Campaña de desprestigio contra todo profesional que no se pliegue al modelo médico imperante

¿Cómo es posible que tantos grandes medios de comunicación den cabida y crédito a cualquier ignorante indocumentado sin formación universitaria ni estudios científicos que en el ámbito de la salud pontifique sobre lo que es o no correcto, científico y admisible? ¿Cómo asumen acríticamente que puede tacharse de “curandero” o “estafador” a todo profesional de la salud -médicos incluidos- que utilice terapias, métodos o productos no convencionales cuando los mismos están avalados hasta por la propia Organización Mundial de la Salud (OMS), el Parlamento Europeo y el Consejo de Europa? ¿Qué clase de ¨profesionales” se ocupan hoy en ellos de la “información” sobre salud y asumen que son aceptables la calumnia, la injuria, la difamación y el desprestigio personal y profesional de personas manifiestamente preparadas y honestas? Es hora de hablar claro.

Campaña de desprestigio contra todo profesional que no se pliegue al modelo médico imperante

Sumarios:

¿Cómo es posible que tantos grandes medios de comunicación den cabida y crédito a cualquier ignorante indocumentado sin formación universitaria ni estudios científicos que en el ámbito de la salud pontifique sobre lo que es o no correcto, científico y admisible?

¿Cómo asumen los medios de comunicación acríticamente que puede tacharse de “curandero” o “estafador” a todo profesional de la salud -médicos incluidos- que utilice terapias, métodos o productos no convencionales cuando los mismos están avalados hasta por la propia OMS, el Parlamento Europeo y el Consejo de Europa?

“La muerte de una sola persona con cáncer tratada con una terapia alternativa es motivo de escándalo y peticiones de ‘justicia’; la muerte cada año de 104.000 enfermos de cáncer tras ser tratados con los protocolos oficiales no. Tal es el esperpento en el que nos hallamos”, nos diría Jose Antonio Campoy.

La Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS), que reúne a casi 600 periodistas, tiene como “socios protectores” a Pfizer, Janssen, Roche, Abbvie y la Federación de Industrias de Alimentación y Bebidas y como “socios colaboradores” a Farmaindustria, Merck Sharp & Dohne, Eresa y Praxair.

Los pseudoescépticos se arrogan el derecho a decidir qué es o no científico, qué es o no válido o aceptable, quién es o no creíble y quién debe ser considerado un profesional sensato o un farsante aun cuando la mayoría de ellos no tiene ni formación universitaria ni conocimientos científicos básicos.

De los casi 3.000 tratamientos médicos analizados solo el 11% son claramente beneficiosos, el 24% pueden ser algo beneficiosos, el 7% están entre beneficiosos y dañinos, el 5% es poco probable que sean beneficiosos y el 3% pueden ser ineficaces y/o dañinos. Añadiendo que del 50% restante ¡no se sabe nada!

Cada año mueren en los hospitales españoles mientras son tratados por los médicos del sistema sanitario más de 400.000 personas (104.000 de ellas de cáncer).

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Junio 2016
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