Isabel Bellostas: “La vacuna de la hepatitis B debería ser inmediatamente retirada”

La pediatra e investigadora española Isabel Bellostas está convencida de que existe relación directa entre la inoculación de la vacuna de la hepatitis B que se pone a los bebés nada más nacer y la bronquiolitis epidémica, enfermedad infecciosa propia de lactantes y niños pequeños que afecta al tracto respiratorio por lo que no entiende que se inocule de forma generalizada en los hospitales españoles, máxime cuando no es obligatoria (ninguna vacuna lo es en nuestro país). Y es que las bronquiolitis han pasado de ser causa del 4% de los ingresos de niños menores de 2 años ¡a la primera causa! ¿A partir de cuándo? Pues ¡desde que se generalizó la vacuna a comienzos de los años noventa! Lo ha explicado y denunciado públicamente pero tanto sus colegas como las autoridades sanitarias hacen caso omiso de sus advertencias. Es más, a su juicio el actual sistema vacunal está siendo causa de otras muchas patologías.

Isabel Bellostas: "La vacuna de la hepatitis B debería ser inmediatamente retirada"

Que la vacuna infantil para la hepatitis B es ineficaz y potencialmente peligrosa lo contamos ya en el nº 164 (octubre de 2013) denunciando la injustificable medida española de vacunar en los hospitales a todos los recién nacidos, a menudo sin consentimiento explícito de los padres ¡a pesar de que no es obligatoria! Es más, se trata de una vacuna innecesaria porque en un bebé normal de padres sanos no se da ninguna de las cuatro posibilidades de transmisión previstas por la Asociación Española de Pediatría: la transmisión vertical o perinatal -al nacer de madres sanas no contagiada por el virus-, la transmisión horizontal -al no existir intercambio de fluidos corporales-, la transmisión parenteral -por no tener contacto con agujas contaminadas- y la transmisión por contacto sexual, algo inimaginable en un bebé.

Además explicamos que existen estudios y testimonios de que se trata de una vacuna potencialmente peligrosa. El propio prospecto, que no se da a leer a los padres como se indica en el mismo que se haga, reconoce que días o semanas después de la vacunación puede aparecer anafilaxis, reacción alérgica, fiebre, síncope, convulsiones, trastornos del sistema inmune, síndrome de hipersensibilidad aparente, artralgia, artritis, urticaria, eritema multiforme, equimosis, eritema nudoso, encefalitis, encefalopatía, migraña, esclerosis múltiple, neuritis, neuropatías -incluyendo hipoestesia y parestesia-, síndromes de Guillain-Barré y Bell, neuritis óptica, parálisis y mielitis transversa. ¿Cómo es pues posible que a alguien pueda parecerle razonable someter a niños sanos a tales posibilidades solo para “prevenir” -suponiendo que lo haga- que un día pudieran contraer hepatitis B? ¿Se han vuelto locos nuestros médicos y autoridades sanitarias? Porque es indiferente que tales problemas se den en pocos casos: los riesgos no justifican en absoluto la vacunación y mucho menos que ésta sea masiva en poblaciones sin riesgo.

Lo dijimos entonces y lo reiteramos ahora. Lo que no sabíamos cuando publicamos aquel reportaje es que la médico puericultora española Isabel Bellostas, tras dedicar varios años a investigar en solitario el problema, había llegado por su parte a la conclusión de que la bronquiolitis, enfermedad especialmente relevante entre los niños de menos de dos años y segunda causa de muerte según la OMS entre los menores de 5 tras una infección microbiana, tiene a su juicio origen en la vacuna de la hepatitis B. Y lleva casi una década advirtiéndolo y pidiendo que se inicie una investigación en profundidad para corroborarlo sin que ni las autoridades sanitarias, ni sus colegas de profesión la escuchen. Y de ahí que decidiera exponer sus argumentos en nuestra revista.

Recordemos que la bronquiolitis es una patología de alta morbilidad y mortalidad considerada de origen primordialmente vírico que generalmente comienza en niños de pocas semanas aparentando ser un simple catarro pero que a los 2-3 días provoca el cierre de los bronquios dando lugar a dificultades respiratorias, taquipnea (respiración rápida y superficial), sibilancias, tos de timbre agudo, irritabilidad y rechazo de la alimentación requiriendo su ingreso hospitalario, especialmente de los prematuros y de los que presentan problemas pulmonares o de corazón.

Pues bien, para la doctora Bellostas es muy significativo el hecho de que en los últimos 10 años el porcentaje de ingresos se haya incrementado hasta los 22-25 niños por cada 1.000 menores de 1 año siendo en España -datos de 2010- la mayor causa de ingreso pediátrico en todas las comunidades autónomas salvo en el País Vasco donde es la tercera. Como lo es que los niños que ingresan por bronquiolitis sean luego más proclives a padecer problemas respiratorios durante la infancia, especialmente sibilancias recurrentes.

Desde el punto de vista socioeconómico la bronquiolitis es además responsable de un elevado consumo de recursos sanitarios; según un estudio realizado en la comunidad valenciana el gasto anual medio de las hospitalizaciones por bronquiolitis es de 3.618.000 euros.

¿Y qué virus provoca a juicio de los expertos la bronquiolitis? Pues durante décadas se mantuvo que el llamado Virus Respiratorio Sincitial (VRS) pero hoy se dice que pueden causarla otros muchos, incluido el de la gripe común. Y como no existen antivíricos farmacológicos eficaces es por lo que se recurre en esta patología a los anticuerpos monoclonales en prematuros y a las medidas ambientales en niños para intentar prevenir la infección. No hay vacuna para la bronquiolitis. Los intentos de hacerla en los años setenta resultaron más peligrosos que la propia enfermedad. Los niños vacunados enfermaban más gravemente que los no vacunados o vacunados con la vacuna de la gripe cuando se infectaban con el Virus Respiratorio Sincitial (VRS). En los prematuros se usa un anticuerpo monoclonal anti-VRS, el palivizumab, pero no es una vacuna.

¿SON VIRUS LA CAUSA DE LAS BRONQUIOLITIS?

Ahora bien, ¿son realmente virus la causa de las bronquiolitis? Pues aunque al lector le sorprenda ¡realmente no se sabe! En mayo de 2010, bajo la tutoría del doctor Adolfo Sequeiros González -Jefe de la Sección de Neumología Pediátrica del Hospital Infantil Universitario del Niño Jesús y profesor asociado del Departamento de Pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid-, se presentó ante un tribunal académico el trabajo Relación entre la vacunación de la hepatitis B y la epidemia estacional de bronquiolitis que la doctora Isabel Bellostas elaboró como Proyecto de Investigación del Diploma de Estudios Avanzados en Pediatría. Y no se trataba de un trabajo más pues resulta que en él, tras examinar una gran cantidad de información sobre la bronquiolitis aparecida en publicaciones médicas desde 1940 hasta 2011 así como sobre la vacunación mundial de hepatitis B, encuestar a profesionales con muchos años de práctica pediátrica, analizar los datos hospitalarios de varias comunidad autónomas, los datos farmacéuticos de la vacuna y los obtenidos en su propia consulta de Atención Primaria se llega a la conclusión de que la bronquiolitis no es solo una enfermedad provocada por una presencia vírica sino la respuesta hiperinmune ante virus respiratorios que se produce en un sistema inmune inmaduro hipersensibilizado por la vacuna. Una conclusión que echa abajo la teoría oficial sobre el origen de la enfermedad y vuelve a poner en entredicho las vacunas, lo que explica entre otras cosas que no se haya podido hacer una vacuna contra ella.

Examinada la investigación el tribunal consideró tan solvente los resultados que invitó a Isabel Bellostas a compartirlos con la Comisión Nacional de Vacunación y Epidemiología y a publicarlo… y ésta así lo hizo. ¿El resultado? Nunca recibió respuesta y ninguna de las cartas posteriores que envió fueron respondidas por nuestras autoridades sanitarias. Ni nunca hubo invitación alguna a exponer la investigación fuera de la universidad

Y eso que en marzo de 2009, ante el anuncio de la inclusión en el calendario de vacunación de la Comunidad de Madrid de una cuarta dosis de la vacuna a los 4 meses, mandó un escrito al Consejero de Sanidad advirtiéndole de la peligrosidad de ese hecho fundamentándolo en los datos presentes en su trabajo. Además le recordó que cuando ella estudiaba Medicina -acabó en septiembre de 1983 haciendo prácticas de Pediatría en el Hospital Clínico San Carlos– no recordaba que en todo ese tiempo hubiera habido un solo ingreso en Urgencias por bronquiolitis. Añadiendo que eso cambió a mediados de los años noventa llegando a ser una auténtica epidemia en 1999. Según explicaba sobre esa enfermedad ni siquiera se hablaba antes siendo a partir de la vacunación masiva de la hepatitis B, iniciada en 1992 y generalizada en España en torno a 1994, cuando empezaron a darse numerosos casos de broncoespasmos y bronquiolitis. A ese escrito tampoco hubo respuesta y finalmente la cuarta dosis se incluyó en el calendario vacunal con lo que los gastos por bronquiolitis aumentaron ese año un 16%, según datos de la propia Sociedad Española de Urgencias de Pediatría. Pues bien, hemos hablado de ello con ella.

-Díganos antes de nada: ¿qué abarca hoy un diagnóstico de bronquiolitis?

-Bajo el diagnóstico de bronquiolitis se incluyen actualmente las infecciones atípicas bronquiales en niños pequeños -que antes no eran habituales y ahora sí lo son- y las bronquiolitis propiamente dichas que son cuadros respiratorios de instauración aguda que cursan con estrechamiento bronquiolar generalizado tras síntomas catarrales de pocos días de evolución, problema que padecen especialmente las personas con bronquiolos pequeños y, por tanto, los niños con menos tiempo de vida. En la práctica sin embargo, en Atención Primaria, se diagnostica como bronquiolitis todo proceso bronquial no claramente neumónico en niños menores de dos años independientemente de que tengan sibilancias espiratorias, “pitos”, en la auscultación u otros ruidos respiratorios.

Téngase en cuenta que los bronquiolos son la zona pulmonar que no está defendida por una estructura que les permita estar abiertos y responden a la presión del aire. En los varones, anatómicamente, los bronquiolos son más pequeños y de ahí que sean más propensos a sufrir la enfermedad que las niñas. Ahora bien, la inmensa mayoría no requieren ser ingresados. Eso solo acaece en un 3% de los casos y porque se presentan además otros problemas.

En cuanto a lo que suele usarse en tales casos son broncodilatadores -como el famoso Ventolín (salbutamol)- a pesar de que no existe evidencia científica o clínica alguna de que su uso mejore el estado de los afectados. Añadiéndose en los casos más graves adrenalina y otro tipo de sustancias. Todos ellos fármacos sintomáticos pues no se sabe curar la enfermedad.

-¿Y qué le llevó a pensar que la bronquiolitis no es una enfermedad vírica?

-La asociación entre la bronquiolitis y el Virus Respiratorio Sincitial (VRS) se hizo hace unas décadas pero las características de la enfermedad eran entonces diferentes. El caso es que tras tratar a muchos niños en consulta y ver la evidente relación que hay entre broncoespasmos y corticoides empecé a plantearme la enfermedad desde otra óptica. Y es que encontré cinco razones para dudar de que se tratara solo de una enfermedad vírica pues cuando no hay infección vírica no existe hiperrespuesta bronquial. La primera que los casos de bronquiolitis aumentaron de forma tan considerable como inexplicable a comienzos de los años noventa sin que hubiera mutación del virus ni ninguna otra razón que lo justificara, La segunda que se da en bebés sanos sin enfermedad debilitante sistémica o local previa. La tercera que se da en bebés de padres sanos. La cuarta que los bebés llegan a estar extremadamente graves sin tiempo de desgaste que lo justifique. Y, por último, que se desarrolla con la velocidad de una reacción alérgica. Y todo ello no se corresponde con una infección vírica.

-Es decir, descarta usted que la causa pudiera ser solo vírica pero, ¿cómo asocia la bronquiolitis con la vacuna de la hepatitis B?

-Por vivencias personales. Tengo siete hijos y el más pequeño, nacido en 2000, fue el único que recibió la vacuna hexavalente -que incluye la vacuna de la hepatitis B- pero a los dos meses de vida. No la recibió al nacer porque vino al mundo en casa, al igual que casi todos sus hermanos. Pues bien, al poco tiempo de recibirla desarrolló una dermatitis brutal y se le llenó la cara de lesiones en la piel que exudaban sangre. Fue tan exagerada la reacción que estuve dos meses sin poder siquiera besarle. Le puse todo tipo pomadas con corticoides pero no le hacían nada. Y así estuvo hasta que otra madre, no su propio pediatra, me comentó que podía ser alergia a la leche de vaca y efectivamente un estudio reveló alergia a la leche y al huevo. Empecé pues a darle leche maternizada de soja, encontré una pomada natural de grosellero negro sin corticoides y el niño mejoró. Sin embargo me quedaron dudas sobre lo que le había provocado una reacción tan intempestiva como exagerada. Me mosqueaba que hubiera sido tras ponerle la vacuna hexavalente -era el único vacunado de hepatitis B a los dos meses, no así sus hermanos- y decidí hacer una pequeña encuesta entre madres de hijos nacidos en casa -10 familias con 20 niños en total- la mayoría de los cuales no superaba los 3 años que no se habían vacunado en el momento de nacer; es más, muchos no habían recibido vacunas de ningún tipo. Y los que los que sí fueron vacunados lo fueron contra la polio, el tétanos o la tosferina pero nunca vacunas antivíricas. Pues bien, entre todos esos niños ¡no hubo un solo caso de bronquiolitis ni ningún otro problema respiratorio! Así que empecé a investigar en profundidad qué había tras el enorme aumento de casos de bronquiolitis. Le puedo decir que un día de invierno de 1999 tuve 92 pacientes en la consulta de Pediatría -dos de ellos “rebotados” tras cinco horas de espera en las urgencias colapsadas de un hospital- y la mayoría de los bebés tenía bronquiolitis

-¿Cómo llevó a cabo su investigación? ¿Analizando los datos históricos sobre su desarrollo?

-Sí. Y todos los datos indicaban que el punto crítico en la evolución histórica de la enfermedad fue la introducción de la vacuna de la hepatitis B, sensibilizador de la respuesta inmune que a mi juicio debería por ello ser retirada inmediatamente de los calendarios de vacunación infantil tras realizar sin demora los estudios necesarios. A partir de 1992, que es cuando se introdujo, todos los países con estadísticas sanitarias registran una incidencia de bronquiolitis tres veces o más superior a la media de los años anteriores. Sin razones que puedan explicar semejante aumento. Oficialmente se postuló que la causa era el Virus Respiratorio Sincitial (VRS) y luego que también pueden causarla otros virus pero ¡es que ninguno de ellos había sido causante de bronquiolitis en los humanos hasta entonces! Eran virus que causaban simples catarros y de pronto pasaron a ser considerados responsables de las bronquiolitis. Es más, cada vez se encontraron más virus en las muestras de moco. Y me pregunté si los virus son los causantes o aparecen tras manifestarse el problema, sin llegar a provocar esta patología en otros huéspedes ni vacunados, porque, ¿cómo van a producir una reacción inmunitaria fulminante? Me pareció -y me parece- un auténtico sinsentido.

Y todo ello lo documentó y lo expuso usted en un concienzudo trabajo ante un tribunal universitario…

-Efectivamente; ante un tribunal de la Universidad Autónoma de Madrid que lo consideró suficientemente solvente como para recomendarme que lo hiciera llegar de inmediato a la Comisión Nacional de Vacunación y Epidemiología.

-Usted afirma entonces que las bronquiolitis infantiles las causa principalmente la vacuna de la hepatitis B y no los virus aunque éstos pudieran estimular la reacción que su inoculación provoca…

-Eso es; no la provoca la infección vírica, es ésta la que da lugar a la respuesta aguda bronquiolar en el bebé previamente sensibilizado.

-Si tiene usted razón la vacuna es no solo innecesaria sino peligrosa…

-Completamente innecesaria. En mi trabajo la llego a calificar por eso de “herodiana” dado el daño que puede provocar en los recién nacidos. Herodes mandó matar a todos los menores de dos años de Belén para acabar con la vida de Jesús y la vacuna de la hepatitis B de forma similar se inocula. Se pone a todos los niños porque no se puede llegar solo a los grupos de riesgo..

-¿Y entonces cómo ha podido llegar a aprobarse su uso universal hospitalario y se inste a ponérsela a todos los recién nacidos?

-La excusa fue la conveniencia de disminuir el riesgo de casos de hepatitis B en el futuro alegando que la sufrían “grupos de riesgo” (en los años ochenta la droga intravenosa era una auténtica plaga). Es decir, se aprobó como un elemento de control social ya que sale más barato poner vacunas al nacer a todos los niños que tratar luego a adultos enfermos de hepatitis B. Una falacia porque eso exigiría poder asegurar que la llamada vacuna de la hepatitis B es realmente eficaz y además inocua cuando es evidente que no es así. La vacuna es peligrosa; al menos en casos de inmunidad inmadura como la de un bebé de pocas horas o meses pues todo indica que es causa, como mínimo, de bronquiolitis.

UN SISTEMA INMUNE OFENDIDO, DEFORMADO

-Pues las autoridades sanitarias aseveran que es una vacuna inocua…

-Yo he concluido que no. No es inocua. Puede provocar efectos secundarios muy graves. Mire, para empezar es una locura poner una vacuna a un niño de apenas 12 horas de vida con un sistema inmune inmaduro. En cuanto a su presunta inocuidad ¿en qué se basan? En que en la inmensa mayoría de los casos no hay reacciones inmediatas sino silentes. El bebé puede parecer estar sano… y no ser así. Puede haber problemas desarrollándose lentamente que aparezcan al cabo de días, semanas, meses o años. Pero claro, si eso sucede basta con alegar que la vacuna no fue porque transcurrió “mucho” tiempo desde que se puso.

Solo que tal argumento se sostendría si se hubieran hecho ensayos con seguimientos prolongados, algo que los laboratorios no hacen -porque no les interesa- ante la desidia de las autoridades sanitarias. ¿Cómo se pueden negar los efectos negativos de una vacuna a largo plazo si lo que se está esperando son efectos positivos también a largo plazo? Le doy otro elemento para la reflexión. En pocos años los niños han pasado de padecer enfermedades propias de la infancia de carácter agudo pero que se pasaban en pocos días y tenían baja mortalidad -como el sarampión, la rubeola, la varicela o las paperas- a padecer múltiples enfermedades crónicas de base inmune y a numerosos casos de cáncer pediátrico; sobre todo neurológico y del sistema hematopoyético.

-Lo que no entendemos es por qué los padres no se niegan a que pongan la vacuna a sus hijos? Usted sabe que en España no hay ninguna vacuna obligatoria; ni ésta ni las del calendario vacunal.

-La mayor parte de la gente sigue ignorándolo. Creen que las “recomendaciones” de las autoridades sanitarias son de obligado cumplimiento y no es así. Claro que eso lo propicia el modelo sanitario actual, especialmente el sistema público en ambulatorios y hospitales, en el que el médico debe cumplir una cartera de servicios de la que en muchos casos depende su puesto de trabajo o su sueldo e incluye ratios de vacunación aunque no esté de acuerdo con todas las vacunas y legalmente no haya obligación de ponerlas. Y muchos directores de colegios mal informados que llegan a decir a los padres que sus hijos no pueden matricularse en ellos si no están vacunados.

-Una auténtica falacia a nuestro juicio que debería haber llevado a muchos padres a denunciarlos sin más ante la Guardia Civil o en un juzgado. Los derechos a la salud y la integridad física de los niños así como el derecho al libre albedrío de los padres no pueden ser conculcados ni por las autoridades públicas, ni por los médicos, ni por las enfermeras, ni por los directores de colegio.

-Me consta que padres que no querían que se inoculara a sus hijos la vacuna de la hepatitis B -y otras vacunas- han visto cómo se hacía caso omiso de su decisión. Y a los que no se oponen o no tienen opinión formada se les dice de pasada y quitándole importancia que no se preocupen, que la vacuna es muy segura y no va a pasarle nada al bebé. Información que habitualmente da además un enfermero o enfermera que defiende la vacuna y es la cara del sistema sanitario ante los padres pero que no tiene por qué estar formada en cuestiones farmacológicas.

-¿Y cómo se ven afectados los bronquios del bebé para que se cierren a los pocos días de abandonar el hospital?

-Los bebés tienen un sistema inmune que se adapta tanto al medio materno como externo. Recordemos que vienen de un medio “ajeno y propio” a la vez, el vientre materno, al que no se han enfrentado inmunológicamente pues en la inmensa mayoría de los casos. Y es verdad que están genéticamente predispuestos a la tolerancia y adaptación al medio vital que les espera -todo ser vivo viene para adaptarse- pero no es lógico esperar que un bebé de menos de 2 años tenga una reacción similar a la de una alergia respiratoria con hiperreactividad bronquial que encima responde a un depresor inmunitario como un corticoide en los más mayores. Pero claro, es que con la vacuna se les introduce directamente mediante inyección un antígeno vírico sin opsonización, sin pasar por las mucosas, cuando su sistema inmune carece aún de capacidad discriminatoria.

Es más, se les introduce junto al antígeno ¡250 microgramos de aluminio! lo que es de por sí una burrada. La Asociación Norteamericana de Nefrología permite 5 microgramos por kilo y día por vía parenteral y eso significa que un niño de cinco kilos puede recibir 25 microgramos. ¿Cómo pueden pues introducírsele 250 microgramos de golpe y esperar que no pase nada cuando hablamos de un reconocido neurotóxico? ¡Es una cantidad diez superior a la consideraba soportable… suponiendo que haya una cantidad tóxica “admisible”.

En cuanto al antígeno viral, ¿cómo va a producir anticuerpos específicos el sistema inmune inmaduro de un niño que no tiene aún selectividad para ello? Lo que su sistema inmune hace es producir masivamente anticuerpos inespecíficos de mayor potencialidad y “programarle” para que se active bruscamente ante cualquier virus. De ahí que incluso ante una infección vírica de las más comunes, como es el caso de las respiratorias, se produzca una brutal reacción inflamatoria que cierra los bronquios y bronquiolos. Si la reacción se debiera solo al virus el niño sufriría antes un cuadro febril u otros síntomas, y no es así.

-Por cierto, sus conclusiones ponen en entredicho todo lo que cree saberse sobre este asunto y, sin embargo, logró que su tutor la apoyara…

-Soy consciente de ello y por eso nunca le estaré suficientemente agradecida. Y otro tanto digo del tribunal que valoró y juzgó mi trabajo en la Universidad Autónoma porque no dudó en animarme a que lo hiciera llegar cuanto antes a la Comisión de Vacunación. Así lo hice y todas mis investigaciones posteriores las hice llegar al departamento de Salud Pública de la Comunidad de Madrid pidiendo que se hiciera un estudio con al menos un centenar de padres que se comprometieran a no vacunar a sus hijos de la hepatitis B o a hacerlo más tarde de lo previsto a fin de valorar cuántos casos de bronquiolitis se producen entre ellos. Y es que en las comunidades autónomas donde no se vacuna de la hepatitis B nada más nacer a los bebés hay menos ingresos por bronquiolitis antes de los dos meses que en las que sí se vacuna en el momento del nacimiento. Lo mismo se observa entre los países que vacunan de la hepatitis B a sus niños y los que no; en los primeros la bronquiolitis se cuantifica en tantos por ciento y en los segundos en tantos por miles.

-¿Ni siquiera la llamaron para que les ampliara información o para contraargumentarla?

-En cinco años nadie del sistema público de salud ha contraargumentado mi trabajo. Y eso que la práctica clínica demuestra que tengo razón.

-Tenemos entendido que según usted la vacuna de la hepatitis B podría ser también causa del aumento de las alergias alimentarias…

Encontré esa relación de forma casual mientras investigaba sobre la bronquiolitis. Dos datos me llevaron a relacionarlas. El primero, descubrir por un trabajo anterior a 1992 que un factor protector para la atopia -facilidad de una persona para desarrollar alergia y mantenerla frente a varias sustancias y con diferentes síntomas- era precisamente haber padecido infección por VRS. Y es que fue a partir de 1992, año en que empieza a generalizarse la vacuna de la hepatitis B, cuando este factor comienza a considerarse el de mayor riesgo para padecer atopia… lo que incluye las alergias alimentarias. Y el segundo enterarme de que en Estados Unidos se comprobó en 1972 que las alergias alimentarias no se asocian necesariamente con un nivel alto de inmunoglobulinas, Que puede haber niños con alto nivel de inmunoglobulinas E (IgE) sin padecer alergias alimentarias.

Bueno, pues a partir de los años noventa las IgE altas sí son características de los niños alérgicos. Y eso me lleva a pensar que tiene que haber algún factor que hiciera cambiar el patrón natural de la inmunidad, una sensibilización previa que empezase a provocar expresiones clínicas en forma de alergia.

Hay al menos tres estudios de los años 1997, 1999 y 2000 -todos posteriores a 1992- que así lo indican. La inmunidad en nuestros niños ha cambiado, no es equilibrada sino hipersensible. Y aquí es donde entran en juego la histamina y las alergias alimentarias. También la consideración de un factor ambiental no natural, una intervención masiva externa que afecte a la respuesta inmune antes del mes de vida porque hay niños de apenas 15 o 20 días ingresados por bronquiolitis. Y la alergia a las proteínas de la leche de vaca se puede instaurar a los pocos meses de vida.

En suma, mi convicción es que ese cambio lo ha provocado la vacuna de la hepatitis B porque es la única intervención externa en la vida de nuestros niños que cumple estas condiciones y porque la práctica clínica lo confirma. Un niño sano con una inmunidad intacta puede comer de todo y sentarle lo que ingiere bien o mal pero no se pone rojo inmediatamente o se ahoga porque se le cierran los bronquios y no puede respirar. Si eso pasa es porque tiene un sistema inmune hipersensible que reacciona abrupta y violentamente ante los virus y los alérgenos alimentarios… y eso solo pasa en las proporciones actuales desde que empezó a comercializarse la vacuna de la hepatitis B. También causa problemas digestivos.

-¿La vacuna de la hepatitis B puede ser entonces causa de bronquiolitis y además de alergias alimentarias?

-Así lo postulo. Es más, creo que es la causa original de muchas más patologías. Una vez la vacuna “caotiza” el sistema inmune puede ocurrir cualquier cosa. De hecho el propio prospecto de la vacuna reconoce que puede provocar trastornos del sistema nervioso como encefalitis, encefalopatía, migraña, esclerosis múltiple, neuritis, neuropatías -incluyendo hipoestesia y parestesia-, síndrome de Guillain-Barré y Bell, parálisis, neuritis óptica, convulsiones, síncope y mielitis transversa. Mire, he sabido que en 1995 la vacuna se retiró temporalmente en Francia a raíz del trabajo de un grupo de enfermeras francesas que la relacionó ¡con la esclerosis múltiple! pero volvió a comercializarse porque la Organización Mundial de la Salud (OMS) dijo que “no había evidencias suficientes”. Evidencias que, por supuesto, no se buscaron.

ADN DE FETOS HUMANOS EN LAS VACUNAS

-Usted trabajó 18 años en el sistema público de salud -siete de ellos en el mismo centro- y un día decidieron no renovar su contrato y dejarla en la calle. ¿Fue por su trabajo sobre la vacuna de la hepatitis B?

-Fui advertida de que no podía informar a los padres de la existencia de ADN humano fetal en vacunas pediátricas, ni explicarles su posible vinculación con el autismo. Se me advirtió respetuosamente que si lo hacía debería dejar mi trabajo. Sin embargo, después de una experiencia personal y a pesar de las advertencias decidí informar a los padres que tuvieran consulta conmigo previa a la vacunación. Sabía que dar eso a conocer podía costarme el puesto pero no podía permitir que lo desconocieran. Cuestión de conciencia.

¿Presencia de ADN fetal en la vacuna de la hepatitis B?

-No. En las de la rubeola, la varicela, la hepatitis A y algunas de la rabia; y actualmente también en el factor polio de las vacunas hexa y pentavalente sin que se indique en el prospecto Aunque especialmente sangrante es el caso de la vacuna de la varicela porque es absolutamente inútil.

-Es una afirmación muy seria. ¿Hay evidencias de ello? ¿Realmente es causa de autismo’

-Conozco a muchos padres de niños autistas y es indescriptible lo que sufren. Niños que nacieron sanos. Pues bien, atenderles me sensibilizó tanto que decidí investigar encontrándome con los trabajos de una investigadora norteamericana de altísimo nivel, la doctora Theresa Deisher, miembro del Departamento de Fisiología Molecular y Celular de la Universidad de Stanford. Resulta que un día unos padres le preguntaron dónde podían encontrar vacunas “sin restos fetales” y, extrañada por la petición ya que no sabía de lo que le estaban hablando, investigó y descubrió que en algunas vacunas pediátricas hay efectivamente ADN humano. Y no solo eso sino que en algunas el nivel era más de 10 veces superior a lo que permite la FDA ya que las analizadas contenían entre 142 y 2.000 nanogramos por dosis. Cada vial contenía dosis distintas, no una cantidad uniforme. Lo que explica por qué las vacunas no afectan a todos de la misma manera.

En fin, el caso es que tras tres años de investigación concluyó que las vacunas con ADN fetal son el factor ambiental más ligado al aumento de casos de autismo. Aún anonadada presentó sus datos al Congreso de Estados Unidos donde personas que no habían investigado nada se dedicaron a intentar desprestigiar su trabajo. Ni siquiera logró que se plantearan lo éticamente cuestionable que es utilizar restos fetales humanos para elaborar vacunas infantiles habiendo alternativas. Lo cierto, sin embargo, es que su trabajo es científicamente impecable y digno de crédito.

Pero es que hoy se sabe que además están ligadas a otras patologías. Lo han constatado investigadores de muy alto nivel. Como Helen V Ratajczak quien ha estudiado de forma muy minuciosa el uso de ADN humano en las vacunas. Le paso un extracto de su trabajo: “La vacuna MMR II (sarampión, rubeola y paperas) está contaminada con ADN humano a partir de la línea celular en la que se cultiva el virus de la rubeola. Este ADN humano podría ser la causa de los picos de incidencia. El mayor aumento de la incidencia de autismo se produjo en 1995 cuando la vacuna contra la varicela se hizo crecer en tejido fetal humano (Merck y Co., Inc., 2001; Breuer, 2003). El ADN humano de la vacuna se puede insertar al azar en los genes del receptor por recombinación homóloga, proceso que se produce de forma espontánea sólo dentro de una especie. Los puntos calientes para la inserción de ADN se encuentran en el cromosoma X en ocho genes asociados con el autismo implicados en la formación de la sinapsis nerviosa celular, el desarrollo del sistema nervioso central y la función mitocondrial (Deisher, 2010). Esto podría proporcionar una explicación de por qué el autismo es en su mayor parte una enfermedad infantil en varones. Tomados en conjunto estos datos apoyan la hipótesis de que el ADN humano residual en algunas vacunas podría causar autismo“.

Es más, según la ya citada Theresa Deisher el ADN humano incide en los genes que codifican las proteínas que constituyen el receptor del péptido liberador de la gastrina.

-¿Puede explicarlo más detalladamente?

-El péptido liberador de la gastrina es una molécula importantísima que determina la secreción ácida del estómago y, por tanto, la regulación del proceso digestivo de la que los médicos sabemos muy poco. Se llama así porque se encontró en el estómago pero tiene importantes repercusiones hasta en el eje hipotálamo-hipofisorio-adrenal. Pues bien, a partir de 1992 -más o menos- los niños con autismo presentan problemas gastrointestinales que anteriormente no eran característicos de la enfermedad. Y ese cambio se mantiene pues hoy todos los niños con autismo lo padecen. Según estudios hechos en Estados Unidos el 100% de los niños estudiados tienen ileítis -inflamación del íleon-, problema común por ejemplo en la enfermedad de crohn. Estas molestias están muy presentes en el autismo sobrevenido que estamos viendo actualmente en niños que nacen normales, se ríen, hablan y, de repente, empiezan a tener los síntomas propios de la enfermedad. ¿A partir de qué momento? El 90% de los padres señalan que después de un episodio de vacunación. Y entre los síntomas, problemas gastrointestinales antes inexistentes. ¿Por qué? Pues porque el ADN humano de las vacunas además de interferir en el desarrollo neuronal inhibe el péptido liberador de gastrina haciendo que no exista suficiente acidez gástrica lo que causa inflamación, problemas digestivos y la invasión de parásitos que superan la barrera digestiva. Por eso todos los niños con autismo deberían ser evaluados por gastroenterólogos y parasitólogos. A fin de cuentas los problemas de inflamación intestinal y cerebral van parejos. Recordemos que los intestinos son nuestro tercer cerebro y hay más neuronas en el tracto intestinal que en la médula espinal. El microbioma es fundamental; como lo es el hígado para eliminar el aluminio. El autismo es físico, hay que curarle físicamente; y cuando se cura físicamente mejora muchísimo la inflamación cerebral mantenida en muchos casos hasta la remisión. Remito para ello a sus lectores a los trabajos de la Dra Magdalena Cubala y del Dr Russell Blaylock y a las páginas www.putchildrenfirst.org y www.cogforlife.org.

¿VACUNAR O NO VACUNAR?

-En definitiva, usted desaconseja a los padres las vacunas antivíricas, especialmente la de la hepatitis B que se inocula a los bebés nada más nacer…

-En efecto. Les aconsejo que no vacunen de hepatitis B a sus bebés. No tiene ningún sentido. Y añadiré una cosa: los peores casos de broncoespasmos, reflujo gastroesofágico e intolerancias digestivas que he tratado son hijos de enfermeras vacunadas que no necesitaban ser vacunados porque su madre ya lo está por su profesión y sin embargo lo fueron. Mire, ya lo dijo el último director de los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos: la única vacuna segura es la que no se pone. Y voy a dar un último dato: en Japón el número de convulsiones y muertes súbitas infantiles bajó de 53 por cada 1.000 habitantes a solo 8 cuando se pospuso el inicio de la vacunación a los 2 años que es cuando la barrera hematoencefálica se cierra.

-Una última pregunta: y del resto de las vacunas, ¿qué opina?

-Que hay que respetar el libre albedrío de las personas y dejar decidir a cada una; y a los padres en el caso de los menores de edad. La regla sería vacunar de lo imprescindible y cuanto más tarde mejor, no vacunar hasta que no esté cerrada la barrera hematoencefálica, retirar las vacunas inútiles, buscar las vacunas con menos aluminio y las vacunas más simples y, especialmente, poner las vacunas víricas a partir de los dos años de edad.

Además no debería admitirse ni la inoculación de varias vacunas a la vez ni las vacunaciones masivas de carácter preventivo. Las vacunas, si alguien quiere usarlas por creer que son eficaces, deben ser personalizadas y fabricadas sin procesos industriales que las lleven a contener ADN fetal, mercurio, aluminio, escualeno o cualquier otro de los peligrosos coadyuvantes usados por la gran industria farmacéutica. Y deberían ser fabricadas por investigadores que supieran que se las van a poner a sus hijos y nietos. Para terminar quisiera concluir con una llamada de atención a los investigadores en cáncer pediátrico para que consideren que estamos introduciendo ADN fetal a prácticamente todos nuestros niños. A partir seguramente de los 2 meses de vida pero especialmente a los 12 y 15 meses y a los cuatro años. Las pruebas médicas sobre terapia génica que se hicieron antes de su aprobación vincularon ésta con cáncer linfoide y así lo advierte la investigadora antes citada, la doctora Deisher, cuyo hijo murió por esta causa.

Antonio F. Muro

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198
Noviembre 2016
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