Analizan 29 botellas de agua y todas pueden provocar problemas de salud

Un equipo de investigación español dirigido por el Dr. Nicolás Olea, catedrático de Radiología y Medicina Física de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada así como director Científico del Instituto de Investigación Biosanitaria ibs. GRANADA, ha publicado en Environment International un trabajo en el que se analizaron 29 muestras de agua embotellada encontrando que en todas había sustancias que alteran o inhiben hormonas -estrogénicas y androgénicas- lo que puede causar problemas metabólicos, inmunológicos, neurológicos y de infertilidad así como a posibles cánceres de tiroides, mama, próstata y testículos. Y es que por increíble que parezca la ley no obliga a los embotelladores a declarar su presencia. Nos lo explica en detalle quien está hoy considerado el mayor experto español en disruptores endocrinos.

El doctor Nicolás Olea es uno de esos escasos profesionales de la salud que aún mantienen su integridad,  se rige por el rigor y la ética, no se deja amedrentar por quienes ejercen el control del sistema sanitario, no tiene el más mínimo reparo en denunciar los abusos y tropelías que en su ámbito se perpetran hoy con impunidad y de ahí que no tuviera inconveniente en recibirnos amablemente en su despacho de la nueva Facultad de Medicina de Granada, sita en el corazón del Campus de la Salud.

Catedrático de Radiología desde 1996 el Dr. Olea se doctoró con una tesis sobre el cáncer de tiroides para, posteriormente, estudiar y trabajar con el cáncer de mama en Bruselas (Bélgica) y con el de próstata en Boston (EEUU) donde comenzó a interesarse por los disruptores endocrinos. Investigador inquieto al que obsesionan el rigor y la ética reparte hoy su tiempo entre la docencia y la investigación, tareas por las que siente una pasión que se trasluce claramente en su vehemente forma de expresarse. De hecho no tiene el más mínimo inconveniente en expresar su enfado cuando se refiere a la intolerable dejación de responsabilidades de nuestras autoridades sanitarias.

-Ha transcurrido ya un año desde que su equipo finalizó el estudio sobre el agua que se comercializa en botellas de plástico con preocupantes resultados sin que ni quienes las comercializan ni las autoridades hayan hecho nada. Es inconcebible. ¿Puede recordarnos qué encontraron y así informar a nuestros lectores?

-Hace algún tiempo nos enteramos de que un grupo alemán había hecho un trabajo sobre el agua embotellada que se vende en su país y vieron que era hormonalmente activa. Y sus resultados nos parecieron tan preocupantes que decidimos reproducir el mismo trabajo en España. Así que compramos en supermercados 29 marcas diferentes de agua —26 de ellas envasadas en plástico y 3 en cristal— y llevamos a cabo un tratamiento de extracción reduciéndola a sus sedimentos para ver si tenía actividad hormonal; concretamente sus actividades estrogénica y androgénica. La idea era saber si en las aguas embotelladas había disruptores endocrinos. Y en caso de ser así, si estaban originalmente en el agua o habían pasado a ella durante el proceso de embotellado o a causa del plástico del envase. Y descartamos rápidamente la primera opción porque esa misma agua en botellas de cristal no tiene actividad hormonal. E igualmente podría descartarse que la contaminación se produzca durante el proceso de envasado porque no es creíble que eso pase con todas las embotelladoras. Luego parece obvio que el problema está en el envase.

-Si habla de problema es porque encontraron actividad hormonal. ¿En todos los casos?

-Un 79,3% aproximadamente posee actividad estrogénica -es decir, hace proliferar células cancerígenas de cáncer de mama-, un 37% actividad antiestrogénica, un 27% androgénica y un  41,3% antiandrogénica. Los porcentajes se superponen porque una misma muestra puede ser a la vez estrogénica y antiandrogénica. En fin, el caso es que hemos podido establecer que equivale a ingerir picomoles de estradiol y testosterona.

-No parece una cantidad exagerada. ¿Es peligrosa?

-Eso hay que valorarlo en cada contexto. Obviamente no es lo mismo beberse un vaso de agua embotellada de forma ocasional que ingerir dos litros todos los días. Y asimismo depende de cuántos otros tóxicos ingiere la persona. Porque hoy la bebida y comida industriales está plagada de sustancias tóxicas de todo tipo. Y hoy se estudia la toxicidad de cada sustancia química por separado y no de forma conjunta cuando es obvio que al final todas acaban en nuestro interior. Ese es el problema que nadie quiere afrontar. En cualquier caso para mí es obvio que ninguna dosis de veneno es “asumible” como han acordado nuestros representantes políticos presionados por las grandes industrias. No es de recibo que no se adopten medidas legislativas alegando que no se sabe cuánto contribuye a enfermar cada tóxico.

El Dr. Leonardo Trasande, profesor de Medicina Medioambiental en la Universidad de Nueva York (EEUU), está cuantificando la carga económica de la exposición ambiental a disruptores endocrinos para enfermedades frecuentes y resulta que aunque la contribución es porcentualmente baja los costes son enormes al tratarse de enfermedades con mucha incidencia.

De hecho a  finales de 2010 la Autoridad Europea en Salud Alimentaria (EFSA) decidió rebajar los niveles de plomo “aceptables” que en su día estableció la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el agua de grifo alegando que ya no eran “apropiados” y había que reducirlos de forma considerable porque el nivel de contaminación por ese metal entre los ciudadanos era muy preocupante. Plomo que no es sólo causa de numerosas patologías sino de trastornos neurológicos y teratogénicos durante el desarrollo fetal. Propuso rebajar el límite de 25 microgramos por kilo y semana a 0,5 microgramos por kilo al día; es decir, a 3,5 microgramos por semana. Y no es que ese nivel sea ya seguro; era el tope máximo legal propuesto lo que, como usted bien dice, no significa que sea aceptable. Y a finales de 2014 un equipo de investigadores del Centro Nacional de Aceleradores -centro mixto de la Universidad de Sevilla, la Junta de Andalucía y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)- comprobó tras analizar 32 marcas de agua embotellada que en algunas existe una notable concentración de polonio 210; en una proporción 100 veces superior a la del agua de grifo. Se hallaron en todas entre 0,6 y 40 milibecquerelios (mBq) por litro cuando el agua de grifo contiene solo 1 mBq por litro. Es más, encontraron asimismo uranio 234 y uranio 238, este último en mayor cantidad aun que el polonio. Cantidad que tampoco se considera oficialmente “peligrosa” cuando resulta que se acumula en hígado, bazo, riñones y médula. Y a todo esto se añade un reciente estudio británico según el cual aún así el agua embotellada es más sana que la de grifo. ¿Comparte usted esa conclusión?

-¿El agua de qué grifo? Porque le aseguro que no todas las aguas de grifo tienen la misma calidad. Por eso un estudio puede concluir que es mejor el agua mineral que la de grifo cuando en realidad eso depende de la calidad de las depuradoras y potabilizadoras así como de los procesos que siguen. Al igual que de la cantidad de cloro o flúor que se les echa. Mire, en nuestro laboratorio usamos como agua de control en los análisis de disruptores endocrinos agua de grifo. No nos sirve ni el agua destilada, ni la bidestilada, ni el agua purificada, ni ninguna otra sometida a tratamiento alguno porque prácticamente todas  las máquinas que se usan para obtenerlas son ¡de plástico! Luego están contaminadas. Mucha gente compra para casa y especialmente para las oficinas grandes bidones de policarbonato sin saber que también esos contienen disruptores endocrinos. Pasan al agua por el calor y todos sabemos que se distribuyen en grandes camiones que permanecen, sobre todo en verano, muchas horas al sol. Beber esa agua es beber veneno. Y el colmo es que esos envases de policarbonato luego ¡se reutilizan!

-La temperatura es pues fundamental…

-Hay dos factores importantes: el tiempo y la temperatura. La propia industria del PET -siglas en inglés del polietileno tereftalato– dice estar dispuesta a sugerir que no se reutilicen sus botellas pero aún no lo ha hecho. Solo que estamos hablando de botellas y el mismo problema lo tenemos con otros muchos utensilios fabricados en plástico para el sector alimentario: platos, vasos, copas, cuchillos, cucharas, tenedores, pinzas, envases… Todos legales. Eso sí, cuando pregunto a los fabricantes si se han hecho siguiendo criterios de toxicidad para que no afecten a la función endocrina se me responde ¿endo… qué?

-El polietileno tereftalato (PET) es un termoplástico, grupo en el que también están el polietileno (PE), el polipropileno (PP), el polibutileno (PB), el poliestireno (PS), el polimetilmetacrilato (PMMA), el policloruro de vinilo (PVC), el teflón o politetrafluoroetileno (PTFE) y el nailon. ¿Al ser todos termoplásticos tienen los mismos problemas?

-Puede que sí pero no han sido estudiados convenientemente. El problema no parece radicar en el componente mayoritario del plástico, identificado por el número que se incluye en el triángulo de reciclado, sino en los aditivos empleados por el fabricante del producto manufacturado. Estos aditivos provienen de un catálogo de más de 600 compuestos de los cuales sabemos algo sobre su toxicidad.

-¿Y el riesgo de problemas es el mismo para todas las personas?

-Todos tenemos riesgo pero es mayor en unos casos que en otros. No afecta lo mismo a alguien joven y sano que al alguien con cierta edad cuyo estado de salud no es bueno. En cualquier caso las situaciones  más críticas se dan durante el desarrollo embrionario y fetal así como en la primera infancia y la pubertad. Le pondré un ejemplo clarificador: el caso DES. Me refiero al dietilestilbestrol, estrógeno sintético utilizado hace años para disminuir el riesgo de aborto en mujeres embarazadas, cuya actividad estrogénica puso de manifiesto Edward Dodds, químico inglés que publicó su descripción en 1936 en Nature junto a Wilfrid Lawson. Es tan potente como el estradiol aunque con una estructura molecular diferente pero como la distancia entre sus dos grupos OH es la misma engaña al receptor hormonal. Pues bien, las hijas de las madres tratadas entre 1950 y 1976 desarrollaron a los 20-22 años cáncer de vagina, tumor rarísimo en la especie humana. Las alarmas saltaron cuando aparecieron cuatro casos en Boston, se dio aviso a los Institutos Nacionales de Salud, averiguaron que las cuatro madres de las afectadas habían sido tratadas con el DES y constataron que el dietilestilbestrol atraviesa la barrera placentaria dañando el embrión. Pues bien, se montó un escándalo y se retiró del mercado en todos los países y se emprendieron medidas de seguimiento de la población expuesta, excepto en España. No obstante, se siguió utilizando en los años ochenta en la ganadería ¡para que los animales retuviesen agua y ganaran peso!

Caso cerrado afortunadamente…

-Pues desgraciadamente, no; por eso se lo cuento. Verá, Dodds y Lawson hablaron en la misma revista de otro compuesto similar: el isopropilidenebisfenol. Se diferencia del otro en que en vez de dos átomos de carbono tiene uno solo pero sus efectos son los mismos: se comporta como el estradiol. Pues bien, ¿sabe de qué compuesto hablamos? ¡Nada menos que del bisfenol A! Y apareció en la misma revista, el mismo día, en el mismo artículo que el DES. Solo que el DES se comercializó y éste quedó olvidado hasta los años sesenta. Entonces los químicos, que son muy listos, se dieron cuenta de que polimeriza muy bien y lo sacaron del olvido convirtiéndolo en la base para los plásticos más populares y utilizados actualmente: los policarbonatos y las resinas epoxi. Y eso que es “primo hermano” del DES con su trágica historia. Y voy a darle un dato escalofriante: en una fábrica de Cartagena (Murcia) vendida recientemente por General Electric a Sabic se producen cada año quinientos millones de kilos de bisfenol A de los que la mitad se utiliza para fabricar lexan y ultem -plásticos usados en la fabricación de aviones y para elaborar una enorme cantidad de objetos cotidianos: biberones, CDs, bolígrafos, móviles, aparatos electrónicos, máquinas de café, botellas de agua, equipamiento deportivo, piezas de automóviles, pegamentos… Es más, recubre ¡el interior de las latas de conserva! Realmente inaudito.

-Hay trabajos que aseguran que no es tan peligroso…

-Mire, yo puedo llenarle una habitación entera con rigurosos trabajos científicos de alto nivel que demuestran que el bisfenol A es peligroso y luego poner en una pequeña mesita los tres o cuatro estudios pagados por la industria que lo fabrica según los cuales la evidencia de su peligrosidad es “insuficiente”… con lo que las autoridades optan por no hacer nada y dejar que siga en el mercado. ¿Cómo se consiente tamaña aberración?

-Cuando le entrevistamos hace dos años usted nos dijo que el Parlamento Europeo había instado a la Comisión a tomar medidas sobre el bisfenol A y ésta se comprometió a hacerlo en 2014. ¿Qué ha sucedido finalmente?

-El entonces presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, nos dijo directamente a nosotros que iban a tomar una decisión en breve… pero al poco tiempo -en octubre de 2014- le cesaron sustituyéndole el luxemburgués Jean-Claude Juncker. Pues bien, cuando tuve oportunidad de hablar con los funcionarios de la UE les preguntamos oficiosamente sobre el tema y nos dijeron que antes tenían que resolver “unos asuntillos”. Ante lo que preguntamos: ¿Qué asuntillos tienen que les impidan decidir? Y me respondió: “Estamos negociando el Tratado de Libre Comercio y sería una medida muy restrictiva por nuestra parte con grandes implicaciones”. Fue cuando el Gobierno de Suecia se cabreó, acudió a Estrasburgo junto con el de Dinamarca y finalmente se les dio la razón. Pues bien, estamos en octubre de 2016 ¡y no se ha hecho nada! Mire, se lo digo sin tapujos: a la Comisión parecen importarle mas otros asuntos. Yo dejé de ir a Bruselas hace cinco o seis años, en cuanto me di cuenta de que era una pérdida de tiempo. Allí solo hay políticos que quieren mantener sus privilegios y grupos de presión de la industria que saben perfectamente lo que tienen que hacer para que nada cambie. Y enfrente solo estamos una decena de científicos que ni nos conocemos; es más, ni nos fiamos unos de otros porque ¡vete a saber!

-Pero algo se podrá hacer a otros niveles…

-De hecho algunos gobiernos están tomando ya medidas en sus territorios. Como los de Dinamarca, Suecia y Francia. En el país galo acaban de prohibirse los  vasos y platos de plástico aunque ha sido ¡por el impacto ambiental del desechable! Y el pasado 1 de enero prohibió el papel térmico de los cajeros precisamente por contener bisfenol A.

-¿Hay bisfenol A en la tinta?

-No, no tienen tinta. Se trata de un papel impregnado en bisfenol-A que manipulamos con las manos. Se denunció ante la Comisión y ante su falta de respuesta el Gobierno francés decidió actuar por su cuenta ya que las cajeras manejan kilómetros de ese papel. Pero se trata de acciones puntuales insuficientes. Solo hay una manera de acabar con esto: votar en las elecciones al Parlamento Europeo a gente realmente dispuesta a cambiar la situación. De lo contrario seguirán diciéndonos que sus productos se fabrican según la más estricta legalidad. Leyes que, por supuesto, se aprueban en función de los intereses de las poderosas multinacionales que campan por allí a sus anchas. Hace algún tiempo se me ocurrió preguntar quién hacía el control de riesgo de los textiles y ¿sabe quién se ocupa de ello? ¡Nadie!

-¿No se está haciendo?

-No.

-¿Ni siquiera hacen como que lo hacen?

-Ni siquiera eso.

-¿Y nadie lo reclama?

-Nadie. ¡Pero si hasta los peces empiezan a morir por ingerir plásticos! El año pasado apareció muerto en la playa de Castell de Ferro un cachalote, se le hizo la autopsia y se comprobó que había muerto envenenado tras comerse quince kilos de plástico que debió confundir con calamares. Se trata de un asunto grave porque hay indicios de que el 60% del pescado del Mediterráneo tiene ya plástico en su interior al confundirlo con plancton.

Mire, el asunto es ya tan grave que el 95% de los niños granadinos orinan a diario bisfenol A estrogénico. ¡Y nadie hace nada!

-¿Que el 95% de los niños de Granada orinan plástico…?

-No solo los de Granada; como podrá suponer aquí no tenemos nada especial ni fuera de lo común. Lo que pasa es que son los que hemos estudiado. En 2001 analizamos a 3.600 embarazadas a cuyos hijos hemos seguido posteriormente, jóvenes que ahora tienen unos 15 años. De Asturias, País Vasco, Sabadell, Menorca, Valencia y Granada. Pues bien, 706 son de Granada y los llevamos siguiendo desde que nacieron. Les hacemos diferentes mediciones de exposición ambiental: peso, talla, alimentación, comportamiento, test psicológicos… De todo; de hecho hace poco hemos incorporado mediciones de sensibilidad a la exposición de radiaciones electromagnéticas no ionizantes. Lo que pasa es que los análisis de orina son clave porque miden todo lo que entra en el organismo y hemos observado que, efectivamente, los niños orinan plástico. Lo inconcebible es que cuando comunicamos lo descubierto se nos respondió que las cantidades detectadas eran “normales”. Con total desfachatez. Y no lo son en absoluto. Es más, ahora se nos dice que van incluso a considerarse “valores de referencia” ya que las cifras son similares a las obtenidas en el resto de Europa. ¿Se han vuelto locos? ¿Cómo va a ser “normal” orinar plástico? Insisto: el asunto es gravísimo. Porque le aseguro que hoy el 87% de las mujeres embarazadas orina plástico a diario.

-Nos parece bochornoso y de hecho en la revista hemos dedicado ya numerosos textos a este asunto. Puede comprobarse leyendo en nuestra web –www.dsalud.com– los artículos que con los títulos ¿Podrá la industria química seguir contaminándonos impunemente?, Potencial peligro de biberones, chupetes, tetinas, botellas y otros productos de uso masivo, El enorme peligro de algunos envases de plástico e Injustificable intoxicación masiva de los niños aparecieron en los números 63, 112, 131 y 136 respectivamente así como las noticias que sobre el tema aparecieron en los números 50, 109 y 130. Y, por supuesto, muchos más artículos a los tóxicos en general. Pero permítame que le pregunte por qué se interesó usted por el control de los textiles en la Unión Europea…

-Tras publicar el estudio sobre las botellas de plástico recibimos una visita del lobby inglés fabricante y me dijeron que un tercio de las botellas del mercado europeo se reciclan, se envían a Oriente y retornan. ¿Y sabe usted cómo? Como textiles. Transformado en hilo para hacer ropa. Luego gran parte de lo que se nos vende como poliéster es muy probable que sea PET. Podemos pues estar vistiéndonos con los compuestos estrogénicos que inventaron en los años cincuenta para vestir a los pobres. Eso sí, vienen encima con polibromados para que no arda, con perfluorados para que no se moje, con ftalatos para que se planche bien, con alquilfenoles y nonilfenoles… Pura química tóxica en los textiles. ¿Y lo declaran en las etiquetas? En absoluto ¡No dicen nada! En suma, ¡no tenemos ni la más remota idea de qué está en realidad hecha mucha de la ropa que usamos! Y es que como ya dije antes en la Unión Europea no existe un documento de risk assestment en los textiles. Y si me pregunta si se absorben esas sustancias, cómo y en qué cantidad la respuesta es que no se sabe… porque no se estudia.

-¿Por razones económicas?

-Por razones puramente políticas ya que la cuestión técnica no es problema. Ahora bien, ¿quién decide que se implementen test basados en toxicidad endocrina? Bruselas. ¿Y qué ha pasado con la decisión? Pues como le he dicho, que lleva paralizada desde 2013. ¿Es que no se han desarrollado los test? Sí. ¿En 2013? No. Dodds descubrió sus compuestos en 1936 y el test se desarrolló en el año 14. ¿En 2014? ¡No! ¡En 1914! ¿Qué pasa pues? ¿Por qué quieren alargar la agonía? Si estamos equivocados y se prohíbe pierde el vendedor pero si no se prohíbe y estamos en lo cierto perdemos todos. Y hay precedentes: David Gies escribió un libro titulado Late lessons from erly warning (Lecciones tardías de alertas tempranas) que me parece impecable y esclarecedor en el que habla de doce casos de terribles consecuencias por dejación de las autoridades a pesar de haber sido ampliamente advertidas.

No, no es un problema de dinero: siguen invirtiendo en proyectos. Se está firmando uno en el que van a  invertir 75 millones de euros durante cinco años para averiguar los efectos de las sustancias tóxicas en 26 países europeos; se denomina Human Biomonitoring for Europe (HBM4EU).

-Que servirá para lo mismo que los anteriores…

-Exactamente. Buscan proyecciones teóricas cuando nosotros proporcionamos datos reales. ¿Conclusión? ¡Sus proyecciones no valen para nada! Es necesario actuar con cautela y poner en marcha el Principio de Precaución.

-La industria química ha llegado a un punto en el que parece no poder prescindir de sustancias tóxicas y de ahí que haga lo posible para evitar que la información sobre sus efectos llegue al consumidor. Si las agencias públicas de control cumplieran realmente con su obligación se abriría una guerra abierta con ella pero se ha asegurado de contratar a expertos muy bien remunerados dispuestos a contrarrestar todo informe científico que desvele cómo envenenan a los ciudadanos.     ¿Hay algo eficaz para afrontar el status quo actual?

-No mucho, pero podemos tomar decisiones tan sencillas como evitar el plástico y usar botellas y envases de cristal, no reutilizarlas si se adquieren, no calentar bebidas y alimentos que estén en contacto con plástico, no comprar alimentos enlatados y consumir vegetales de origen orgánico o ecológico sin agroquímicos, básicamente frescos, crudos y de temporada. Y obviamente no usar productos de limpieza e higiene personal o cosméticos que contengan sustancias químicas tóxicas.

-¿Por qué la mayoría de los médicos no tienen en cuenta todos estos aspectos al tratar a sus pacientes?

-La medicina actual está orientada fundamentalmente al diagnóstico y tratamiento, no a la prevención. Es una medicina muy tecnificada basada en máquinas y fármacos. El negocio está en vender aparatos de diagnóstico -cuanto más sofisticados y caros mejor- y medicinas. Ningún Ministro de Sanidad sale a decir que van a poner en marcha una campaña para prevenir una patología pero sí, por ejemplo, para decir que van a gastarse mucho dinero en un aparato que permite captar un tumor de siete milímetros. ¡Y yo no quiero que me encuentren un tumor, lo que quiero es no tenerlo! A la gente se le entretiene en los hospitales haciéndola todo tipo de análisis para terminar dándole fármacos meramente sintomáticos y/o paliativos; no se le explica qué hacer para no enfermar.

-Lleva usted muchos años intentando informar a la gente e intentando formar a compañeros. ¿No se siente frustrado? Porque tiene que ser descorazonador ver que su trabajo es ignorado por quienes controlan el sistema.

-Sí, a veces me siento muy decepcionado. Al principio me decía: “¡Este trabajo va a tener un impacto enorme”! Pero ¡qué va! Lo ignoran. Hoy no les hace falta impedir que se investigue o publique algo. Nosotros publicamos en revistas peer review de primera categoría; tenemos más de trescientos papers de alta calidad en Pubmed. Y ni caso. Hoy día nos prestan más atención los daneses y franceses que nuestros propios compatriotas. Mire, nadie de la Administración española nos ha pedido una sola lectura crítica o un asesoramiento. Nunca. Y sin embargo el Gobierno francés me llama cada seis meses para evaluar proyectos; el último sobre disruptores en el polvo de casa, un problema que afecta principalmente a niños de entre 9 y 18 meses.

-Pero nuestras autoridades conocerán su trabajo…

-Pues no lo sé. Yo no conozco a ninguna… ni quiero conocerla ya. Los pocos contactos que he tenido han sido siempre malos y, sinceramente, para poner en entredicho la validez de nuestro trabajo porque no han recibido instrucciones de Bruselas mejor no quedo con ellos. En España no existen en las administraciones sanitarias interlocutores con los que hablar en serio de todo esto, solo individuos que se ocupan de implementar recomendaciones ajenas venidas de Bruselas. Y ni siquiera creo que sea gente malvada o deshonesta sino, simplemente, ignorante.

-Permítame una última pegunta: ¿en qué proyecto están trabajando ahora?

-Queremos estudiar de forma holística cómo afectan a los bebés los tóxicos tanto por vía aérea como dérmica, intranasal, digestiva y parenteral en las unidades de cuidados intensivos pediátricos. Y para ello vamos a monitorizar a un centenar de niños de alto riesgo valorando cómo les afecta el material con el que entran en contacto nada más nacer recogiendo en las heces los metabolitos que expulsan. En principio durante tres años. Confiamos en tener los primeros resultados el próximo año. Le recuerdo que se trata de nuevo de un proyecto financiado por la Administración española que sigue apoyando nuestro trabajo a pesar de las dificultados que tenemos para que las conclusiones se implementen en políticas de prevención.

-Un tema novedoso ciertamente interesante. Estaremos encantados de hacernos eco de los resultados si se anima usted a contárnoslo.

-Claro; cuenten con ello.

Jesús García Blanca

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198
Noviembre 2016
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