Las endodoncias pueden ser causa de múltiples problemas de salud

Las endodoncias dan lugar a menudo a depósitos de bacterias anaeróbicas patógenas que si llegan al torrente sanguíneo pueden causar -a veces décadas después- algunas patologías crónico-degenerativas. Así lo coligió hace ya tiempo el Dr. Weston A. Price para quien es mecánicamente imposible esterilizar un diente con endodoncia, si bien las técnicas y los materiales han cambiado en estos últimos tiempos. Es más, asoció los empastes con amalgamas de mercurio a las enfermedades articulares, cerebrales y nerviosas. Ignorado durante décadas por sus colegas un endodoncista llamado George Meining quiso saber si era verdad, investigó, se informó a fondo y en junio de 1993 publicó un libro confirmando todo lo explicado por Price. Las asociaciones de dentistas se resisten sin embargo a aceptar las evidencias Lo explicamos en detalle.

Muchos odontólogos niegan hoy acrítica y apriorísticamente que una endodoncia -uno de los procedimientos dentales más comunes- pueda ser causa o contribuir al desarrollo de patologías crónico-degenerativas. Admiten solo, con osada ignorancia, que pueda causar a veces alguna infección de fácil resolución con un antibiótico común de forma rápida. Sin embargo tal posibilidad existe y está ampliamente documentada. Al punto de que hay odontólogos con otro tipo de formación e información que no realizan prácticamente endodoncias en sus consultas. ¿La razón? Pues que conocen los documentados trabajos del Dr. Weston Valleau Price que fue quien fundó la National Dental Association, principal área de investigaciones de la Asociación Americana de Dentistas que él mismo presidió entre 1914 y 1928. Dos años después -en 1930- Price decidió investigar a fondo las causas de las caries dentales llegando a la conclusión tras viajar por numerosos países de que se debían básicamente a déficits nutricionales y así lo dio a conocer en 1939 en una obra titulada Nutrition and Physical Degeneration (Nutrición y Degeneración Física) según la cual es la dieta moderna occidental basada en comida desnaturalizada -y particularmente la ingesta abusiva de harinas refinadas, azúcares y grasas vegetales procesadas y la falta de verduras, frutas, cereales, semillas, legumbres y frutos secos- la principal causa de las deficiencias vitamínicas y minerales que dan lugar a los problemas dentales -caries incluidas- y a muchos otros problemas de salud. Algo que agrava el hecho de que los nutrientes del suelo eran ya en su ápoca cada vez menores por la sobreexplotación industrial siendo los vegetales menos nutritivos. Algo que afectaba tanto a los animales como a los humanos.

Ahora bien, además de su trabajo sobre la importancia de la nutrición Price realizó una extensa investigación sobre los efectos destructivos del tratamiento de los conductos radiculares tal y como se realizaba en esos tiempos, práctica que hoy conocemos como endodoncia. De hecho dedicó diez años a una ingente cantidad de experimentos con animales –más de 5.000- que dejó documentados en dos grandes volúmenes –Infecciones dentales, sistémicas y orales e Infecciones dentales y enfermedades degenerativas- y más de una veintena de artículos. Pues bien, a pesar de la minuciosidad y excelencia de su investigación sobre el tratamiento de los conductos radiculares su conclusión de que existe a menudo una clara relación entre piezas dentales dañadas y algunas enfermedades degenerativas se silenciaron y pasaron al olvido.

Hasta que 40 años después -en la década de los noventa del pasado siglo XX- George E Meining, uno de los 19 dentistas que fundaron la Root Canal Dental Association (Asociación Dental del Conducto Radicular) y miembro de honor de la Asociación Estadounidense de Endodoncistas– recibió el encargo de revisar a fondo la obra de Price no dudando al terminar en calificarla como “minuciosa y sólida”.

Price había colegido que muchas enfermedades degenerativas estaban asociadas -cuando no provocadas- a infecciones bacterianas; incluidas las dentales. Pero no sabía ni por qué bacterias ni cómo éstas podían actuar. Así que decidió implantar un diente con raíz extraído de una persona aquejada de artrosis incapacitante bajo la piel de un conejo -como si de la inoculación directa de bacterias procedentes de un cultivo bacteriano se tratara- para comprobar si la enfermedad se reproducía en el animal y eso fue exactamente lo que sucedió. Así que repitió una y otra vez el experimento con otros animales constatando que en el 80% de las ocasiones la enfermedad de los pacientes a los que había extraído dientes se reproducía en ellos. Y así, si el paciente tenía una enfermedad cardíaca el animal la desarrollaba, si tenía problemas renales éste los padecía también y si tenía un problema en las articulaciones las del animal se veían afectadas de forma similar.

Price descubriría a continuación -con los métodos disponibles en la época- que la mayor parte de las bacterias patógenas encontradas pertenecían a la familia de los estreptococos pero que también había estafilococos y espiroquetas así como hongos aunque éste hecho quedó pendiente de verificación dado el sistema de cultivo que empleó. Igualmente comprobó que un número significativo de pacientes mejoraba de sus enfermedades cuando se les extraían los dientes con su raíz.

Averiguado todo esto Price trabajó con un millar de dientes extraídos y pudo comprobar que 48 horas después de esterilizar los canales con decenas de las sustancias químicas disponibles en esa época -algunas de ellas demasiado tóxicas para ser utilizadas con humanos- ¡las bacterias anaeróbicas continuaban estando presentes en el 97% de las muestras! Investigación ésta que aun continúa hoy ante la preocupación de algunos científicos e investigadores que buscan cómo esterilizar los conductos de forma que se mantenga estable en un organismo vivo a lo largo del tiempo.

KILÓMETROS DE MICROTÚBULOS DENTARIOS

Para entender las dificultades con las que se enfrentó Price recordemos brevemente que los dientes poseen tres capas: una externa -el esmalte-, una intermedia -la dentina- y una interior -la pulpa- en cuyo seno hay nervios y vasos sanguíneos y linfáticos. Dientes que se apoyan sobre el periodonto o conjunto de fibras colágenas, elásticas y oxitalánicas que mediante una especie de estuche ligamentario y vasculonervioso conocido como ligamento periodontal se une al hueso alveolar de los maxilares.

Pues bien, fue Price quien descubriría que la dentina no es compacta sino que está compuesta de unos diminutos túbulos dándolo a conocer en 1922 con una serie de fotos hasta entonces inéditas. Microtúbulos que si los uniéramos por sus extremos alcanzarían en cada diente ¡entre 3 y 5 kilómetros! Y es en ellos donde Price vio que se encontraban concentradas las miles de bacterias que provocan las enfermedades.

Igualmente constataría que cuando se hace una endodoncia el dentista elimina la pulpa y sella los conductos reticulares pero que por mucho que se limpien no se logran eliminar todas las bacterias patógenas. Además si bien hay en ellos numerosas células y tejidos dañados o inflamados por la infección antes de la endodoncia una vez éstos se sellan las bacterias se encuentran en un entorno anaeróbico –carente de oxígeno- que las lleva a fermentar e intentar salir de ahí como sea pudiendo dar lugar a numerosas patologías.

George E Mening, el experto encargado de revisar el trabajo de Price -algo que hizo durante 18 meses- , terminaría escribiendo un libro titulado Root Canal Cover-Up (El encubrimiento del conducto radicular) en su artículo: “Los conductos radiculares representan una amenaza para la salud diría al respecto (…) La mayoría de los dentistas no están familiarizados con la presencia de bacterias en los túbulos de la dentina e ignoran que pueden escapar y diseminarse por todo el cuerpo causando un gran número de enfermedades degenerativas (…) Hay miles de millones de gérmenes en los microtúbulos dentarios cuyo conductos radiculares son tratados y aquellos que se encuentran cerca de cualquiera de los conductos radiculares secundarios presentes en todos los dientes pueden llegar hasta la membrana periodontal circundante siendo luego fácil escapar por la red ósea. Una vez las bacterias están en el alveolo óseo dental pueden entrar en la sangre de la mandíbula y viajar hasta cualquier glándula, tejido u órgano e infectarlos. A eso se denomina infección focal y se produce cuando desde una parte del cuerpo llegan hasta otra dando lugar a una nueva infección”. Algo que según George E. Mening -dando la razón a Price- no puede evitarse fácilmente: “No hay procedimiento dental alguno -asevera- que permita alcanzar esos canales accesorios y limpiar el tejido muerto. Y ese tejido necrótico termina siendo el nido de múltiples infecciones bacterianas al llegar al ligamento periodontal”.

ADN BACTERIANO

Cabe agregar que la Fundación para la Investigación de Elementos TóxicosTERF por sus siglas en inglés- analizó el ADN de piezas dentales endodonciadas y encontró contaminación bacteriana ¡en el 100% de las muestras analizadas! De ahí que en junio de 2010 su portavoz Hal A Huggins -uno de los dentistas más conocidos por su oposición a las amalgamas dentales debido al mercurio que contienen- escribiera un artículo titulado Estudios de ADN confirman los hallazgos centenarios del Dr. Weston Price en el que afirmaría: “Nuestros primeros estudios de ADN examinaron bacterias recuperadas de puntas de raíz trituradas e identificamos 83 especies bacterianas anaerobias diferentes. Pues bien, en los conductos radiculares había 53 especies de las 83 encontradas en las muestras. Unas más peligrosas que otras. Apareciendo algunas de forma frecuente y otras solo ocasionalmente”. Huggins explica luego que entre las que aparecieron en más de un 5% de los casos estaban la Capnocytophaga ochracea, la Fusobacterium nucleatum, la Gemella morbillorum, la Leptotrichia buccalis y la Porphyromonas gingivalis. Cuatro de las cuales afectan al corazón, tres a los nervios, dos a los riñones, dos al cerebro y una a las cavidades sinusales.

Por mera curiosidad –explicaría posteriormente Huggins- analizamos muestras de sangre adyacentes a los dientes extraídos y también detectamos bacterias anaeróbicas. Aproximadamente un 400% más que en la sangre que rodea el conducto radicular. Parece pues que el diente es la incubadora. El ligamento periodontal suministra más alimento y por tanto hay en él mayor concentración de bacterias pero el ganador en crecimiento patológico está en el hueso que rodea el diente muerto. En cuanto a las necesidades bacterianas hay una mezcla heterogénea de nutrientes presentes en el hueso lo que explica el gran aumento de la concentración bacteriana en la sangre que rodea el diente del conducto radicular”.

Y añade respecto de las bacterias encontradas en la sangre adyacente: “De las ocho principales bacterias encontradas en la sangre adyacente al conducto radicular cinco afectan el corazón, cinco al sistema nervioso, dos al riñón, dos al hígado y una al seno cerebral donde destruyen los glóbulos rojos. Y de ellas la Prevotella intermedia (presente en el 76% de las muestras) ataca el corazón, el riñón y el seno y la Streptococcus intermedius (presente en el 69%) el corazón, los nervios, los pulmones, el hígado y el cerebro”.

Huggins llega a plantear incluso que el inexplicable aumento de casos de esclerosis múltiple y otras enfermedades neurológicas -como la esclerosis lateral amiotrófica (ELA)- puede estar directamente relacionado con las amalgamas y las endodoncias. Algo que a muchos puede parecerle exagerado pero es que el Dr. Robert Jones sostiene por su parte que el 93% de sus pacientes con cáncer de mama tenían alguna endodoncia. Y el Dr. Josef Issels -considerado uno de los “padres” de la Medicina Integrativa- que casi todos los pacientes con cáncer han tenido infecciones en boca, dientes, mandíbulas, amígdalas o adenoides. Es más, asevera que el 97% de los pacientes terminales con cáncer que ha tratado tenían una o más endodoncias.

¿Meras coincidencias estadísticas? Podría ser pero se sabe que los dientes desvitalizados son incapaces de percibir y controlar los procesos inflamatorios y las infecciones dentales. Incluso cuando la supuración ha invadido los espacios óseos circundantes del alveolo dental rara vez la persona recibe señales de advertencia. Y es que al no sentir dolor no puede saber que hay en su boca focos tóxicos o infecciosos. En muchos casos el sistema inmune trabaja adecuadamente y limita la expansión de la inflamación y la infección creando, por ejemplo, un quiste membranoso o granuloma dental para evitar que el proceso se disemine. Pero si el organismo se encuentra debilitado las toxinas pueden acabar extendiéndose por todo el cuerpo.

“Lo más importante –escribió Mening– es que estos gérmenes son responsables de una enorme cantidad de enfermedades médicas que se manifiestan en otras zonas del cuerpo. El Dr. Price debería haber recibido el Premio Nobel por tantos descubrimientos pero lo evitó el que se ocultara su trabajo. Tras muchas horas dedicadas a estudiar el trabajo de este genio puedo concluir que la investigación de 25 años del Dr. Weston Price sobre el conducto radicular es uno de los mayores descubrimientos de la Historia de la Medicina”. Halago al que Huggins agregaría por su parte: “El objetivo de la Odontología es salvar dientes y el sellado de sus conductos radiculares permite mantener muchos durante años en lugar de extraerlos pero, ¿es eso lo apropiado teniendo en cuenta el coste biológico expuesto en la investigación con ADN? ¿Y qué es más importante? ¿Salvar la vida del diente o la del paciente?

TRÁFICO CONTINUO DE BACTERIAS

Decididos a conocer algo más sobre los potenciales peligros de las endodoncias quisimos hablar con la odontóloga Maria Judith Gelfo, directora del Centro de Odontología Holística, quien no dudó en atendernos amablemente.

-Díganos, doctora: ¿usted realiza endodoncias?

-Normalmente no aunque hay pacientes reacios a perder sus dientes que las piden; y en tales casos les explico antes los peligros que puede haber. Y siempre teniendo en cuenta su estado de salud general.

-¿Y qué peligros tienen a su juicio las endodoncias que hoy día se realizan , a veces , de forma masiva?

-La endodoncia es una aparente solución ante el fracaso de la prevención. En el 99% de los casos nacemos con dientes sanos y si optamos por realizar los cuidados pertinentes -una buena alimentación, una adecuada masticación y un cepillado correcto, normas de higiene básicas- no tenemos por qué llegar a padecer caries y menos aún a necesitar endodoncias. Porque éstas no se limitan al diente y representan un compromiso que afecta de forma sistémica al organismo por lo que no deben hacerse sin tener en cuenta el estado general del paciente y en especial el de su sistema inmune.

Cuando desvitalizas un diente con una endodoncia quitas el nervio central pero las ramificaciones colaterales perpendiculares al mismo -que pueden sumar de 2’5 a 5 kilómetros- quedan a merced del efecto antiséptico de la pasta con la que se obtura el conducto y del sistema inmune -actuando éste en la periferia del diente, en la zona aledaña a la raíz -ligamento periodontal y hueso- con la intención de intentar neutralizar las toxinas y bacterias patógenas. El problema es que no siempre el poder antiséptico del material de obturación y/o el sistema inmune consiguen terminar con ellas y eso puede ser peligroso para el organismo. El hueso maxilar es el único que tolera la presencia de una pieza muerta expuesta a través de la cavidad alveolar y el entorno gingival de la encía a un medio bucal que propicia tal tráfico continuo de bacterias. Es cuestionable por tanto la endodoncia de un diente infectado.

Y desde luego jamás debería hacerse lo que un día dio en llamarse “endodoncia preventiva”, la que se realiza antes de poner una corona o una gran restauración matando el nervio para evitar simplemente molestias al paciente.

-¿Comparte entonces lo afirmado por el doctor Price según el cual extraer el nervio facilita la acumulación de bacterias peligrosas en el interior de la pieza dental?

-Obviamente.

Si las circunstancias que han llevado a la endodoncia están ocasionadas por una necrosis y gangrena previa de la pulpa todo el diente estará invadido por bacterias. Y el tratamiento de endodoncia que se practica en este caso con gangrena pulpar se conoce como necropulpectomía. La pulpa dental está conformada por nervios, vasos sanguíneos y vasos linfáticos. Y la dentina envuelve a la pulpa dental y tiene una especie de canalículos o túbulos dentinarios que acogen la prolongación de ciertas células de la pulpa dental por lo que cualquier acción que se realice sobre ella afectaría a la pulpa y en caso de infección a ésta a través de los conductos radiculares y del foramen apical que se conecta con el hueso. Y desde ahí, gracias a la circulación periodental, las bacterias se incorporarían al torrente circulatorio.

En el caso de una endodoncia con necrosis son múltiples las bacterias que pueden encontrarse -clostridium, estreptococos, bacilos…- exigiendo al sistema inmune tal esfuerzo que en casos de una enfermedad sistémica o autoinmune no podría ocuparse a la vez de otras zonas del organismo. No olvidemos que bacterias bucales como el estreptococo pueden afectar al corazón y las articulaciones, llevar al fracaso una intervención cardíaca o una prótesis, hacer claudicar una articulación o ser causa de pericarditis bacteriana, fiebres reumáticas y otras dolencias que han llevado al ataúd a muchos de nuestros antepasados. De ahí la importancia de integrar la practica dental y médica -ya que estamos trabajando sobre un mismo organismo- y la importancia de la comunicación entre los profesionales sanitarios que tratan a un paciente.

-Entonces los sistemas químicos de sellado y los antibióticos pueden no acabar con las bacterias…

-No siempre. Y ahí está el riesgo. Una vez se saca el nervio del interior del diente y se sella con el material de obturación, al carecer el diente de circulación sanguínea el antibiótico no tendría efecto sobre las bacterias que hubieran quedado atrapadas en estos túbulos. Con lo que estamos dejando en la boca un elemento muerto que puede ser causa de inflamación. Y donde hay inflamación el tejido se acidifica atrayendo, a su vez, como un imán a más bacterias.

En fin, en el mejor de los casos el sistema inmune trabajará en el entorno del diente muerto para formar un granuloma como barrera defensiva. Sería correcto debatir pues si desde el punto de vista biológico la aparición de un pequeño absceso no representaría en el caso de un diente muerto un triunfo de la naturaleza que nos avisa de que ese diente está siendo un problema, que se está yendo más allá del límite de tolerancia biológica de los tejidos. Y esto, claro está, es una reflexión personal.

¿CONSERVAR… A QUÉ PRECIO?

-Parece paradójico aceptar que la boca puede ser un reservorio de bacterias que afecten al corazón y se rechace sin más la idea de que las endodoncias puedan provocar el mismo problema.

-El objetivo de la Odontología es conservar… y a veces perdemos de vista el precio que hay que pagar por ello. El paciente prefiere no perder un diente porque luego debe reponer esa pieza y las reposiciones ni son económicas ni son siempre inocuas. En suma, hoy se considera un éxito de la Odontología mantener todas las piezas dentarias con los tratamientos que la odontología conservadora nos propone pero no se ha valorado suficientemente las consecuencias que eso puede tener para el resto del organismo. Y debemos hacer más hincapié en la odontologia preventiva.

-En este mismo número el doctor Luis Carrasco nos comenta que a través de la boca los hongos pueden llegar al cerebro. ¿En las endodoncias es posible apreciar la presencia no sólo de bacterias sino también de hongos?

-El trigémino es el nervio que anatómicamente inerva toda la zona bucal pero también las meninges así que podría ser una vía de acceso de gérmenes al cerebro. Lo que no sé es cómo puede efectuarse ese proceso migratorio ya que no soy experta en el tema. Pero sí, todos estamos expuestos a infecciones bacterianas y fúngicas bucales.

-¿Qué credibilidad le merecen los estudios que asocian -con cifras de hasta un 97%- cáncer y endodoncias?

-Desde mi punto de vista ninguna. Es como decir que el azúcar puede ser la causa del cáncer porque el 100% de esos enfermos lo han consumido. Las cosas deben verse en su contexto. Obviamente si el sistema inmune está comprometido a nivel sistémico por alguna enfermedad grave cuanto menos trabajo le demos mejor. Y lo cierto es que las infecciones crónicas dentales que históricamente se tuvieron muy en cuenta hoy parecen olvidadas por algunos profesionales de la salud a pesar de que son fundamentales en un enfermo inmunológicamente deprimido. Antiguamente a una persona con un problema de corazón se le quitaban de hecho todos los dientes para prevenir una posible infección estreptocócica. Hoy día muchos dentistas reciben sin embargo a pacientes trasplantados, con bypass o con un marcapasos a los que jamás les preguntan cómo están sus dientes. Algo que quienes practicamos en conjunto la Medicina Integrativa consideramos fundamental. Cuando un profesional sanitario hace la historia clínica debería incluir siempre el estado de la boca y dentadura del paciente.

-¿Sabe si hay estudios recientes sobre el posible impacto de las endodoncias en las enfermedades crónicas y degenerativas?

-Lo desconozco. Aunque me preocupa que muchos médicos no den a la boca la importancia que realmente tiene en la salud global. Toda zona plausible de putrefacción hay que observarla con lupa. E igual que hay actualmente toda una corriente que presta mucha atención a la salud intestinal y considera un intestino tóxico posible foco de enfermedades degenerativas debe hacerse lo mismo con los dientes muertos. Hay que considerarlos piezas tóxicas. Y ante un problema serio de salud conviene plantearse extraerlas. Lo mismo que pasa con las amalgamas dentales.

-¿Cree que las instituciones médicas oficiales valoran adecuadamente el peligro de las endodoncias?

-El doctor Meining, miembro de la Asociación Estadounidense de Endodoncistas al que se encargó revisar el trabajo de Wenston Valleau Price, terminó renunciando a hacer endodoncias, horrorizado por los efectos que había observado en sus pacientes, causados en parte por los materiales que se utilizaban en la época. Y aunque hoy pareciera que se ignoran sus conclusiones merecerían una gran investigación adaptada a los materiales y metodología actuales para definir una terapéutica adecuada para nuestros pacientes.

Observar la realidad desde la visión actual de la Odontología nos hace quedarnos con el éxito mecánico de una pieza que se queda insertada en el hueso e ignorar la respuesta biológica del cuerpo. Sería necesario un nuevo entrenamiento y formación para entender esos procesos. Si le pregunta a un dentista tradicional si las endodoncias son malas su respuesta será que si están bien hechas no. Lo hemos dicho todos. Pero es que la inmensa mayoría desconoce hoy los datos de los que estamos hablando.

En un proceso degenerativo -por ejemplo un reservorio de bacterias situado en el tejido putrefacto de un tumor maligno mamario- las bacterias pueden acabar migrando y agruparse allí donde haya otros tejidos en putrefacción; como un diente muerto. Pero es que el proceso puede darse a la inversa: comenzar en el diente muerto y terminar las bacterias en un tejido u órgano predispuesto.

Lo que es evidente es que es más fácil eliminar un diente infectado con nulas posibilidades de un restituto ad integrum con nuestros tratamientos ya que la pieza ha perdido su vascularización y permitir que el sistema inmune se ocupe de restaurar lesiones en otras partes del cuerpo que puedan comprometer la vida. Mantener una pieza sin vascularización que es o puede convertirse en foco infeccioso es un problema latente que no se sabe cuándo y hacia donde puede explotar.

-Prevención aparte lo mejor sería pues, en caso de infección dental importante la extracción

-Si se trata de un paciente que sufre un proceso degenerativo lo recomendable es la extracción y el legrado de la zona de hueso adyacente; una exodoncia. En términos académicos, quitar el odontón y limpiar a fondo los restos de ligamento periodontal y la zona de hueso periférica adyacente. Se puede hacer legrando con cucharilla o fresando el alveolo; así se mejora el metabolismo óseo de la zona. El hueso está compuesto de celdillas y las bacterias pueden migrar por ellas. Por esa razón hay que controlar la zona cicatricial y en algunos casos se hace necesaria una posterior intervención. No se puede garantizar que por quitar la pieza dentaria el organismo haya quedado 100% libre de esas bacterias. Ahí juega un rol fundamental el sistema inmune.

OTRA FORMA DE VER LA BOCA

-¿Cómo definiría la Odontología Holística?

-La Odontología Holística Integrativa trata de ver al ser humano como un todo; es pues una extensión del concepto de Medicina Integrativa. Y exige ser conscientes de cómo los materiales y procedimientos que utilizamos pueden comprometer o estar comprometidos por un proceso patológico en otra parte del organismo. Por ejemplo el odontólogo puede orientar al paciente a través de lo que observa en las mucosas bucales, las encías y los dientes y realizar la derivación pertinente para el diagnostico de una enfermedad como la diabetes.

Asimismo se deben tener en cuenta las relaciones ampliamente constatadas que existen entre cada uno de los dientes y los distintos sistemas y órganos del cuerpo; algo que ya describieron hace milenios los chinos. Detalles estos reflejados, para quien los quiera conocer, en la Historia de la Medicina.

-¿Es siempre una relación de afectación bidireccional pieza dental-órgano / órgano-pieza dental?

-Un órgano afectado puede acabar afectando la fortaleza de una pieza y una pieza afectada puede acabar perjudicando la salud de un órgano. Si retiras una pieza enferma que está afectando a determinado órgano eliminas el problema dental y al tiempo ayudas a que éste pueda recuperarse.

-Hablando de tóxicos… ¿Sabe si se siguen haciendo en España empastes con amalgamas?

-Según el reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo del 17 de Mayo de 2017 UE 2017/852 en sus artículos 21-22-23 se propone una eliminación paulatina del uso del mercurio en Odontologia ¡aun reconociendo su alta toxicidad! La prohibición como tal aun no está impuesta así que es posible que lamentablemente se sigan poniendo. La amalgama es un material mecánicamente noble que no requiere de grandes habilidades ni de grandes técnicas para que se mantenga dentro del diente; el problema está en el mercurio que contienen ya que es tóxico.

-¿Y es usted partidaria de extraer todas las amalgamas de los pacientes que las tienen o solo cuando padecen una enfermedad crónica degenerativa?

-Si tras hacerle las correspondientes analíticas alguien que padece una enfermedad crónico-degenerativa tiene además un nivel elevado de mercurio o de otros metales es probable que el médico considere oportuno eliminar las amalgamas. Y en tal caso hay que extraerlas. Valorando antes, por supuesto, la situación de las mismas, el estado general del paciente y el compromiso que supone eliminarlas.

Es un proceso complejo que requiere un estricto protocolo para evitar que tanto el paciente como el personal que interviene en el proceso de eliminación ingieran restos de la amalgama o los respire y que se absorba por otros tejidos. Es pues deseable tener un sistema de doble aspiración en el gabinete que incluya la separación del mercurio, algo que de hecho este año ha comenzado a ser obligatorio. Hasta ahora muchos odontólogos quitaban las amalgamas sin asegurarse de que el mercurio no intoxique al paciente o pase al medio ambiente.

-¿Qué estamos haciendo mal para que haya cada vez más caries y problemas dentales?

-Olvidar que el proceso digestivo comienza en la boca con una correcta masticación que en caso de no llevarse a cabo abona el terreno a la proliferación de bacterias patógenas -como la Helicobacter pilory- y otras disfunciones digestivas. Es con las enzimas de la saliva con las que empieza el proceso de digestión. Hay pues que masticar bien los alimentos estimulando el ligamento periodontal que une el diente al hueso e insalivarlos. Hoy día la gente se traga los alimentos con la base de la lengua sin hacer el necesario ejercicio de deglución, sin un movimiento de arrastre ritmico desde la punta de la lengua. Quien traga bien mantiene el equilibrio miofascial y esofágico así como la musculatura del diafragma. Además si no sabes tragar no sabes respirar y viceversa.

-Pues nadie nos enseña a tragar…

-Cierto. Y es un problema que viene desde la lactancia porque una buena posición del bebé a la hora de amamantar es fundamental. En todo caso el problema es que somos de la generación del biberón y nunca se enseñó a las madres la mecánica correcta del proceso. Si succionas bien maduras toda la parte orofacial, la lengua te funciona bien y tienes capacidad luego de coger tu propio alimento, llevártelo a la boca, darle vueltas y masticarlo. Y sin embargo, ¿cuántas veces nos han dicho a todos de pequeños que dejáramos de dar vueltas a la comida en la boca y nos la tragáramos? A mí misma me educaron así, a tragar rápido Y eso nos ha llevado a no saber masticar ni insalivar la comida. Craso error.

-Permítame una última pregunta: ¿qué alimentos son desaconsejables para alimentar a un niño y desarrollar todas esas habilidades?

-La naturaleza te dota de dientes cuando tienes ya condiciones para masticar. Hay sin embargo madres que siguen dando papillas a sus hijos hasta los cuatro años creyendo que así reciben con seguridad todas las vitaminas pero entonces el niño no aprende a masticar ni a tragar correctamente, el proceso digestivo no comienza y no madura el sistema linfático haciéndolo más propenso a sufrir anginas, amigdalitis, a tener mocos continuamente… Si el niño tiene ya dientes lo mejor es que mastique alimentos con consistencia como el pan de pueblo, correoso, y no pan sin corteza fácil de masticar. Y si no se es vegetariano un pedazo de jamón seco que cueste masticar, zanahorias, manzanas… Hoy muchos niños se “ahogan” porque no saben qué hacer con los trozos de comida en la boca.

Y, por supuesto, aconsejo consumir los alimentos propios de nuestra cultura porque son los que genéticamente estamos preparados para digerir. Mejor no improvisar con alimentos de otras culturas. Todo ello, claro está, sin olvidar que no son aconsejables ni los carbohidratos refinados -y por tanto el pan, los bollos, las galletas, los pasteles, etc.-, ni los azúcares, ni los caramelos y chuches, ni la llamada comida basura, ni los zumos industriales, refrescos y colas con gas y azúcar. Al niño hay que enseñarle a comer preferentemente alimentos vivos alcalinizantes; es decir, frutas y verduras enteras, con su fibra.

 

Francisco Sanmartín

Este reportaje aparece en
210
Diciembre 2017
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