Muchos problemas dermatológicos pueden tratarse mediante la ingesta de probióticos

Los últimos avances en el conocimiento del microbioma humano han permitido saber cuáles son las principales especies de microorganismos que cohabitan con nuestras células en una relación simbiótica de delicado equilibrio entre huésped y terreno que puede alterar cualquier anomalía iniciando una reacción del sistema inmune. Alteraciones que pueden afectar incluso a la piel dando lugar a dermatitis y de ahí que, por sorprendente que a algunos les pueda parecer, muchos problemas dermatológicos puedan resolverse ¡ingiriendo probióticos! Y es que las bacterias están presentes en todo el organismo -incluida la piel- y de ahí que la ingesta de algunos probióticos tenga efectos sistémicos, globales. Los actuales estudios científicos dan pues una vez más la razón a Hipócrates aunque él ignorara que si los alimentos son la mejor medicina es en buena medida porque equilibran el microbioma intestinal.

Muchos problemas dermatológicos pueden tratarse mediante la ingesta de probióticos

Que una flora intestinal benéfica y equilibrada es fundamental para la salud lo hemos explicado ya en varios artículos dado que el número de células de nuestros microbios internos es 10 veces mayor que el de nuestras propias células y de que el 80% de la actividad inmune se genera en los intestinos; luego nuestra salud depende en gran medida de la homeostasis intestinal y de ahí la importancia de los prebióticos y probióticos. De hecho hay numerosos estudios que demuestran que su ingesta permite evitar las enfermedades inflamatorias intestinales, regular la insulina, el colesterol y los triglicéridos, reducir el riesgo de cáncer de colon, aumentar la absorción del calcio… y muchas otras cosas. Y es que incrementar el número de bacterias intestinales benéficas impide proliferar a las patógenas; de hecho el equilibrio de la flora intestinal ayuda incluso en las enfermedades no intestinales aunque el mecanismo por el que eso es así no acabe de dilucidarse por completo. Pues bien, entre las patologías que ayuda a resolver su ingesta están los problemas dermatológicos -en especial la dermatitis atópica- y de ello vamos a hablar en esta ocasión.

En diciembre de 2013 los doctores del Departamento de Dermatología de la Universidad de California Tiffany C. Scharschmidt y Michael A. Fischbach publicaron en Drug Discovery Today un artículo titulado What lives on our skin: Ecology, genomics and therapeutic opportunities of the skin microbiome (Lo que vive en nuestra piel: la ecología, la genómica y las oportunidades terapéuticas del microbioma de la piel) en el que explican que en cada centímetro cuadrado de nuestra piel hay un millón de microorganismos que llevan millones de años viviendo en perfecta simbiosis y constante interacción con nuestras células ya que se ocupan tanto de segregar como de absorber las miles de moléculas químicas diferentes con las que entran en contacto. Equilibrio milenario natural que cuando se rompe puede dar lugar a toda una cascada de reacciones bioquímicas que pueden dañar e inflamar la zona e, incluso, a una reacción del sistema inmune apareciendo lo que se considera una «patología cutánea». Los doctores de la Universidad de California-San Diego R. Gallo y T. Nakatsuji publicaron de hecho en 2011 en Journal of Investigative Dermatology un artículo en el que aseveraban que la microflora de la piel es tan importante para la salud como los propios tejidos tras constatar que una de las bacterias más abundantes de la dermis humana, la Staphylococcus epidermis, produce péptidos antimicrobianos que refuerzan los que producen nuestros queratinocitos.

LA SALUD SE REFLEJA EN LA PIEL Y EL PELO

También en 2013 apareció en PloS One un artículo titulado Probiotic bacteria induce a glow of health (Las bacterias probióticas dan lugar a una grata sensación de salud) firmado por un numeroso equipo de investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts y coordinado por la Dra. Tatiana Levkovich según el cual el cutis y el pelo -indicadores universales de buena o mala salud- mejoran notablemente ingiriendo probióticos. Lo constataron tras dárselos a ratones ancianos que merced a ello no solo lograron recuperar un pelaje abundante y lustroso sino obtener una clara mejoría de su sistema inmunitario. Tenían de media 6 meses de edad -el equivalente a 34 años humanos- y lo lograron reforzando su dieta habitual -hasta que alcanzaron los 11 meses (55 años humanos)- con un yogur rico en Lactobacillus reuteri. Los animales de control que no recibieron el yogur mostraron en cambio pérdida de pelaje, dermatitis, menor densidad de los folículos capilares y de las glándulas seborreicas, piel más espesa y mayor acidez de las mucosas. Cabe agregar que para comprobar que el rejuvenecimiento se debía al Lactobacillus reuteri y no a otros nutrientes del yogur se utilizó otro grupo que bebió agua enriquecida con el Lactobacillus reuteri obteniéndose así resultados muy similares.

Posteriormente se realizarían las mismas pruebas pero esa vez con ratones desprovistos de interleuquina Il-10 -la que regula la Il-17 proinflamatoria- encontrándose que los efectos beneficiosos de Lactobacillus reuteri no se producían; de lo que se infirió que el probiótico inhibe los efectos inflamatorios de la Il-17 al tiempo que potencia la Il-10 y por tanto la pérdida de pelaje es resultado de un proceso inflamatorio.

Dato llamativo del estudio es que la ratonas que tomaron el Lactobacillus reuteri mostraron hiperacidez en la mucosa vaginal, algo que enlaza con lo constatado en 2011 por un equipo de investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland de Baltimore (EEUU) capitaneado por J. Ravel -el trabajo se publicó en Proceedings of the National Academy of Sciences- que descubrió en el moco vaginal de 333 mujeres en edad fértil abundante ácido láctico, un pH muy ácido -de entre 5 y 4,4- y una colonización dominante de bacterias del genero Lactobacillus. En pocas palabras, en la etapa óptima de fecundidad femenina -hacia los 25 años-, cuando la piel y el pelo están más sanos, la presencia de Lactobacillus es mucho mayor… incluso en el moco vaginal.

S. E. Erdman y T. Poutahidis, investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts, publicarían por su parte en Beneficial Microbes los resultados de un trabajo de investigación murina en el que corroborarían que la Il-10 disminuye la citoquina proinflamatoria Il-17 y ello se traduce en mejoras en la piel y el pelo pero también en el potencial reproductivo ya que aumenta el volumen testicular y la espermatogénesis -al menos así ocurre en ratones macho- proporcionando mayor capacidad de apareamiento y reproducción. Cabe por otra parte recordar que durante la reproducción de los mamíferos la Il-10 disminuye la intolerancia inmune mediante la activación de los linfocitos T reguladores impidiendo el rechazo del tejido fetal en el vientre de la madre. Es más, Erdman y Poutahidis aseveran que durante los ensayos los ratones que ingirieron Lactobacillus reuteri «se acicalaron» más, algo que aumenta la segregación de las hormonas oxitocina y prolactina reafirmando el vínculo materno-filial, básico para la supervivencia del neonato, su cuidado y alimentación. En suma, la ingesta de Lactobacillus reuteri -al menos a nivel murino- rejuvenece la piel y el pelo y mejora el potencial reproductivo y la consiguiente concepción por lo que el papel simbiótico de las bacterias en la evolución de los mamíferos es indudable.

Obviamente además de la Lactobacillus reuteri hay otras especies de bacterias igualmente eficaces. Seon Gyujeon, investigador de la Osaka University, dirigió -en colaboración con colegas de distintas universidades japonesas- varios ensayos murinos con otras dos especies de bacterias, la Lactobacillus casei y la Bifidobacterium breve, comprobando que solo la segunda induce la sobreexpresión de la interleuquina antiinflamatoria Il-10 y la producción de linfocitos T reguladores que, en el caso investigado, redujo la inflamación intestinal de ratones con colitis ulcerosa. Efecto antiinflamatorio que probablemente actúe también a nivel dérmico. El trabajo se publicó en 2012 en PloS One.

Un año después -en 2013- un equipo conjunto de la empresa Alimentary Health Ltd. de Cork (Irlanda), la Victoria University de la misma ciudad y la Universidad de Zurich coordinado por el doctor D. Groeger publicó en Gut Microbes un trabajo según el cual el probiótico Bifidobacterium infantis modula en humanos el proceso inflamatorio de forma sistémica. Según los ensayos clínicos aleatorizados realizados con él durante 7 semanas sobre 22 pacientes con colitis ulcerosa, 48 con fatiga crónica y 26 con psoriasis el Bifidobacterium infantis logró reducir de forma notable los niveles de proteína C reactiva (PCR), del factor de necrosis tumoral alfa (TNF-alfa) y de la interleuquina Il-6, todos ellos marcadores inflamatorios; de lo que los investigadores dedujeron que el probiótico no tiene solo capacidad inmunomoduladora y antiinflamatoria a nivel de la mucosa intestinal sino sistémico.

Finalmente cabe destacar en este apartado el trabajo que un equipo del L’Oreal Research de Paris coordinado por el doctor A. Guéniche hizo constatando -tanto in vitro como en un ensayo clínico- que la aplicación tópica de una crema hecha con un lisado de bacterias de Bifidobacterium longum es antiinflamatoria. Se explica en el artículo que en 2010 publicaron en Experimental Dermatology. El ensayo clínico se efectuó con 66 mujeres de piel muy reactiva y sensible a las temperaturas extremas que se aplicaron por todo el cuerpo dos veces al día durante 2 meses- bien la crema con el lisado, bien un placebo- y al cabo de ese tiempo la piel de las que usaron la crema era mucho menos sensible y mostraba menor resistencia dérmica ante una agresión externa. Posteriormente otro ensayo clínico hecho por el mismo equipo demostró que entre las que usaron la crema la piel se deshidrató menos.

UTILIDAD EN LA DERMATITIS ATÓPICA

La dermatitis atópica infantil es una molesta patología dérmica que afecta a 3 de cada 10 niños menores de 1 año y va remitiendo con la edad pues solo el 5% de los adolescentes tiene eczemas… salvo en los países más industrializados; de hecho en Estados Unidos los padece hoy el 20% de los preadolescentes y el 10% de los adultos. Un auténtico problema pues los médicos la afrontan normalmente recetando corticoides -inhibidores de la enzima calcineurina- de peligrosos efectos secundarios, sobre todo cuando se usan durante períodos prolongados; muy especialmente en el caso de los niños pequeños.

Pues bien, un grupo de investigadoras del Hospital General de México encabezado por la Dra. Vanessa Fuchs Tarlovsky realizó una interesante síntesis de los trabajos publicados en la literatura médica entre 1994 y 2015 sobre los efectos dermatológicos de los probióticos encontrando 42 referencias de que ayudan a prevenir la dermatitis atópica o eccema (aunque no pueden asegurar que su ingesta sea un tratamiento eficaz). El trabajo se publicó en 2016 en Nutrition.

Uno de ellos se centró en la dermatitis, lo efectuó un equipo de la UC Davis School of Medicine de Sacramento (EEUU) siendo coordinado por los doctores N. Foolad y A. W. Armstrong y se publicó en 2014 en Beneficial Microbes. Se trata de un metaanálisis sobre 3.023 niños menores de 3 años con dermatitis que fueron tratados con distintos probióticos o mezclas de probióticos y prebióticos indicando los datos que cuando la madre ingirió durante el embarazo probióticos y luego lo hicieron además los bebés el 61% tuvo menos problemas mientras cuando solo los tomaron ellos acaeció así solo en el 38% de los casos Siendo la más eficaz de las cepas bacterianas utilizadas la Lactobacillus rhamnosus.

Un metaanálisis similar efectuado por un grupo de investigadores de la Carol Davila University of Medicine and Pharmacy de Bucarest (Rumania) dirigido por la Dra. Mihaela Panduru encontró por su parte que los efectos emolientes se logran tanto con probióticos de Lactobacillus como con una mezcla de estas bacterias con Bifidobacterium. Lo dieron a conocer en el número de febrero de 2015 de Journal of the European Academy of Dermatology and Venereology.

Seis años antes -en 2009- un grupo de investigadores del Hospital de Niños Wilhelmina de la University Medical Center de Utrecht (Holanda) dirigido por la Dra. Laetitia E. M. Niers publicó en Allergy un singular ensayo clínico realizado con madres con alto riesgo de tener hijos con enfermedades alérgicas -por historial familiar- a las que se dio cuando estaban embarazadas una mezcla de probióticos Bifidobacterium bifidum, Bifidobacterium lactis y Lactococcus lactis y luego a sus bebés hasta cumplir el año comprobándose a los tres meses de nacer que tenían eccemas 6 de los bebés de las madres que tomaron probióticos y 15 de las que ingirieron el placebo; diferencia que sin embargo fue disminuyendo con la edad igualándose el número de afectados al cumplir los 2 años. Los autores concluirían por ello que ese probiótico es eficaz preventivamente hasta el año de edad. Unas conclusiones similares a las obtenidas por un grupo de la Linköping University de Suecia encabezado por el doctor T. R. Abrahamsson -el trabajo se publicó en 2007 en Journal of Allergy and Clinical Immunology- que utilizó el Lactobacillus reuteri en188 madres alérgicas o con antecedentes familiares de alergia concluyendo que la ingesta de ese probiótico por éstas durante el embarazo reduce la incidencia de eccema durante la infancia de sus hijos.

Añadiremos que los ensayos clínicos publicados sobre la eficacia de los probióticos en casos de eczema son numerosos y no es posible hacernos eco de todos en tan limitado espacio pero la mayoría los considera eficaces para prevenir e incluso tratar la dermatitis atópica infantil. Invitamos pues a quien quiera profundizar en ello a leer los trabajos que un equipo de la Universidad de Turku (Finlandia) capitaneado por el doctor M. Kalliomäki publicó en 2003 en The Lancet así como el efectuado por otro de la Universidad de Helsinki coordinado por el doctor M. Viljanen aparecido en 2005 en Allergy. Es más, éntrese en nuestra web –www.dsalud.com– y léanse los artículos Los prebióticos, poderosos aliados de la salud, Kéfir, el rey de los probióticos y Probióticos orientales aparecidos en los números 188, 153 y 152 respectivamente (en este último dimos a conocer que el natto es un probiótico de constatadas propiedades inmunomoduladoras y antiinflamatorias merced a la presencia en él de bacterias de la especie Bacillus subtilis).

Por lo que al caso de los adultos se refiere diremos que un equipo de la Universidad de Milán coordinado por el doctor L. Drago realizó un estudio aleatorizado sobre 38 pacientes con dermatitis a los que se dio durante 16 semanas bien un placebo, bien el probiótico Lactobacillus salivarius, constatándose al término de la prueba que los que tomaron el probiótico habían mejorado visiblemente. El trabajo se publicó en 2011 en International Journal of Immunopathology and Pharmacology y los autores señalan que entre los que ingirieron el Lactobacillus salivarius disminuyó la cantidad de estafilococos fecales y se normalizó el nivel de linfocitos Th1/Th2. Un año después el mismo grupo publicaría en Journal of Clinical Gastroenterology los resultados de un exitoso ensayo similar utilizando distintas cepas de Lactobacillus salivarius.

Un equipo del Centro Hospitalario Universitario de Niza (Francia) coordinado por el profesor Thierry Passeron explicó en 2006 en Allergy cómo se trató a dos grupos de 48 niños de más de dos años con dermatitis atópica -de moderada a severa- a los que a uno se dio -3 veces diarias durante 3 meses- el probiótico Lactobacillus rhamnosus junto con un prebiótico y al otro solo el prebiótico mostrando al final los niños de ambos grupos visibles mejorías sin apenas diferencias entre ambos.

DERMATITIS Y ASMA

La relación entre dermatitis y asma era un fenómeno reconocido por muchos médicos pero no se determinó clínicamente hasta el trabajo que los doctores del Orebro Medical Centre Hospital de Suecia D. Gustafsson, O. Sjörberg y T. Foucard publicaron en el año 2000 en Allergy. Y es que tras seguir durante siete años a 94 niños que tras nacer sufrieron dermatitis infantil comprobaron que un 43% desarrolló asma y un 45% rinitis alérgica.

Once años después -en 2011- se publicó en Allergy un análisis clínico realizado por la Dra. Leontien Barbara van der Aa y varios colaboradores del Emma Childre’s Hospital Academic Medical Center de Ámsterdam que incluyó a 75 niños con dermatitis atópica y síntomas de asma con 17 meses de edad media a los que se siguió durante un año tras dar a la mitad durante 12 semanas dosis diarias de Bifidobacterium breve y a la otra mitad un placebo comprobándose que solo el 14% de los primeros mostró síntomas de asma contra el 34% de los que tomaron placebo.

Un año después -en 2012- un equipo de la Facultad de Medicina de la Harran University de Sanliurfa (Turquía) dirigido por el doctor Y. Yesilova -el trabajo apareció en Annals of Dermatology– realizó una prueba similar aleatorizada pero utilizando durante 8 semanas un complejo de las bacterias Bifidobacterium bifidum, Lactobacillus acidophilus, Lactobacillus casei y Lactobacillus salivarius contra placebo y observaron que disminuía la sintomatología y los niveles de IgE, citoquinas IL-5, IL-6 e interferón.

Cabe añadir que los beneficios derivados del uso de prebióticos ya habían sido constatados por un equipo de la Universidad de Helsinki (Finlandia) coordinado por la Dra. Kristina Kukkonen mediante un ensayo clínico aleatorizado con 925 niños a los que se dio una mezcla de 3 probióticos –Lactobacillus rhamnosus, Bifidobacterium breve y Propionibacterium freudenreichii (la bacteria del queso emmental)- junto con probióticos. Lo singular de este estudio es que comenzó con la ingesta 3 meses antes del parto de esa mezcla de probióticos por parte de 1.223 embarazadas y que se hizo un seguimiento de los niños hasta que alcanzaron los 2 años momento en el que se les evaluó respecto a distintas alergias: eccema, asma, rinitis alérgica y alergia a los alimentos. El artículo se publicó en 2007 en Journal of Allergy and Clinical Immunology y concluyó que si bien los probióticos y prebióticos no tienen eficacia en todo tipo de alergias sí son útiles para prevenir la dermatitis.

ACNÉ

La Dra. Whitney P. Bowe -de la State University de Nueva York (EEUU)- y el doctor A. C. Logan -del Integrative Care Center de Toronto (Canadá)- publicaron en 2011 en Gut Pathogens un revelador trabajo sobre los efectos de los probióticos en la disbiosis intestinal y el acné con el extraño título de Acne vulgaris, probiotics and the gut-brain-axis. Back to the future? (El acné vulgar, los probióticos y el eje intestinos-cerebro. ¿Reinventando el pasado?) en el que se destaca que ya a principios del pasado siglo XX se utilizaba de forma popular el probiótico Lactobacillus acidophilus como remedio para el acné. De hecho el doctor L. P. Ereaux -del Royal Victoria Hospital de Ottawa (Canadá)- publicó en 1938 en Journal of the Canadian Medical Association un artículo en el que recordaba que ese probiótico ya fue utilizado para ello en el imperio romano.

Ya en nuestra época el doctor R. H. Siver -del Union Memorial Hospital de Baltimore (EEUU)- controló a 300 pacientes con acné que tomaron durante 16 días una mezcla de Lactobacillus acidophilus y Lactobacillus bulgaricus y observó que el 80% mejoró. El trabajo se publicó en 1961 en el Journal of the Medical Society of New Jersey.

Más relevante fue en todo caso el informe que los doctores de la Universidad de Pisa F. Marchetti, R. Capizzi y A. Tulli publicaron en 1987 en La Clínica Terapéutica dando cuenta de un estudio clínico con 40 pacientes a los que se dividió en dos grupos a uno de los cuales se le dio diariamente durante varias semanas 250 miligramos de Lactobacillus acidophilus y Bifidobacterium bifidum observándose sensibles mejorías en comparación con el grupo que no tomó probióticos.

Interesante fue asimismo el ensayo aleatorizado con 56 pacientes realizado por un grupo de investigadores de la Kyung Hee University de Corea encabezado por el doctor J. Kim -se publicó en 2010 en Nutrition- a los que se dio diariamente durante 12 semanas una bebida con fermentos lácteos de Lactobacillus al término de las cuales se apreciaron visibles mejoras del acné; siendo éstas más claras entre quienes conjuntamente ingirieron lactoferrina, proteína láctea de reconocido efecto antiinflamatorio.

En cuanto a las aplicaciones tópicas solo se encontró una referencia digna de mención. Nos referimos al trabajo de un grupo de investigadores de la Universidad de California-San Diego encabezado por el doctor Y. Wang -se publicó en 2014 en Applied Microbiology and Biotechnology– que ensayó con la bacteria Staphylococcus epidermis presente en la piel humana constatando que inhibe la proliferación excesiva de otra bacteria epidérmica considerada la máxima culpable del acné: la Propionibacterium acnes. Al menos in vitro en un medio rico en glicerol.

ROSÁCEA

Aunque los dermatólogos convencionales dicen que esta patología cutánea no tiene solución la medicina natural la considera una enfermedad autoinmune que se soluciona de forma sencilla con una dieta adecuada. De hecho un equipo de la Universidad de Génova (Italia) coordinado por el doctor A. Parodi -el trabajo se publicó en 2008 en Clinical Gastroenterology and Hepatology- comparó los casos de 113 pacientes con rosácea y una edad media de 52 años con 60 personas sanas del mismo sexo y edades llegando a la conclusión de que la rosácea se asocia a la disbiosis intestinal.

Tres años después -en 2011- un equipo del St. Vincent’s Hospital de Sydney (Australia) coordinado por el doctor M. Whitfeld publicó en Journal of the American Academy of Dermatology un interesante ensayo clínico en el que se constató que en la piel de las personas con rosácea hay un claro exceso de bacterias de la especie Staphylococcus epidermis.

RINITIS ALÉRGICA

La rinitis alérgica no es una enfermedad dermatológica pero se menciona aquí porque acompaña frecuentemente a quienes padecen dermatitis. Pues bien, las investigadoras de la brasileña Universidade Federal da Paraíba Janaina C. Rodrigues Nogueira y Maria C. Rodrigues Gonçalves publicaron en 2011 en Brazilian Journal of Otorhinolaryngology los resultados de un metaanálisis sobre el uso de probióticos para el tratamiento de la rinitis alérgica y constataron hay al menos dos bacterias que alivian los síntomas modulando la respuesta inmune al llevar a nivel normales los linfocitos Th1/Th2 a la vez que parecen prevenir las recurrencias alérgicas: los Lactobacillus y los Bifidobacterium.

FOTOENVEJECIMIENTO

Un equipo de médicos del Yakult Central Institute for Microbiological Research de Tokio (Japón) dirigido por el doctor S. Sugimoto realizó un ensayo para comprobar los efectos del probiótico Bifidobacterium breve sobre la salud de la piel suministrándoselo oralmente a un grupo de ratones sin pelo durante 9 y 14 días -al otro no se le dio nada- irradiando luego a todos los cuatro últimos días con luz ultravioleta. Pues bien la elasticidad de la piel y el contenido en interleuquina Il-1beta eran sensiblemente inferiores en los animales que no ingirieron el probiótico coligiéndose que el Bifidobacterium breve es beneficioso para la piel y tiene efectos fotoprotectores. El trabajo se publicó en 2012 en Photodermatology, Photoimmunology & Photomedicine.

PROBIÓTICOS, CASPA Y ALOPECIA

La suplementación con probióticos podría prevenir y mejorar la alopecia; al menos así lo sostiene un grupo de investigadores del L’Oreal Recherche de Lausana (Suiza) dirigido por el doctor A. Gueniche en un trabajo publicado en 2011 en International Journal of Trichology en el que se destaca por cierto que la aparición de abundante caspa es síntoma de que algo está fallando a nivel del metabolismo del cuero cabelludo. Es más, aseveran que hoy la caspa afecta a la mitad de la población occidental y ello se debe a la colonización del cuero cabelludo por un hongo: la Malassezia. Pues bien, los investigadores proporcionaron diariamente durante dos meses a parte de un grupo de 66 personas sanas pero con caspa moderada el probiótico Lactobacillus paracasei (ST-11) y al otro un placebo y vieron que en los primeros habían disminuido las cantidades de caspa y hongos.

PROBIÓTICOS Y PSORIASIS

Para el prestigioso doctor Jean Seignalet la psoriasis aparece bien a causa de una disbiosis intestinal, bien de un intestino permeable, lo que en ambos casos hace que pasen al torrente sanguíneo péptidos que provocan la reacción del sistema inmunitario. Lamentablemente se ha investigado muy poco sobre el posible efecto terapéutico de los probióticos en esta patología pero puede tenerse en cuenta lo descubierto por el antes citado Dr. Groeger según el cual el Bifidobacterium infantis modula en humanos el proceso inflamatorio de forma sistémica.

Cabe añadir que en marzo de 2014 un equipo de la Erasmus MC-UniversityMedical Center de Róterdam (Holanda) coordinado por el doctor H. Eppinga publicó en Current Rheumatology Reports un artículo según el cual hay una clara asociación entre la artritis psoriásica y las enfermedades inflamatorias intestinales así como numerosas evidencias de un proceso de inflamación sistémica relacionado con los linfocitos Th-17.

Y en el mismo sentido se expresa un numeroso grupo de investigadores de la New York University y del New York University Hospital encabezado por el doctor J. U. Scher que en un artículo publicado en 2015 en Arthritis & Rheumatology explica haber observado una llamativa similitud de la microbiota intestinal de los enfermos de psoriasis, artritis psoriásica y síndrome de intestino irritable que es además mucho menos diverso que en las personas sanas.

CONCLUSIÓN

La investigación sobre los beneficios genéricos de los probióticos -e incluso terapéuticos en determinadas patologías- es relativamente reciente y se encuentra aun en sus inicios por lo que cabe esperar importantes novedades en los próximos años. Téngase en cuenta que son contados los centros que se dedican a investigarlos pues al tratarse de bacterias naturales no patentables carecen de interés para la industria farmacéutica y de ahí que los investigadores carezcan de medios económicos para financiar costosos ensayos de laboratorio, experimentales y clínicos. Y ello a pesar de estar universalmente aceptado que ciertas especies de bacterias tienen efectos inmunopotenciadores, inmunorreguladores y antiinflamatorios sistémicos lo que implica que son beneficiosos para la salud en general en cualquier circunstancia.

Dicho lo cual si usted o sus futuros hijos están en un grupo de alto riesgo de contraer alguna enfermedad dermatológica puede consumir extractos probióticos que incluyan las siguientes bacterias:

-En caso de eccema Lactobacillus rhamnosus, L. lactis, L. reuteri, L. salivarius, L. acidophilus, L. casei, Bifidobacterium bifidum, B. lactis, B.breve, Lactococcus lactis y Propionibacterium freudenreichii.

-En caso de acné Lactobacilllus acidophilus, L. bulgaricus, Bifidobacterium bifidum y Staphylococcus epidermis.

-En caso de rosácea Staphylococcus epidermis.

-En casos de rinitis alérgica Lactobacillus y Bifidobacterium.

-En caso de fotoenvejecimiento Bifidobacterium breve.

-En caso de alopecia Lactobacillus paracasei

-En caso de psoriasis Bifidobacterium infantis. Y,

-En casos de pieles hipersensibles Bifidobacterium longum.

RECOMENDACIONES

Cabe añadir que en general -no si se es intolerante o alérgico a todos los lácteos- tomar yogur es bueno para la salud porque muchos de los probióticos beneficiosos mencionados se encuentran en él pero recuerde que la mayoría de los que se venden en los supermercados han sido pasteurizados y a excepción de las especies más termorresistentes la mayoría de sus bacterias están muertas. Eso no significa que hayan perdido totalmente sus propiedades terapéuticas ya que muchos proteoglicanos de sus membranas pueden activar respuestas inmunológicas y otras tienen la capacidad de formar esporas que luego se transforman en bacterias una vez alcanzan el tracto intestinal pero no tienen la misma eficacia. En cuanto a la aseveración de que los ácidos estomacales los destruyen al ser ingeridos debemos decir que eso no es así en el caso de las bacterias típicas de los probióticos pues de hecho la mayoría son productoras de ácido láctico.

En suma, el yogur, el kéfir, la leche cruda, el suero de leche, las leches y alimentos fermentados -como el chucrut- y las legumbres son probióticos aceptables pero pueden no bastar para afrontar patologías ya manifestadas siendo en tales casos recomendable utilizar preparados probióticos. Solo hay que buscar en el mercado aquellos que incluyan en su composición las bacterias a las que nos hemos referido en este texto al hablar de las distintas patologías.

Paula M. Mirre

Este reportaje aparece en
194
Junio 2016
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