólogo Vittorio Demicheli -miembro de la prestigiosa Cochrane Collaboration Vaccines Field y antiguo Director Regional de Salud- quien en un artículo titulado Plan Nacional de Vacunación: el tratamiento de la transparencia contra la “teoría de la conspiración” en el que denuncia la falta de independencia y transparencia de todo lo relacionado con la inoculación de vacunas. Criticando especialmente que se hayan ignorado las valoraciones críticas sobre la eficacia de las nuevas vacunas contra enfermedades bacterianas invasivas como la meningitis B y las infecciones por neumococo para ancianos. Y, por supuesto, se manifiesta completamente en contra de que pudiera sancionarse a quienes se opongan a ellas. “Sé por experiencia –explica- que los sistemas de coerción y sanción que el ministerio tiene previsto introducir para los médicos nunca han conducido a resultados positivos. La propuesta incluida en el nuevo plan no es pues, a mi juicio, una apuesta ganadora. La única solución plausible para superar los problemas de desconfianza es el cumplimiento de los principios de transparencia e independencia en la toma de decisiones”.

Falta de transparencia sobre los motivos reales de la obligatoriedad de las nuevas vacunas que según él contribuye a alimentar las teorías más críticas: “El nuevo calendario vacunal corre además el riesgo de alimentar la ‘teoría de la conspiración’. Y no podía ser de otra manera porque el calendario establecido en el Plan Nacional de vacunación es copia fiel de la ‘Agenda para la Vida‘ patrocinada por la industria farmacéutica”.

Demichelli se refiere a la llamada Agenda para la Vida que presentaron en 2014 cuatro sociedades científicas –la Società italiana di Pediatria, la Società italiana di Igiene Medicina Preventiva e Sanità Pubblica, la Federazione italiana dei Medici Pediatri y la Federazione Italiana dei Medici di Medicina Generale– que según él están financiadas por la industria farmacéutica y fueron de hecho consultadas para la elaboración del nuevo plan de vacunación. Las sociedades no niegan ni sus vinculaciones con la industria ni que reciban dinero de ella pero aseguran que ello no influyó en sus propuestas. Algo que Demicheli no se cree llegando a insinuar que o se han dejado influir o, directamente, se han corrompido. De hecho resulta especialmente significativo que en medio de la polémica internacional sobre la eficacia de las vacunas la división de la organización Cochrane Collaboration dedicada a analizar la credibilidad de los estudios y ensayos sobre ellas tuviera que echar el cierre el pasado mes de noviembre por falta de financiación.

La controversia llegó a su punto máximo el pasado 27 de noviembre cuando la Agencia del Medicamento italiana decidió suspender a su propio presidente, Sergio Pecorelli -Rector de la Universidad de Brescia y uno de los autores del nuevo plan-, por conflictos de interés. Según explica el diario italiano La Stampa Pecorelli nunca informó a la agencia de que era consultor de una empresa que invierte en compañías farmacéuticas y es autor de un dossier patrocinado por Sanofi-Pasteur publicado por una fundación para la salud que alaba los beneficios de la vacunación. Y no es el único; Amelia Beltramini, periodista especializada en temas de salud, ha denunciado públicamente que la mitad de los autores del programa de vacunación han recibido financiación de la industria para elaborar “artículos científicos”.

En suma, ha llegado la hora de que se haga un debate serio; porque como se dice en la Carta Abierta que comentamos “si el asunto de la vacunación está siendo intensamente debatido a nivel internacional en los últimos años es porque científicamente está aun abierto. Y si queremos servir a la verdad sólo tenemos una posibilidad: unir a todos alrededor de una mesa científica y discutir el tema a corazón abierto, libres de conflictos de intereses. La buena medicina se practica así; el resto es coacción y confrontación ciega que con el tiempo se volverá contra todos nosotros”.

 Francisco Sanmartín

Este reportaje aparece en
191
Marzo 2016
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