El colesterol elevado ¡reduce el riesgo de muerte por enfermedad!

Cuatro importantes investigadores japoneses acaban de publicar en Annals of Nutrition and Metabolism un trabajo según el cual la mortalidad por cualquier enfermedad es menor entre quienes tienen más colesterol. “La mortalidad por enfermedad -afirman- es más alta, sin excepciones, entre quienes tienen un nivel de colesterol más bajo». Añadiendo: «Las personas de edad avanzada con los niveles de colesterol más altos son las que tienen mayores tasas de supervivencia; y ello es así independientemente de dónde vivan en el mundo”. Es más, niegan que haya relación entre el llamado «colesterol malo» y las patologías cardiovasculares. El trabajo echa abajo una vez más el mito del peligro del colesterol y la absurda recomendación de ingerir estatinas para disminuir su nivel en sangre. De hecho llegan a decir que «se trata del error más grande cometido el pasado siglo XX por la ciencia médica”.

La afirmación de que un alto nivel de colesterol en sangre puede dar lugar a patologías cardiovasculares y otras enfermedades y debe pues prevenirse o tratarse con estatinas es falsa; al menos así lo aseveran desde hace años numerosos investigadores cuyos trabajos y advertencias están siendo silenciadas por la mayoría de los grandes medios de comunicación e ignoradas por los ministerios de Sanidad, las asociaciones científicas y los colegios médicos. Lo hemos denunciado en muchas ocasiones dedicando incluso amplios reportajes como el lector puede comprobar entrando en nuestra web –www.dsalud.com– y leyendo los artículos que con los títulos La injustificable demonización del colesterol, ¿Causan las estatinas recetadas para bajar el colesterol las enfermedades neurodegenerativas? y Abierta discrepancia en el ámbito médico y científico sobre el papel de los tratamientos con estatinas aparecieron en los números 90, 91 y 131 respectivamente. Es más, en este último reportaje la doctora Stephanie Seneff, licenciada en Biofísica por el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), nos diría: «Tanto el llamado colesterol ‘bueno’ o HDL como el ‘malo’ o LDL contienen el mismo tipo de colesterol. Su nombre simplemente hace referencia a la lipoproteína portadora que transporta el colesterol a los tejidos. El HDL suministra colesterol a los órganos principales, como el hígado, el páncreas y las glándulas suprarrenales. En cambio el LDL suministra colesterol, grasas y antioxidantes desde el hígado a todas las células del cuerpo. Y es que todas las células necesitan grasa y colesterol para mantener saludables las membranas. No sólo en la pared celular externa sino también en las membranas que cubren el núcleo, las mitocondrias (unidades de producción de energía) y los lisosomas (sistema digestivo de la célula). También podríamos hablar de las IDL o lipoproteínas de densidad intermedia que son las que abastecen de colesterol y grasas al cerebro. En suma, no se justifican los conceptos de ‘colesterol bueno’ y ‘colesterol malo’.» Aseverando en cuanto a las estatinas: «Es absurdo tratar de reducir el nivel de colesterol tomando estatinas porque el cuerpo lo necesita en cantidad suficiente como para llevarlo a todos los tejidos. Las células sin colesterol suficiente en sus membranas tienen serios problemas de supervivencia pudiendo resultar gravemente dañadas por la exposición al oxígeno». Añadiendo luego: «El colesterol es un nutriente vital sin el cual las células de los mamíferos no pueden sobrevivir. Me resulta pues inconcebible que obstaculizar la capacidad del cuerpo para sintetizar el colesterol que necesita sea una buena idea. Los medicamentos con estatinas, al reducir el colesterol, conducen a la desestabilización de las membranas celulares. Y eso sí que aumenta el riesgo de una larga lista de problemas de salud y enfermedades graves como la diabetes, la esclerosis múltiple, los problemas cognitivos, los accidentes cerebrovasculares hemorrágicos, el cáncer e, incluso, la esclerosis lateral amiotrófica o ELA, también conocida como Enfermedad de Lou Gehrig. Además –y así lo he sostenido en varios ensayos- las estatinas pueden aumentar el riesgo de alzheimer, sepsis, cáncer e insuficiencia cardíaca. Pero de entre todos ellos los más conocidos y evidentes son el dolor muscular y la debilidad. Y si el dolor muscular y la debilidad no se controlan estos síntomas pueden progresar a rabdomiolisis -daño muscular grave- e insuficiencia renal. Es más, la debilidad muscular en los pulmones puede provocar dificultades respiratorias y conducir a una insuficiencia cardíaca».

Y tiene razón; se ha constatado con trabajos posteriores. Entre ellos dos recién publicados -en 2015- coordinados por los investigadores japoneses Harumi Okuyama -del Institute for Consumer Science and Human Life de la Kinjo Gakuin University (Nagoya, Japón)- y Tomohito Hamazaki -del Toyama Onsen Daini Hospital (Toyama, Japón)-, científicos que llevan años dedicados a la investigación del colesterol y las estatinas y que han publicado conjuntamente -junto a otros investigadores- varios trabajos antes. En 2007 -en World Review of Nutrition and Dietetics Home- los titulados The Cholesterol Hypothesis. Its basis and its faults (La hipótesis del colesterol. Sus fundamentos y errores), Cancer and all-cause mortalities are lower in the higher total cholesterol groups among general populations (La mortalidad por cáncer y cualquier otra causa es más baja entre los grupos de población con el colesterol más alto) y Association of High Total Cholesterol with Coronary Heart Disease Mortality Differs among Subject Populations. Familial. Hypercholesterolemia as a Key Concept (La asociación entre el colesterol total alto y la mortalidad por cardiopatía coronaria difiere entre las poblaciones analizadas. La hipercolesterolemia familiar como concepto clave). Trabajos a los que cabe añadir los titulados New Cholesterol Guidelines for Longevity (Nuevas directrices sobre el colesterol para una mayor longevidad) –publicado en 2011 en World Review of Nutrition and Dietetics Home- y Cholesterol Issues in Japan. Why are the Goals of Cholesterol Levels Set so Low? (Problemas de colesterol en Japón: ¿por qué se establecen como objetivo niveles de colesterol tan bajos? -apareció en 2013 en Annals of Nutrition and Metabolism.

 LAS ESTATINAS NO EVITAN LA ATEROESCLEROSIS: LA CAUSAN

 Pues bien, ya en 2015 publicaron Statins Stimulate Atherosclerosis and Heart Failure: Pharmacological Mechanisms (Las estatinas estimulan la aterosclerosis y los fallos cardíacos: mecanismos farmacológicos) -apareció en marzo en Expert Review of Clinical Pharmacology- y sus conclusiones son reveladoras: “Contrastando con la creencia actual de que reducir el colesterol con estatinas disminuye el riesgo de aterosclerosis entendemos que las mismas pueden ser en realidad causa de calcificación de las arterias coronarias y funcionar como toxinas mitocondriales que deterioran la función muscular en el corazón y los vasos sanguíneos al disminuir la coenzima Q10 y el grupo hemo A alterando ello la generación de ATP”. Según explican las estatinas inhiben la síntesis de vitamina K2 -cofactor fundamental para proteger las arterias de la calcificación- y la biosíntesis de proteínas que contienen selenio y protegen del estrés oxidativo -como la glutatión peroxidasa- pudiendo ello derivar en una insuficiencia cardíaca congestiva. De ahí que aseveren: «La epidemia de insuficiencia cardiaca y aterosclerosis que asola al mundo moderno puede estar agravándolo, paradójicamente, el uso generalizado de estatinas. Proponemos pues que las actuales pautas de tratamiento con estatinas se reevalúen de manera crítica”.

Contundentes conclusiones que son ya demoledoras en su segundo trabajo que no se trata de un mero artículo sino de un número especial de 116 páginas aparecido en Annals of Nutrition and Metabolism con el titulo Towards a Paradigm Shift in Cholesterol Treatment. A Re-examination of the Cholesterol Issue in Japan (Hacia un nuevo paradigma en el tratamiento del colesterol. Revisión del problema del colesterol en Japón) en el que han colaborado otros dos conocidos investigadores japoneses: Yoichi Ogushi y Rokuro Hama. Un trabajo que cuenta con nada menos que 251 referencias científicas y 91 tablas estadísticas que permiten a sus autores llegar a una conclusión transcendental: “Es nuestro ferviente deseo que este número especial permita hacer entender que la hipótesis del colesterol se basa en datos muy débiles, a veces considerablemente distorsionados. De hecho muchos estudios efectuados en Japón muestran que en realidad el colesterol juega un papel muy positivo en la salud. Esperamos pues que la Sociedad Japonesa para la Ateroesclerosis y las autoridades empiecen a considerar el colesterol un amigo y no un enemigo. Mientras, seguiremos presionando para revertir la aceptación de la lucha contra el colesterol como principio porque se trata del error más grande cometido en el siglo XX por la ciencia médica”.

 El COLESTEROL ES VIDA

 Los datos del complejo y completo trabajo del que hablamos son por cierto un reflejo de la sociedad japonesa que, no se olvide, es la de menos personas obesas del mundo y la de mujeres más longevas. De hecho tienen la segunda esperanza de vida más alta del mundo y una de las menores tasas de patologías cardiovasculares.

En cuanto a los autores de este trabajo debemos dar un dato significativo: los cuatro dieron en su día conferencias a los médicos generalistas hablando de los beneficios de las estatinas y promoviendo su consumo. Es más, reconocen haberlas recetado a cientos de personas porque habían asumido acríticamente el actual paradigma de que el colesterol es malo y las estatinas buenas. “Errores terribles e imperdonables dado lo que sabemos ahora”, asumen en su trabajo.

Y es que los datos que manejan demuestran hoy que la mortalidad por cualquier causa es menor entre quienes tienen niveles más altos de colesterol total y LDL (el considerado «colesterol malo»). “Existe en general –afirman- una tendencia inversa entre la mortalidad por cualquier causa y los niveles de colesterol total y lipoproteínas de baja densidad (LDL): la mortalidad es más alta en el grupo con niveles de colesterol más bajos. Tendencia que en el caso de las personas mayores es universal. Las personas de edad avanzada con más altos niveles de colesterol tienen las mayores tasas de supervivencia, independientemente de dónde vivan en el mundo”.

Las cifras son tan concluyentes -se recogen en once capítulos repletos de datos- que entienden que hay que reexaminar de inmediato el uso de las estatinas “por el bien de la salud mundial”. Agregando que hay además que replantearse qué factores son los responsables reales de patologías como la ateroesclerosis.

 COLESTEROL Y ENFERMEDADES

 Desmentida la relación entre exceso de colesterol y mortalidad por cualquier causa los investigadores japoneses analizaron luego si éste juega realmente algún papel en el desarrollo y aparición de cuatro patologías concretas: las cardiopatías coronarias, los accidentes cerebrovasculares, las infecciones y el cáncer.

En el caso de las cardiopatías coronarias los autores reconocen que entre los hombres -no así entre las mujeres- existe una «asociación estadística» débil entre el exceso de colesterol y la mortalidad por esta patología pero matizan que se da en personas con hipercolesterolemia familiar -patología considerada hereditaria- y el dato no es extrapolable a la población sana. El responsable no sería pues el colesterol sino una anormalidad del sistema hemostático de las personas con hipercolesterolemia familiar. De hecho recuerdan que “la asociación entre cardiopatía coronaria, mortalidad y niveles de colesterol altos disminuye con la edad”.

Por lo que se refiere a los accidentes cerebrovasculares afirman que son varios los estudios que indican que cuanto menor es el nivel de colesterol más posibilidades existen de sufrir uno. Así lo explican: “Un análisis múltiple que valoró 8 variables -edad, sexo, presión arterial sistólica, obesidad, azúcar urinario, proteína urinaria, colesterol sérico total y LDL- reveló que el factor de riesgo más importante para tener un accidente cerebrovascular es la hipertensión. El análisis reveló también que los hombres y mujeres con bajos niveles de colesterol total en suero son más propensos a las hemorragias cerebrales pero que ello no tiene suficiente peso como considerarlo un factor de riesgo de infarto cerebral. Los resultados explican que en Japón la incidencia de ictus y mortalidad por accidente cerebrovascular sea mayor en las poblaciones con alta prevalencia de hipertensión y baja concentración de colesterol y que la mortalidad por hemorragia cerebral sea menor cuando el nivel de colesterol total en suero es alto”.

Asimismo han descubierto algo sumamente interesante: las infecciones son más infrecuentes entre las personas con niveles altos de colesterol; algo que según explican «se debe a que las lipoproteínas de baja densidad (LDL) y otras partículas de lipoproteínas se adhieren a las bacterias -y a sus fragmentos tóxicos- y virus disminuyendo su toxicidad». Añadiendo luego algo igualmente sorprendente: «La incidencia de cáncer de hígado y la mortalidad por cirrosis hepática y otras patologías hepáticas es nula entre las personas con los niveles de colesterol más altos». Algo -afirman- que explica el hecho de que las lipoproteínas de baja densidad (LDL) compiten con los virus de la hepatitis C en los receptores celulares.

Y si lo dicho hasta ahora es sorprendente, ¿qué decir de su aseveración de que el cáncer parece aparecer mayoritariamente en personas con bajos niveles de colesterol?

 EFECTOS ADVERSOS DE LAS ESTATINAS

 Cabe añadir que los investigadores japoneses dedican el capítulo más amplío de su trabajo a los efectos secundarios de las estatinas. Y sus datos son demoledores: pueden dañar el sistema nervioso central y provocar neuropatía periférica, cataratas, deterioro de la memoria, teratogenicidad (malformaciones en el feto, trastornos musculoesqueléticos, diabetes, disfunciones hepáticas, depresión del placer sexual… y cáncer. Resumimos sus argumentos de forma muy breve:

Desórdenes del sistema nervioso central. Los autores se basan, entre otros, en el trabajo coordinado por I. R. Edwards que con el título Statins, neuromuscular degenerative disease and an amyotrophic lateral sclerosis-like syndrome: an analysis of individual case safety reports from Vigibase (Las estatinas, enfermedades degenerativas neuromusculares y síndromes similares a la esclerosis lateral amiotrófica: un análisis de los informes de seguridad de casos individuales de Vigibase) se publicó en 2007 en Drug Safe (Vigibase es por cierto la base de datos del programa de Vigilancia Farmacéutica Internacional de la OMS). Y es que en él se da cuenta del desproporcionado número de lesiones neuronales motoras superiores que ocasiona la ingesta de estatinas, evento adverso de los fármacos poco común. Resulta que de los 172 casos registrados en esa base 43 estaban relacionados con estatinas. Investigaron entonces más a fondo 40 de esos registros y constataron que salvo uno los demás habían sido diagnosticados afectos de esclerosis lateral amiotrófica (ELA) cuando en 34 de los 40 ¡el único medicamento sospechoso eran las estatinas! Y de los 6 restantes cinco consumieron también una estatina -la atorvastatina- junto a otros medicamentos -como la doxiciclina o el fenofibrato- y el sexto otra estatina -la cerivastatina- junto con gemfibrozil.

De ahí que Edwards, aunque otros estudios no sean igual de concluyentes, entienda que el tratamiento con estatinas debiera suspenderse de inmediato al menos en los enfermos de patologías neuromusculares – ELA incluido- ante la posibilidad de que la enfermedad pueda ser así detenida e, incluso, revertida.

Neuropatía periférica. Efecto adverso que ya no se discute. Son muchos los trabajos que asocian el uso prolongado de estatinas con la aparición de polineuropatías; generalmente en los miembros inferiores.

-Deterioro de la memoria. Los problemas causados por las estatinas en la memoria adquirieron trascendencia pública cuando en 2006 el exastronauta, investigador médico aeroespacial, cirujano de vuelo y médico de familia Duane Graveline contó en su libro Lipitor, thief of memory. Statin drugs and the misguided war on colesterol (Lipitor, ladrón de la memoria. Las estatinas y la equivocada guerra contra el colesterol) los graves problemas de memoria que le provocó el consumo de atorvastatina (lea en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título ¿Causan las estatinas recetadas para bajar el colesterol las enfermedades neurodegenerativas? apareció en el nº 91 en el que recogimos sus declaraciones). Algo que la propia FDA terminaría reconociendo en 2014: “Los informes sobre pérdida de memoria, olvido y confusión abarcan a todos los productos de estatinas y a todos los grupos de edad”.

Agregando los investigadores japoneses: “Es la reducción del colesterol que inducen las estatinas, disponible para la síntesis de hormonas en el hipocampo y en la membrana celular del cerebro, lo que probablemente deteriora la memoria”.

Es más, contrariamente a lo que se sostiene un nivel alto de LDL -el supuesto «colesterol malo»- parece mejorar la función cognitiva. En el trabajo del que nos ocupamos se habla del Proyecto KOCOA (Key to Optimal Cognitive Aging), estudio prospectivo realizado en Okinawa (Japón) en el que se valoró la memoria de 193 personas de más de 80 años que vivían de forma independiente constatándose que los mejores resultados los obtuvieron las que tenían altos niveles de LDL y bajos de HDL y triglicéridos.

-Teratogenicidad asociada con estatinas. El consumo de estatinas durante el embarazo puede causar en la madre graves daños en el sistema nervioso central, anomalías en las extremidades y trastornos en la reproducción. Y se explica la razón: “Para la formación de la vaina de mielina se requiere colesterol. La proteína Sonic Hedgehog, que desempeña un papel crucial en la organogénesis, precisa de colesterol. Y cualquier alteración de ese proceso puede llevar a la formación de un feto con un ojo. En las neuronas del hipocampo -postnatales y adultas- la Sonic Hedgehog está involucrada en la determinación del tamaño de la terminal presináptica y la función de las neuronas del hipocampo”.

-Trastornos musculoesqueléticos. Este efecto adverso es quizás el más común de las estatinas y vital para entender que éstas pueden estar siendo causa de muchas de las patologías cardiovasculares. “A nuestro juicio –dicen los investigadores japoneses- los pacientes que consumen estatinas sufren un considerable daño muscular. Y lo decimos dados los resultados, por poner un ejemplo, de un estudio sobre atletas profesionales con hipercolesterolemia familiar que recibieron estatinas: el 80% no pudo tolerar el tratamiento ante los problemas musculares que les provocaba. Y como hablamos de buenos atletas centrados en el estado de sus músculos y es muy probable que detectaran fácilmente esos problemas ello sugiere que puede haber muchos más casos entre la población en general que presta menos atención a su condición muscular». Añadiendo: «Es probable que las estatinas no solo dañen los músculos sino también las articulaciones y el tejido conectivo”.

-Diabetogenicidad. En las guías para la diabetes mellitus tipo 2 se aboga hoy por el uso de estatinas para prevenir las enfermedades coronarias pero el trabajo que comentamos indica que éstas podrían en realidad contribuir al desarrollo de la diabetes porque aumentan en sangre los niveles de glucosa y hemoglobina glicosilada (HbA1c), perjudican la tolerancia a la glucosa al desintegrar la balsa de lípidos en la que los receptores de insulina se encuentran y dañan el sistema músculo-esquelético y las mitocondrias al reducir la síntesis de componentes mitocondriales básicos como la hemo A y la coenzima Q10. Los investigadores japoneses son claros al respecto preguntándose: ¿Son realmente eficaces las estatinas para la prevención de las enfermedades del corazón en la diabetes mellitus tipo 2? La respuesta, por desgracia, es NO. No hay pruebas que apoyen el uso de las estatinas en pacientes con diabetes tipo 2 en Japón. De hecho las estatinas deterioran el metabolismo de la glucosa y aumentan la incidencia de diabetes. El mecanismo fisiopatológico de la intolerancia a la glucosa inducida por estatinas en realidad ya ha sido elucidado (…) En suma, consideramos que el uso de estatinas está contraindicado en los pacientes con diabetes tipo 2”.

-Daños en el hígado. El efecto negativo de las estatinas en el hígado es doble: reduce la cantidad de colesterol que éste sintetiza y además lo daña.

-Disminución del placer sexual. Este efecto secundario de las estatinas se explica por su influencia en la elaboración de testosterona; se explica en el trabajo: “La testosterona se compone de colesterol y su síntesis en los órganos genitales y las glándulas adrenales se ve reducida por las estatinas. Además el placer sexual depende mucho de los sistemas nervioso, central y periférico”. Cabe agregar que las estatinas pueden penetrar en el cerebro -son solubles en lípidos- y afectar a la síntesis de las hormonas esteroides. Por tanto es muy posible que las estatinas reduzcan también el placer sexual en el cerebro.

-Cáncer. Para los investigadores japoneses hay cada día mayor evidencia del efecto carcinogénico de las estatinas. El riesgo de padecer cáncer de mama -según trabajos recientes citados por ellos- aumenta en más del doble a los diez años de consumir estatinas… aunque menos entre quienes tienen altos niveles de colesterol. Según se cuenta en el ensayo The Cholesterol and Recurrent Events (CARE) -coordinado por E. Braunwald y publicado en 1996 en The New England Journal of Medicine– se dieron 286 casos de cáncer de mama entre las mujeres del grupo de la pravastatina, pero sólo 1 caso entre 290 mujeres en el grupo de placebo durante el seguimiento.

Además en el trabajo coordinado por H. Iwata titulado Use of hydroxy-methyl-glutaryl coenzyme A reductase inhibitors is associated with risk of lymphoid malignancies (El uso de inhibidores de la hidroximetilglutarilcoenzima A reductasa está asociado con el riesgo de malignidades linfoideas) -se publicó en 2006 en Cancer Science- se relaciona el consumo de estatinas con las neoplasias linfoides. En el coordinado por Ravnskov titulado The statin-low cholesterol-cancer conundrum (Las estatinas, el colesterol bajo y el enigma del cáncer) -se publicó en 2102 en QJM: An International Journal de Medicina- se vinculan las estatinas con un significativo aumento de la incidencia de cáncer de piel no melanoma. En el ensayo Prospective Study of Pravastatin in the Elderly at Risk (Estudio prospectivo del riesgo de la pravastatina en la Tercera Edad) -coordinado por Ian Ford y publicado en 2002 en Current Controlled Trials in Cardiovascular Medicine– se analizó a personas de entre 70 y 82 años a las que se dio bien pravastatina, bien un placebo, y la diferencia de casos de cáncer a los cuatro años fue significativa: 245 entre las 2.891 del grupo que tomó pravastatina y 199 de las 2.913 del grupo placebo. Finalmente, en el ensayo Simvastatin and Ezetimibe in Aortic Stenosis (La simvastatina y la ezetimiba en la estenosis aórtica) coordinado por Anne B. Rossebo y publicado en 2008 en The New England Journal of Medicine se constató que de las 944 del grupo que tomó simvastatina/ezetimiba sufrieron cáncer durante el seguimiento 39 y entre las 929 del grupo placebo sólo 23.

 CUANDO LA VERDAD SE OCULTA

 Concluido este reportaje tuvimos oportunidad de contactar directamente con el primer firmante del trabajo japonés, el Dr. Harumi Okuyama, quien no dudó en atendernos brevemente y contestar a algunas preguntas. Esta fue la conversación:

-Díganos, doctor ¿qué impacto ha tenido su artículo? Porque sus conclusiones son muy llamativas y rompedoras. ¿Les han contestado los colegas a los que preguntaron por el trabajo?

-Hasta el momento no hemos recibido respuesta de los principales responsables científicos de la Sociedad Japonesa para la Ateroesclerosis sobe nuestra petición de reevaluar tanto lo que se postula sobre el colesterol como sobre las estatinas pero su máximo responsable nos ha comunicado que van a valorar la propuesta. La mayoría de los médicos aún mantiene la prescripción de estatinas pero la gente y los medios de comunicación se están comenzando a plantear preguntas sobre los medicamentos para reducir el colesterol y tengo la sensación de que el número de profesionales que apoyan nuestro estudio aumenta de manera constante.

-La cantidad de datos con los que apoyan ustedes en el informe sus conclusiones contrarias al uso de estatinas es realmente ingente. ¿Por qué cree que sigue imponiéndose la situación actual y ni siquiera esto sea cuestión de un debate científico serio, riguroso y público?

-Eso es relativamente fácil de adivinar pero difícil de probar. Mire, en el caso de los medicamentos los beneficios industriales superan las cuestiones morales. Los estudios patrocinados por la industria tratan de crear confusión en la interpretación de los datos clínicos empleando todos los medios disponibles. Los metaanálisis son uno de esos medios. En los metaanálisis una conclusión se deduce mediante la recopilación de diversos ensayos clínicos y el análisis de un gran número de participantes. La verdad es que son una especie de cajón de sastre y uno no puede estar nunca seguro de hasta qué punto los procesos se realizaron con precisión.

¿En qué momento se convenció de que la demonización del colesterol es un error científico?

-En un momento determinado nos dimos cuenta de que en Japón, en algunos ensayos clínicos, la proporción de sujetos con hipercolesterolemia familiar era alta. Nos dimos cuenta también de que los riesgos relativos de altos niveles de colesterol en la mortalidad por enfermedad cardiovascular varían mucho entre las poblaciones estudiadas y de que el riesgo relativo es mayor en el grupo o subgrupo que incluye una mayor proporción de hipercolesterolemia familiar. Y finalmente llegamos a la conclusión de que los datos no presentaban una realidad correcta porque entre la población general de más de 40-50 años de edad el nivel de colesterol en plasma no es un factor de riesgo de las enfermedades cardiovasculares; y en los grupos de mayor edad, en los que las proporciones de hipercolesterolemia familiar son relativamente pequeñas, el colesterol alto es en realidad un factor protector. Hoy podemos asegurar que un nivel alto de colesterol es predictor de longevidad y que la mortalidad por cualquier causa es menor entre las personas con niveles altos de colesterol.

-Pues aún así va a ser difícil cambiar el paradigma dominante porque está muy asentado…

-Cierto. Además es un hecho que la mayoría de los medios de comunicación están patrocinados por las grandes industrias y quienes trabajan en ellos no pueden librarse fácilmente de esa carga. Sin embargo los profesionales de los medios son responsables de proporcionar información precisa y yo tengo la sensación de que algunos empiezan a reaccionar y a estar dispuestos a dar información correcta a la gente. Ustedes son un ejemplo.

Hasta aquí la breve entrevista. Terminamos recordando que no son solo los cuatro investigadores japoneses aquí citados los que niegan que sean peligrosos los altos niveles de colesterol: hay muchos más, algunos de los cuales se citaron en los reportajes que antes mencionamos y tiene el lector a su disposición en nuestra web: www.dsalud.com.

Uniéndose a todos ellos el especialista en Nutrición Ron Rosedale -internacionalmente conocido autor del libro El colesterol no es la causa de las enfermedades del corazón- para quien es hora de mirar en otra dirección diciendo sobre este asunto: “Un error que raramente se comete en ciencias puras como la Física parece cometerse con frecuencia en Medicina; y es confundir la correlación con la causa. Porque que haya una débil correlación estadística entre el colesterol alto y los ataques cardíacos no significa que el colesterol alto sea la causa del ataque cardíaco. Ciertamente el pelo canoso está en correlación con el envejecimiento pero a nadie se le ocurriría decir por eso que las canas son la causa del envejecimiento. Y al igual que los tintes para ocultar las canas no nos hacen realmente más jóvenes bajar el colesterol tampoco va a evitar un ataque cardíaco”. Desgraciadamente pocos médicos en nuestro país parecen entender siquiera esta lógica tan simple. Esperemos que esta nueva publicación japonesa les ayude a cambiar de opinión.

 Antonio F. Muro

Este reportaje aparece en
191
Marzo 2016
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